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sábado, 22 de agosto de 2026

Marruecos miente y manipula cuando dice a España y a la UE que está dispuesto a recibir a los MENAs

 


Marruecos miente y manipula cuando dice a España y a la UE  que está dispuesto a recibir a los MENAs

Por Bruno Perera

Desde hace años Marruecos viene transmitiendo a España y a las instituciones europeas que está dispuesto a recibir de vuelta a los menores extranjeros no acompañados —los conocidos como MENAs— que sean de nacionalidad marroquí y que se encuentren en territorio español. Pero no a los MENAs subsaharianos que parten del territorio marroquí hacia territorio español. (Algo que no se puede comprender).

Sobre el papel, la propuesta parece en parte razonable: si un menor marroquí ha llegado ilegalmente a España y se demuestra que su familia o un sistema adecuado de protección puede hacerse cargo de él en Marruecos, ¿por qué no devolverlo a su país de origen?

El problema aparece cuando pasamos de las declaraciones políticas a la realidad jurídica.

La legislación española y europea no permite simplemente meter a un menor en un avión y enviarlo a Marruecos. Antes de proceder a su retorno deben respetarse determinadas garantías y, sobre todo, debe prevalecer el interés superior del menor. La normativa europea establece que, antes de expulsar a un menor no acompañado, las autoridades deben asegurarse de que será entregado a un familiar, a un tutor designado o a unas instalaciones de acogida adecuadas en el país de retorno. (EUR-Lex)

Además, la normativa europea exige que las circunstancias del menor sean examinadas individualmente y que se tengan en cuenta factores como la posibilidad de reunificación familiar, su bienestar, su seguridad, su desarrollo y las posibles situaciones de violencia, explotación o trata. (EUR-Lex). (En definitiva un cuento de las Mil y Una Noches que nunca termina si se sigue el proceso legal internacional).

Y aquí es donde, a mi juicio, aparece la contradicción de la posición marroquí.

Marruecos puede decir públicamente que está dispuesto a recibir a sus menores, pero una cosa es decirlo y otra muy distinta es proporcionar a España las garantías necesarias para que esos retornos puedan ejecutarse legalmente y de forma efectiva.

De hecho, España y Marruecos ya tienen desde 2007 un acuerdo específico sobre la prevención de la emigración ilegal de menores no acompañados, su protección y su retorno concertado. Ese acuerdo establece expresamente que cualquier retorno debe realizarse respetando la legislación española, el Derecho internacional y la Convención sobre los Derechos del Niño. También contempla la reunificación familiar o, cuando proceda, la entrega del menor a una institución de tutela. (BOE). (Y en todo esto Marruecos sabe que según los acuerdos internacionales la devolución de MENAs es casi imposible y por ello Marruecos juega al gato y al ratón con España).

Por tanto, la cuestión no es simplemente si Marruecos dice "sí, devuélvanmelos".

La verdadera pregunta es:

¿Está Marruecos dispuesto a demostrar, caso por caso, que esos menores serán recibidos, protegidos y atendidos adecuadamente cuando regresen?

Porque ahí está el verdadero problema.

Una promesa política no es una garantía jurídica

Marruecos conoce perfectamente las dificultades que tiene España para efectuar estos retornos. También conoce las obligaciones que España ha asumido en materia de protección de menores. (Y de ello Marruecos se aprovecha para lanzar sus falsas campañas de proteccionismo del menor).

Por eso considero que cuando desde Marruecos se afirma que están dispuestos a recibir a los menores, sería necesario pasar de las declaraciones políticas a compromisos concretos.

España no debe exigir ni conseguir, antes de aceptar cualquier devolución, una identificación fiable del menor, la localización de sus familiares cuando sea posible, una comprobación de las circunstancias familiares, garantías sobre quién recibirá al menor y pruebas de que existirá una estructura adecuada de protección después de su llegada. (Esto le corresponde a Marruecos).

Debería bastar con que Marruecos diga: "Es marroquí, devuélvanlo".

España no debe preguntar: "¿Quién lo recibirá? ¿Dónde vivirá? ¿Quién será responsable de él? ¿Qué protección tendrá? ¿Qué ocurrirá si su familia no puede hacerse cargo de él?" (Eso le compete a Marruecos).

Y esas respuestas deberían estar documentadas.

Marruecos también tiene una responsabilidad

La responsabilidad no puede recaer exclusivamente sobre España.

Si Marruecos considera que sus menores deben regresar a su país, tiene también la responsabilidad de demostrar que dispone de los medios necesarios para recibirlos y protegerlos.

No podemos aceptar que los menores sean utilizados como una simple cuestión estadística o diplomática o como otra Marcha Verde como la de 1975.

Un menor no es una cifra.

Un menor es una persona.

Y precisamente porque estamos hablando de menores, España tiene que actuar con humanidad, pero también con sentido común.

La protección del menor no debería convertirse en una puerta abierta para que miles de jóvenes emprendan viajes peligrosos con la esperanza de llegar a Europa, mientras los países de origen se desentienden de las consecuencias.

El problema no empieza cuando el menor llega a España

Hay otra cuestión que considero fundamental y de la que se habla demasiado poco.

¿Por qué tantos menores marroquíes y subsaharianos quieren abandonar su país?

Si un joven considera que su futuro está en España y está dispuesto a jugarse la vida para cruzar el Estrecho o el Atlántico, quizá deberíamos preguntarnos qué está fallando en su propio país.

Marruecos y todos los países subsaharianos tienen la obligación de ofrecer a sus jóvenes oportunidades de educación, formación, trabajo y una vida digna. La prevención de la emigración de menores no puede consistir únicamente en impedir que crucen la frontera.

Debe consistir también en conseguir que esos menores no quieran marcharse desesperadamente de su propio país.

Y aquí es donde la responsabilidad de Marruecos y de países subsaharianos  resulta ineludible.

España tampoco puede permanecer indefinidamente atrapada

España se encuentra en una situación especialmente complicada.

Por una parte, tiene que proteger a los menores y cumplir las obligaciones derivadas de la legislación española, europea y de los tratados internacionales.

Por otra, debe controlar sus fronteras y garantizar que la entrada ilegal de personas no se convierta en un sistema permanente de inmigración descontrolada.

Ambas cosas pueden y deben hacerse simultáneamente.

Yo creo firmemente, viendo como está el panorama, que la solución para España es salirse de la protección de los menores y de los tratados relacionados de Naciones Unidas.

La solución debería ser cambiar las reglas para que protección y control migratorio puedan funcionar conjuntamente.

España y la Unión Europea deberían negociar con los países de origen acuerdos mucho más claros: identificación rápida, comprobación familiar, centros de recepción adecuados, seguimiento posterior al retorno, lucha contra las mafias que utilizan a menores y mecanismos que permitan ejecutar las devoluciones en caliente.

Y si un país de origen afirma que quiere recuperar a sus menores, debería asumir una parte mucho mayor de esa responsabilidad.

No se puede pedir a España que sea padre y madre de los hijos de otros países

España puede ayudar.

España debe proteger a los menores que llegan a su territorio.

Pero España no puede convertirse indefinidamente en el país que educa, alimenta, aloja y tutela a menores procedentes de otros Estados mientras esos Estados se limitan a reclamar públicamente que se los devuelvan.

La solidaridad internacional tiene límites.

Y esos límites deben establecerse mediante acuerdos claros, verificables y exigibles.

También considero necesario revisar profundamente determinados convenios y compromisos internacionales relacionados con inmigración y retorno para que España tenga capacidad real para controlar sus fronteras y ejecutar una política migratoria propia dentro del marco de los derechos fundamentales.

Porque una cosa es respetar los derechos humanos y otra muy diferente es aceptar que las normas internacionales puedan convertirse en un mecanismo que haga prácticamente imposible gestionar una frontera.

Marruecos debe demostrarlo con hechos

Por eso, cuando Marruecos diga que está dispuesto a recibir a los MENAs marroquíes que se encuentran en España, mi respuesta sería muy sencilla:

No basta con decirlo. Hay que demostrarlo.

Que presente un sistema claro de identificación y recepción.

Que facilite la localización de las familias.

Que garantice que los menores serán recibidos por sus familiares.

Que existan centros adecuados para aquellos que no puedan regresar con sus familias.

Y que asuma su responsabilidad como país de origen.

Si Marruecos realmente quiere recuperar a sus menores, España debería estar dispuesta a colaborar.

Pero si las declaraciones de Rabat son únicamente una herramienta diplomática para aparentar ante España, la Unión Europea y las Naciones Unidas que Marruecos está dispuesto a hacerse cargo de sus propios menores, mientras en la práctica no proporciona las garantías necesarias para que esos retornos puedan ejecutarse, entonces estaremos ante una operación política y no ante una verdadera solución.

 

viernes, 21 de agosto de 2026

El petróleo quizás no sea orgánico sino inorgánico

 


El petróleo quizás no sea orgánico sino inorgánico

Por Bruno Perera

Durante más de un siglo se ha repetido como dogma que el petróleo es un residuo fósil de plantas, algas y animales que vivieron hace cientos de millones de años. Según esta teoría clásica, toda aquella biodiversidad quedó enterrada, comprimida y transformada lentamente en hidrocarburos. Sin embargo, cada vez más personas —entre ellas me incluyo— consideramos que esta explicación podría ser incompleta o incluso equivocada. El petróleo, quizás, no sea orgánico, sino inorgánico, formado en las profundidades de la Tierra.

La duda razonable: ¿de verdad murió tanta vida para generar tanto petróleo?

Si aceptamos la teoría orgánica tradicional, debemos imaginar océanos enteros repletos de vida microscópica acumulándose durante millones de años, sin descomponerse, sin ser devorada, sin oxidarse. Y no solo eso: esa materia orgánica tendría que haber quedado enterrada en condiciones muy específicas para transformarse en kerógeno y luego en petróleo.

Pero cuando observamos la magnitud de los yacimientos actuales —gigantescos, extendidos por continentes enteros, con reservas que parecen inagotables— surge una pregunta legítima: ¿es creíble que tanta biomasa haya existido y se haya conservado intacta para producir semejante cantidad de petróleo?

Para muchos, la respuesta es no. Y ahí entra en juego la teoría alternativa.

La hipótesis inorgánica: el petróleo que nace del interior de la Tierra

El geólogo ruso Nikolái Kudryávtsev y otros científicos soviéticos propusieron una idea radical: el petróleo no proviene de seres vivos, sino de procesos químicos profundos en el manto terrestre.

Según esta visión:

A. En el interior de la Tierra existe carbono primitivo. 

B. El agua que penetra en zonas profundas reacciona con minerales ricos en hierro, generando hidrógeno. 

C. Ese hidrógeno se combina con el carbono formando hidrocarburos. 

D. Los hidrocarburos ascienden por fallas y fracturas hasta quedar atrapados en cavidades porosas de la corteza.

Este proceso es coherente con la química conocida: en los respiraderos hidrotermales del fondo oceánico se generan hidrocarburos sin intervención de vida. ¿Por qué no podría ocurrir lo mismo, a gran escala, dentro del planeta?

La profundidad de los yacimientos: un argumento que incomoda a la teoría orgánica

Se han encontrado yacimientos a más de 10 o 12 kilómetros de profundidad. A esas profundidades: 

A. La temperatura es demasiado alta para que la materia orgánica sobreviva. 

B. Las condiciones geológicas no coinciden con las cuencas sedimentarias clásicas. 

C. La presión es extrema, incompatible con la “ventana del petróleo” orgánico.

Entonces, ¿cómo llegó allí el petróleo? La teoría inorgánica ofrece una respuesta sencilla: el petróleo no llegó desde arriba, sino desde abajo, desde el centro del geoide.

¿Y qué dice la ciencia oficial?

La geología moderna sigue defendiendo que la mayoría del petróleo es orgánico, apoyándose en biomarcadores presentes en muchos crudos. Sin embargo, estos biomarcadores podrían ser:

A. Contaminaciones posteriores. 

B. Mezclas entre petróleo profundo y materia orgánica superficial. 

C. O incluso compuestos que se forman por procesos químicos no biológicos.

La ciencia no es estática. Lo que hoy es dogma, mañana puede ser revisado.

Una visión más amplia: quizás ambos procesos existen

No es necesario elegir entre blanco y negro. Es posible que: 

A. Exista petróleo orgánico, formado en cuencas sedimentarias.

B. Y exista petróleo inorgánico, generado en el manto y filtrado hacia la corteza.

La pregunta clave es: ¿cuál de los dos procesos produce la mayor parte del petróleo que usamos?

La respuesta aún no es definitiva. Pero la hipótesis inorgánica gana terreno porque explica mejor: 

A. La profundidad de algunos yacimientos. 

B. La abundancia global de petróleo. 

C. Y la presencia de hidrocarburos en cuerpos planetarios sin vida (Titán, por ejemplo).

Reflexión final

El petróleo podría ser un recurso mucho más profundo, más antiguo y más abundante de lo que se pensaba. Quizás no sea el “resto fósil” de un mundo muerto, sino el resultado natural de la química interna de la Tierra.

La ciencia avanza cuando se cuestiona lo establecido. Y este debate —orgánico vs. inorgánico— está lejos de cerrarse.

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

Marruecos le mete goles a España en inmigración ilegal tantas veces como quiere

 


Marruecos le mete goles a España en inmigración ilegal tantas veces como quiere

Por Bruno Perera

Hay partidos de fútbol en los que un equipo marca un gol y el contrario responde inmediatamente. Y hay otros en los que uno de los equipos parece haber descubierto que su adversario no sabe defenderse.

En materia de inmigración ilegal, la relación entre Marruecos y España lleva demasiados años pareciéndose a lo segundo.

Marruecos sabe perfectamente que Ceuta y Melilla son dos de las fronteras exteriores de la Unión Europea y que cualquier presión migratoria sobre ellas termina convirtiéndose en un problema político, económico y humanitario para España y, finalmente, para toda Europa.

Ceuta: mayo de 2021

Uno de los episodios más conocidos ocurrió entre el 17 y el 18 de mayo de 2021, cuando alrededor de 6.000 personas entraron irregularmente en Ceuta en cuestión de horas, muchas de ellas a nado o utilizando pequeñas embarcaciones y flotadores. Entre los llegados había aproximadamente 1.500 menores. RTVE informó entonces de que al menos una persona había muerto ahogada en aguas marroquíes. (RTVE.es)

Aquella crisis se produjo en un momento de enorme tensión diplomática entre Madrid y Rabat. (Por el caso del político saharaui que fue recibido en España con Covid)

Posteriormente, España intentó devolver a Marruecos a algunos de los menores que habían quedado en Ceuta. En enero de 2024, sin embargo, el Tribunal Supremo confirmó que las devoluciones realizadas en agosto de 2021 habían sido ilegales porque no se habían respetado los procedimientos y garantías establecidos por la legislación española. (Poder Judicial)

Es decir, la presión migratoria no terminó cuando acabó aquella crisis. Sus consecuencias jurídicas, económicas y sociales continuaron durante años.

Y llegó el 30 de julio de 2026

Pero lo ocurrido el 30 de julio de 2026 ha cambiado completamente la escala del problema.

Durante aquella jornada se produjo una entrada masiva desde Marruecos hacia Ceuta. Las informaciones publicadas posteriormente hablan de más de 70.000 inmigrantes invasores, mientras que algunas estimaciones llegaron a situar la cifra por encima de 72.000. (Reuters)

Y esta vez la tragedia humana fue enorme.

El Gobierno de Ceuta llegó a elevar a 88 el número de fallecidos encontrados en las inmediaciones del espigón del Tarajal. Según las autoridades ceutíes, en la mayoría de los casos la causa de la muerte fue el ahogamiento. (EFE Noticias)

Detrás de cada una de esas cifras había una persona, una familia y una tragedia.

Pero también existe otra realidad que España tiene que afrontar: la enorme presión que una entrada de esta magnitud ejerce sobre una ciudad de apenas unos 20 kilómetros cuadrados.

Miles de personas permanecen en Ceuta

Semanas después de aquella entrada masiva, todavía quedaban alrededor de 5.000 inmigrantes ilegales en Ceuta, tirados por las calles, y según las estimaciones recogidas por distintos medios, mientras las autoridades ceutíes hablaban incluso de cifras superiores. (Cadena SER)

Entre ellos hay miles de menores.

La Policía Nacional había identificado 2.168 menores no acompañados desde el 30 de julio. (ElHuffPost)

Y aquí aparece uno de los grandes problemas del sistema español.

Un menor extranjero no acompañado no puede ser simplemente devuelto al otro lado de la frontera como si se tratara de una mercancía. La legislación española y europea exige procedimientos individuales y garantías destinadas a proteger al menor.

Por eso España puede encontrarse ante una situación paradójica: una entrada masiva puede producirse en cuestión de horas, pero resolver legalmente la situación de cada menor puede llevar meses.

¿Cuánto cuesta todo esto?

También debemos hablar del dinero público.

 La manutención de cada menor cuesta unos 3.500 euros mensuales, porque el coste depende del sistema de acogida, alojamiento, personal, alimentación, educación, asistencia sanitaria, seguridad y otros servicios.

Y sabemos que la factura pública es enorme.

En agosto de 2026 el Gobierno anunció una partida extraordinaria de 25 millones de euros para atender a los menores migrantes de Ceuta, además de otros 5,5 millones de euros que ya habían sido asignados previamente. (EFE Noticias)

Y Ceuta ya venía soportando un gasto considerable. Para 2025 se estimaba un coste de aproximadamente 1 a 1,2 millones de euros mensuales para cubrir el déficit de atención a menores no acompañados. (La Verdad de Ceuta)

Por tanto, no estamos hablando de unas pocas ayudas.

Estamos hablando de decenas de millones de euros de dinero público.

¿Es esto una política migratoria o una presión sobre España?

Aquí comienza mi opinión.

Yo creo que España y la Unión Europea llevan demasiado tiempo actuando a la defensiva.

Marruecos sabe que España no puede permitirse una frontera abierta, pero también sabe que España tiene obligaciones legales y humanitarias con las personas que consiguen entrar.

Y ahí aparece una enorme ventaja estratégica.

Si miles de personas consiguen atravesar la frontera, España tiene que identificarlas, atenderlas, alojarlas, proporcionarles asistencia sanitaria, estudiar sus circunstancias y, cuando se trate de menores, protegerlos conforme a la legislación.

El coste y la responsabilidad pasan entonces de Marruecos a España.

Eso es lo que yo llamo marcar un gol sin necesidad de disparar contra la portería.

Pero tampoco debemos olvidar Canarias

Mientras Ceuta soporta la presión de su frontera terrestre, Canarias lleva décadas soportando la presión de las rutas marítimas procedentes de África.

Pateras, cayucos y embarcaciones neumáticas han convertido el Atlántico en una de las rutas migratorias más peligrosas.

Y cada año aparecen nuevas tragedias.

España rescata a personas en el mar, atiende a los supervivientes y recibe a quienes consiguen alcanzar territorio español.

Pero la pregunta fundamental continúa sin resolverse:

¿Quién controla realmente las salidas?

Porque rescatar a una persona que está a punto de morir ahogada es una obligación humanitaria. Pero permitir que miles de personas se embarquen en travesías extremadamente peligrosas es otra cuestión completamente distinta.

La política migratoria europea no puede limitarse a recibir, rescatar y repartir.

Tiene que actuar antes.

Marruecos tiene una responsabilidad

No pretendo afirmar que todas las personas que llegan irregularmente a España sean enviadas deliberadamente por el Gobierno marroquí. Eso necesitaría pruebas concretas para cada episodio.

Pero sí considero legítimo preguntarse por qué las autoridades españolas y europeas han permitido que la cooperación con Marruecos se convierta en una pieza tan importante de la política migratoria europea.

Marruecos recibe cooperación, financiación y apoyo de Europa.

España mantiene relaciones económicas y comerciales extraordinariamente importantes con Marruecos.

Y, al mismo tiempo, España continúa enfrentándose a episodios periódicos de presión migratoria en Ceuta, Melilla y Canarias.

Por eso la pregunta que debemos hacer a nuestros políticos es muy sencilla:

¿Qué obtiene España a cambio de todo lo que entrega?

No podemos convertir la inmigración en una guerra de cifras

Tampoco debemos cometer el error de convertir a los inmigrantes en simples números.

Los 6.000 que llegaron en mayo de 2021 eran personas.

Los más de 70.000 que entraron en julio de 2026 eran personas.

Y los fallecidos eran personas.

Pero precisamente porque son personas, Europa debe tener una política migratoria seria.

Una política que combine humanidad con control fronterizo.

Solidaridad con seguridad.

Asilo para quien realmente lo necesite.

Retorno efectivo para quien no tenga derecho a permanecer.

Cooperación con los países de origen y tránsito.

Y, sobre todo, una política que impida que las mafias y las presiones fronterizas sean quienes decidan quién entra en territorio europeo.

¿Cuántos goles más puede recibir España?

En mayo de 2021 fueron alrededor de 6.000 entradas en pocas horas.

En julio de 2026, las cifras fueron de una magnitud que parecía imposible imaginar pocos años antes.

Y mientras tanto, España continúa pagando la factura económica, administrativa y política.

Por eso mi pregunta final es:

¿Cuántos goles más está dispuesta a recibir España antes de aprender a defender su propia portería?

No se trata de cerrar las puertas a quien huye de una guerra o necesita protección.

No se trata de abandonar a quien se está ahogando.

Se trata de que las fronteras de España y de la Unión Europea sean realmente fronteras, de que la inmigración sea ordenada y legal, y de que ningún país pueda utilizar la desesperación de miles de personas como instrumento de presión política.

Porque una frontera europea no puede funcionar como una puerta que unos abren cuando les interesa y otros tienen que pagar cuando se encuentran con ella abierta.

 

 

domingo, 16 de agosto de 2026

Cuando acabemos con las energías fósiles el Sol nos dará todas las que necesitemos

 


Cuando acabemos con las energías fósiles el Sol nos dará todas las que necesitemos

Por Bruno Perera

Desde hace décadas escuchamos advertencias sobre el agotamiento de los combustibles fósiles. Petróleo, gas natural y carbón que han permitido a nuestra civilización alcanzar un desarrollo tecnológico y económico extraordinario, pero también han dejado una enorme huella sobre el planeta.

Sin embargo, pienso que la humanidad no debería mirar el futuro únicamente con miedo. Si algún día los combustibles fósiles dejan de estar disponibles en cantidades suficientes para mantener nuestro actual modelo energético, tendremos sobre nosotros una fuente de energía que lleva miles de millones de años funcionando y que continuará haciéndolo durante miles de millones de años más: el Sol.

El Sol está ahí, como un enorme Padre Celestial Generador Natural, enviando continuamente energía hacia la Tierra.

El problema no será que nos falte energía. El verdadero problema será nuestra capacidad para capturarla, almacenarla y utilizarla cuando la necesitemos.

La cantidad de energía solar que recibe nuestro planeta es gigantesca comparada con la que consume actualmente la humanidad. La dificultad consiste en transformar una parte de esa energía en electricidad y calor, almacenarla durante las horas sin Sol y transportarla hasta los lugares donde sea necesaria.

Para conseguirlo necesitaremos grandes instalaciones solares, sistemas de almacenamiento, redes eléctricas mucho más inteligentes, baterías, hidrógeno producido con electricidad renovable y probablemente otras tecnologías que todavía están desarrollándose.

Por eso considero que la humanidad debería prepararse desde ahora.

No podemos esperar a que el petróleo, el gas o el carbón sean escasos para comenzar a construir la civilización energética del futuro. Cuando llegue ese momento, si no disponemos de suficientes instalaciones solares, sistemas de almacenamiento, redes eléctricas y medios de producción alternativos, la transición podría ser extremadamente difícil.

Y aquí aparece uno de los mayores peligros.

La escasez energética puede provocar una enorme competencia entre países. Las naciones que dependan todavía de los combustibles fósiles podrían enfrentarse a dificultades económicas, sociales y políticas. El control de los recursos restantes podría convertirse en motivo de conflictos internacionales.

No sería extraño que durante una gran transición energética aparecieran crisis económicas, tensiones sociales e incluso conflictos entre Estados.

La historia de la humanidad demuestra que las grandes transformaciones suelen producir periodos de inestabilidad. Pero eso no significa que las guerras, las epidemias o las hambrunas sean buenas para la humanidad. Al contrario: son tragedias que debemos intentar evitar.

Lo que sí puede ocurrir es que las grandes crisis obliguen a las sociedades a cambiar.

Durante siglos, la humanidad ha aumentado su población gracias a la agricultura, la medicina, la industria y la disponibilidad de energía abundante. Hoy somos miles de millones de personas y consumimos una cantidad de recursos que nuestros antepasados jamás pudieron imaginar.

Por eso también tendremos que aprender a utilizar la energía de una manera mucho más eficiente.

Pero para ello necesariamente necesitamos menos seres humanos; y necesitamos consumir mejor y desperdiciar mucho menos.

El futuro no debería consistir en esperar a que una guerra, una pandemia o una catástrofe reduzca la población. Nuestro verdadero éxito como especie sería conseguir que una población menor y controlada en su natalidad pudiera vivir dignamente utilizando mucha menos materia prima y mucha menos energía contaminante.

Y aquí el Sol puede convertirse en nuestro gran aliado.

La energía solar tiene una característica extraordinaria: no necesitamos extraerla del interior de la Tierra. No tenemos que perforar millones de kilómetros cuadrados buscando nuevos yacimientos. No necesitamos transportar cada día enormes cantidades de combustible desde un país productor hasta otro consumidor.

La fuente energética llega gratuitamente hasta nosotros.

Cada mañana sale el Sol sobre nuestras ciudades, nuestros campos, nuestros desiertos y nuestros océanos, océanos que nos darán toda el agua potable que necesitemos por medio de la energía solar.

Lo que debemos aprender es a aprovecharlo.

Imagine una civilización en la que los tejados de las viviendas produzcan electricidad, las carreteras y las industrias funcionen con energía renovable, los vehículos sean eléctricos o utilicen combustibles producidos con electricidad limpia y las grandes centrales solares alimenten redes capaces de transportar energía entre continentes.

Imagine también enormes sistemas de almacenamiento capaces de guardar durante el día la electricidad necesaria para utilizarla durante la noche.

No es ciencia ficción. Muchas de esas tecnologías ya existen. Lo que todavía tenemos que conseguir es desarrollarlas a una escala suficientemente grande, reducir sus costes, mejorar su eficiencia y construir las infraestructuras necesarias.

El desafío será enorme, pero también lo fue construir las grandes ciudades, las redes ferroviarias, las centrales eléctricas, los aviones, Internet y los sistemas modernos de comunicaciones, como la IA.

La humanidad ya ha demostrado muchas veces que puede realizar transformaciones que parecían imposibles para generaciones anteriores.

Por eso no veo el futuro energético exclusivamente como una amenaza.

Lo veo también como una oportunidad.

Quizá nuestros descendientes vivan en un mundo donde quemar petróleo para producir electricidad sea considerado algo tan extraño como nos parecería hoy utilizar leña para alimentar una gran central eléctrica.

Quizá llegue un momento en que la principal fuente energética de la civilización sea simplemente la luz que recibimos desde nuestra estrella.

Pero para llegar hasta allí tendremos que prepararnos.

El petróleo no desaparecerá necesariamente de un día para otro. Es posible que mucho antes de que se produzca un agotamiento físico de todos los recursos, determinados combustibles fósiles resulten demasiado caros, difíciles de extraer o poco competitivos frente a las energías renovables.

La transición, por tanto, probablemente será gradual, aunque no necesariamente tranquila.

Los países que comiencen antes a desarrollar tecnologías de almacenamiento, redes eléctricas, energía solar, eólica, nuclear y otras fuentes de baja emisión tendrán una ventaja considerable sobre aquellos que esperen hasta el último momento.

La verdadera pregunta no debería ser:

“¿Qué haremos cuando se termine el petróleo?”

Deberíamos preguntarnos:

“¿Estaremos preparados cuando ya no necesitemos el petróleo?”

Porque son dos situaciones completamente diferentes.

Si esperamos a que la escasez nos obligue a cambiar, la transición puede ser dolorosa y conflictiva.

Si nos preparamos con décadas de anticipación, puede convertirse en una de las mayores transformaciones positivas de la historia humana.

El Sol no necesita que lo descubramos. Lleva miles de millones de años iluminando nuestro planeta.

Lo que necesita la humanidad es aprender a utilizar inteligentemente esa energía.

Tal vez nuestros descendientes contemplen algún día los antiguos pozos petrolíferos, las plataformas marinas y las gigantescas tuberías de transporte de combustible como nosotros contemplamos hoy las viejas máquinas de vapor.

Serán recuerdos de una época en la que la humanidad necesitaba extraer de las entrañas de la Tierra la energía que necesitaba para vivir.

Y quizá entonces comprendamos que la verdadera riqueza energética siempre estuvo sobre nuestras cabezas.

El Sol seguirá saliendo cada mañana.

La cuestión será si nosotros habremos aprendido a aprovecharlo.