El cierre
de Ormuz no afecta el consumo de petróleo y gas hacia España porque España
importaba solo el 5 % de crudo y el 2 % de gas de esa zona
Por Bruno Perera.
Hasta el inicio de la guerra entre Estados
Unidos, Israel e Irán, España apenas dependía del estrecho de Ormuz, ya que
solo alrededor del 5 % del petróleo y cerca del 2 % del gas que importaba el
país procedían de esa zona.
La guerra en Oriente Medio y la posibilidad de
que Irán cierre el estrecho de Ormuz ha despertado preocupación en todo el
mundo. Muchos ciudadanos creen que si esa vía marítima se bloquea, Europa y
especialmente España se quedarían sin petróleo o gas. Sin embargo, la realidad
es bastante más matizada.
España depende muy poco de esa ruta estratégica.
Diversos datos oficiales indican que solo alrededor del 5 % del petróleo y
cerca del 2 % del gas que importaba España pasaban por el estrecho de Ormuz,
lo que significa que el impacto directo en el suministro será relativamente
reducido.
En términos concretos, gran parte de ese petróleo
procede de Irak, que representa aproximadamente el 4,8 % del crudo
que llega a España, mientras que el gas natural licuado procedente de
Catar supone alrededor del 1,7 % del total importado.
Esto significa que, incluso si el estrecho se
cerrara completamente, España perdería solo una pequeña fracción de su
suministro directo.
Un sistema de
importación energética muy diversificado
La razón de esta relativa tranquilidad es que
España dispone de uno de los sistemas de importación energética más
diversificados de Europa.
Entre los principales proveedores de petróleo a
España se encuentran:
- Estados Unidos (alrededor del 15 % del total)
- Brasil (aprox. 13 %)
- México (aprox. 12 %)
- Arabia Saudí
- Irak
En conjunto, el petróleo procedente de Oriente
Medio representa solo una parte limitada del total importado.
En cuanto al gas natural, la situación es todavía
más clara. El principal proveedor de España es Argelia, que suministra
aproximadamente un tercio del gas consumido en el país, seguido por Estados
Unidos y otros exportadores de gas natural licuado.
Gracias a esta diversificación, el suministro
energético español es relativamente flexible y puede reorganizarse si alguna
ruta comercial se ve afectada.
El verdadero
problema: el precio mundial
Aunque el cierre del estrecho de Ormuz no
afectaría gravemente al suministro directo de España, sí podría provocar un
fuerte impacto en los precios internacionales de la energía.
Este paso marítimo, situado entre Irán y Omán, es
uno de los puntos estratégicos más importantes del planeta. Por él circula
aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo,
así como cerca del 20 % del gas natural licuado transportado por barco.
Por esta razón, cualquier amenaza militar o
bloqueo genera inmediatamente nerviosismo en los mercados internacionales. Los
operadores financieros reaccionan elevando el precio del petróleo por miedo a
una posible escasez futura.
De hecho, los conflictos recientes en la región
ya han impulsado el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por
barril, encareciendo la gasolina, el gasóleo y la electricidad en numerosos
países.
Esto significa que incluso los países que apenas
dependen del estrecho de Ormuz, como España, pueden verse afectados
indirectamente a través del aumento del coste de la energía.
España puede
resistir más de 100 días sin importar petróleo
Otro factor importante es que España dispone de reservas
estratégicas de petróleo. Estas reservas permiten mantener el consumo
durante aproximadamente 105 días aunque no llegara ni un solo barco
petrolero al país.
Este sistema fue creado tras las crisis
energéticas de los años setenta y está coordinado a nivel internacional por la Agencia
Internacional de la Energía. Su objetivo es evitar que una crisis
geopolítica provoque un colapso inmediato del suministro.
Un problema
global más que nacional
En resumen, el cierre del estrecho de Ormuz sería
sin duda un acontecimiento grave para la economía mundial, pero España no
sería uno de los países más afectados en términos de suministro directo.
El país importa solo una pequeña fracción de su
petróleo y gas de esa zona y dispone de proveedores alternativos en América,
África y otros mercados internacionales.
El verdadero impacto se produciría en los precios
del petróleo, del gas y del transporte mundial, lo que acabaría
repercutiendo en la gasolina, la electricidad y los costes de producción de
muchos sectores económicos.
Por tanto, más que un problema de abastecimiento
inmediato para España, el cierre de Ormuz sería principalmente un problema
de encarecimiento energético a escala global.
Nota del autor
Si España dispone de reservas estratégicas para
más de 100 días de consumo, surge una pregunta lógica: ¿por qué han subido
los precios de los combustibles en los últimos días?
La respuesta está en que el petróleo no se
fija por la cantidad que tenga cada país almacenada, sino por el precio
del mercado internacional. Cuando existe riesgo de guerra o de interrupción
del suministro mundial, los mercados anticipan una posible escasez futura y
elevan los precios inmediatamente.
Por eso, aunque España tenga reservas suficientes y
dependa muy poco del estrecho de Ormuz, los españoles seguimos pagando el
combustible al precio que fija el mercado internacional. Cuando el petróleo
sube, todo empieza a encarecerse: el transporte, la agricultura y la producción
de muchos bienes. Y al final, como casi siempre ocurre en economía, la factura
termina cayendo sobre los ciudadanos, especialmente porque los precios suben
mientras los salarios permanecen prácticamente estancados.

No hay comentarios:
Publicar un comentario