Sánchez
tira la toalla: ahora serán los españoles quienes decidan si se queda o se va
Por Bruno Perera
Pedro Sánchez ha decidido echarse a la piscina.
Después de una legislatura cada vez más complicada, con dificultades para
mantener una mayoría parlamentaria estable y con un desgaste político que ya
resulta difícil de esconder, ha adelantado las elecciones generales al 29 de
noviembre.
Dicho en lenguaje de la calle: Sánchez tira la
toalla antes de que la situación se le ponga todavía más cuesta arriba.
Ahora queda por saber si ha cometido un error o
si, por el contrario, ha encontrado la única salida que tenía para intentar
darle la vuelta a una situación electoral que actualmente no parece favorable
al PSOE.
Porque las encuestas pintan un panorama bastante
diferente al que necesitaría Sánchez para respirar tranquilo.
Una estimación de Sigma Dos sitúa al PP en el
32,6 % y alrededor de 140 escaños, al PSOE en el 25,6 % y unos 103 diputados, y
a Vox en el 18,3 % y unos 63 escaños.
Si esos números se trasladaran finalmente a las
urnas, PP y Vox sumarían aproximadamente 203 diputados, muy por encima de los
176 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta.
Traducido al lenguaje del bar: Feijóo podría
entrar por la puerta de La Moncloa acompañado por Abascal.
Pero cuidado. No sería prudente dar las
elecciones por ganadas antes de que se abran las urnas.
Sánchez todavía tiene una carta importante: la
campaña electoral.
Y sabe jugarla.
Intentará convertir estas elecciones en un
plebiscito contra el Partido Popular y Vox. Hablará de derechos sociales,
pensiones, vivienda, empleo y servicios públicos. Y probablemente insistirá
especialmente en el problema de la vivienda, que se ha convertido en una de las
principales preocupaciones de los españoles.
El argumento será sencillo: “o nosotros o la
derecha”.
El problema para Sánchez es que una parte
importante del electorado puede estar pensando precisamente lo contrario.
Puede considerar que después de varios años de
Gobierno ha llegado el momento de cambiar de dirección.
Y ahí aparece Vox.
El partido de Santiago Abascal puede convertirse
en una de las claves de estas elecciones. Si mantiene una cifra cercana al 18
%, puede arrebatar al PP una parte importante del electorado, pero al mismo
tiempo puede proporcionar al bloque de derechas los diputados necesarios para
gobernar.
La gran incógnita será, por tanto, si PP y Vox
serán capaces de sumar.
Porque una cosa es quién gana las elecciones y
otra muy diferente quién consigue formar Gobierno.
El PSOE podría quedar segundo y, sin embargo,
intentar nuevamente una combinación parlamentaria para continuar en La Moncloa.
Pero si PP y Vox alcanzan juntos una mayoría suficiente, el margen de maniobra
de Sánchez quedaría reducido prácticamente a cero.
Ceuta también
puede entrar en la campaña
Y aquí hay un asunto que no debería pasar
desapercibido: la inmigración.
Ceuta lleva años soportando una presión
migratoria que ha convertido el problema en una cuestión social, económica y
política de primer orden. Y cada vez que se acercan unas elecciones, resulta
inevitable preguntarse qué respuesta ofrecerán los partidos a quienes viven
directamente las consecuencias de esa situación.
El PP tendrá que explicar qué piensa hacer.
Vox también.
Y el PSOE tendrá que defender su gestión.
Lo mismo ocurre con Canarias, donde la llegada de
inmigrantes y la presión sobre determinados servicios públicos forman parte
desde hace tiempo del debate político.
Por eso, es bastante probable que la inmigración
termine ocupando un espacio importante durante la campaña.
Sánchez se lo
juega todo
Lo cierto es que Sánchez ha decidido no esperar.
Podría haber intentado aguantar hasta el final de
la legislatura, pero eso también tenía un riesgo: que el desgaste aumentara
todavía más y que llegara a las elecciones en una posición aún peor.
Ha escogido, por tanto, una solución arriesgada.
Convocar elecciones significa poner el contador a
cero.
Y ahora comienza la verdadera batalla.
El PP intentará demostrar que existe una mayoría
social suficiente para cambiar de Gobierno.
Vox intentará demostrar que esa mayoría necesita
también de su fuerza parlamentaria.
El PSOE intentará convencer a los españoles de
que el cambio sería un salto hacia atrás.
Y mientras unos y otros se tiran los trastos a la
cabeza, los ciudadanos tendrán que decidir quién merece gobernar España durante
los próximos años.
Hoy las encuestas dibujan una ventaja
considerable para el PP y un bloque PP-Vox con posibilidades de alcanzar una
mayoría holgada.
Pero las encuestas son fotografías.
El 29 de noviembre será la película completa.
Y entonces sabremos si Sánchez ha tomado una
decisión inteligente para salvarse políticamente o si, por el contrario, ha
abierto la puerta de La Moncloa a una alternativa que hoy parece tener muchas
posibilidades de entrar.
La última palabra, esta vez, no la tendrá
Sánchez, ni Feijóo, ni Abascal.
La tendrán las urnas.
A meditar: ¿Es
posible que si en las próximas elecciones le faltara votos al PP y a Vox para
poder gobernar pacten con Junts?
Es
una hipótesis políticamente plausible, pero hay que distinguir entre que
exista ya un entendimiento y que simplemente estén preparando el terreno.
Hay varios
indicios recientes que apuntan a una aproximación
parlamentaria entre el PP y Junts:
·
Feijóo
ha reconocido que el PP mantiene contactos con Junts y que esos contactos son
más frecuentes porque Junts está votando cada vez más veces contra el Gobierno
de Sánchez. (ElNacional.cat)
·
En
julio, Feijóo dijo que esperaba seguir coincidiendo en votaciones con Vox y Junts, después
de que ambos grupos hubieran coincidido con el PP en más de 170 votaciones. (El
País)
·
Un
análisis de Infobae
señalaba en julio que el PP prevé contar con Junts en un número creciente de
votaciones hasta las próximas elecciones. (infobae)
·
Incluso
se ha llegado a hablar de una nueva mayoría parlamentaria formada por PP, Vox, Junts, UPN y Coalición
Canaria en determinadas iniciativas. (La Vanguardia)
Ahora bien, eso no demuestra que exista un pacto
secreto PP-Junts para después de las elecciones. Y hay un
obstáculo importante: Junts ha declarado expresamente que Vox es su «línea
roja» y que no facilitaría un Gobierno en el que Vox tenga poder. (Cadena
SER)
Por eso, si
después de las elecciones el PP y Vox sumasen una mayoría pero necesitasen los
votos de Junts, podría aparecer una fórmula del tipo:
PP +
Vox → Gobierno
Junts → apoyo
parlamentario condicionado, sin entrar necesariamente en el
Gobierno.
Eso sería
diferente de un pacto formal de coalición.
Y hay un
dato que hace interesante el asunto: Feijóo ya está intentando normalizar
públicamente la relación con Junts, mientras que Junts está
demostrando que puede votar junto al PP y Vox en determinadas cuestiones sin
considerar que eso constituya una alianza política. (El
País)
Nota final: Yo le deseo a Pedro Sánchez que se vaya a casa de Mohamed VI en Marruecos y no vuelva jamás. España estará mejor sin él.


