La Nada
Huérfana creó al Cosmo-Poder: un testimonio del universo
Por Bruno
Perera.
Durante siglos, la pregunta sobre el origen
último de la realidad se ha planteado desde un mismo punto de vista: Dios
como creador primero, como arquitecto consciente que antecede a todo. Sin embargo,
esta concepción enfrenta un dilema fundamental: si Dios es el origen, ¿quién o
qué lo originó a él? Y si la respuesta es “nada”, ¿qué tipo de nada es esa?
Este ensayo propone un enfoque radicalmente
distinto: antes de todo, antes de Dios o del cosmos, existía la Nada
Huérfana, un vacío absoluto y sin atributos, del que surgió todo lo demás.
1. La Nada
Huérfana: el punto cero absoluto
La Nada Huérfana no es un vacío físico, ni una
ausencia relativa, ni un estado caótico. Es ausencia total de ser, sin
conciencia, sin leyes y sin potencial observable. Es huérfana porque no procede
de nada, no tiene causa, ni intención, ni estructura. Es la condición de
posibilidad de todo, la oscuridad absoluta más allá del espacio y el tiempo.
De esta Nada Huérfana surgió, por una necesidad
ontológica, la transición hacia un estado que ya contenía posibilidad: la
Nada Cuántica.
2. La Nada
Cuántica: el primer espacio de posibilidad
La Nada Cuántica no es la Nada absoluta, sino un estado
potencial en el que emergen fluctuaciones, campos y leyes primordiales.
Aquí ya hay algo: energía latente, probabilidades y estructuras mínimas. Sin
embargo, aún no existe materia concreta ni universo tangible. Es el primer
paso hacia la existencia, el puente entre la nada total y el cosmos.
3. El
Cosmo-Poder: el principio estructurante
De la Nada Cuántica emergió el Cosmo-Poder,
un principio organizador que prepara el terreno para el universo. El
Cosmo-Poder no es un dios religioso: no legisla, no juzga, no tiene intención
moral. Es la fuerza que posibilita el orden, la consistencia y la
estructura de la realidad. Sin él, la materia, la energía y la evolución serían
imposibles.
En este sentido, el Cosmo-Poder puede
interpretarse como “Dios”, pero un Dios impersonal, cósmico y estructurante,
resultado de un proceso ontológico y no el origen primario de todo.
4. La
materialización del universo
Con el Cosmo-Poder en acción, el universo comenzó
a tomar forma. El Big Bang, acompañado por fenómenos como la partícula
de Higgs, permitió que la materia existiera de manera coherente. Sin la masa
proporcionada por el Higgs, los átomos, las estrellas, los planetas y la vida
serían imposibles.
Así, el Cosmo-Poder no crea directamente, sino
que genera las condiciones para que la existencia sea posible y duradera.
5. La
conciencia como testigo del universo
Aquí entra un elemento decisivo y profundamente
original de esta visión: los humanos, o cualquier inteligencia avanzada, son
los testigos que completan la existencia del cosmos.
Si no hubiera seres capaces de observar,
registrar y dar testimonio, el universo existiría como fenómeno físico, pero su
realidad última sería equivalente a la no-existencia. La existencia completa
del cosmos requiere conciencia que lo contemple, porque el ser total del
universo se realiza solo en la presencia de observadores conscientes.
Este concepto recuerda, de manera filosófica, la
idea de John Wheeler sobre un “universo participativo”, pero la eleva: la
conciencia no colapsa ondas cuánticas; legitima ontológicamente la existencia
del cosmos.
6. Una
cosmovisión integradora
En conjunto, esta visión propone un esquema de
cuatro capas:
1. Nada Huérfana → la oscuridad absoluta y pre-ontológica.
2. Nada Cuántica → el primer estado de posibilidad, con
fluctuaciones y leyes.
3. Cosmo-Poder → principio estructurante, equivalente a un Dios
cósmico no religioso.
4. Universo y testigos inteligentes →
materialización del cosmos y legitimación ontológica de la existencia.
En este marco, Dios no es el principio, sino una
consecuencia emergente de la Nada y la necesidad de existencia. El universo
no surge de un ser consciente, sino que la conciencia misma completa el acto
de existir.
7. Reflexión
final
Esta cosmovisión no pretende competir con la
física o la religión tradicional. Es, más bien, un ensayo
filosófico-cosmológico, que busca pensar el origen del universo, la
emergencia del orden y el papel de la conciencia desde una perspectiva moderna,
integrando física, metafísica y filosofía.
Al final, la gran pregunta que permanece no es
“¿quién creó el universo?”, sino algo más profundo:
¿Por qué la Nada absoluta no permaneció siendo
nada?
Y, una vez transformada en Cosmos, ¿por qué necesitó testigos inteligentes para
completarse?
En este cuestionamiento reside la fuerza del
concepto de Nada Huérfana y Cosmo-Poder, una propuesta para el pensamiento
contemporáneo sobre el origen y la realidad del universo.

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