Lanzarote está quebrada por la parte entre Soo y Arrecife. Zona por
donde siempre ha corrido el jable
Por Bruno Perera
Desde hace
tiempo vengo observando, estudiando y escribiendo sobre el origen volcánico de
las Islas Canarias. Y cuanto más miro el mapa, las imágenes de satélite y la
disposición de nuestras islas, más me convence una idea: para entender el
nacimiento de Canarias hay que mirar mucho más atrás que los propios volcanes.
Hay que mirar hacia Pangea y hacia la apertura del Océano Atlántico.
Mi
planteamiento parte de una pregunta sencilla: ¿qué ocurrió cuando aquel
gigantesco continente llamado Pangea comenzó a romperse?
Hace
aproximadamente 200 millones de años, Pangea empezó a fragmentarse. América
comenzó a separarse de Europa y África, y entre aquellas masas continentales
fue abriéndose el Océano Atlántico.
Pero una
separación de semejante magnitud no pudo producirse sin consecuencias en la
corteza terrestre. Allí donde la corteza se estiró, se debilitó y se fracturó,
se abrieron caminos por los que el material procedente del interior de la
Tierra pudo ascender.
Y aquí es
donde sitúo mi hipótesis sobre Canarias.
Pangea y el nacimiento de un nuevo océano
Cuando una
enorme masa continental se fragmenta, no solamente se separan dos continentes
como si fueran piezas de un puzle.
La corteza
se estira, se adelgaza, se fractura y se producen enormes modificaciones en el
subsuelo. El magma encuentra entonces zonas de debilidad por las que puede
ascender.
El
resultado, durante millones de años, puede ser la formación de nueva corteza
oceánica, volcanes submarinos y, cuando la acumulación de materiales alcanza
suficiente altura, auténticas islas volcánicas.
Por eso
considero que Canarias debe estudiarse dentro del enorme proceso geológico que
acompañó a la apertura del Atlántico, aunque nuestras islas no
estén situadas directamente sobre la Dorsal Mesoatlántica.
No digo que
Canarias naciera directamente de la dorsal.
Digo algo
diferente: las grandes tensiones y fracturas producidas durante la apertura del
Atlántico pudieron generar estructuras profundas capaces de permitir el ascenso
del magma en lugares alejados de la propia dorsal.
Es una
diferencia importante.
Canarias, Madeira, Salvajes y Cabo Verde
Canarias no
es un pedazo desprendido de África.
Las islas
están actualmente asentadas sobre su propia placa o, más exactamente, sobre la
región correspondiente a la placa de Nubia, pero eso no significa que el
material que construyó las islas proceda de África como continente.
Una cosa es dónde se encuentra
actualmente una isla y otra muy diferente cómo se construyó
geológicamente.
Canarias es
un archipiélago volcánico. Sus edificios insulares fueron construidos mediante
sucesivas erupciones y acumulaciones de materiales volcánicos durante
posiblemente unos 19-20 millones de años.
Lo mismo
puede decirse, desde mi interpretación general del proceso, de otros
archipiélagos volcánicos de la Macaronesia, como Madeira, las Islas Salvajes y
Cabo Verde.
Ahora bien,
aquí hay que distinguir entre lo que está demostrado y lo que constituye mi
hipótesis. Madeira es indiscutiblemente una isla volcánica y Cabo Verde también
posee una historia volcánica compleja, pero los modelos científicos sobre su
origen son casi idénticos al modelo que propongo para Canarias.
Mi
planteamiento es que las fracturas generadas por la enorme transformación
tectónica del Atlántico pudieron desempeñar un papel mucho mayor del que
tradicionalmente se les ha atribuido en la generación de estos
archipiélagos.
Y las Azores son otra historia
Las Azores
presentan una situación diferente.
El
archipiélago se encuentra estrechamente relacionado con la zona tectónica de la
Dorsal Mesoatlántica en una compleja separación de placas tectónicas hacia los
aproximados este y oeste.
Por eso
considero razonable distinguir las Azores de Canarias.
Las Azores están mucho más directamente vinculadas a la Dorsal
Mesoatlántica,
mientras que Canarias se encuentra alejada de ella y plantea precisamente el
problema de explicar cómo pudo generarse un volcanismo tan importante en el
interior de una placa oceánica.
Ahí es donde
vuelve a aparecer la importancia de las fracturas.
Canarias: fuego nuevo surgido del interior de la Tierra
Las Canarias
no son restos de un continente hundido ni fragmentos de África que hayan
quedado separados del continente.
Son
edificios volcánicos construidos por la acumulación de materiales procedentes
del interior de la Tierra.
Durante
millones de años, las erupciones desde el manto fueron acumulando lavas,
piroclastos y otros materiales hasta levantar enormes montañas desde el fondo
del Océano Atlántico.
Lo que hoy
vemos como una isla es solamente la parte que sobresale del agua.
Debajo de
ella existe una enorme estructura volcánica que continúa descendiendo hacia el
fondo oceánico.
Por eso las
Canarias deben contemplarse como auténticas montañas volcánicas nacidas en el Océano
Atlántico.
Lanzarote y Fuerteventura: dos piezas de una misma historia
Lanzarote y
Fuerteventura presentan una relación geológica especialmente interesante.
Las dos
islas se encuentran tan próximas que, vistas desde el espacio, parecen formar
parte de una misma gran estructura, y si se observan sus platós se aprecia que
forman uno.
De hecho, la
separación actual entre ambas se encuentra ocupada por un brazo de mar
relativamente estrecho.
Mi
interpretación es que Lanzarote y Fuerteventura deben estudiarse como partes de
una misma región volcánica y tectónica, aunque su historia
eruptiva y sus edades geológicas sean complejas.
No pretendo
decir con ello que todo el territorio que hoy ocupa Lanzarote y Fuerteventura
fuese necesariamente una sola isla exactamente como la vemos actualmente.
La cuestión
es más profunda.
Se trata de
averiguar si ambas islas representan diferentes partes de un sistema volcánico
mayor que fue evolucionando, fracturándose y modificándose durante millones de
años.
Y aquí
aparece Lanzarote.
Lanzarote está quebrada por la zona de Soo y Arrecife
Hay una
característica de Lanzarote que siempre me ha llamado poderosamente la
atención.
La isla parece estar quebrada por la zona comprendida entre
Soo y Arrecife.
No estoy
hablando solamente de una línea dibujada sobre un mapa.
Estoy
hablando de una zona que presenta características geográficas y geomorfológicas
particulares y por donde, históricamente, ha circulado el jable. (Su zona
llana y los volcanes habidos en su área indican que la isla presenta una
quiebra profunda a través de ese espacio).
El jable ha
encontrado durante mucho tiempo un corredor natural para desplazarse desde las
zonas septentrionales hacia el centro y este de Lanzarote.
¿Podría esa
zona corresponder a una antigua fractura o zona de debilidad de la estructura
volcánica de la isla?
Esa es mi
hipótesis.
Naturalmente,
que el jable haya circulado por allí no demuestra por sí solo que exista una fractura tectónica
profunda. Para demostrarlo serían necesarios estudios
geofísicos, cartografía estructural, análisis de fallas, estudios del subsuelo
y, especialmente, investigaciones de la estructura que continúa bajo el mar.
Pero la
observación merece ser estudiada.
Porque
cuando observamos Lanzarote desde el aire aparecen alineaciones, cambios del
relieve y estructuras que no deberían descartarse simplemente como una
casualidad geográfica.
Soo y La Graciosa
Y aquí
aparece otra observación que considero especialmente interesante.
Cuando se
observa la zona mediante imágenes aéreas y satelitales, los volcanes de Soo
parecen presentar una alineación con las estructuras volcánicas de La Graciosa
y del Archipiélago Chinijo.
Para mí, esa
alineación plantea una pregunta evidente:
¿Estamos
contemplando volcanes independientes o diferentes manifestaciones de una misma
estructura profunda?
Si existiese
una fractura o sistema de fracturas que atravesara el subsuelo y continuara
hacia el norte, podría explicar determinadas alineaciones volcánicas.
Pero,
nuevamente, una alineación visual no constituye por sí sola una demostración
geológica.
Lo que
habría que investigar es si esa alineación coincide con:
·
fallas
profundas;
·
diques
volcánicos;
·
edades
similares de los volcanes;
·
estructuras
submarinas;
·
anomalías
magnéticas o gravimétricas;
·
y
posibles continuidades tectónicas bajo el mar.
Si todos
esos elementos coincidieran, entonces la hipótesis adquiriría mucha más fuerza.
El Archipiélago Chinijo
El
Archipiélago Chinijo tampoco debería contemplarse como un conjunto de islotes
completamente independientes de Lanzarote.
La Graciosa,
Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste forman parte de una
región volcánica estrechamente relacionada con el norte de Lanzarote.
Mi
planteamiento es que el actual Archipiélago Chinijo pudo formar en el pasado una
estructura volcánica más extensa y relacionada con Lanzarote,
antes de que la erosión, la subida y bajada del nivel del mar y la evolución
tectónica modificaran la configuración del territorio.
Aquí también
hace falta distinguir la observación de la demostración.
Que hoy
exista un brazo de mar entre Lanzarote y La Graciosa no significa
necesariamente que antiguamente existiera una única isla continua.
Pero tampoco
debemos descartar la posibilidad de que ambas formaran parte de un edificio
volcánico mucho mayor.
El subsuelo
marino tiene la respuesta.
El sentido de la fracturación
Hay otra
observación que me parece importante.
Cuando se
estudia la distribución de las estructuras volcánicas de Canarias y se observa
el conjunto mediante imágenes satelitales, aparecen determinadas orientaciones
que, en mi opinión, merecen relacionarse con el proceso general de disgregación
del Atlántico.
Yo observo
una tendencia general hacia el sursuroeste, una dirección que considero
compatible con determinadas líneas de fracturación y con la evolución tectónica
que afectó a esta región del Atlántico. Por ejemplo se aprecia que la
mayoría de los cráteres de los volcanes de cada isla están rotos por la parte este. Eso da a
entender que el nacimiento y desplazamiento de cada una de las Islas Canarias
ha sido desde más o menos, de este a oeste.
No afirmo
que cada volcán de Canarias tenga que obedecer exactamente a una única
dirección.
La naturaleza
no trabaja con regla y escuadra.
Pero las
grandes estructuras geológicas sí pueden dejar direcciones preferentes.
Y esas
direcciones pueden ser una pista.
Las grandes profundidades del Atlántico
Al oeste de
Canarias encontramos enormes profundidades oceánicas.
Cuando uno
contempla el relieve submarino del Atlántico resulta impresionante comprobar
que las islas Canarias son solamente pequeñas elevaciones que sobresalen de un
océano cuya profundidad alcanza varios kilómetros.
Para mí,
esto constituye otro elemento que debe ser considerado dentro del gran proceso
de transformación del Atlántico.
Ahora bien,
tampoco sería correcto afirmar que una determinada profundidad oceánica
demuestra por sí sola una fractura concreta.
El relieve
submarino depende de numerosos factores: edad de la corteza oceánica,
enfriamiento y subsidencia térmica, estructuras tectónicas, actividad
volcánica, erosión y evolución de las cuencas oceánicas.
Por eso las
grandes profundidades son una pieza del rompecabezas, no una prueba
aislada.
¿Y el famoso punto caliente?
Aquí
llegamos a uno de los asuntos más discutidos.
Durante
mucho tiempo se ha explicado el volcanismo de Canarias mediante la existencia
de un supuesto punto caliente o hotspot situado bajo las
islas.
Según el
modelo clásico, una columna de material caliente procedente del manto
permanecería aproximadamente fija mientras la placa se desplaza sobre ella,
generando sucesivamente volcanes.
Es un modelo
conocido y ha sido utilizado para explicar numerosos archipiélagos volcánicos
del planeta.
Pero
Canarias presenta características que han llevado a diferentes investigadores a
cuestionar que el modelo clásico de hotspot sea suficiente para explicar por sí
solo toda su evolución volcánica.
Por eso yo
considero que las fracturas y los procesos tectónicos relacionados con la evolución
del Atlántico merecen ocupar un lugar mucho más importante en la explicación
del origen de Canarias.
No estoy
diciendo que haya que sustituir una explicación por otra sin pruebas.
Estoy
diciendo que hay que mirar el problema desde todos los ángulos.
Canarias no es África
Que Canarias
pertenezca actualmente a la placa africana no significa que las islas sean
África.
Esta
distinción parece sencilla, pero es fundamental.
Una placa
tectónica puede contener océanos, continentes, volcanes y diferentes
estructuras geológicas.
Las Canarias
se levantan sobre corteza oceánica y son edificios volcánicos construidos por
la actividad magmática.
Por tanto,
cuando hablamos de su origen debemos diferenciar claramente entre:
la placa sobre la que están asentadas y el proceso mediante
el cual fueron construidas.
Mi hipótesis
se centra precisamente en este segundo aspecto.
¿Por qué continúan produciéndose terremotos en Canarias y en su
entorno?
Hay otra cuestión
que, a mi juicio, encaja perfectamente dentro de esta interpretación:
¿Por qué siguen produciéndose terremotos bajo las islas
Canarias y en su periferia marítima si el proceso que las originó ocurrió hace
millones de años?
La respuesta
que propongo es sencilla: porque el proceso tectónico que abrió y continúa
ensanchando el Atlántico no pertenece exclusivamente al pasado.
La
disgregación de las masas continentales y la expansión del fondo oceánico
continúan actualmente. En diferentes sectores del Atlántico, la separación de
las placas se produce a velocidades del orden de centímetros por año.
Dicho de una
manera más comprensible: el Atlántico continúa abriéndose.
La cifra de
alrededor de 1,5 centímetros por año puede parecer insignificante
para una persona que mide el tiempo en años o décadas.
Pero la
geología trabaja con millones de años.
Un
centímetro y medio multiplicado por un millón de años representa quince
kilómetros.
Multiplicado
por decenas de millones de años, la cifra se convierte en cientos de
kilómetros.
Por eso,
desde mi interpretación, no debemos considerar que las fuerzas que participaron
en la apertura del Atlántico hayan desaparecido simplemente porque Pangea dejó
de existir hace muchísimo tiempo.
La corteza
terrestre continúa sometida a tensiones, movimientos, reajustes y fracturas.
Y eso ayuda
a comprender por qué seguimos registrando actividad sísmica en Canarias y en
las aguas que rodean el archipiélago.
Ahora bien,
hay que hacer una precisión importante: no todos los terremotos de Canarias tienen necesariamente
el mismo origen ni todos están provocados directamente por la apertura del
Atlántico.
En la
actividad sísmica pueden intervenir la tectónica regional, las estructuras
profundas de la corteza, los reajustes de las propias estructuras volcánicas y
el magmatismo.
Pero la
existencia de terremotos demuestra algo fundamental:
el subsuelo de Canarias no está geológicamente muerto.
Continúa
siendo dinámico.
¿Y los maremotos?
Aquí también
debemos ser precisos.
Un terremoto
no produce automáticamente un maremoto o tsunami.
Para que un
terremoto submarino genere un tsunami importante tiene que producirse,
normalmente, un desplazamiento suficiente del fondo marino que desplace una
gran masa de agua. También pueden generarse tsunamis por deslizamientos
submarinos y otros procesos.
Por tanto,
no sería correcto decir que cada terremoto registrado en Canarias puede
provocar un maremoto.
Pero sí
resulta importante que exista actividad sísmica en las aguas que rodean las
islas.
Porque nos
recuerda que el fondo oceánico también forma parte de este gigantesco sistema
geológico en movimiento.
Y aquí
vuelvo a mi planteamiento inicial.
Los
continentes que comenzaron a separarse cuando Pangea se rompió no han dejado de
moverse.
El Atlántico
continúa evolucionando.
La corteza
oceánica continúa sometida a esfuerzos.
Y las placas
continúan desplazándose.
Por eso
considero que los terremotos y, en determinadas circunstancias, los fenómenos
submarinos capaces de producir tsunamis, deben contemplarse dentro de un
planeta que continúa geológicamente activo.
La velocidad
puede ser de centímetros por año.
Para
nosotros es casi imperceptible.
Para la
Tierra, es movimiento permanente.
Una hipótesis que puede comprobarse
Lo más
importante de una hipótesis científica es que pueda ser comprobada.
Mi
planteamiento sobre Canarias podría investigarse.
No hace
falta discutir indefinidamente sobre si las islas nacieron por un hotspot, por
fracturas tectónicas o por una combinación de diferentes procesos.
Hay una
manera mucho más sencilla de avanzar:
estudiar el subsuelo.
Cartografiar
las fracturas.
Estudiar las
alineaciones volcánicas.
Analizar las
edades de los edificios volcánicos.
Investigar
los fondos marinos entre Lanzarote, Fuerteventura y el Archipiélago Chinijo.
Buscar
continuidades entre las estructuras de Soo y las de La Graciosa.
Estudiar las
anomalías magnéticas y gravimétricas.
Analizar los
sistemas de diques.
Y comprobar
si las orientaciones observadas desde el aire tienen continuidad en
profundidad.
Si esas
investigaciones demostraran la existencia de grandes estructuras relacionadas
con la fracturación y con el ascenso del magma, tendríamos una pieza
fundamental para comprender mejor el origen de Canarias.
Mirar Canarias desde Pangea
Quizá
nuestro error sea mirar las Canarias únicamente desde las Canarias.
Tenemos que
alejarnos.
Mucho.
Tenemos que
mirar África, Europa, América, el Atlántico, la Dorsal Mesoatlántica, Madeira,
Salvajes, Canarias, Cabo Verde y las Azores como partes de una historia
geológica mucho mayor.
La historia
comienza con Pangea.
Continúa con
su fragmentación.
Después
aparece el Atlántico.
La corteza
se estira.
Se fractura.
El magma
encuentra caminos para ascender.
Y durante
millones de años se construyen volcanes submarinos que, en algunos lugares,
terminan convirtiéndose en islas.
Eso es lo
que yo veo cuando observo Canarias desde el espacio.
No veo
simplemente siete u ocho islas.
Veo las partes visibles
de una enorme historia geológica que continúa bajo el Océano Atlantico.
Y cuando
observo Lanzarote, Fuerteventura, Soo, La Graciosa y el Archipiélago Chinijo,
vuelvo a hacerme la misma pregunta:
¿Estamos
contemplando piezas separadas de estructuras volcánicas que alguna vez
estuvieron mucho más relacionadas entre sí?
La respuesta
definitiva no la tiene una fotografía de Google Earth.
La tiene el
subsuelo.
La tienen
las rocas.
La tienen
los fondos marinos.
La tienen
los datos geofísicos.
Pero
precisamente por eso creo que estas preguntas deben hacerse.
Porque la
ciencia no avanza únicamente cuando alguien tiene una respuesta.
También avanza cuando alguien se atreve a formular una
pregunta diferente.
Canarias
nació del fuego interior de la Tierra.
La cuestión
que todavía tenemos que resolver es:
¿Quién abrió las puertas por las que salió ese fuego?

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