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martes, 6 de octubre de 2026

Lanzarote está quebrada por la parte entre Soo y Arrecife. Zona por donde siempre ha corrido el jable

 


Lanzarote está quebrada por la parte entre Soo y Arrecife. Zona por donde siempre ha corrido el jable

Por Bruno Perera

Desde hace tiempo vengo observando, estudiando y escribiendo sobre el origen volcánico de las Islas Canarias. Y cuanto más miro el mapa, las imágenes de satélite y la disposición de nuestras islas, más me convence una idea: para entender el nacimiento de Canarias hay que mirar mucho más atrás que los propios volcanes. Hay que mirar hacia Pangea y hacia la apertura del Océano Atlántico.

Mi planteamiento parte de una pregunta sencilla: ¿qué ocurrió cuando aquel gigantesco continente llamado Pangea comenzó a romperse?

Hace aproximadamente 200 millones de años, Pangea empezó a fragmentarse. América comenzó a separarse de Europa y África, y entre aquellas masas continentales fue abriéndose el Océano Atlántico.

Pero una separación de semejante magnitud no pudo producirse sin consecuencias en la corteza terrestre. Allí donde la corteza se estiró, se debilitó y se fracturó, se abrieron caminos por los que el material procedente del interior de la Tierra pudo ascender.

Y aquí es donde sitúo mi hipótesis sobre Canarias.

Pangea y el nacimiento de un nuevo océano

Cuando una enorme masa continental se fragmenta, no solamente se separan dos continentes como si fueran piezas de un puzle.

La corteza se estira, se adelgaza, se fractura y se producen enormes modificaciones en el subsuelo. El magma encuentra entonces zonas de debilidad por las que puede ascender.

El resultado, durante millones de años, puede ser la formación de nueva corteza oceánica, volcanes submarinos y, cuando la acumulación de materiales alcanza suficiente altura, auténticas islas volcánicas.

Por eso considero que Canarias debe estudiarse dentro del enorme proceso geológico que acompañó a la apertura del Atlántico, aunque nuestras islas no estén situadas directamente sobre la Dorsal Mesoatlántica.

No digo que Canarias naciera directamente de la dorsal.

Digo algo diferente: las grandes tensiones y fracturas producidas durante la apertura del Atlántico pudieron generar estructuras profundas capaces de permitir el ascenso del magma en lugares alejados de la propia dorsal.

Es una diferencia importante.

Canarias, Madeira, Salvajes y Cabo Verde

Canarias no es un pedazo desprendido de África.

Las islas están actualmente asentadas sobre su propia placa o, más exactamente, sobre la región correspondiente a la placa de Nubia, pero eso no significa que el material que construyó las islas proceda de África como continente.

Una cosa es dónde se encuentra actualmente una isla y otra muy diferente cómo se construyó geológicamente.

Canarias es un archipiélago volcánico. Sus edificios insulares fueron construidos mediante sucesivas erupciones y acumulaciones de materiales volcánicos durante posiblemente unos 19-20 millones de años.

Lo mismo puede decirse, desde mi interpretación general del proceso, de otros archipiélagos volcánicos de la Macaronesia, como Madeira, las Islas Salvajes y Cabo Verde.

Ahora bien, aquí hay que distinguir entre lo que está demostrado y lo que constituye mi hipótesis. Madeira es indiscutiblemente una isla volcánica y Cabo Verde también posee una historia volcánica compleja, pero los modelos científicos sobre su origen son casi idénticos al modelo que propongo para Canarias.

Mi planteamiento es que las fracturas generadas por la enorme transformación tectónica del Atlántico pudieron desempeñar un papel mucho mayor del que tradicionalmente se les ha atribuido en la generación de estos archipiélagos.

Y las Azores son otra historia

Las Azores presentan una situación diferente.

El archipiélago se encuentra estrechamente relacionado con la zona tectónica de la Dorsal Mesoatlántica en una compleja separación de placas tectónicas hacia los aproximados este y oeste.

Por eso considero razonable distinguir las Azores de Canarias.

Las Azores están mucho más directamente vinculadas a la Dorsal Mesoatlántica, mientras que Canarias se encuentra alejada de ella y plantea precisamente el problema de explicar cómo pudo generarse un volcanismo tan importante en el interior de una placa oceánica.

Ahí es donde vuelve a aparecer la importancia de las fracturas.

Canarias: fuego nuevo surgido del interior de la Tierra

Las Canarias no son restos de un continente hundido ni fragmentos de África que hayan quedado separados del continente.

Son edificios volcánicos construidos por la acumulación de materiales procedentes del interior de la Tierra.

Durante millones de años, las erupciones desde el manto fueron acumulando lavas, piroclastos y otros materiales hasta levantar enormes montañas desde el fondo del Océano Atlántico.

Lo que hoy vemos como una isla es solamente la parte que sobresale del agua.

Debajo de ella existe una enorme estructura volcánica que continúa descendiendo hacia el fondo oceánico.

Por eso las Canarias deben contemplarse como auténticas montañas volcánicas nacidas en el Océano Atlántico.

Lanzarote y Fuerteventura: dos piezas de una misma historia

Lanzarote y Fuerteventura presentan una relación geológica especialmente interesante.

Las dos islas se encuentran tan próximas que, vistas desde el espacio, parecen formar parte de una misma gran estructura, y si se observan sus platós se aprecia que forman uno.

De hecho, la separación actual entre ambas se encuentra ocupada por un brazo de mar relativamente estrecho.

Mi interpretación es que Lanzarote y Fuerteventura deben estudiarse como partes de una misma región volcánica y tectónica, aunque su historia eruptiva y sus edades geológicas sean complejas.

No pretendo decir con ello que todo el territorio que hoy ocupa Lanzarote y Fuerteventura fuese necesariamente una sola isla exactamente como la vemos actualmente.

La cuestión es más profunda.

Se trata de averiguar si ambas islas representan diferentes partes de un sistema volcánico mayor que fue evolucionando, fracturándose y modificándose durante millones de años.

Y aquí aparece Lanzarote.

Lanzarote está quebrada por la zona de Soo y Arrecife

Hay una característica de Lanzarote que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

La isla parece estar quebrada por la zona comprendida entre Soo y Arrecife.

No estoy hablando solamente de una línea dibujada sobre un mapa.

Estoy hablando de una zona que presenta características geográficas y geomorfológicas particulares y por donde, históricamente, ha circulado el jable. (Su zona llana y los volcanes habidos en su área indican que la isla presenta una quiebra profunda a través de ese espacio).

El jable ha encontrado durante mucho tiempo un corredor natural para desplazarse desde las zonas septentrionales hacia el centro y este de Lanzarote.

¿Podría esa zona corresponder a una antigua fractura o zona de debilidad de la estructura volcánica de la isla?

Esa es mi hipótesis.

Naturalmente, que el jable haya circulado por allí no demuestra por sí solo que exista una fractura tectónica profunda. Para demostrarlo serían necesarios estudios geofísicos, cartografía estructural, análisis de fallas, estudios del subsuelo y, especialmente, investigaciones de la estructura que continúa bajo el mar.

Pero la observación merece ser estudiada.

Porque cuando observamos Lanzarote desde el aire aparecen alineaciones, cambios del relieve y estructuras que no deberían descartarse simplemente como una casualidad geográfica.

Soo y La Graciosa

Y aquí aparece otra observación que considero especialmente interesante.

Cuando se observa la zona mediante imágenes aéreas y satelitales, los volcanes de Soo parecen presentar una alineación con las estructuras volcánicas de La Graciosa y del Archipiélago Chinijo.

Para mí, esa alineación plantea una pregunta evidente:

¿Estamos contemplando volcanes independientes o diferentes manifestaciones de una misma estructura profunda?

Si existiese una fractura o sistema de fracturas que atravesara el subsuelo y continuara hacia el norte, podría explicar determinadas alineaciones volcánicas.

Pero, nuevamente, una alineación visual no constituye por sí sola una demostración geológica.

Lo que habría que investigar es si esa alineación coincide con:

·        fallas profundas;

·        diques volcánicos;

·        edades similares de los volcanes;

·        estructuras submarinas;

·        anomalías magnéticas o gravimétricas;

·        y posibles continuidades tectónicas bajo el mar.

Si todos esos elementos coincidieran, entonces la hipótesis adquiriría mucha más fuerza.

El Archipiélago Chinijo

El Archipiélago Chinijo tampoco debería contemplarse como un conjunto de islotes completamente independientes de Lanzarote.

La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste forman parte de una región volcánica estrechamente relacionada con el norte de Lanzarote.

Mi planteamiento es que el actual Archipiélago Chinijo pudo formar en el pasado una estructura volcánica más extensa y relacionada con Lanzarote, antes de que la erosión, la subida y bajada del nivel del mar y la evolución tectónica modificaran la configuración del territorio.

Aquí también hace falta distinguir la observación de la demostración.

Que hoy exista un brazo de mar entre Lanzarote y La Graciosa no significa necesariamente que antiguamente existiera una única isla continua.

Pero tampoco debemos descartar la posibilidad de que ambas formaran parte de un edificio volcánico mucho mayor.

El subsuelo marino tiene la respuesta.

El sentido de la fracturación

Hay otra observación que me parece importante.

Cuando se estudia la distribución de las estructuras volcánicas de Canarias y se observa el conjunto mediante imágenes satelitales, aparecen determinadas orientaciones que, en mi opinión, merecen relacionarse con el proceso general de disgregación del Atlántico.

Yo observo una tendencia general hacia el sursuroeste, una dirección que considero compatible con determinadas líneas de fracturación y con la evolución tectónica que afectó a esta región del Atlántico. Por ejemplo se aprecia que la mayoría de los cráteres de los volcanes de cada isla están rotos por la parte este. Eso da a entender que el nacimiento y desplazamiento de cada una de las Islas Canarias ha sido desde más o menos, de este a oeste.

No afirmo que cada volcán de Canarias tenga que obedecer exactamente a una única dirección.

La naturaleza no trabaja con regla y escuadra.

Pero las grandes estructuras geológicas sí pueden dejar direcciones preferentes.

Y esas direcciones pueden ser una pista.

Las grandes profundidades del Atlántico

Al oeste de Canarias encontramos enormes profundidades oceánicas.

Cuando uno contempla el relieve submarino del Atlántico resulta impresionante comprobar que las islas Canarias son solamente pequeñas elevaciones que sobresalen de un océano cuya profundidad alcanza varios kilómetros.

Para mí, esto constituye otro elemento que debe ser considerado dentro del gran proceso de transformación del Atlántico.

Ahora bien, tampoco sería correcto afirmar que una determinada profundidad oceánica demuestra por sí sola una fractura concreta.

El relieve submarino depende de numerosos factores: edad de la corteza oceánica, enfriamiento y subsidencia térmica, estructuras tectónicas, actividad volcánica, erosión y evolución de las cuencas oceánicas.

Por eso las grandes profundidades son una pieza del rompecabezas, no una prueba aislada.

¿Y el famoso punto caliente?

Aquí llegamos a uno de los asuntos más discutidos.

Durante mucho tiempo se ha explicado el volcanismo de Canarias mediante la existencia de un supuesto punto caliente o hotspot situado bajo las islas.

Según el modelo clásico, una columna de material caliente procedente del manto permanecería aproximadamente fija mientras la placa se desplaza sobre ella, generando sucesivamente volcanes.

Es un modelo conocido y ha sido utilizado para explicar numerosos archipiélagos volcánicos del planeta.

Pero Canarias presenta características que han llevado a diferentes investigadores a cuestionar que el modelo clásico de hotspot sea suficiente para explicar por sí solo toda su evolución volcánica.

Por eso yo considero que las fracturas y los procesos tectónicos relacionados con la evolución del Atlántico merecen ocupar un lugar mucho más importante en la explicación del origen de Canarias.

No estoy diciendo que haya que sustituir una explicación por otra sin pruebas.

Estoy diciendo que hay que mirar el problema desde todos los ángulos.

Canarias no es África

Que Canarias pertenezca actualmente a la placa africana no significa que las islas sean África.

Esta distinción parece sencilla, pero es fundamental.

Una placa tectónica puede contener océanos, continentes, volcanes y diferentes estructuras geológicas.

Las Canarias se levantan sobre corteza oceánica y son edificios volcánicos construidos por la actividad magmática.

Por tanto, cuando hablamos de su origen debemos diferenciar claramente entre:

la placa sobre la que están asentadas y el proceso mediante el cual fueron construidas.

Mi hipótesis se centra precisamente en este segundo aspecto.

¿Por qué continúan produciéndose terremotos en Canarias y en su entorno?

Hay otra cuestión que, a mi juicio, encaja perfectamente dentro de esta interpretación:

¿Por qué siguen produciéndose terremotos bajo las islas Canarias y en su periferia marítima si el proceso que las originó ocurrió hace millones de años?

La respuesta que propongo es sencilla: porque el proceso tectónico que abrió y continúa ensanchando el Atlántico no pertenece exclusivamente al pasado.

La disgregación de las masas continentales y la expansión del fondo oceánico continúan actualmente. En diferentes sectores del Atlántico, la separación de las placas se produce a velocidades del orden de centímetros por año.

Dicho de una manera más comprensible: el Atlántico continúa abriéndose.

La cifra de alrededor de 1,5 centímetros por año puede parecer insignificante para una persona que mide el tiempo en años o décadas.

Pero la geología trabaja con millones de años.

Un centímetro y medio multiplicado por un millón de años representa quince kilómetros.

Multiplicado por decenas de millones de años, la cifra se convierte en cientos de kilómetros.

Por eso, desde mi interpretación, no debemos considerar que las fuerzas que participaron en la apertura del Atlántico hayan desaparecido simplemente porque Pangea dejó de existir hace muchísimo tiempo.

La corteza terrestre continúa sometida a tensiones, movimientos, reajustes y fracturas.

Y eso ayuda a comprender por qué seguimos registrando actividad sísmica en Canarias y en las aguas que rodean el archipiélago.

Ahora bien, hay que hacer una precisión importante: no todos los terremotos de Canarias tienen necesariamente el mismo origen ni todos están provocados directamente por la apertura del Atlántico.

En la actividad sísmica pueden intervenir la tectónica regional, las estructuras profundas de la corteza, los reajustes de las propias estructuras volcánicas y el magmatismo.

Pero la existencia de terremotos demuestra algo fundamental:

el subsuelo de Canarias no está geológicamente muerto.

Continúa siendo dinámico.

¿Y los maremotos?

Aquí también debemos ser precisos.

Un terremoto no produce automáticamente un maremoto o tsunami.

Para que un terremoto submarino genere un tsunami importante tiene que producirse, normalmente, un desplazamiento suficiente del fondo marino que desplace una gran masa de agua. También pueden generarse tsunamis por deslizamientos submarinos y otros procesos.

Por tanto, no sería correcto decir que cada terremoto registrado en Canarias puede provocar un maremoto.

Pero sí resulta importante que exista actividad sísmica en las aguas que rodean las islas.

Porque nos recuerda que el fondo oceánico también forma parte de este gigantesco sistema geológico en movimiento.

Y aquí vuelvo a mi planteamiento inicial.

Los continentes que comenzaron a separarse cuando Pangea se rompió no han dejado de moverse.

El Atlántico continúa evolucionando.

La corteza oceánica continúa sometida a esfuerzos.

Y las placas continúan desplazándose.

Por eso considero que los terremotos y, en determinadas circunstancias, los fenómenos submarinos capaces de producir tsunamis, deben contemplarse dentro de un planeta que continúa geológicamente activo.

La velocidad puede ser de centímetros por año.

Para nosotros es casi imperceptible.

Para la Tierra, es movimiento permanente.

Una hipótesis que puede comprobarse

Lo más importante de una hipótesis científica es que pueda ser comprobada.

Mi planteamiento sobre Canarias podría investigarse.

No hace falta discutir indefinidamente sobre si las islas nacieron por un hotspot, por fracturas tectónicas o por una combinación de diferentes procesos.

Hay una manera mucho más sencilla de avanzar:

estudiar el subsuelo.

Cartografiar las fracturas.

Estudiar las alineaciones volcánicas.

Analizar las edades de los edificios volcánicos.

Investigar los fondos marinos entre Lanzarote, Fuerteventura y el Archipiélago Chinijo.

Buscar continuidades entre las estructuras de Soo y las de La Graciosa.

Estudiar las anomalías magnéticas y gravimétricas.

Analizar los sistemas de diques.

Y comprobar si las orientaciones observadas desde el aire tienen continuidad en profundidad.

Si esas investigaciones demostraran la existencia de grandes estructuras relacionadas con la fracturación y con el ascenso del magma, tendríamos una pieza fundamental para comprender mejor el origen de Canarias.

Mirar Canarias desde Pangea

Quizá nuestro error sea mirar las Canarias únicamente desde las Canarias.

Tenemos que alejarnos.

Mucho.

Tenemos que mirar África, Europa, América, el Atlántico, la Dorsal Mesoatlántica, Madeira, Salvajes, Canarias, Cabo Verde y las Azores como partes de una historia geológica mucho mayor.

La historia comienza con Pangea.

Continúa con su fragmentación.

Después aparece el Atlántico.

La corteza se estira.

Se fractura.

El magma encuentra caminos para ascender.

Y durante millones de años se construyen volcanes submarinos que, en algunos lugares, terminan convirtiéndose en islas.

Eso es lo que yo veo cuando observo Canarias desde el espacio.

No veo simplemente siete u ocho islas.

Veo las partes visibles de una enorme historia geológica que continúa bajo el Océano Atlantico.

Y cuando observo Lanzarote, Fuerteventura, Soo, La Graciosa y el Archipiélago Chinijo, vuelvo a hacerme la misma pregunta:

¿Estamos contemplando piezas separadas de estructuras volcánicas que alguna vez estuvieron mucho más relacionadas entre sí?

La respuesta definitiva no la tiene una fotografía de Google Earth.

La tiene el subsuelo.

La tienen las rocas.

La tienen los fondos marinos.

La tienen los datos geofísicos.

Pero precisamente por eso creo que estas preguntas deben hacerse.

Porque la ciencia no avanza únicamente cuando alguien tiene una respuesta.

También avanza cuando alguien se atreve a formular una pregunta diferente.

Canarias nació del fuego interior de la Tierra.

La cuestión que todavía tenemos que resolver es:

¿Quién abrió las puertas por las que salió ese fuego?

 

lunes, 5 de octubre de 2026

Sánchez tira la toalla: ahora serán los españoles quienes decidan si se queda o se va

 


Sánchez tira la toalla: ahora serán los españoles quienes decidan si se queda o se va

Por Bruno Perera

Pedro Sánchez ha decidido echarse a la piscina. Después de una legislatura cada vez más complicada, con dificultades para mantener una mayoría parlamentaria estable y con un desgaste político que ya resulta difícil de esconder, ha adelantado las elecciones generales al 29 de noviembre.

Dicho en lenguaje de la calle: Sánchez tira la toalla antes de que la situación se le ponga todavía más cuesta arriba.

Ahora queda por saber si ha cometido un error o si, por el contrario, ha encontrado la única salida que tenía para intentar darle la vuelta a una situación electoral que actualmente no parece favorable al PSOE.

Porque las encuestas pintan un panorama bastante diferente al que necesitaría Sánchez para respirar tranquilo.

Una estimación de Sigma Dos sitúa al PP en el 32,6 % y alrededor de 140 escaños, al PSOE en el 25,6 % y unos 103 diputados, y a Vox en el 18,3 % y unos 63 escaños.

Si esos números se trasladaran finalmente a las urnas, PP y Vox sumarían aproximadamente 203 diputados, muy por encima de los 176 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta.

Traducido al lenguaje del bar: Feijóo podría entrar por la puerta de La Moncloa acompañado por Abascal.

Pero cuidado. No sería prudente dar las elecciones por ganadas antes de que se abran las urnas.

Sánchez todavía tiene una carta importante: la campaña electoral.

Y sabe jugarla.

Intentará convertir estas elecciones en un plebiscito contra el Partido Popular y Vox. Hablará de derechos sociales, pensiones, vivienda, empleo y servicios públicos. Y probablemente insistirá especialmente en el problema de la vivienda, que se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los españoles.

El argumento será sencillo: “o nosotros o la derecha”.

El problema para Sánchez es que una parte importante del electorado puede estar pensando precisamente lo contrario.

Puede considerar que después de varios años de Gobierno ha llegado el momento de cambiar de dirección.

Y ahí aparece Vox.

El partido de Santiago Abascal puede convertirse en una de las claves de estas elecciones. Si mantiene una cifra cercana al 18 %, puede arrebatar al PP una parte importante del electorado, pero al mismo tiempo puede proporcionar al bloque de derechas los diputados necesarios para gobernar.

La gran incógnita será, por tanto, si PP y Vox serán capaces de sumar.

Porque una cosa es quién gana las elecciones y otra muy diferente quién consigue formar Gobierno.

El PSOE podría quedar segundo y, sin embargo, intentar nuevamente una combinación parlamentaria para continuar en La Moncloa. Pero si PP y Vox alcanzan juntos una mayoría suficiente, el margen de maniobra de Sánchez quedaría reducido prácticamente a cero.

Ceuta también puede entrar en la campaña

Y aquí hay un asunto que no debería pasar desapercibido: la inmigración.

Ceuta lleva años soportando una presión migratoria que ha convertido el problema en una cuestión social, económica y política de primer orden. Y cada vez que se acercan unas elecciones, resulta inevitable preguntarse qué respuesta ofrecerán los partidos a quienes viven directamente las consecuencias de esa situación.

El PP tendrá que explicar qué piensa hacer.

Vox también.

Y el PSOE tendrá que defender su gestión.

Lo mismo ocurre con Canarias, donde la llegada de inmigrantes y la presión sobre determinados servicios públicos forman parte desde hace tiempo del debate político.

Por eso, es bastante probable que la inmigración termine ocupando un espacio importante durante la campaña.

Sánchez se lo juega todo

Lo cierto es que Sánchez ha decidido no esperar.

Podría haber intentado aguantar hasta el final de la legislatura, pero eso también tenía un riesgo: que el desgaste aumentara todavía más y que llegara a las elecciones en una posición aún peor.

Ha escogido, por tanto, una solución arriesgada.

Convocar elecciones significa poner el contador a cero.

Y ahora comienza la verdadera batalla.

El PP intentará demostrar que existe una mayoría social suficiente para cambiar de Gobierno.

Vox intentará demostrar que esa mayoría necesita también de su fuerza parlamentaria.

El PSOE intentará convencer a los españoles de que el cambio sería un salto hacia atrás.

Y mientras unos y otros se tiran los trastos a la cabeza, los ciudadanos tendrán que decidir quién merece gobernar España durante los próximos años.

Hoy las encuestas dibujan una ventaja considerable para el PP y un bloque PP-Vox con posibilidades de alcanzar una mayoría holgada.

Pero las encuestas son fotografías.

El 29 de noviembre será la película completa.

Y entonces sabremos si Sánchez ha tomado una decisión inteligente para salvarse políticamente o si, por el contrario, ha abierto la puerta de La Moncloa a una alternativa que hoy parece tener muchas posibilidades de entrar.

La última palabra, esta vez, no la tendrá Sánchez, ni Feijóo, ni Abascal.

La tendrán las urnas.

A meditar: ¿Es posible que si en las próximas elecciones le faltara votos al PP y a Vox para poder gobernar pacten con Junts?

Es una hipótesis políticamente plausible, pero hay que distinguir entre que exista ya un entendimiento y que simplemente estén preparando el terreno.

Hay varios indicios recientes que apuntan a una aproximación parlamentaria entre el PP y Junts:

·        Feijóo ha reconocido que el PP mantiene contactos con Junts y que esos contactos son más frecuentes porque Junts está votando cada vez más veces contra el Gobierno de Sánchez. (ElNacional.cat)

·        En julio, Feijóo dijo que esperaba seguir coincidiendo en votaciones con Vox y Junts, después de que ambos grupos hubieran coincidido con el PP en más de 170 votaciones. (El País)

·        Un análisis de Infobae señalaba en julio que el PP prevé contar con Junts en un número creciente de votaciones hasta las próximas elecciones. (infobae)

·        Incluso se ha llegado a hablar de una nueva mayoría parlamentaria formada por PP, Vox, Junts, UPN y Coalición Canaria en determinadas iniciativas. (La Vanguardia)

Ahora bien, eso no demuestra que exista un pacto secreto PP-Junts para después de las elecciones. Y hay un obstáculo importante: Junts ha declarado expresamente que Vox es su «línea roja» y que no facilitaría un Gobierno en el que Vox tenga poder. (Cadena SER)

Por eso, si después de las elecciones el PP y Vox sumasen una mayoría pero necesitasen los votos de Junts, podría aparecer una fórmula del tipo:

PP + Vox → Gobierno
Junts → apoyo parlamentario condicionado, sin entrar necesariamente en el Gobierno.

Eso sería diferente de un pacto formal de coalición.

Y hay un dato que hace interesante el asunto:  Feijóo ya está intentando normalizar públicamente la relación con Junts, mientras que Junts está demostrando que puede votar junto al PP y Vox en determinadas cuestiones sin considerar que eso constituya una alianza política. (El País)

 Nota final: Yo le deseo a Pedro Sánchez que se vaya a casa de Mohamed VI en Marruecos y no vuelva jamás. España estará mejor sin él.

 

Mientras no se construyan viviendas sociales suficientes y se cambie la ley de arrendamiento España seguirá ahogada por falta de vivienda

 


Mientras no se construyan viviendas sociales suficientes y se cambie la ley de arrendamiento España seguirá ahogada por falta de vivienda

Por Bruno Perera

España corre el riesgo de acostumbrarse a discutir los síntomas de la crisis de la vivienda mientras deja sin resolver sus causas. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo estos días, con la atención nacional concentrada en la acampada de la Puerta del Sol y en las protestas por el precio de los alquileres.

Desde el pasado 26 de septiembre, la Puerta del Sol se ha convertido en el centro de una protesta que ha terminado ocupando buena parte del debate político y mediático nacional. Miles de personas han participado en las movilizaciones y la acampada continúa, mientras el Congreso ha rechazado los decretos de vivienda impulsados por el Gobierno.

Pero mientras Madrid discute sobre la vivienda, hay otros problemas que también reclaman atención. Entre ellos está la situación de Ceuta y la presión migratoria que soporta una ciudad situada en una posición geográfica extraordinariamente complicada. Una cuestión no debería hacer desaparecer a la otra del debate público.

El problema fundamental es sencillo: hay más demanda que oferta

El Banco de España ya advertía que el mercado español sufría un fuerte desequilibrio entre la creación de hogares y la construcción de viviendas. En 2024 calculaba un déficit acumulado de unas 600.000 viviendas para el periodo 2022-2025. En su informe más reciente, la estimación ha aumentado hasta unas 750.000 viviendas de déficit entre 2021 y 2025.

No hace falta ser economista para comprender lo que sucede cuando muchas más personas necesitan una vivienda de la que el mercado puede ofrecer: los precios suben.

España, además, está experimentando un crecimiento demográfico considerable. A comienzos de 2025 había 49,1 millones de habitantes y más de 6,9 millones de personas con nacionalidad extranjera. El INE señala que el crecimiento poblacional se está produciendo fundamentalmente por el aumento de la población nacida en el extranjero. A 1 de enero de 2026 España ya superaba los 10 millones de habitantes nacidos fuera del país.

Eso no significa que la inmigración sea responsable por sí sola de la crisis de vivienda. Sería una simplificación. Pero tampoco tiene sentido negar una evidencia económica elemental: cuando aumenta rápidamente la población, aumenta también la necesidad de hogares, y esa demanda tiene que ser atendida con vivienda.

El propio Banco de España ha incorporado la llegada de inmigrantes y la creación de hogares al análisis del desequilibrio entre oferta y demanda.

El turismo también compite por una parte del parque residencial

A la presión demográfica se añade otra circunstancia particularmente importante en España: el turismo.

España es una de las grandes potencias turísticas mundiales y determinadas ciudades y zonas costeras han visto crecer enormemente el número de viviendas destinadas a usos turísticos o no residenciales.

El Banco de España estima que en 2025 las viviendas propiedad de extranjeros no residentes y las viviendas de uso turístico sumaban conjuntamente cerca de 900.000 viviendas, aproximadamente el 3,3% del parque nacional. En provincias como Alicante y Málaga la proporción llegaba al 14%. El propio Banco de España advierte de que este fenómeno reduce la oferta residencial allí donde ya existe escasez y puede presionar al alza los precios de compra y alquiler.

Por tanto, tampoco resulta razonable culpar exclusivamente al propietario que alquila una vivienda turística. El fenómeno responde a una combinación de turismo, rentabilidad, demanda internacional y falta de alternativas residenciales.

La pregunta correcta debería ser otra:

¿Por qué hemos permitido que aumentara tanto la demanda residencial y turística sin construir simultáneamente suficiente vivienda para atenderla?

Y aquí aparece la gran asignatura pendiente: la vivienda social

España ha construido millones de viviendas durante las últimas décadas, pero una parte importante de la vivienda protegida terminó siendo vivienda en propiedad y, con el tiempo, dejó de formar parte de un parque público permanente.

El propio Ministerio de Vivienda ha reconocido que durante el periodo democrático se impulsaron alrededor de 2,4 millones de viviendas desde las administraciones públicas, pero que muchas se destinaron a la compraventa y no permanecieron como un parque público de alquiler.

El resultado es que España continúa teniendo un parque de vivienda social muy pequeño comparado con otros países europeos. La Comisión Europea señalaba en 2026 que España tenía menos del 2% de su oferta total dentro del parque de vivienda social, frente a aproximadamente el 7% de media de la Unión Europea, aunque las cifras pueden variar según la definición utilizada.

El Gobierno español, utilizando una definición más amplia de vivienda social y asequible, sitúa actualmente el parque en el 3,4%.

Sea cual sea la cifra que se utilice, la conclusión es difícil de discutir: España necesita mucho más alquiler social permanente.

No basta con anunciar ayudas al alquiler cada pocos años. Tampoco basta con poner límites temporales a determinados precios. Si una familia no puede pagar 1.000 euros mensuales por una vivienda, el Estado no puede solucionar indefinidamente el problema entregándole una parte de esos 1.000 euros. Porque si la oferta continúa siendo insuficiente, una parte de las ayudas puede terminar trasladándose nuevamente al precio.

Lo que hace falta es construir viviendas.

Muchas viviendas.

Y mantenerlas como vivienda social durante décadas.

Pero también hay que recuperar la confianza del propietario

Hay otra cuestión de la que se habla mucho menos: el pequeño propietario que tiene miedo de alquilar.

La legislación debe proteger al inquilino vulnerable, pero también tiene que ofrecer seguridad jurídica al propietario. Una persona que ha trabajado durante décadas para comprar un piso no debería tener la sensación de que alquilarlo puede convertirse en un problema difícil de resolver si el arrendatario deja de pagar.

La actual Ley de Arrendamientos Urbanos permite determinadas garantías adicionales, pero establece límites: en los contratos ordinarios de vivienda de hasta cinco años —o siete si el arrendador es una persona jurídica— esas garantías adicionales no pueden superar dos mensualidades de renta.

Es legítimo preguntarse si el sistema actual proporciona suficiente seguridad a ambas partes.

Una reforma sensata debería buscar un equilibrio: protección efectiva para quien realmente la necesita, pero también procedimientos rápidos, claros y previsibles frente al impago deliberado.

El propietario no debería verse obligado a elegir entre dejar la vivienda vacía o asumir un riesgo que considera excesivo.

Porque una vivienda vacía tampoco ayuda a quien necesita alquilar.

El error de convertir la vivienda en una batalla entre pobres y propietarios

La solución tampoco consiste en presentar al propietario como enemigo del inquilino.

La mayoría de propietarios de viviendas no son grandes fondos internacionales. Hay familias que tienen un segundo piso, una vivienda heredada o unos ahorros invertidos en ladrillo.

Al mismo tiempo, la mayoría de inquilinos tampoco son enemigos del propietario. Son trabajadores, jubilados, jóvenes y familias que necesitan un lugar donde vivir.

El verdadero problema es que el mercado tiene una oferta insuficiente para una demanda creciente, mientras que el Estado dispone de un parque social demasiado pequeño para corregir esa situación.

Y cuando la oferta escasea, el precio termina subiendo.

Ceuta no debería desaparecer del debate

En este contexto tampoco debería ocurrir que la crisis de vivienda absorba completamente la atención política y mediática hasta hacer desaparecer otros problemas nacionales.

Ceuta tiene unas características demográficas, territoriales y migratorias muy diferentes de las de Madrid, Barcelona, Málaga o Alicante. La presión migratoria en una ciudad pequeña y fronteriza tiene consecuencias específicas que merecen ser discutidas con datos y sin consignas.

Una cosa no debería tapar la otra.

España puede hablar de vivienda y, al mismo tiempo, hablar de inmigración, de Ceuta, de turismo, de alquileres, de construcción y de seguridad jurídica.

De hecho, debería hacerlo.

Hay que construir, construir y construir

El Banco de España lleva años señalando que las medidas aisladas difícilmente resolverán un problema de esta magnitud. Para acercarse al parque público de alquiler de otros países europeos calculó que España necesitaría incorporar alrededor de 1,5 millones de viviendas adicionales al alquiler social.

Eso exige suelo, financiación, permisos, mano de obra y una estrategia de construcción sostenida durante muchos años.

También exige dejar de cambiar de política cada vez que cambia el Gobierno.

España necesita un gran pacto nacional de vivienda que establezca objetivos para diez, quince y veinte años: cuántas viviendas sociales se construirán, dónde se construirán, quién las gestionará y cómo se garantizará que sigan siendo sociales.

Y junto a ello una reforma de la legislación de alquiler que proteja simultáneamente al inquilino y al propietario.

La vivienda no se arregla con pancartas

Las manifestaciones pueden poner un problema encima de la mesa. Y la acampada de Sol ha conseguido que la vivienda vuelva a ocupar el centro de la conversación nacional. Pero ninguna pancarta puede construir un edificio.

Tampoco se solucionará el problema culpando exclusivamente a los inmigrantes, a los turistas, a los propietarios, a los fondos de inversión, a los gobiernos autonómicos o al Gobierno central.

El problema es mucho más complejo.

España ha permitido que la demanda de vivienda creciera durante años más deprisa que la oferta residencial disponible.

La población ha aumentado. Han aumentado los hogares. Ha aumentado el turismo. Parte del parque se ha desplazado hacia usos turísticos y temporales. Y la vivienda social continúa siendo escasa.

Por eso la respuesta tiene que ser igualmente amplia.

Más suelo disponible.

Más construcción.

Más vivienda social permanente.

Más vivienda de alquiler.

Un tratamiento específico para las zonas turísticas tensionadas.

Una política migratoria compatible con la capacidad real de acogida de cada territorio.

Y una ley de arrendamientos que dé seguridad tanto al que alquila como al que pone su vivienda en alquiler.

Porque mientras no se construyan suficientes viviendas sociales y no se consiga un mercado del alquiler equilibrado y jurídicamente seguro, España seguirá dando vueltas alrededor del mismo problema.

Y mientras los políticos discuten quién tiene la culpa, miles de españoles seguirán preguntándose algo mucho más sencillo:

¿Dónde puedo vivir y cuánto tengo que pagar por ello?

Nota final: Mientras el conflicto de la Puerta del Sol continúa ocupando buena parte de la atención pública, Marruecos puede ver cómo el foco se aleja de Ceuta y de la difícil situación que atraviesa la ciudad.

Mientras tanto, Ceuta sigue soportando una fuerte presión migratoria. Según las cifras y estimaciones que se vienen manejando, alrededor de 10.000 inmigrantes en situación ilegal permanecen todavía en la ciudad tras aquella llegada masiva que muchos consideramos consecuencia de una estrategia de presión orquestada y ejercida por Marruecos.

Pero la cuestión de fondo sigue sin resolverse: ¿quién debe asumir la responsabilidad de estas personas y de las consecuencias sociales, económicas y humanitarias derivadas de su llegada? Ceuta necesita una respuesta que vaya más allá de dejar pasar el tiempo mientras la ciudad afronta prácticamente en solitario un problema que tiene también una clara dimensión internacional.

Y hay otra pregunta que resulta inevitable: si Marruecos organizó, permitió o facilitó la salida de estas personas hacia Ceuta, ¿por qué no está asumiendo ahora una mayor responsabilidad en su atención y manutención, especialmente en cuestiones básicas como alimentación, ropa y alojamiento?

La situación está generando en Ceuta una sensación creciente de abandono por parte del Estado español. Y, al mismo tiempo, está provocando un aumento de la población de origen marroquí en una ciudad cuya composición demográfica tiene una importancia estratégica evidente.

Por eso, más allá de la emergencia inmediata, España debería preguntarse qué consecuencias puede tener esta situación a medio y largo plazo y si, detrás de las repetidas crisis migratorias que parecen no tener fin, existe también una estrategia por parte de Marruecos destinada a modificar progresivamente la realidad demográfica de Ceuta y Melilla buscando desde el Gobierno marroquí la toma por la fuerza de ambas ciudades con mayoría musulmana. Algo parecido a la Marcha Verde se podría repetir en Ceuta y Melilla si España no se enfrenta duramente al Reino alauita.