El
Cosmo-Poder: Dios no creó el universo, nació de la Nada
Por Bruno Perera.
La pregunta sobre el origen último de la realidad
ha sido secuestrada durante milenios por las religiones. Todas, sin excepción,
parten del mismo error de base: suponen un Dios previo a todo, eterno,
consciente y voluntarioso, que crea el universo por decisión propia.
Ese planteamiento no solo es indemostrable, sino conceptualmente débil.
Traslada el problema un paso atrás y lo deja sin resolver.
La alternativa es más radical —y más honesta—: Dios
no creó la Nada; Dios nació de ella.
Antes del
vacío cuántico: la Nada Huérfana
Antes incluso de lo que la física denomina “vacío
cuántico”, existió un estado previo que no puede describirse como materia,
energía ni campo, pero tampoco como una nada absoluta. A ese estado lo denomino
Nada Cuántica Huérfana.
No era energía.
No era partícula.
No era tiempo.
Pero sí era espacio total, un marco
ontológico sin contenido energético. No una nada metafísica pura —que ni
siquiera puede pensarse—, sino una estructura sin activación.
De la Nada
Huérfana a la Nada Cuántica
Por razones que desconocemos —y que no
necesitamos inventar—, esa Nada Huérfana sufrió una transición. No un acto
voluntario, no una decisión, no un “designio”, sino un cambio de estado.
Así nació la Nada Cuántica, el vacío
cuántico del que habla la física moderna: un espacio donde la energía ya puede
fluctuar, aparecer y desaparecer, obedeciendo leyes fundamentales.
Aquí ocurre el punto clave:
no aparece un dios consciente, aparece una potencia.
El surgimiento
del Cosmo-Poder
De la Nada Cuántica emerge el Cosmo-Poder:
no un ser personal, no un juez, no un legislador moral, sino un principio
generador. Una potencia natural que hace posible la expansión, la energía,
las leyes y la estructura del universo.
El Cosmo-Poder:
- no piensa
- no habla
- no castiga
- no premia
- no escucha plegarias
Simplemente genera.
Big Bang, masa
y universo
Bajo la acción del Cosmo-Poder se produce el Big
Bang, el evento de expansión inicial del universo. Posteriormente, la
interacción con el campo de Higgs permite que las partículas adquieran
masa, haciendo posible la materia, las estrellas, los planetas… y finalmente la
vida.
El Higgs no es un creador ni un dios: es una condición
física necesaria dentro del universo ya existente. Pero sin él, el cosmos
sería un mar de energía sin estructura.
Un Dios sin
religión
Este planteamiento conduce a una conclusión
incómoda para creyentes y dogmáticos:
El Cosmo-Poder es el único “Dios” coherente, porque:
- no necesita haber sido creado
- no es anterior a la Nada
- no depende de la fe
- no funda religiones
- no requiere templos ni sacerdotes
No es un Dios que manda.
Es un Dios que emerge.
La gran
inversión conceptual
Las religiones dicen: Dios creó el universo.
La cosmología filosófica dice: el universo creó a su Dios.
Y ese Dios no es una persona, sino una potencia
natural nacida del vacío, sin moral, sin dogma y sin mito.
Aceptar esto no exige fe.
Exige abandonar la necesidad infantil de un padre cósmico.
Apéndice:
marco conceptual y referencias
Este artículo no pretende ser física demostrable,
sino cosmología filosófica compatible con la ciencia moderna. Sus bases
conceptuales se apoyan en:
- Vacío cuántico: la “nada” en física no
es ausencia total, sino un estado con fluctuaciones energéticas (QFT).
- Campo de Higgs: mecanismo que explica la
adquisición de masa por las partículas elementales.
- Spinoza (Deus sive Natura): Dios
entendido como naturaleza, no como persona.
- Cosmología naturalista: rechazo
de causas sobrenaturales voluntarias.
- Crítica a la causa primera teísta: el
problema lógico de “¿quién creó a Dios?”.
Nada de lo expuesto requiere revelación,
escritura sagrada ni autoridad religiosa.
Solo una cosa: pensar sin miedo.

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