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sábado, 9 de mayo de 2026

Donde se halla el M/v. Hundius y cuando llegará a Tenerife

 




Datos históricos.

El M/V Hondius (a veces escrito erróneamente como “Hundius”) no era un barco de pasajeros tradicional tipo crucero de línea, sino un crucero de expedición polar moderno.

Se trata de un buque operado por la compañía neerlandesa Oceanwide Expeditions, especializado en viajes turísticos a zonas remotas como el Ártico y la Antártida.

¿A qué se dedicaba exactamente?

El Hondius se utilizaba para:

1.      Turismo de expedición (no transporte regular entre ciudades)

  1. Cruceros a regiones polares (glaciares, fiordos, fauna salvaje)
  2. Viajes con enfoque científico y naturalista
  3. Excursiones en botes Zodiac para desembarcar en zonas vírgenes

Es decir, era un barco de “aventura”, pensado para pasajeros que querían explorar regiones extremas con guías especializados.

Características del barco

1.      Tipo: crucero de expedición polar

  1. Construido para navegar en hielo ligero
  2. Capacidad aproximada: 150–190 pasajeros
  3. Entró en servicio en 2019
  4. Diseñado más para experiencia que para lujo clásico

Velocidad del Hondius

1.      Velocidad máxima: ~15–16 nudos

  1. Eso equivale aproximadamente a:
    • 28–30 km/h

Velocidad de crucero (la habitual)

1.      Normalmente navega algo más lento, alrededor de:

    • 12–14 nudos (22–26 km/h)

Esto es bastante típico en buques de expedición polar: no están diseñados para ir muy rápido, sino para seguridad, estabilidad y eficiencia en hielo y aguas remotas.

 



Las patinetas eléctricas están invadiendo las ciudades canarias como zombis

 


Las patinetas eléctricas están invadiendo las ciudades canarias como zombis

Por Bruno Perera

Las ciudades canarias viven desde hace años una auténtica invasión silenciosa sobre ruedas. Las patinetas eléctricas, que nacieron como una alternativa ecológica y práctica para desplazarse por zonas urbanas, se han convertido en muchos casos en un problema diario para peatones, conductores y hasta para otros usuarios de la vía pública. Lo que debía ser una solución de movilidad moderna empieza a parecerse cada vez más a un caos sin normas, sin control y sin consecuencias.

Basta caminar unos minutos por cualquier avenida de Arrecife, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife o cualquier núcleo turístico del archipiélago para observar escenas peligrosas que ya se han normalizado: jóvenes cruzando pasos de peatones montados en la patineta sin casco y sin mirar, usuarios hablando por teléfono mientras circulan, adelantamientos temerarios por la derecha, circulación por aceras llenas de peatones o entrada en calles prohibidas como si las señales de tráfico simplemente no existieran.

El problema no es únicamente el vehículo. El verdadero problema es la ausencia de educación vial y la falta de control. Muchos usuarios de patinetas eléctricas jamás han estudiado el código de circulación y actúan como si estuvieran jugando en un parque, olvidando que circulan entre coches, motos, bicicletas y personas mayores o niños. La consecuencia es clara: cada vez hay más sustos, accidentes y situaciones peligrosas que podrían terminar en tragedias.

Por ello, sería lógico y necesario que cualquier persona que quiera utilizar una patineta eléctrica tuviera la obligación de realizar un curso básico de seguridad vial. No haría falta algo complejo ni costoso. Bastaría con una formación de unas seis horas repartidas durante una semana, impartida en escuelas públicas, centros municipales o espacios habilitados por las administraciones. Un curso donde se enseñe lo básico: normas de circulación, prioridad de peatones, uso correcto de carriles, señales de tráfico y responsabilidades legales.

Porque actualmente muchos conductores de patinetas actúan como si estuvieran fuera de la ley. Circulan por las aceras poniendo en peligro a los peatones, cruzan semáforos sin respetar prioridades y adelantan vehículos por lugares prohibidos. Algunos incluso circulan de noche sin casco, sin luces ni elementos reflectantes, convirtiéndose en un peligro tanto para sí mismos como para el resto de conductores. (A las patinetas eléctricas se les debe considerar igual a una motocicleta y con las mismas obligaciones de tráfico).

La permisividad institucional también ha contribuido al problema. Durante años se permitió la expansión de estos vehículos sin una regulación firme ni campañas de educación suficientes. Hoy el resultado es visible: calles saturadas de usuarios que muchas veces desconocen completamente las normas mínimas de convivencia vial.

Las sanciones también deberían endurecerse. Cuando una persona conduce una patineta eléctrica y comete una infracción grave, debería recibir multas similares a las de cualquier otro conductor. Saltarse normas básicas de tráfico no puede salir gratis simplemente porque el vehículo sea pequeño. Además, sería razonable exigir un seguro obligatorio de responsabilidad civil y daños a terceros. Si un usuario atropella a un peatón o provoca un accidente, alguien debe responder económicamente por los daños causados.

No se trata de demonizar las patinetas eléctricas. Bien utilizadas, pueden ser una herramienta útil, económica y menos contaminante. El problema aparece cuando se convierten en vehículos sin control manejados por personas sin preparación ni respeto por las normas. Una ciudad moderna no puede funcionar como una jungla donde cada uno circula por donde quiere.

Hoy, en muchas zonas urbanas canarias, las patinetas eléctricas se desplazan como un enjambre descontrolado entre coches, aceras y pasos de peatones. Y mientras las autoridades continúen mirando hacia otro lado, la sensación de inseguridad seguirá creciendo.

La movilidad del futuro necesita orden, educación y responsabilidad. Sin esas tres cosas, las patinetas eléctricas dejarán de ser una solución para convertirse definitivamente en un grave problema.

 

viernes, 8 de mayo de 2026

Hantavirus en el mar: entre la obligación de socorro y el riesgo sanitario internacional

 




Hantavirus en el mar: entre la obligación de socorro y el riesgo sanitario internacional

La posible llegada a Canarias del buque de pasaje turístico M/v Hundius con casos sospechosos de Hantavirus ha abierto un debate complejo que mezcla derecho marítimo internacional, salud pública, responsabilidad estatal y seguridad biológica.

La cuestión principal es clara: ¿qué ocurre cuando la tripulación y pasaje de  un barco necesita ayuda, pero al mismo tiempo puede representar un peligro sanitario para otros países?

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, conocida como CONVEMAR, establece en su artículo 98 que todo capitán tiene la obligación de prestar socorro a personas en peligro en el mar, siempre que ello no suponga un grave riesgo para su propio buque, tripulación o pasajeros. (Y el socorro se debe hacer con el desembarco en el puerto más cercano). Esa obligación humanitaria constituye uno de los principios más antiguos y sagrados de la navegación marítima.

Sin embargo, las emergencias sanitarias introducen un elemento adicional: el deber de socorro debe convivir con la protección de la salud pública internacional.

El caso del buque M/v. Handius, con posible exposición al Hantavirus

Según la información conocida, el buque habría llegado inicialmente a Cabo Verde con pasajeros expuestos al Hantavirus y dos muertos por el virus. Las autoridades de ese país no habrían asumido plenamente la operación sanitaria alegando limitaciones médicas y de capacidad hospitalaria para tratar un posible brote infeccioso de esta naturaleza.

Resulta llamativo porque Cabo Verde sí dispone de aeropuertos capaces de recibir ayuda internacional y coordinación logística de organismos como la Organización Mundial de la Salud. Aun así, finalmente la operación habría sido coordinada para que el barco continuara hacia Canarias bajo supervisión internacional y del Gobierno español.

La decisión plantea interrogantes legítimos:

1.      ¿Por qué no se organizó allí mismo una evacuación sanitaria internacional?

  1. ¿Por qué trasladar el problema miles de kilómetros hasta Canarias?
  2. ¿Se valoró suficientemente el riesgo biológico durante la travesía?
  3. ¿Podría haberse derivado el buque a otro país vinculado a su bandera o armador?

Estas preguntas merecen respuestas transparentes por parte de las autoridades internacionales y nacionales.

Un virus especialmente delicado

El Hantavirus no es un virus cualquiera. Algunas variantes pueden producir síndromes pulmonares graves con elevada mortalidad. Además, uno de los principales problemas epidemiológicos es que los síntomas pueden tardar entre seis y ocho semanas en aparecer tras la exposición.

Eso significa que personas aparentemente sanas podrían encontrarse incubando la enfermedad.

La preocupación aumenta si existe la posibilidad de presencia de roedores contaminados a bordo, ya que el virus suele transmitirse por contacto con excrementos, orina o partículas contaminadas procedentes de ratones infectados.

En un entorno cerrado como un barco de pasajeros, las dudas sanitarias son inevitables:

1.      ¿Se ha identificado completamente el foco?

  1. ¿Continúan existiendo reservorios animales dentro del buque?
  2. ¿Puede existir contaminación ambiental en camarotes, ropa o sistemas de ventilación?
  3. ¿Se ha evaluado correctamente el riesgo para puertos y personal de intervención?

La obligación de ayudar no significa actuar sin control

El Derecho internacional obliga a prestar ayuda, pero no obliga a hacerlo de forma imprudente.

Precisamente por eso, la operación prevista en Canarias parece orientarse hacia un modelo de contención controlada:

1.      fondeo a distancia segura del puerto,

  1. inspección sanitaria especializada,
  2. desembarco gradual,
  3. aislamiento preventivo,
  4. evacuaciones médicas protegidas,
  5. y repatriación coordinada según nacionalidades.

Ese enfoque intenta equilibrar dos principios:

1.    el deber humanitario de asistencia;

2.    y la protección sanitaria de la población.

Qué medidas serían razonables

Ante una situación así, muchos expertos considerarían prudente aplicar medidas extraordinarias de bioseguridad.

Entre ellas:

1.      prohibición temporal de desembarco libre;

  1. uso obligatorio de equipos de protección biológica;
  2. desinfección integral del buque;
  3. control epidemiológico prolongado de pasajeros y tripulación;
  4. inspección exhaustiva para detectar roedores;
  5. y destrucción segura de materiales contaminados cuando resulte necesario.

Sin embargo, conviene distinguir entre prudencia sanitaria y destrucción indiscriminada.

La quema automática de todas las pertenencias personales, dinero, ropa y objetos privados probablemente solo estaría justificada si las autoridades sanitarias confirmaran contaminación real no descontaminable. En muchos casos modernos, los protocolos internacionales permiten descontaminar equipajes y efectos personales mediante procedimientos especializados sin necesidad de destruirlos completamente.

Lo que sí parece razonable es que:

1.      cualquier material potencialmente contaminado sea aislado;

  1. se eliminen alimentos o residuos inseguros;
  2. y que los costes de descontaminación, cuarentena y daños recaigan sobre aseguradoras, armadores u operadores responsables del buque.

El debate sobre la cuarentena obligatoria

El debate jurídico y sanitario no termina con la llegada del buque a Canarias. Surge otra cuestión igualmente importante: la cuarentena obligatoria y los límites entre libertad individual y protección colectiva.

El Gobierno español habría señalado que los 14 ciudadanos españoles habidos a bordo serían trasladados a la Península y que, si los pasajeros lo desean, podrían permanecer en cuarentena. Sin embargo, al mismo tiempo, las autoridades recuerdan que la legislación española sí permite imponer medidas obligatorias de aislamiento sanitario cuando exista un riesgo grave para la salud pública.

Y ahí aparece una contradicción que muchas personas perciben con preocupación: si realmente existe sospecha seria de exposición a un virus potencialmente letal y de incubación prolongada, ¿cómo puede dejarse la cuarentena a la voluntad individual?

La experiencia internacional demuestra que, ante enfermedades altamente peligrosas o desconocidas, los Estados suelen aplicar medidas coercitivas temporales para evitar contagios masivos.

En Estados Unidos existen precedentes claros. Cuando aparece un brote grave de una enfermedad contagiosa, las autoridades sanitarias pueden establecer zonas de aislamiento, restringir movimientos y controlar accesos mediante fuerzas de seguridad. El objetivo no es castigar a la población, sino impedir que una amenaza biológica se expanda antes de ser controlada.

Durante emergencias sanitarias recientes, muchos países aplicaron:

1.      confinamientos obligatorios;

  1. cuarentenas supervisadas;
  2. cierres perimetrales;
  3. limitaciones de viaje;
  4. y controles policiales o militares temporales.

España también dispone de instrumentos legales para ello. La Ley Orgánica de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública permite adoptar medidas obligatorias cuando exista peligro para la salud colectiva. Además, las autoridades sanitarias pueden ordenar aislamiento, hospitalización o vigilancia epidemiológica bajo control judicial si fuera necesario.

Por tanto, si el riesgo del Hantavirus es considerado real y significativo, el debate no debería centrarse únicamente en si las personas “quieren” guardar cuarentena, sino en qué medidas son proporcionalmente necesarias para proteger a toda la población.

Naturalmente, cualquier restricción debe cumplir varios principios:

1.      necesidad;

  1. proporcionalidad;
  2. base científica;
  3. duración limitada;
  4. y supervisión judicial.

Pero cuando se trata de posibles enfermedades de alta mortalidad o incubación prolongada, el principio de precaución adquiere una enorme importancia.

Porque en una crisis epidemiológica, actuar tarde puede tener consecuencias irreversibles.

Precisamente por eso, muchos ciudadanos consideran que las autoridades deberían aplicar protocolos extremadamente estrictos desde el primer momento:

1.      aislamiento controlado;

  1. seguimiento médico obligatorio;
  2. trazabilidad completa de contactos;
  3. y cuarentena supervisada hasta descartar completamente el riesgo biológico.

La prioridad, sostienen muchos expertos, no es la comodidad política ni la imagen pública, sino evitar que un posible foco infeccioso internacional termine convirtiéndose en una emergencia sanitaria mucho mayor.

Canarias ante un desafío delicado

Canarias posee mejores capacidades hospitalarias, portuarias y de coordinación internacional que otros puntos del Atlántico medio. Esa puede haber sido una de las razones principales para aceptar la operación.

Pero eso no elimina la preocupación social.

La población tiene derecho a exigir:

1.      máxima transparencia;

  1. protocolos claros;
  2. información sanitaria veraz;
  3. y garantías de que la operación no pondrá en riesgo ni a trabajadores portuarios ni a la ciudadanía.

Porque cuando una emergencia biológica entra en juego, la confianza pública depende de una sola cosa: que las autoridades demuestren control absoluto de la situación.

El mar obliga a socorrer. Pero también obliga a actuar con responsabilidad.

Datos históricos.

El M/V Hondius (a veces escrito erróneamente como “Hundius”) no era un barco de pasajeros tradicional tipo crucero de línea, sino un crucero de expedición polar moderno.

Se trata de un buque operado por la compañía neerlandesa Oceanwide Expeditions, especializado en viajes turísticos a zonas remotas como el Ártico y la Antártida.

¿A qué se dedicaba exactamente?

El Hondius se utilizaba para:

1.      Turismo de expedición (no transporte regular entre ciudades)

  1. Cruceros a regiones polares (glaciares, fiordos, fauna salvaje)
  2. Viajes con enfoque científico y naturalista
  3. Excursiones en botes Zodiac para desembarcar en zonas vírgenes

Es decir, era un barco de “aventura”, pensado para pasajeros que querían explorar regiones extremas con guías especializados.

Características del barco

1.      Tipo: crucero de expedición polar

  1. Construido para navegar en hielo ligero
  2. Capacidad aproximada: 150–190 pasajeros
  3. Entró en servicio en 2019
  4. Diseñado más para experiencia que para lujo clásico

Velocidad del Hondius

1.      Velocidad máxima: ~15–16 nudos

  1. Eso equivale aproximadamente a:
    • 28–30 km/h

Velocidad de crucero (la habitual)

1.      Normalmente navega algo más lento, alrededor de:

    • 12–14 nudos (22–26 km/h)

Esto es bastante típico en buques de expedición polar: no están diseñados para ir muy rápido, sino para seguridad, estabilidad y eficiencia en hielo y aguas remotas.

 

 

jueves, 7 de mayo de 2026

Posiblemente las Islas Canarias son más antiguas de lo que hoy se cree

 


Posiblemente las Islas Canarias son más antiguas de lo que hoy se cree
Por Bruno Perera

Hace unos 200 millones de años el gran supercontinente Pangea comenzó a fracturarse lentamente. Con el paso del tiempo, aquella separación dio origen al Océano Atlántico, etc, y alejó entre sí a América, Europa y África. Mientras las placas tectónicas se desplazaban desde la Dorsal Mesoatlántica hacia ambos lados del océano, el fondo marino se fue ensanchando y hundiendo, formando las enormes profundidades abisales que hoy conocemos.

En ese largo proceso geológico, cerca de la costa occidental africana se produjeron grandes fracturas en la corteza oceánica. A través de ellas ascendió magma desde el interior de la Tierra, originando volcanes submarinos que, durante millones de años, crecieron lentamente hasta emerger sobre el nivel del mar. Así comenzaron a formarse las Islas Canarias.

Según la teoría más aceptada, las primeras islas en surgir fueron Lanzarote y Fuerteventura, hace aproximadamente entre 15 y 20 millones de años. Ambas comparten una amplia plataforma submarina común, como si fueran las partes visibles de un mismo gran edificio volcánico sumergido.

Sin embargo, aquí surge una cuestión interesante: ¿podría el archipiélago ser mucho más antiguo de lo que normalmente se afirma?

La edad de las islas se determina principalmente mediante estudios radiométricos realizados sobre las rocas volcánicas. Pero muchas de esas rocas pertenecen a las zonas emergidas, es decir, a la parte visible de las islas. Esto lleva a pensar que quizá el verdadero origen del archipiélago comenzó bastante antes, cuando esos volcanes aún crecían desde las entrañas de la tierra a través del lecho marino habido bajo el océano.

Los propios científicos reconocen que la historia geológica de Canarias no se basa únicamente en las rocas visibles. También se estudian fondos marinos, perforaciones submarinas, datos sísmicos y análisis geofísicos. Gracias a ello se sabe que las islas son solo la cima de enormes volcanes oceánicos cuya construcción empezó mucho antes de emerger.

Por esa razón, los geólogos distinguen dos edades diferentes:

1.    La edad de emersión, que indica cuándo una isla apareció sobre el nivel del mar.

2.    La edad del edificio volcánico submarino, que señala cuándo comenzó realmente la actividad volcánica en el fondo oceánico.

En el caso de Lanzarote y Fuerteventura, diversos estudios sugieren que la actividad volcánica inicial pudo comenzar hace más de 22 o incluso 25 millones de años. Las rocas visibles en superficie serían solamente una parte relativamente reciente de una historia mucho más larga y compleja.

Además, bajo estas islas existen materiales aún más antiguos relacionados con la corteza oceánica africana y sedimentos previos al volcanismo canario. Esto significa que:

1.      las rocas emergidas no cuentan toda la historia;

2.      la parte submarina puede ser bastante más antigua;

3.      y el concepto de “nacimiento” de una isla depende de qué fase geológica se tome como referencia.

A ello se añade otro factor importante: la erosión y las sucesivas erupciones volcánicas pueden destruir, cubrir o sepultar las rocas más antiguas bajo enormes capas de lava. Por tanto, las rocas que hoy observamos no siempre corresponden a las primeras etapas de formación de las islas.

Muchos vulcanólogos consideran que el archipiélago no apareció de forma repentina, sino que fue creciendo lentamente desde las profundidades marinas durante millones de años. Algunos modelos geológicos incluso plantean que el volcanismo canario pudo iniciarse de manera dispersa y profunda mucho antes de que existieran las islas actuales tal como las conocemos.

En resumen, aunque la edad popularmente atribuida a Canarias suele rondar los 20 millones de años, es muy posible que el proceso geológico que dio origen al archipiélago comenzara bastante antes. Las islas visibles serían solo la parte emergida de una historia volcánica mucho más antigua, aún parcialmente oculta bajo el Océano Atlántico.