La verídica historia vulcanológica de la Macaronesia
Por Bruno Perera.
Los
archipiélagos de la Macaronesia es el resultado de un proceso geológico largo,
complejo y aún objeto de debate científico. Su origen no puede entenderse sin
tener en cuenta la dinámica de las placas tectónicas, la evolución del océano
Atlántico y una intensa actividad volcánica prolongada después de que Pangea
estuviese activa desde hace unos 175 millones de años que ha dado lugar a que durante
los últimos aproximadamente 20-25 millones de años se hayan creado
los archipiélagos que en presente componen la Macaronesia.
El contexto geológico general
La historia
comienza con la fragmentación del supercontinente Pangea, iniciada
hace unos 200 millones de años. Este proceso dio lugar a la
separación progresiva de las placas tectónicas americanas, africanas y
euroasiáticas. Como consecuencia, el océano Atlántico fue ensanchándose
lentamente, a un ritmo medio de unos 2 centímetros por año,
mediante procesos de expansión del fondo oceánico y estiramiento de la
litosfera oceánica.
Este
estiramiento provocó la formación de grandes cuencas oceánicas, con
profundidades que en el Atlántico alcanzan cerca de 7.000 metros,
así como la aparición de dorsales submarinas y zonas de debilidad cortical. En
estos contextos geodinámicos se formaron distintos archipiélagos volcánicos,
como los de la Macaronesia: Cabo Verde, Canarias, Madeira y Azores,
además de otros sistemas insulares del Atlántico y el Caribe.
Nacimiento de las primeras islas canarias
Desde un punto
de vista cronológico, Lanzarote y Fuerteventura son las islas
más antiguas del archipiélago. Las dataciones radiométricas sitúan el inicio de
su actividad volcánica hace aproximadamente 19–20 millones de años,
durante el Mioceno inferior.
Ambas islas parecen
haber surgido de forma casi simultánea y muy próximas entre sí, a partir de una
misma estructura volcánica profunda. Los estudios geológicos y batimétricos
indican que comparten un basamento común, lo que explica sus
similitudes litológicas y geomorfológicas.
La formación
del resto de las islas se produjo de manera progresiva hacia el oeste: Gran
Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y,
finalmente, El Hierro, la más joven, cuya actividad volcánica
comenzó hace apenas 1,1 millones de años. Este patrón responde a
una migración del volcanismo asociada al desplazamiento de la placa
africana, que se mueve en dirección general sur-suroeste,
mientras el Atlántico continúa su apertura hacia el oeste a partir de la Dorsal
Atlántica.
Fases de fracturación y separación
Durante una
primera gran etapa volcánica, cuando Lanzarote y Fuerteventura aún formaban una
unidad estructural más compacta, se produjo una intensa actividad en la zona
norte de Lanzarote. En ese contexto tuvo lugar el fracturamiento del
macizo de Famara, lo que dio origen a la separación de La Graciosa
y del archipiélago Chinijo, actualmente individualizados pero claramente
vinculados al edificio volcánico original, con una alineación heredada de la
antigua zona volcánica del Sóo.
En una fase
posterior, conforme continuaban los procesos de estiramiento cortical y
episodios eruptivos, especialmente en el sur de Lanzarote y el norte de
Fuerteventura, se produjo la separación definitiva entre ambas islas. Como
resultado, se formó el actual canal submarino que las separa,
marcado por una quebrada submarina cuya profundidad máxima
ronda los 30–35 metros entre Lanzarote, la Isla de Lobos y
Fuerteventura. Fuera de esta zona, las profundidades aumentan de forma abrupta
tanto hacia el este como hacia el oeste.
Cambios costeros recientes y el caso del Islote del Francés
Los procesos
geológicos no se limitan a escalas de millones de años. En épocas históricas
y subhistóricas también se han producido modificaciones costeras
significativas, especialmente en zonas volcánicas jóvenes y litorales
sedimentarios inestables.
En este
contexto, no puede descartarse que el Islote del Francés, en
Arrecife, hubiera formado parte del antiguo Charco de San Ginés o
estuviera integrado en su estructura natural. La física terrestre del
islote —tipo de materiales, morfología y relación con el entorno
volcánico inmediato— es muy similar a la que presentaba el Charco hace
aproximadamente un siglo, antes de las profundas transformaciones
urbanas y portuarias.
Más que un
islote aislado, el Islote del Francés pudo haber sido un fragmento emergente o
semiemergente de una misma unidad litoral, posteriormente separado y
artificialmente individualizado por rellenos, dragados y otras modificaciones
humanas del litoral, frecuentes en enclaves portuarios de Canarias.
A ello se suma
un elemento estructural relevante: Lanzarote presenta una quiebra
física longitudinal que discurre aproximadamente desde la zona
del Sóo hasta el barrio de El Lomo en Arrecife. Esta fractura se
habría originado durante distintos episodios eruptivos de la isla y pudo
influir en la redistribución de materiales y bloques volcánicos. Es plausible
que, conforme la isla se desplazaba gradualmente hacia el sur-suroeste,
algunos fragmentos quedaran rezagados, lo que ayudaría a explicar la posición
actual del Islote del Francés respecto al antiguo trazado del Charco de San
Ginés.
Sobre la supuesta unión reciente de Lanzarote y Fuerteventura
No resulta
verosímil la afirmación de que Lanzarote y Fuerteventura estuvieran unidas hace
apenas 11.000 años, durante el último máximo glacial. Aunque en ese
periodo el nivel del mar descendió de forma notable, no existen
evidencias geológicas sólidas que indiquen una conexión terrestre
reciente entre ambas islas.
Lo más
probable es que su separación se deba fundamentalmente a procesos
volcanotectónicos antiguos, y no a una simple subida posterior del nivel
del mar. El análisis de las costas y volcanes del norte de
Fuerteventura y del sur de Lanzarote muestra un
encaje morfológico notable, como si ambas partes hubieran formado una misma
estructura que fue fragmentada por fallas y actividad volcánica, más que por la
erosión marina reciente.
Conclusión
Las Islas
Canarias no nacieron como entidades aisladas, sino como el resultado de un proceso
continuo de fracturación, volcanismo y desplazamiento tectónico ligado
a la evolución del Atlántico. Lanzarote y Fuerteventura constituyen el núcleo
más antiguo del archipiélago y conservan las claves fundamentales para entender
su origen común.
Incluso a
escalas locales, como en el caso del Charco de San Ginés y
el Islote del Francés, la historia geológica y geomorfológica
demuestra que el territorio canario ha estado —y sigue estando— en permanente
transformación.
Datos y fuentes contrastadas
1. Ancochea, E., et al.
(1990–2006)
Estudios sobre la evolución volcánica de las Islas Canarias. Journal of
Volcanology and Geothermal Research.
2. Carracedo, J. C.
Los volcanes de las Islas Canarias. Editorial Rueda / CSIC.
Referencia fundamental sobre cronología volcánica y migración del volcanismo.
3. Instituto Geológico y
Minero de España (IGME)
Mapas geológicos y memorias explicativas de Lanzarote y Fuerteventura.
4. US Geological Survey
(USGS)
Datos sobre expansión del fondo oceánico y tasas de deriva continental.
5. NOAA – National Oceanic
and Atmospheric Administration
Batimetría del Atlántico Norte y profundidades oceánicas máximas.
6. Cartografía histórica y
fotografías aéreas de Arrecife (siglo XX)
Cambios morfológicos del Charco de San Ginés y su entorno litoral.
..................................
Apostilla aclaratoria del autor
Este texto desarrolla algunas observaciones geológicas y geomorfológicas
que no se incluyen en el artículo principal para no romper su fluidez, pero que
explican el marco físico y territorial desde el que se
realizan determinadas afirmaciones.
1. Canarias no nace de África, nace del océano
Las Islas Canarias no son fragmentos continentales africanos,
ni una prolongación rígida del continente. Se asientan sobre corteza
oceánica, generada durante la apertura del Atlántico, cuando África y
América comenzaron a separarse.
En ese proceso de separación continental, la litosfera oceánica sufrió:
·
adelgazamiento progresivo,
·
tensiones extensivas,
·
fracturación profunda y
persistente,
·
y la creación de zonas de debilidad
estructural en las entrañas del lecho marino.
Es en este contexto donde deben entenderse las Canarias: como el
resultado del ascenso magmático a través de fisuras volcánicas profundas,
activadas y reactivadas durante millones de años, y no como volcanes “nacidos”
directamente de una placa continental.
2. El volcanismo necesita fisuras: el límite del
relato del “hotspot”
El modelo del hotspot, presentado a menudo como explicación
única, resulta insuficiente si no se acompaña de la tectónica real del
terreno. El magma no asciende de forma abstracta: necesita caminos,
y esos caminos son:
·
fracturas,
·
fallas,
·
sistemas de diques,
·
y zonas litosféricas debilitadas.
Las alineaciones volcánicas repetidas, la orientación constante de conos y
la distribución ordenada de los centros eruptivos indican claramente la
existencia de estructuras profundas que controlan el volcanismo.
3. La fractura estructural de Lanzarote: una hipótesis
basada en la física del terreno
En Lanzarote se observa una franja estructural claramente
identificable, perceptible incluso mediante teledetección (Google Earth),
caracterizada por:
·
alineaciones volcánicas coherentes,
·
repetición direccional de conos,
·
continuidad geomorfológica,
·
y contraste físico a ambos lados de
la estructura.
Esta franja estructural, localizada entre Sóo y el barrio de El
Lomo (Arrecife), no puede explicarse como una simple acumulación aleatoria
de volcanes. Todo apunta a la existencia de una fractura volcánica
profunda o sistema estructural longitudinal, que ha condicionado la salida
del magma y la evolución de la isla.
Esta interpretación no se presenta como dogma, sino como hipótesis
razonada, basada en la observación directa del territorio y en la lógica de
los procesos geodinámicos conocidos. Se trata además de una franja claramente
apreciable mediante Google Earth, coincidente con la zona por donde
históricamente ha circulado el jable de la isla.
4. La Graciosa: continuidad física, no isla aislada
La Graciosa no encaja bien en la definición de “isla volcánica
independiente” cuando se analiza desde la geomorfología:
·
existe continuidad de plataformas,
·
similitud de materiales,
·
ausencia de una ruptura tectónica
profunda clara,
·
y una relación física directa con
el norte de Lanzarote, en la zona de Sóo.
Todo ello sugiere que su separación responde mejor a procesos de
fractura, hundimiento o reconfiguración costera, más que a un origen
volcánico aislado y autónomo.
5. El Islote del Francés y la evolución del Charco de
San Ginés
El Islote del Francés presenta una morfología y una física terrestre
coherente con el entorno inmediato de Arrecife. Su posición actual resulta
difícil de explicar sin considerar:
·
una configuración costera distinta
en el pasado,
·
un Charco de San Ginés más amplio,
·
o una antigua continuidad terrestre
hoy fragmentada.
Esta hipótesis se apoya en la reconstrucción paleogeográfica,
una herramienta habitual en geología histórica, y no en suposiciones
arbitrarias.
6. Separación de islas: procesos lentos, no rupturas
recientes
Las separaciones entre islas como Lanzarote y Fuerteventura no
responden a eventos recientes, ni a simples variaciones del nivel del mar.
Son el resultado de:
·
fracturación antigua,
·
subsidencias,
·
volcanismo prolongado,
·
y reajustes estructurales a gran
escala.
Reducir estos procesos a explicaciones simplistas desvirtúa la verdadera
dimensión temporal y física del archipiélago.
7. Orientación de los cráteres y sentido de deriva del
archipiélago
Una observación física repetida en prácticamente todas las islas del
archipiélago refuerza la idea de un crecimiento y desplazamiento
progresivo de este a oeste: la ruptura predominante de los cráteres
volcánicos hacia el este, hacia el sur y hacia el norte.
En volcanología, los cráteres abiertos o colapsados en una dirección
concreta no son un fenómeno casual. Suelen indicar:
·
la dirección de menor resistencia
estructural,
·
el sentido preferente de
desplazamiento del edificio volcánico,
·
o la influencia de tensiones
tectónicas dominantes durante y después de la erupción.
El hecho de que volcanes de distintas edades y en diferentes islas muestren
sistemáticamente sus cráteres rotos hacia el este, sur y norte, sugiere
un patrón regional coherente, no explicable por procesos locales
aislados.
Esta orientación es compatible con un desplazamiento progresivo del
sistema volcánico hacia el oeste, mientras las estructuras más antiguas
quedan rezagadas hacia el este, marcando así el sentido de deriva y crecimiento
del archipiélago.
Lejos de ser un detalle menor, esta observación geomorfológica aporta
un indicador físico visible del movimiento relativo y de la
evolución temporal de las islas, reforzando la idea de que Canarias se ha ido
construyendo de este a oeste a lo largo de millones de años.
Conclusión
Las Islas Canarias son el resultado
de millones de años de fracturación litosférica, adelgazamiento
oceánico y volcanismo canalizado por estructuras profundas. No nacen de
África como extensión continental, sino del océano, en un contexto dinámico y
prolongado.
(Un proceso
similar puede extenderse al conjunto de la Macaronesia).
Las hipótesis aquí expuestas —sobre la fractura de Lanzarote, la relación
con La Graciosa y la evolución del Islote del Francés— no pretenden cerrar el
debate, sino abrir nuevas vías de interpretación basadas en la
observación física del territorio.
La geología avanza cuando alguien se atreve a mirar el
suelo con ojos propios.
…………………………..
Nota: Creación de la Dorsal Atlántica y de las
islas de la Macaronesia
La historia
geológica del Atlántico y de los archipiélagos de la Macaronesia está
íntimamente ligada a la ruptura del supercontinente Pangea y a la intensa
actividad volcánica que desde entonces ha modelado el fondo oceánico.
1.
Dorsal Atlántica submarina
La Dorsal Atlántica comenzó a formarse hace aproximadamente 180–200 millones de
años,
cuando Pangea empezó a fragmentarse. Esta enorme cordillera submarina nació
como una gran fisura que, de forma progresiva, fue separando los continentes a
ambos lados del Atlántico, siguiendo aproximadamente el actual meridiano 50º, y continúa activa
en la actualidad.
2.
Cabo Verde
El archipiélago de Cabo Verde comenzó a formarse hace unos 20–25 millones de años. Su origen se debe a
potentes fisuras
volcánicas
que permitieron el ascenso del magma desde el interior del manto a través del
lecho marino, dando lugar a la aparición de las islas.
3.
Canarias
Las Islas Canarias iniciaron su formación hace alrededor de 19–20 millones de años, mediante un proceso
muy similar al de Cabo Verde. El magma ascendió por fracturas profundas del
fondo oceánico,
acumulándose y emergiendo hasta crear el archipiélago que conocemos hoy.
4.
Azores
Las Azores son más jóvenes. Su formación comenzó hace unos 10–12 millones de años y está directamente
relacionada con las cúspides emergidas de la Dorsal Atlántica submarina, en una zona de
intensa interacción tectónica.
5.
Madeira
El archipiélago de Madeira se formó hace aproximadamente 5–7 millones de años, también a partir de
fisuras
volcánicas en el lecho marino, por donde el magma fue ascendiendo hasta
emerger sobre la superficie del océano.
Resumen
Los
archipiélagos de Canarias,
Cabo Verde y Madeira comparten un origen geológico similar, vinculado al
volcanismo intraplaca generado por fisuras profundas del fondo oceánico, mientras que las Azores están directamente
asociadas a la Dorsal
Atlántica.
Final
Las erupciones volcánicas, terremotos y maremotos
que todavía se producen tanto en tierra como en el entorno marítimo de Canarias
y de toda la Macaronesia, se deben a que las placas tectónicas continúan
separándose, especialmente hacia el oeste. En este contexto, el continente
africano ha frenado en gran medida su desplazamiento hacia el este, aunque no
por completo: una parte de África comienza a separarse del resto del continente
a la altura de Somalia, del mismo modo que Madagascar se apartó del continente
africano hace millones de años.
Un detalle importante que conviene tener en cuenta es que Lanzarote y Fuerteventura tienen una altitud mucho menor que el resto de las Islas Canarias.
Esto se debe a que ambas islas se formaron en una zona donde las placas tectónicas apenas se habían estirado. En cambio, hacia el oeste, a medida que los continentes se iban separando, las placas se fueron adelgazando progresivamente.
Ese mayor adelgazamiento facilitó que el magma ascendiera con más fuerza y alcanzara mayores alturas, lo que dio lugar a islas más elevadas como Gran Canaria, Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.

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