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domingo, 18 de enero de 2026

Aborígenes, indígenas, nativos y criollos: una propuesta terminológica para nombrar con precisión la historia

 


Aborígenes, indígenas, nativos y criollos: una propuesta terminológica para nombrar con precisión la historia

Por Bruno Perera.

En el debate histórico, antropológico y social, las palabras no son neutrales. Nombrar no es solo describir: es interpretar, encuadrar y, en muchos casos, imponer una visión del pasado. Por ello, la confusión terminológica en torno a conceptos como indígena, aborigen, nativo o criollo no es un asunto menor, sino una cuestión de rigor histórico y honestidad intelectual.

Durante décadas, especialmente en el mundo hispano, se ha normalizado el uso del término indígena para referirse a los primeros habitantes de un territorio. Sin embargo, este uso no está exento de problemas semánticos, históricos y simbólicos que merecen ser revisados.

El problema del término “indígena”

Aunque hoy se presenta como un concepto técnico, jurídico o incluso respetuoso, el término indígena arrastra una carga histórica inseparable del proceso colonial, especialmente en Hispanoamérica. Su difusión está íntimamente ligada al error original de llamar “indios” a pueblos que no lo eran, error que nunca fue corregido del todo y que terminó cristalizando en una categoría genérica, difusa y frecuentemente paternalista.

En muchos contextos sociales, indígena no designa simplemente un origen, sino una condición subordinada, atrasada o tutelada. No es casual que haya sido un término utilizado durante siglos para justificar políticas de dominación, evangelización forzosa o administración colonial “protectoral”. Por ello, resulta comprensible —y legítimo— que sea percibido como un término contaminado y, en determinados casos, despectivo.

Aborigen: una denominación etimológicamente limpia

Frente a ello, el término aborigen presenta una ventaja fundamental: su significado es claro, directo y no ideológico. Procede del latín ab origine, es decir, “desde el origen”. Designa simplemente a los primeros habitantes conocidos de un territorio, sin añadir juicios culturales, raciales o políticos.

Hablar de aborígenes es describir un hecho histórico objetivo: quiénes estaban primero. No presupone continuidad actual, derechos políticos contemporáneos ni identidades reconstruidas desde el presente. Por eso resulta especialmente adecuado para:

  • Estudios históricos y arqueológicos.
  • Pueblos desaparecidos o absorbidos.
  • Análisis serenos del pasado precolonial.

En el caso canario, por ejemplo, aborígenes canarios (guanches, majos, bimbaches, etc.) es una denominación precisa, sobria y respetuosa con la realidad histórica.

Nativos: el lugar de nacimiento, no el origen

Otro error frecuente es confundir origen poblacional con lugar de nacimiento. Aquí entra el término nativo, que en su sentido clásico y correcto designa simplemente a quien nace en un territorio, con independencia de su ascendencia.

Un colono europeo nacido en América o en Canarias no es aborigen, pero sí es nativo del lugar donde nace. Llamarlo “indígena” es un error conceptual que mezcla categorías distintas y genera confusión histórica.

Recuperar el sentido exacto de nativo permite distinguir con claridad entre:

  • Prioridad histórica (aborigen).
  • Pertenencia por nacimiento (nativo).

Criollos o aborígenes nativos: reconocer el mestizaje

La historia real rara vez es pura o lineal. El mestizaje ha sido una constante, y negarlo o maquillarlo no mejora la comprensión del pasado. Para describir esta realidad, resulta adecuado emplear términos como criollo —históricamente consolidado— o aborigen nativo, cuando existe mezcla entre población aborigen y población llegada posteriormente.

Estas denominaciones:

  • Reconocen la complejidad demográfica real.
  • Evitan clasificaciones raciales modernas.
  • No borran ni idealizan el pasado.

Una propuesta terminológica clara

A modo de síntesis, puede establecerse el siguiente marco conceptual:

  • Aborígenes: primeros habitantes conocidos de un territorio.
  • Nativos: personas nacidas en ese territorio, con independencia de su origen.
  • Aborígenes nativos o criollos: descendientes del mestizaje entre población aborigen y población llegada de fuera.

Este sistema separa con claridad tres planos que hoy se confunden deliberadamente: antigüedad histórica, nacimiento y mestizaje.

Conclusión

Revisar el lenguaje no es un ejercicio de corrección política, sino de precisión histórica. El uso indiscriminado del término indígena ha contribuido más a la confusión que a la comprensión del pasado. Recuperar conceptos como aborigen, nativo y criollo en su sentido propio permite hablar de la historia con menos ideología y más rigor.

Nombrar bien es entender mejor. Y entender mejor es el primer paso para debatir con honestidad.

 

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