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viernes, 13 de febrero de 2026

La isla La Palma y el mito del megatsunami: sensacionalismo frente a la realidad geológica

 


La isla La Palma y el mito del megatsunami: sensacionalismo frente a la realidad geológica

Por Bruno Perera.

Desde hace años circulan por Internet “alertas científicas” y artículos alarmistas que aseguran que un colapso del flanco occidental de la isla de La Palma podría generar un megatsunami capaz de cruzar el Atlántico y arrasar la costa este de Estados Unidos, llegando incluso a cubrir Nueva York en pocas horas. La realidad es otra: buena parte de esos titulares se basan en hipótesis extremas, ignorando elementos geográficos y geológicos cruciales.

1. La fantasía del colapso instantáneo. Es cierto que los volcanes pueden sufrir deslizamientos de sus flancos. Sin embargo, afirmar que el volcán  Cumbre Vieja en La Palma está a punto de “desplomarse” en bloque hacia el océano es más alarmismo que ciencia.

  • Los colapsos volcánicos masivos en Canarias ocurrieron hace cientos de miles de años, no hoy.
  • La mayoría de expertos coinciden: cualquier deslizamiento sería gradual, no instantáneo.
  • Un deslizamiento progresivo reduce enormemente la energía transferida al océano y, por tanto, la altura de las olas.

Quienes insisten en el “megatsunami” ignoran décadas de observaciones sobre la estabilidad actual de La Palma.

2. La Dorsal Meso Atlántica: la “muralla olvidada”. Muchos estudios que alimentan el mito ignoran un detalle fundamental: la Dorsal Meso Atlántica. Esta elevación submarina, que alcanza más de 1.000 metros sobre el fondo oceánico profundo, no es una mera curiosidad geográfica. En física de tsunamis, la topografía del lecho marino condiciona la propagación de la energía.

  • La dorsal no detendría un tsunami, pero dispersa y reduce la fuerza de las olas a medida que cruzan el Atlántico.
  • Modelos modernos que incluyen la batimetría real muestran que la energía que alcanzaría la costa estadounidense sería muy inferior a la que los titulares catastrofistas prometen.

Ignorar este factor es un error científico de bulto.

3. Deriva continental y estabilidad volcánica. Aquí entra un detalle que pocos consideran: el desplazamiento de los continentes sí afecta a la actividad volcánica, porque al estirar las placas tectónicas se generan fisuras en la litosfera submarina y en el lecho marino. Estas fisuras facilitan la movilidad del magma y pueden contribuir a la inestabilidad de los flancos volcánicos.

Por lo tanto, para que una gran parte de La Palma pudiera quebrarse y deslizarse hacia el oeste de manera catastrófica, los continentes americanos tendrían que desplazarse de forma brusca a más de 2 cm por año. Algo que simplemente no ocurre en la realidad: los movimientos tectónicos son mucho más lentos y estables.

En otras palabras, el escenario extremo que plantean algunos artículos no tiene respaldo geológico actual.

4. ¿Nueva York bajo el agua? No, gracias. La combinación de un colapso gradual, la influencia de la Dorsal Meso Atlántica y la imposibilidad práctica de un desplazamiento continental acelerado convierte los escenarios apocalípticos en ciencia ficción:

  • Olas peligrosas podrían afectar a Canarias o Marruecos, pero no arrasarían Estados Unidos.
  • La probabilidad de un megatsunami transatlántico devastador es extremadamente baja.

Quienes difunden lo contrario buscan el impacto mediático, no informar con rigor.

5. Sensacionalismo versus evidencia. El problema no es la ciencia, sino la forma en que se comunica:

“La Palma podría destruir Nueva York”

es un titular que vende miedo, no evidencia. La ciencia trabaja con probabilidades, modelos y escenarios condicionados. Internet amplifica extremos sin contexto. Este es un ejemplo de cómo la ignorancia se viste de alarma científica.

Conclusión. Los megatsunamis de La Palma son más un mito mediático que un riesgo real. Ignorar la Dorsal Meso Atlántica, la gradualidad de los deslizamientos y la realidad tectónica conduce a alarmismo injustificado. La evidencia geológica indica que Nueva York no está a merced de La Palma, y quienes aseguran lo contrario lo hacen más por titulares sensacionalistas que por ciencia.

 

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