La isla La Palma
y el mito del megatsunami: sensacionalismo frente a la realidad geológica
Por Bruno
Perera.
Desde hace años circulan por Internet “alertas
científicas” y artículos alarmistas que aseguran que un colapso del flanco
occidental de la isla de La Palma podría generar un megatsunami capaz de cruzar
el Atlántico y arrasar la costa este de Estados Unidos, llegando incluso a
cubrir Nueva York en pocas horas. La realidad es otra: buena parte de esos
titulares se basan en hipótesis extremas, ignorando elementos geográficos y geológicos
cruciales.
1. La fantasía
del colapso instantáneo. Es cierto que los volcanes
pueden sufrir deslizamientos de sus flancos. Sin embargo, afirmar que el volcán
Cumbre Vieja en La Palma está a punto de
“desplomarse” en bloque hacia el océano es más alarmismo que ciencia.
- Los colapsos volcánicos masivos en Canarias ocurrieron hace cientos de
miles de años, no hoy.
- La mayoría de expertos coinciden: cualquier deslizamiento sería gradual,
no instantáneo.
- Un deslizamiento progresivo reduce enormemente la energía transferida
al océano y, por tanto, la altura de las olas.
Quienes insisten en el “megatsunami” ignoran
décadas de observaciones sobre la estabilidad actual de La Palma.
2. La Dorsal Meso Atlántica: la “muralla olvidada”. Muchos
estudios que alimentan el mito ignoran un detalle fundamental: la Dorsal
Meso Atlántica. Esta elevación submarina, que alcanza más de 1.000 metros sobre
el fondo oceánico profundo, no es una mera curiosidad geográfica. En física de
tsunamis, la topografía del lecho marino condiciona la propagación de la
energía.
- La dorsal no detendría un tsunami, pero dispersa y reduce la fuerza
de las olas a medida que cruzan el Atlántico.
- Modelos modernos que incluyen la batimetría real muestran que la
energía que alcanzaría la costa estadounidense sería muy inferior a la que
los titulares catastrofistas prometen.
Ignorar este factor es un error científico de
bulto.
3. Deriva continental
y estabilidad volcánica. Aquí entra un detalle que pocos
consideran: el desplazamiento de los continentes sí afecta a la actividad
volcánica, porque al estirar las placas tectónicas se generan fisuras en la
litosfera submarina y en el lecho marino. Estas fisuras facilitan la movilidad
del magma y pueden contribuir a la inestabilidad de los flancos volcánicos.
Por lo tanto, para que una gran parte de La Palma
pudiera quebrarse y deslizarse hacia el oeste de manera catastrófica, los
continentes americanos tendrían que desplazarse de forma brusca a más de 2 cm
por año. Algo que simplemente no ocurre en la realidad: los movimientos
tectónicos son mucho más lentos y estables.
En otras palabras, el escenario extremo que
plantean algunos artículos no tiene respaldo geológico actual.
4. ¿Nueva York
bajo el agua? No, gracias. La combinación de un colapso
gradual, la influencia de la Dorsal Meso Atlántica y la imposibilidad práctica
de un desplazamiento continental acelerado convierte los escenarios
apocalípticos en ciencia ficción:
- Olas peligrosas podrían afectar a Canarias o Marruecos, pero no
arrasarían Estados Unidos.
- La probabilidad de un megatsunami transatlántico devastador es extremadamente
baja.
Quienes difunden lo contrario buscan el impacto
mediático, no informar con rigor.
5.
Sensacionalismo versus evidencia. El problema no
es la ciencia, sino la forma en que se comunica:
“La Palma podría destruir Nueva York”
es un titular que vende miedo, no evidencia. La
ciencia trabaja con probabilidades, modelos y escenarios condicionados.
Internet amplifica extremos sin contexto. Este es un ejemplo de cómo la
ignorancia se viste de alarma científica.
Conclusión. Los megatsunamis de La Palma son más un mito mediático que un riesgo real.
Ignorar la Dorsal Meso Atlántica, la gradualidad de los deslizamientos y la realidad
tectónica conduce a alarmismo injustificado. La evidencia geológica indica que
Nueva York no está a merced de La Palma, y quienes aseguran lo contrario lo
hacen más por titulares sensacionalistas que por ciencia.

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