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sábado, 14 de febrero de 2026

¿Tienen “lenguaje” los hongos? Una mirada científica al reino Fungi

 




¿Tienen “lenguaje” los hongos? Una mirada científica al reino Fungi

Por Bruno Perera

A primera vista, los hongos pueden parecer organismos callados y sencillos, pero la ciencia moderna está descubriendo que esconden complejidades sorprendentes. Investigaciones recientes sugieren que los hongos podrían comunicarse entre sí a través de señales eléctricas internas, con patrones que incluso algunos científicos han descrito con analogías a palabras humanas. (Nature World News)

Comunicación: ¿como “palabras”?

En un estudio publicado en Royal Society Open Science, el investigador Andrew Adamatzky y su equipo analizaron la actividad eléctrica de varias especies de hongos conectando microelectrodos a sus hifas (las estructuras en forma de hilos que forman el micelio). (Smithsonian Magazine)

·        Los hongos generan impulsos eléctricos que se agrupan en patrones.

·        Cuando estos patrones se agrupan de forma repetida, los investigadores los compararon con combinaciones similares a “palabras”.

·        Según este análisis, algunas especies pueden producir hasta unas 50 combinaciones distintas de patrones —lo que popularmente se tradujo como “50 palabras”, aunque no significa que piensen o hablen como los humanos. (Smithsonian Magazine)

Es importante destacar que no hay evidencia de que los hongos tengan un lenguaje consciente como el humano. Más bien, estas señales eléctricas probablemente les permiten transmitir información interna sobre el estado del organismo, recursos, estrés o daños, algo crucial en una red micelial extensa. (Sci.News: Breaking Science News)

Además, aparte de señales eléctricas, existen evidencias bien establecidas de que los hongos usan señales químicas y compuestos volátiles para comunicarse entre hifas y con otras especies (como plantas o bacterias). (Ladera Sur)

El papel ecológico de los hongos

Los hongos no solo tienen una posible forma de comunicación interna, sino que desempeñan papeles esenciales en los ecosistemas:

Degradadores naturales y restauradores del suelo

Los hongos son conocidos desde hace décadas por su papel como descomponedores de la materia orgánica. El micelio —la red subterránea de hifas— libera enzimas que rompen compuestos complejos como lignina y celulosa, reciclando nutrientes y mejorando la estructura del suelo. (Wikipedia)

Micorremediación: hongos limpiando contaminantes

El concepto de micorremediación describe el uso de hongos para eliminar o transformar contaminantes ambientales, desde compuestos tóxicos hasta residuos complejos. (Wikipedia)

·        Algunos hongos pueden absorber metales pesados o degradar compuestos tóxicos presentes en suelos contaminados. (Wikipedia)

·        Hongos decididos como Pestalotiopsis microspora han demostrado en laboratorio la capacidad para degradar polímeros sintéticos, como ciertos tipos de plástico (por ejemplo, poliuretano), incluso en condiciones sin oxígeno, lo que abre puertas a aplicaciones ambientales innovadoras. (Wikipedia)

·        Otros estudios muestran que distintas especies de hongos pueden colonizar y romper plásticos comunes como el polipropileno y el polietileno, aunque el proceso es lento y se investiga aún cómo aplicarlo a gran escala. (Residuos Profesional)

Un reino sorprendente y prometedor

El reino Fungi comprende más de 144 000 especies descritas, y posiblemente mucho más si se consideran las aún no estudiadas. Los hongos no solo “comunican señales bioquímicas entre sí”, sino que además son clave para la salud del suelo, la simbiosis con plantas y la regulación de ecosistemas enteros. (Futuro 360 | CNN Chile)

Su potencial para ser utilizados en soluciones ecológicas y sostenibles —desde restaurar suelos degradados hasta ayudar a mitigar la contaminación plástica— hace que estos organismos, muchas veces ocultos bajo tierra o en materia en descomposición, sean protagonistas silenciosos de la vida en la Tierra,  y quizás sirvan como ayuda fertilizante en otros planetas.

 

 

viernes, 13 de febrero de 2026

La isla La Palma y el mito del megatsunami: sensacionalismo frente a la realidad geológica

 


La isla La Palma y el mito del megatsunami: sensacionalismo frente a la realidad geológica

Por Bruno Perera.

Desde hace años circulan por Internet “alertas científicas” y artículos alarmistas que aseguran que un colapso del flanco occidental de la isla de La Palma podría generar un megatsunami capaz de cruzar el Atlántico y arrasar la costa este de Estados Unidos, llegando incluso a cubrir Nueva York en pocas horas. La realidad es otra: buena parte de esos titulares se basan en hipótesis extremas, ignorando elementos geográficos y geológicos cruciales.

1. La fantasía del colapso instantáneo. Es cierto que los volcanes pueden sufrir deslizamientos de sus flancos. Sin embargo, afirmar que el volcán  Cumbre Vieja en La Palma está a punto de “desplomarse” en bloque hacia el océano es más alarmismo que ciencia.

  • Los colapsos volcánicos masivos en Canarias ocurrieron hace cientos de miles de años, no hoy.
  • La mayoría de expertos coinciden: cualquier deslizamiento sería gradual, no instantáneo.
  • Un deslizamiento progresivo reduce enormemente la energía transferida al océano y, por tanto, la altura de las olas.

Quienes insisten en el “megatsunami” ignoran décadas de observaciones sobre la estabilidad actual de La Palma.

2. La Dorsal Meso Atlántica: la “muralla olvidada”. Muchos estudios que alimentan el mito ignoran un detalle fundamental: la Dorsal Meso Atlántica. Esta elevación submarina, que alcanza más de 1.000 metros sobre el fondo oceánico profundo, no es una mera curiosidad geográfica. En física de tsunamis, la topografía del lecho marino condiciona la propagación de la energía.

  • La dorsal no detendría un tsunami, pero dispersa y reduce la fuerza de las olas a medida que cruzan el Atlántico.
  • Modelos modernos que incluyen la batimetría real muestran que la energía que alcanzaría la costa estadounidense sería muy inferior a la que los titulares catastrofistas prometen.

Ignorar este factor es un error científico de bulto.

3. Deriva continental y estabilidad volcánica. Aquí entra un detalle que pocos consideran: el desplazamiento de los continentes sí afecta a la actividad volcánica, porque al estirar las placas tectónicas se generan fisuras en la litosfera submarina y en el lecho marino. Estas fisuras facilitan la movilidad del magma y pueden contribuir a la inestabilidad de los flancos volcánicos.

Por lo tanto, para que una gran parte de La Palma pudiera quebrarse y deslizarse hacia el oeste de manera catastrófica, los continentes americanos tendrían que desplazarse de forma brusca a más de 2 cm por año. Algo que simplemente no ocurre en la realidad: los movimientos tectónicos son mucho más lentos y estables.

En otras palabras, el escenario extremo que plantean algunos artículos no tiene respaldo geológico actual.

4. ¿Nueva York bajo el agua? No, gracias. La combinación de un colapso gradual, la influencia de la Dorsal Meso Atlántica y la imposibilidad práctica de un desplazamiento continental acelerado convierte los escenarios apocalípticos en ciencia ficción:

  • Olas peligrosas podrían afectar a Canarias o Marruecos, pero no arrasarían Estados Unidos.
  • La probabilidad de un megatsunami transatlántico devastador es extremadamente baja.

Quienes difunden lo contrario buscan el impacto mediático, no informar con rigor.

5. Sensacionalismo versus evidencia. El problema no es la ciencia, sino la forma en que se comunica:

“La Palma podría destruir Nueva York”

es un titular que vende miedo, no evidencia. La ciencia trabaja con probabilidades, modelos y escenarios condicionados. Internet amplifica extremos sin contexto. Este es un ejemplo de cómo la ignorancia se viste de alarma científica.

Conclusión. Los megatsunamis de La Palma son más un mito mediático que un riesgo real. Ignorar la Dorsal Meso Atlántica, la gradualidad de los deslizamientos y la realidad tectónica conduce a alarmismo injustificado. La evidencia geológica indica que Nueva York no está a merced de La Palma, y quienes aseguran lo contrario lo hacen más por titulares sensacionalistas que por ciencia.

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Despreciar a un anciano es despreciar tu propio futuro

 


Despreciar a un anciano es despreciar tu propio futuro

Por Bruno Perera.

Hay una frase que se escucha con demasiada frecuencia y con demasiada ligereza:
“Ese ya es un viejo…”, “Esa ya está para morirse…”.

Se dice con desdén.
Se dice como si la vejez fuera un fracaso.
Como si llegar a anciano fuera una desgracia familiar o una carga social.

Y no hay mayor ignorancia que esa.

Porque llegar a viejo no es una derrota. Es una victoria. Es el premio mayor de la vida.

Miles mueren jóvenes. Otros se quedan en el camino antes de alcanzar la madurez. Muchos jamás sabrán lo que es tener nietos, ver pasar un siglo, contemplar cómo el mundo cambia ante sus ojos. Solo unos pocos —los más resistentes, los más afortunados, los más perseverantes— logran atravesar décadas y décadas hasta alcanzar edades avanzadas.

Llegar a los 80 ya es mérito.
A los 90, hazaña.
A los 100, triunfo.
Pasar de ahí es tocar la cima de la supervivencia humana.

Y sin embargo, el anciano es tratado como estorbo.

La sociedad que idolatra lo joven y desprecia lo sabio. Vivimos en una cultura superficial que idolatra lo nuevo, lo rápido, lo brillante y lo estéticamente atractivo. Una sociedad que convierte la juventud en mercancía y la arruga en defecto.

Pero esa misma sociedad está condenada al envejecimiento.

Todos quieren vivir muchos años. Nadie quiere morir joven. Pero pocos respetan a quienes ya han recorrido ese largo camino. Es una contradicción moral grotesca: desear longevidad para uno mismo mientras se menosprecia la longevidad ajena.

El anciano no es una carga. Es memoria viva.
No es un estorbo. Es testigo del tiempo.
No es decadencia. Es resistencia.

Cada arruga cuenta una batalla.
Cada cana es un año vencido.
Cada paso lento es el resultado de haber caminado demasiado.

La ironía del desprecio. Quienes hoy se burlan de los mayores, si la suerte les acompaña, mañana ocuparán ese mismo lugar. Y entonces entenderán —demasiado tarde quizá— que sembraron indiferencia y ahora cosechan soledad.

Porque el desprecio hacia los ancianos no es solo una falta de educación: es una falta de inteligencia histórica y moral.

Una sociedad que desprecia a sus mayores está despreciando su propia experiencia acumulada. Está cortando sus raíces. Está negando su memoria.

Y un pueblo sin memoria es un pueblo frágil.

Llegar a viejo es ganar la lotería biológica. Cumplir cien años no es una anécdota. Es un acontecimiento. Es haber sobrevivido a enfermedades, crisis económicas, guerras, cambios tecnológicos vertiginosos, pérdidas irreparables y transformaciones sociales profundas.

Es haber visto nacer y morir generaciones.

Es haber resistido.

Si alguien alcanza los 110 años, ha ganado la lotería del tiempo. Si llega a los 120, es un campeón de la existencia humana. ¿Y vamos a llamar “desgracia” a semejante logro?

El verdadero fracaso no es envejecer.
El verdadero fracaso es no comprender el valor de quien ha vivido.

El respeto no es caridad, es justicia. Respetar al anciano no es un acto de compasión paternalista. Es un acto de justicia. Es reconocer que esa persona ha hecho el trayecto que tú deseas completar.

Todos estamos aquí con la intención íntima de llegar lo más lejos posible en años. Todos queremos sumar décadas. Todos queremos aplazar el final.

Entonces, ¿cómo podemos despreciar a quienes ya han alcanzado esa meta?

Despreciar a un anciano es despreciar tu propio futuro.
Es reírte del espejo en el que un día te mirarás.
Es insultar la meta mientras corres hacia ella.

La vejez no es una desgracia. Es un logro que no todos alcanzan.
Es el premio mayor de la vida.
Y quien no lo entiende, simplemente aún no ha entendido lo que significa vivir.

 

domingo, 8 de febrero de 2026

La Nada Huérfana creó al Cosmo-Poder: un testimonio del universo

 


La Nada Huérfana creó al Cosmo-Poder: un testimonio del universo

Por Bruno Perera.

Durante siglos, la pregunta sobre el origen último de la realidad se ha planteado desde un mismo punto de vista: Dios como creador primero, como arquitecto consciente que antecede a todo. Sin embargo, esta concepción enfrenta un dilema fundamental: si Dios es el origen, ¿quién o qué lo originó a él? Y si la respuesta es “nada”, ¿qué tipo de nada es esa?

Este ensayo propone un enfoque radicalmente distinto: antes de todo, antes de Dios o del cosmos, existía la Nada Huérfana, un vacío absoluto y sin atributos, del que surgió todo lo demás.

1. La Nada Huérfana: el punto cero absoluto

La Nada Huérfana no es un vacío físico, ni una ausencia relativa, ni un estado caótico. Es ausencia total de ser, sin conciencia, sin leyes y sin potencial observable. Es huérfana porque no procede de nada, no tiene causa, ni intención, ni estructura. Es la condición de posibilidad de todo, la oscuridad absoluta más allá del espacio y el tiempo.

De esta Nada Huérfana surgió, por una necesidad ontológica, la transición hacia un estado que ya contenía posibilidad: la Nada Cuántica.

2. La Nada Cuántica: el primer espacio de posibilidad

La Nada Cuántica no es la Nada absoluta, sino un estado potencial en el que emergen fluctuaciones, campos y leyes primordiales. Aquí ya hay algo: energía latente, probabilidades y estructuras mínimas. Sin embargo, aún no existe materia concreta ni universo tangible. Es el primer paso hacia la existencia, el puente entre la nada total y el cosmos.

3. El Cosmo-Poder: el principio estructurante

De la Nada Cuántica emergió el Cosmo-Poder, un principio organizador que prepara el terreno para el universo. El Cosmo-Poder no es un dios religioso: no legisla, no juzga, no tiene intención moral. Es la fuerza que posibilita el orden, la consistencia y la estructura de la realidad. Sin él, la materia, la energía y la evolución serían imposibles.

En este sentido, el Cosmo-Poder puede interpretarse como “Dios”, pero un Dios impersonal, cósmico y estructurante, resultado de un proceso ontológico y no el origen primario de todo.

4. La materialización del universo

Con el Cosmo-Poder en acción, el universo comenzó a tomar forma. El Big Bang, acompañado por fenómenos como la partícula de Higgs, permitió que la materia existiera de manera coherente. Sin la masa proporcionada por el Higgs, los átomos, las estrellas, los planetas y la vida serían imposibles.

Así, el Cosmo-Poder no crea directamente, sino que genera las condiciones para que la existencia sea posible y duradera.

5. La conciencia como testigo del universo

Aquí entra un elemento decisivo y profundamente original de esta visión: los humanos, o cualquier inteligencia avanzada, son los testigos que completan la existencia del cosmos.

Si no hubiera seres capaces de observar, registrar y dar testimonio, el universo existiría como fenómeno físico, pero su realidad última sería equivalente a la no-existencia. La existencia completa del cosmos requiere conciencia que lo contemple, porque el ser total del universo se realiza solo en la presencia de observadores conscientes.

Este concepto recuerda, de manera filosófica, la idea de John Wheeler sobre un “universo participativo”, pero la eleva: la conciencia no colapsa ondas cuánticas; legitima ontológicamente la existencia del cosmos.

6. Una cosmovisión integradora

En conjunto, esta visión propone un esquema de cuatro capas:

1.    Nada Huérfana → la oscuridad absoluta y pre-ontológica.

2.    Nada Cuántica → el primer estado de posibilidad, con fluctuaciones y leyes.

3.    Cosmo-Poder → principio estructurante, equivalente a un Dios cósmico no religioso.

4.    Universo y testigos inteligentes → materialización del cosmos y legitimación ontológica de la existencia.

En este marco, Dios no es el principio, sino una consecuencia emergente de la Nada y la necesidad de existencia. El universo no surge de un ser consciente, sino que la conciencia misma completa el acto de existir.

7. Reflexión final

Esta cosmovisión no pretende competir con la física o la religión tradicional. Es, más bien, un ensayo filosófico-cosmológico, que busca pensar el origen del universo, la emergencia del orden y el papel de la conciencia desde una perspectiva moderna, integrando física, metafísica y filosofía.

Al final, la gran pregunta que permanece no es “¿quién creó el universo?”, sino algo más profundo:

¿Por qué la Nada absoluta no permaneció siendo nada?
Y, una vez transformada en Cosmos, ¿por qué necesitó testigos inteligentes para completarse?

En este cuestionamiento reside la fuerza del concepto de Nada Huérfana y Cosmo-Poder, una propuesta para el pensamiento contemporáneo sobre el origen y la realidad del universo.

 

sábado, 7 de febrero de 2026

¿Está la humanidad convirtiendo a las plantas y árboles en seres estériles?

 


¿Está la humanidad convirtiendo a las plantas y árboles en seres estériles?

Por Bruno Perera.

En los últimos años se ha extendido una preocupación creciente: muchas frutas que consumimos ya no tienen semillas. Sandías, uvas, mandarinas, plátanos… parecen frutos “perfectos”, cómodos, limpios. Pero esa aparente ventaja despierta una pregunta inquietante: ¿estamos convirtiendo a las plantas y árboles en seres estériles? ¿Estamos alterando un equilibrio natural que podría volverse en nuestra contra?

La cuestión no es trivial. La semilla es el corazón de la continuidad biológica. Sin semilla fértil no hay germinación, y sin germinación no hay renovación de especies. Sin embargo, conviene separar los hechos científicos de los temores infundados.

1. ¿Qué está ocurriendo realmente?

No todas las frutas sin semillas son producto de ingeniería genética moderna. Muchas son resultado de técnicas tradicionales de mejora vegetal que se aplican desde hace siglos:

Selección artificial

A: Hibridación controlada

B: Triploidía

C: Propagación clonal (injertos y esquejes)

Por ejemplo:

A: Sandía sin semillas: resultado de cruzamientos que generan plantas triploides estériles.

B: Uvas sin semillas: derivadas en muchos casos de mutaciones naturales antiguas.

C: Plátano Cavendish: estéril y reproducido por clonación.

No se trata de que la naturaleza haya dejado de producir semillas, sino de que el sistema agrícola industrial favorece variedades que interesan al mercado.

2. Un aspecto ecológico poco mencionado: la dispersión animal

Existe además un factor ecológico que rara vez se discute: la dispersión de semillas a través de los animales.

En los ecosistemas naturales, muchos frutos evolucionaron precisamente para ser ingeridos por aves y mamíferos. Las semillas:

A: Son tragadas junto con la pulpa.

B: Viajan por el aparato digestivo.

C: Son expulsadas en otro lugar mediante la defecación.

D: Germinan lejos de la planta madre.

Este proceso, conocido como endozoocoria, es fundamental para la expansión natural de muchas especies vegetales.

Si un fruto carece de semillas viables:

A: No puede propagarse por ingestión animal.

B: Se rompe una vía tradicional de dispersión.

C: Se reduce la expansión espontánea fuera del cultivo humano.

Ahora bien, conviene matizar: las variedades comerciales sin semillas casi nunca están destinadas a naturalizarse en ecosistemas silvestres. Son cultivos agrícolas controlados. Por tanto, su falta de dispersión natural no implica necesariamente un colapso ecológico global.

Sin embargo, si hipotéticamente la esterilidad se extendiera masivamente a variedades silvestres, sí podría afectar los ciclos ecológicos.

3. El verdadero riesgo: la homogeneización genética

El peligro real no es la fruta sin semillas en sí misma, sino la reducción de diversidad genética.

Cuando el mercado global depende de unas pocas variedades:

A: Aumenta la vulnerabilidad a plagas.

B: Se favorecen monocultivos.

C: Se debilita la resiliencia del sistema alimentario.

El caso del plátano es ilustrativo: al ser clones casi idénticos, una enfermedad como el Fusarium TR4 puede poner en jaque plantaciones enteras.

4. ¿Estamos perdiendo las semillas originales?

Afortunadamente, no.

A: Existen bancos de germoplasma en todo el mundo.

B: El Svalbard Global Seed Vault conserva millones de muestras.

C: El sistema CGIAR mantiene colecciones internacionales.

D: La FAO coordina programas de conservación de variedades tradicionales.

El problema no es la desaparición física de las semillas, sino el abandono de su cultivo.

5. Dimensión económica y estratégica

Las semillas híbridas obligan a comprarlas cada temporada. Esto:

A: Genera dependencia comercial.

B: Concentra poder en grandes corporaciones.

C: Desplaza semillas locales tradicionales.

Aquí el debate ya no es biológico, sino político y económico.

Conclusión

No, no estamos convirtiendo a todas las plantas y árboles en seres estériles.
Pero sí estamos favoreciendo un modelo agrícola más uniforme, más dependiente y menos diverso.

La falta de semillas en ciertos frutos no destruye la naturaleza por sí sola, pero sí altera mecanismos naturales como la dispersión animal y contribuye a la homogeneización genética.

La cuestión no es demonizar la ciencia, sino recordar que la biodiversidad es nuestra mejor póliza de seguro frente al futuro.

Datos y fuentes de información

A: FAO (2019). The State of the World’s Biodiversity for Food and Agriculture.

B: IPBES (2019). Global Assessment Report on Biodiversity and Ecosystem Services.

C: Svalbard Global Seed Vault – Crop Trust.

D: CGIAR Genebank Platform.

E: McKey, D. et al. (2010). The evolutionary ecology of clonally propagated domesticated plants. New Phytologist.

F: Ploetz, R.C. (2015). Fusarium wilt of banana. Phytopathology.

G: Howe, H.F. & Smallwood, J. (1982). Ecology of Seed Dispersal. Annual Review of Ecology and Systematics.

 

viernes, 6 de febrero de 2026

Tesis sobre la verídica historia vulcanológica de la Macaronesia

 


Tesis sobre la verídica historia vulcanológica de la Macaronesia

Por Bruno Perera.

Los archipiélagos de la Macaronesia es el resultado de un proceso geológico largo, complejo y aún objeto de debate científico. Su origen no puede entenderse sin tener en cuenta la dinámica de las placas tectónicas, la evolución del océano Atlántico y una intensa actividad volcánica prolongada después de que Pangea estuviese activa desde hace unos 175 millones de años que ha dado lugar a que durante los últimos aproximadamente 20-25 millones de años se hayan creado los archipiélagos que en presente componen la Macaronesia.

El contexto geológico general

La historia comienza con la fragmentación del supercontinente Pangea, iniciada hace unos 200 millones de años. Este proceso dio lugar a la separación progresiva de las placas tectónicas americanas, africanas y euroasiáticas. Como consecuencia, el océano Atlántico fue ensanchándose lentamente, a un ritmo medio de unos 2 centímetros por año, mediante procesos de expansión del fondo oceánico y estiramiento de la litosfera oceánica.

Este estiramiento provocó la formación de grandes cuencas oceánicas, con profundidades que en el Atlántico alcanzan cerca de 7.000 metros, así como la aparición de dorsales submarinas y zonas de debilidad cortical. En estos contextos geodinámicos se formaron distintos archipiélagos volcánicos, como los de la Macaronesia: Cabo Verde, Canarias, Madeira y Azores, además de otros sistemas insulares del Atlántico y el Caribe.

Nacimiento de las primeras islas canarias

Desde un punto de vista cronológico, Lanzarote y Fuerteventura son las islas más antiguas del archipiélago. Las dataciones radiométricas sitúan el inicio de su actividad volcánica hace aproximadamente 19–20 millones de años, durante el Mioceno inferior.

Ambas islas parecen haber surgido de forma casi simultánea y muy próximas entre sí, a partir de una misma estructura volcánica profunda. Los estudios geológicos y batimétricos indican que comparten un basamento común, lo que explica sus similitudes litológicas y geomorfológicas.

La formación del resto de las islas se produjo de manera progresiva hacia el oeste: Gran CanariaTenerifeLa GomeraLa Palma y, finalmente, El Hierro, la más joven, cuya actividad volcánica comenzó hace apenas 1,1 millones de años. Este patrón responde a una migración del volcanismo asociada al desplazamiento de la placa africana, que se mueve en dirección general sur-suroeste, mientras el Atlántico continúa su apertura hacia el oeste a partir de la Dorsal Atlántica.

Fases de fracturación y separación

Durante una primera gran etapa volcánica, cuando Lanzarote y Fuerteventura aún formaban una unidad estructural más compacta, se produjo una intensa actividad en la zona norte de Lanzarote. En ese contexto tuvo lugar el fracturamiento del macizo de Famara, lo que dio origen a la separación de La Graciosa y del archipiélago Chinijo, actualmente individualizados pero claramente vinculados al edificio volcánico original, con una alineación heredada de la antigua zona volcánica del Sóo.

En una fase posterior, conforme continuaban los procesos de estiramiento cortical y episodios eruptivos, especialmente en el sur de Lanzarote y el norte de Fuerteventura, se produjo la separación definitiva entre ambas islas. Como resultado, se formó el actual canal submarino que las separa, marcado por una quebrada submarina cuya profundidad máxima ronda los 30–35 metros entre Lanzarote, la Isla de Lobos y Fuerteventura. Fuera de esta zona, las profundidades aumentan de forma abrupta tanto hacia el este como hacia el oeste.

Cambios costeros recientes y el caso del Islote del Francés

Los procesos geológicos no se limitan a escalas de millones de años. En épocas históricas y subhistóricas también se han producido modificaciones costeras significativas, especialmente en zonas volcánicas jóvenes y litorales sedimentarios inestables.

En este contexto, no puede descartarse que el Islote del Francés, en Arrecife, hubiera formado parte del antiguo Charco de San Ginés o estuviera integrado en su estructura natural. La física terrestre del islote —tipo de materiales, morfología y relación con el entorno volcánico inmediato— es muy similar a la que presentaba el Charco hace aproximadamente un siglo, antes de las profundas transformaciones urbanas y portuarias.

Más que un islote aislado, el Islote del Francés pudo haber sido un fragmento emergente o semiemergente de una misma unidad litoral, posteriormente separado y artificialmente individualizado por rellenos, dragados y otras modificaciones humanas del litoral, frecuentes en enclaves portuarios de Canarias.

A ello se suma un elemento estructural relevante: Lanzarote presenta una quiebra física longitudinal que discurre aproximadamente desde la zona del Sóo hasta el barrio de El Lomo en Arrecife. Esta fractura se habría originado durante distintos episodios eruptivos de la isla y pudo influir en la redistribución de materiales y bloques volcánicos. Es plausible que, conforme la isla se desplazaba gradualmente hacia el sur-suroeste, algunos fragmentos quedaran rezagados, lo que ayudaría a explicar la posición actual del Islote del Francés respecto al antiguo trazado del Charco de San Ginés.

Sobre la supuesta unión reciente de Lanzarote y Fuerteventura

No resulta verosímil la afirmación de que Lanzarote y Fuerteventura estuvieran unidas hace apenas 11.000 años, durante el último máximo glacial. Aunque en ese periodo el nivel del mar descendió de forma notable, no existen evidencias geológicas sólidas que indiquen una conexión terrestre reciente entre ambas islas.

Lo más probable es que su separación se deba fundamentalmente a procesos volcanotectónicos antiguos, y no a una simple subida posterior del nivel del mar. El análisis de las costas y volcanes del norte de Fuerteventura y del sur de Lanzarote muestra un encaje morfológico notable, como si ambas partes hubieran formado una misma estructura que fue fragmentada por fallas y actividad volcánica, más que por la erosión marina reciente.

Conclusión

Las Islas Canarias no nacieron como entidades aisladas, sino como el resultado de un proceso continuo de fracturación, volcanismo y desplazamiento tectónico ligado a la evolución del Atlántico. Lanzarote y Fuerteventura constituyen el núcleo más antiguo del archipiélago y conservan las claves fundamentales para entender su origen común.

Incluso a escalas locales, como en el caso del Charco de San Ginés y el Islote del Francés, la historia geológica y geomorfológica demuestra que el territorio canario ha estado —y sigue estando— en permanente transformación.

Datos y fuentes contrastadas

1.    Ancochea, E., et al. (1990–2006)
Estudios sobre la evolución volcánica de las Islas Canarias. Journal of Volcanology and Geothermal Research.

2.    Carracedo, J. C.
Los volcanes de las Islas Canarias. Editorial Rueda / CSIC.
Referencia fundamental sobre cronología volcánica y migración del volcanismo.

3.    Instituto Geológico y Minero de España (IGME)
Mapas geológicos y memorias explicativas de Lanzarote y Fuerteventura.

4.    US Geological Survey (USGS)
Datos sobre expansión del fondo oceánico y tasas de deriva continental.

5.    NOAA – National Oceanic and Atmospheric Administration
Batimetría del Atlántico Norte y profundidades oceánicas máximas.

6.    Cartografía histórica y fotografías aéreas de Arrecife (siglo XX)
Cambios morfológicos del Charco de San Ginés y su entorno litoral.

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Apostilla aclaratoria del autor

Este texto desarrolla algunas observaciones geológicas y geomorfológicas que no se incluyen en el artículo principal para no romper su fluidez, pero que explican el marco físico y territorial desde el que se realizan determinadas afirmaciones.

1. Canarias no nace de África, nace del océano

Las Islas Canarias no son fragmentos continentales africanos, ni una prolongación rígida del continente. Se asientan sobre corteza oceánica, generada durante la apertura del Atlántico, cuando África y América comenzaron a separarse.

En ese proceso de separación continental, la litosfera oceánica sufrió:

·                 adelgazamiento progresivo,

·                 tensiones extensivas,

·                 fracturación profunda y persistente,

·                 y la creación de zonas de debilidad estructural en las entrañas del lecho marino.

Es en este contexto donde deben entenderse las Canarias: como el resultado del ascenso magmático a través de fisuras volcánicas profundas, activadas y reactivadas durante millones de años, y no como volcanes “nacidos” directamente de una placa continental.

2. El volcanismo necesita fisuras: el límite del relato del “hotspot”

El modelo del hotspot, presentado a menudo como explicación única, resulta insuficiente si no se acompaña de la tectónica real del terreno. El magma no asciende de forma abstracta: necesita caminos, y esos caminos son:

·                 fracturas,

·                 fallas,

·                 sistemas de diques,

·                 y zonas litosféricas debilitadas.

Las alineaciones volcánicas repetidas, la orientación constante de conos y la distribución ordenada de los centros eruptivos indican claramente la existencia de estructuras profundas que controlan el volcanismo.

3. La fractura estructural de Lanzarote: una hipótesis basada en la física del terreno

En Lanzarote se observa una franja estructural claramente identificable, perceptible incluso mediante teledetección (Google Earth), caracterizada por:

·                 alineaciones volcánicas coherentes,

·                 repetición direccional de conos,

·                 continuidad geomorfológica,

·                 y contraste físico a ambos lados de la estructura.

Esta franja estructural, localizada entre Sóo y el barrio de El Lomo (Arrecife), no puede explicarse como una simple acumulación aleatoria de volcanes. Todo apunta a la existencia de una fractura volcánica profunda o sistema estructural longitudinal, que ha condicionado la salida del magma y la evolución de la isla.

Esta interpretación no se presenta como dogma, sino como hipótesis razonada, basada en la observación directa del territorio y en la lógica de los procesos geodinámicos conocidos. Se trata además de una franja claramente apreciable mediante Google Earth, coincidente con la zona por donde históricamente ha circulado el jable de la isla.

4. La Graciosa: continuidad física, no isla aislada

La Graciosa no encaja bien en la definición de “isla volcánica independiente” cuando se analiza desde la geomorfología:

·                 existe continuidad de plataformas,

·                 similitud de materiales,

·                 ausencia de una ruptura tectónica profunda clara,

·                 y una relación física directa con el norte de Lanzarote, en la zona de Sóo.

Todo ello sugiere que su separación responde mejor a procesos de fractura, hundimiento o reconfiguración costera, más que a un origen volcánico aislado y autónomo.

5. El Islote del Francés y la evolución del Charco de San Ginés

El Islote del Francés presenta una morfología y una física terrestre coherente con el entorno inmediato de Arrecife. Su posición actual resulta difícil de explicar sin considerar:

·                 una configuración costera distinta en el pasado,

·                 un Charco de San Ginés más amplio,

·                 o una antigua continuidad terrestre hoy fragmentada.

Esta hipótesis se apoya en la reconstrucción paleogeográfica, una herramienta habitual en geología histórica, y no en suposiciones arbitrarias.

6. Separación de islas: procesos lentos, no rupturas recientes

Las separaciones entre islas como Lanzarote y Fuerteventura no responden a eventos recientes, ni a simples variaciones del nivel del mar. Son el resultado de:

·                 fracturación antigua,

·                 subsidencias,

·                 volcanismo prolongado,

·                 y reajustes estructurales a gran escala.

Reducir estos procesos a explicaciones simplistas desvirtúa la verdadera dimensión temporal y física del archipiélago.

7. Orientación de los cráteres y sentido de deriva del archipiélago

Una observación física repetida en prácticamente todas las islas del archipiélago refuerza la idea de un crecimiento y desplazamiento progresivo de este a oeste: la ruptura predominante de los cráteres volcánicos hacia el este, hacia el sur y hacia el norte.

En volcanología, los cráteres abiertos o colapsados en una dirección concreta no son un fenómeno casual. Suelen indicar:

·                 la dirección de menor resistencia estructural,

·                 el sentido preferente de desplazamiento del edificio volcánico,

·                 o la influencia de tensiones tectónicas dominantes durante y después de la erupción.

El hecho de que volcanes de distintas edades y en diferentes islas muestren sistemáticamente sus cráteres rotos hacia el este, sur y norte, sugiere un patrón regional coherente, no explicable por procesos locales aislados.

Esta orientación es compatible con un desplazamiento progresivo del sistema volcánico hacia el oeste, mientras las estructuras más antiguas quedan rezagadas hacia el este, marcando así el sentido de deriva y crecimiento del archipiélago.

Lejos de ser un detalle menor, esta observación geomorfológica aporta un indicador físico visible del movimiento relativo y de la evolución temporal de las islas, reforzando la idea de que Canarias se ha ido construyendo de este a oeste a lo largo de millones de años.

Conclusión

Las Islas Canarias son el resultado de millones de años de fracturación litosférica, adelgazamiento oceánico y volcanismo canalizado por estructuras profundas. No nacen de África como extensión continental, sino del océano, en un contexto dinámico y prolongado.

(Un proceso similar puede extenderse al conjunto de la Macaronesia).

Las hipótesis aquí expuestas —sobre la fractura de Lanzarote, la relación con La Graciosa y la evolución del Islote del Francés— no pretenden cerrar el debate, sino abrir nuevas vías de interpretación basadas en la observación física del territorio.

La geología avanza cuando alguien se atreve a mirar el suelo con ojos propios.

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 Nota: Creación de la Dorsal Atlántica y de las islas de la Macaronesia

La historia geológica del Atlántico y de los archipiélagos de la Macaronesia está íntimamente ligada a la ruptura del supercontinente Pangea y a la intensa actividad volcánica que desde entonces ha modelado el fondo oceánico.

1. Dorsal Atlántica submarina
La Dorsal Atlántica comenzó a formarse hace aproximadamente
180–200 millones de años, cuando Pangea empezó a fragmentarse. Esta enorme cordillera submarina nació como una gran fisura que, de forma progresiva, fue separando los continentes a ambos lados del Atlántico, siguiendo aproximadamente el actual meridiano 50º, y continúa activa en la actualidad.

2. Cabo Verde
El archipiélago de Cabo Verde comenzó a formarse hace unos
20–25 millones de años. Su origen se debe a potentes fisuras volcánicas que permitieron el ascenso del magma desde el interior del manto a través del lecho marino, dando lugar a la aparición de las islas.

3. Canarias
Las Islas Canarias iniciaron su formación hace alrededor de
19–20 millones de años, mediante un proceso muy similar al de Cabo Verde. El magma ascendió por fracturas profundas del fondo oceánico, acumulándose y emergiendo hasta crear el archipiélago que conocemos hoy.

4. Azores
Las Azores son más jóvenes. Su formación comenzó hace unos
10–12 millones de años y está directamente relacionada con las cúspides emergidas de la Dorsal Atlántica submarina, en una zona de intensa interacción tectónica.

5. Madeira
El archipiélago de Madeira se formó hace aproximadamente
5–7 millones de años, también a partir de fisuras volcánicas en el lecho marino, por donde el magma fue ascendiendo hasta emerger sobre la superficie del océano.

Resumen

Los archipiélagos de Canarias, Cabo Verde y Madeira comparten un origen geológico similar, vinculado al volcanismo intraplaca generado por fisuras profundas del fondo oceánico, mientras que las Azores están directamente asociadas a la Dorsal Atlántica.

Final

Las erupciones volcánicas, terremotos y maremotos que todavía se producen tanto en tierra como en el entorno marítimo de Canarias y de toda la Macaronesia, se deben a que las placas tectónicas continúan separándose, especialmente hacia el oeste. En este contexto, el continente africano ha frenado en gran medida su desplazamiento hacia el este, aunque no por completo: una parte de África comienza a separarse del resto del continente a la altura de Somalia, del mismo modo que Madagascar se apartó del continente africano hace millones de años.

Un detalle importante que conviene tener en cuenta es que Lanzarote y Fuerteventura tienen una altitud mucho menor que el resto de las Islas Canarias.

Esto se debe a que ambas islas se formaron en una zona donde las placas tectónicas apenas se habían estirado. En cambio, hacia el oeste, a medida que los continentes se iban separando, las placas se fueron adelgazando progresivamente.

Ese mayor adelgazamiento facilitó que el magma ascendiera con más fuerza y alcanzara mayores alturas, lo que dio lugar, según su etapa de nacimiento,  a islas más elevadas como Gran Canaria, Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.