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martes, 6 de octubre de 2026

Lanzarote está quebrada por la parte entre Soo y Arrecife. Zona por donde siempre ha corrido el jable

 


Lanzarote está quebrada por la parte entre Soo y Arrecife. Zona por donde siempre ha corrido el jable

Por Bruno Perera

Desde hace tiempo vengo observando, estudiando y escribiendo sobre el origen volcánico de las Islas Canarias. Y cuanto más miro el mapa, las imágenes de satélite y la disposición de nuestras islas, más me convence una idea: para entender el nacimiento de Canarias hay que mirar mucho más atrás que los propios volcanes. Hay que mirar hacia Pangea y hacia la apertura del Océano Atlántico.

Mi planteamiento parte de una pregunta sencilla: ¿qué ocurrió cuando aquel gigantesco continente llamado Pangea comenzó a romperse?

Hace aproximadamente 200 millones de años, Pangea empezó a fragmentarse. América comenzó a separarse de Europa y África, y entre aquellas masas continentales fue abriéndose el Océano Atlántico.

Pero una separación de semejante magnitud no pudo producirse sin consecuencias en la corteza terrestre. Allí donde la corteza se estiró, se debilitó y se fracturó, se abrieron caminos por los que el material procedente del interior de la Tierra pudo ascender.

Y aquí es donde sitúo mi hipótesis sobre Canarias.

Pangea y el nacimiento de un nuevo océano

Cuando una enorme masa continental se fragmenta, no solamente se separan dos continentes como si fueran piezas de un puzle.

La corteza se estira, se adelgaza, se fractura y se producen enormes modificaciones en el subsuelo. El magma encuentra entonces zonas de debilidad por las que puede ascender.

El resultado, durante millones de años, puede ser la formación de nueva corteza oceánica, volcanes submarinos y, cuando la acumulación de materiales alcanza suficiente altura, auténticas islas volcánicas.

Por eso considero que Canarias debe estudiarse dentro del enorme proceso geológico que acompañó a la apertura del Atlántico, aunque nuestras islas no estén situadas directamente sobre la Dorsal Mesoatlántica.

No digo que Canarias naciera directamente de la dorsal.

Digo algo diferente: las grandes tensiones y fracturas producidas durante la apertura del Atlántico pudieron generar estructuras profundas capaces de permitir el ascenso del magma en lugares alejados de la propia dorsal.

Es una diferencia importante.

Canarias, Madeira, Salvajes y Cabo Verde

Canarias no es un pedazo desprendido de África.

Las islas están actualmente asentadas sobre su propia placa o, más exactamente, sobre la región correspondiente a la placa de Nubia, pero eso no significa que el material que construyó las islas proceda de África como continente.

Una cosa es dónde se encuentra actualmente una isla y otra muy diferente cómo se construyó geológicamente.

Canarias es un archipiélago volcánico. Sus edificios insulares fueron construidos mediante sucesivas erupciones y acumulaciones de materiales volcánicos durante posiblemente unos 19-20 millones de años.

Lo mismo puede decirse, desde mi interpretación general del proceso, de otros archipiélagos volcánicos de la Macaronesia, como Madeira, las Islas Salvajes y Cabo Verde.

Ahora bien, aquí hay que distinguir entre lo que está demostrado y lo que constituye mi hipótesis. Madeira es indiscutiblemente una isla volcánica y Cabo Verde también posee una historia volcánica compleja, pero los modelos científicos sobre su origen son casi idénticos al modelo que propongo para Canarias.

Mi planteamiento es que las fracturas generadas por la enorme transformación tectónica del Atlántico pudieron desempeñar un papel mucho mayor del que tradicionalmente se les ha atribuido en la generación de estos archipiélagos.

Y las Azores son otra historia

Las Azores presentan una situación diferente.

El archipiélago se encuentra estrechamente relacionado con la zona tectónica de la Dorsal Mesoatlántica en una compleja separación de placas tectónicas hacia los aproximados este y oeste.

Por eso considero razonable distinguir las Azores de Canarias.

Las Azores están mucho más directamente vinculadas a la Dorsal Mesoatlántica, mientras que Canarias se encuentra alejada de ella y plantea precisamente el problema de explicar cómo pudo generarse un volcanismo tan importante en el interior de una placa oceánica.

Ahí es donde vuelve a aparecer la importancia de las fracturas.

Canarias: fuego nuevo surgido del interior de la Tierra

Las Canarias no son restos de un continente hundido ni fragmentos de África que hayan quedado separados del continente.

Son edificios volcánicos construidos por la acumulación de materiales procedentes del interior de la Tierra.

Durante millones de años, las erupciones desde el manto fueron acumulando lavas, piroclastos y otros materiales hasta levantar enormes montañas desde el fondo del Océano Atlántico.

Lo que hoy vemos como una isla es solamente la parte que sobresale del agua.

Debajo de ella existe una enorme estructura volcánica que continúa descendiendo hacia el fondo oceánico.

Por eso las Canarias deben contemplarse como auténticas montañas volcánicas nacidas en el Océano Atlántico.

Lanzarote y Fuerteventura: dos piezas de una misma historia

Lanzarote y Fuerteventura presentan una relación geológica especialmente interesante.

Las dos islas se encuentran tan próximas que, vistas desde el espacio, parecen formar parte de una misma gran estructura, y si se observan sus platós se aprecia que forman uno.

De hecho, la separación actual entre ambas se encuentra ocupada por un brazo de mar relativamente estrecho.

Mi interpretación es que Lanzarote y Fuerteventura deben estudiarse como partes de una misma región volcánica y tectónica, aunque su historia eruptiva y sus edades geológicas sean complejas.

No pretendo decir con ello que todo el territorio que hoy ocupa Lanzarote y Fuerteventura fuese necesariamente una sola isla exactamente como la vemos actualmente.

La cuestión es más profunda.

Se trata de averiguar si ambas islas representan diferentes partes de un sistema volcánico mayor que fue evolucionando, fracturándose y modificándose durante millones de años.

Y aquí aparece Lanzarote.

Lanzarote está quebrada por la zona de Soo y Arrecife

Hay una característica de Lanzarote que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

La isla parece estar quebrada por la zona comprendida entre Soo y Arrecife.

No estoy hablando solamente de una línea dibujada sobre un mapa.

Estoy hablando de una zona que presenta características geográficas y geomorfológicas particulares y por donde, históricamente, ha circulado el jable. (Su zona llana y los volcanes habidos en su área indican que la isla presenta una quiebra profunda a través de ese espacio).

El jable ha encontrado durante mucho tiempo un corredor natural para desplazarse desde las zonas septentrionales hacia el centro y este de Lanzarote.

¿Podría esa zona corresponder a una antigua fractura o zona de debilidad de la estructura volcánica de la isla?

Esa es mi hipótesis.

Naturalmente, que el jable haya circulado por allí no demuestra por sí solo que exista una fractura tectónica profunda. Para demostrarlo serían necesarios estudios geofísicos, cartografía estructural, análisis de fallas, estudios del subsuelo y, especialmente, investigaciones de la estructura que continúa bajo el mar.

Pero la observación merece ser estudiada.

Porque cuando observamos Lanzarote desde el aire aparecen alineaciones, cambios del relieve y estructuras que no deberían descartarse simplemente como una casualidad geográfica.

Soo y La Graciosa

Y aquí aparece otra observación que considero especialmente interesante.

Cuando se observa la zona mediante imágenes aéreas y satelitales, los volcanes de Soo parecen presentar una alineación con las estructuras volcánicas de La Graciosa y del Archipiélago Chinijo.

Para mí, esa alineación plantea una pregunta evidente:

¿Estamos contemplando volcanes independientes o diferentes manifestaciones de una misma estructura profunda?

Si existiese una fractura o sistema de fracturas que atravesara el subsuelo y continuara hacia el norte, podría explicar determinadas alineaciones volcánicas.

Pero, nuevamente, una alineación visual no constituye por sí sola una demostración geológica.

Lo que habría que investigar es si esa alineación coincide con:

·        fallas profundas;

·        diques volcánicos;

·        edades similares de los volcanes;

·        estructuras submarinas;

·        anomalías magnéticas o gravimétricas;

·        y posibles continuidades tectónicas bajo el mar.

Si todos esos elementos coincidieran, entonces la hipótesis adquiriría mucha más fuerza.

El Archipiélago Chinijo

El Archipiélago Chinijo tampoco debería contemplarse como un conjunto de islotes completamente independientes de Lanzarote.

La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste forman parte de una región volcánica estrechamente relacionada con el norte de Lanzarote.

Mi planteamiento es que el actual Archipiélago Chinijo pudo formar en el pasado una estructura volcánica más extensa y relacionada con Lanzarote, antes de que la erosión, la subida y bajada del nivel del mar y la evolución tectónica modificaran la configuración del territorio.

Aquí también hace falta distinguir la observación de la demostración.

Que hoy exista un brazo de mar entre Lanzarote y La Graciosa no significa necesariamente que antiguamente existiera una única isla continua.

Pero tampoco debemos descartar la posibilidad de que ambas formaran parte de un edificio volcánico mucho mayor.

El subsuelo marino tiene la respuesta.

El sentido de la fracturación

Hay otra observación que me parece importante.

Cuando se estudia la distribución de las estructuras volcánicas de Canarias y se observa el conjunto mediante imágenes satelitales, aparecen determinadas orientaciones que, en mi opinión, merecen relacionarse con el proceso general de disgregación del Atlántico.

Yo observo una tendencia general hacia el sursuroeste, una dirección que considero compatible con determinadas líneas de fracturación y con la evolución tectónica que afectó a esta región del Atlántico. Por ejemplo se aprecia que la mayoría de los cráteres de los volcanes de cada isla están rotos por la parte este. Eso da a entender que el nacimiento y desplazamiento de cada una de las Islas Canarias ha sido desde más o menos, de este a oeste.

No afirmo que cada volcán de Canarias tenga que obedecer exactamente a una única dirección.

La naturaleza no trabaja con regla y escuadra.

Pero las grandes estructuras geológicas sí pueden dejar direcciones preferentes.

Y esas direcciones pueden ser una pista.

Las grandes profundidades del Atlántico

Al oeste de Canarias encontramos enormes profundidades oceánicas.

Cuando uno contempla el relieve submarino del Atlántico resulta impresionante comprobar que las islas Canarias son solamente pequeñas elevaciones que sobresalen de un océano cuya profundidad alcanza varios kilómetros.

Para mí, esto constituye otro elemento que debe ser considerado dentro del gran proceso de transformación del Atlántico.

Ahora bien, tampoco sería correcto afirmar que una determinada profundidad oceánica demuestra por sí sola una fractura concreta.

El relieve submarino depende de numerosos factores: edad de la corteza oceánica, enfriamiento y subsidencia térmica, estructuras tectónicas, actividad volcánica, erosión y evolución de las cuencas oceánicas.

Por eso las grandes profundidades son una pieza del rompecabezas, no una prueba aislada.

¿Y el famoso punto caliente?

Aquí llegamos a uno de los asuntos más discutidos.

Durante mucho tiempo se ha explicado el volcanismo de Canarias mediante la existencia de un supuesto punto caliente o hotspot situado bajo las islas.

Según el modelo clásico, una columna de material caliente procedente del manto permanecería aproximadamente fija mientras la placa se desplaza sobre ella, generando sucesivamente volcanes.

Es un modelo conocido y ha sido utilizado para explicar numerosos archipiélagos volcánicos del planeta.

Pero Canarias presenta características que han llevado a diferentes investigadores a cuestionar que el modelo clásico de hotspot sea suficiente para explicar por sí solo toda su evolución volcánica.

Por eso yo considero que las fracturas y los procesos tectónicos relacionados con la evolución del Atlántico merecen ocupar un lugar mucho más importante en la explicación del origen de Canarias.

No estoy diciendo que haya que sustituir una explicación por otra sin pruebas.

Estoy diciendo que hay que mirar el problema desde todos los ángulos.

Canarias no es África

Que Canarias pertenezca actualmente a la placa africana no significa que las islas sean África.

Esta distinción parece sencilla, pero es fundamental.

Una placa tectónica puede contener océanos, continentes, volcanes y diferentes estructuras geológicas.

Las Canarias se levantan sobre corteza oceánica y son edificios volcánicos construidos por la actividad magmática.

Por tanto, cuando hablamos de su origen debemos diferenciar claramente entre:

la placa sobre la que están asentadas y el proceso mediante el cual fueron construidas.

Mi hipótesis se centra precisamente en este segundo aspecto.

¿Por qué continúan produciéndose terremotos en Canarias y en su entorno?

Hay otra cuestión que, a mi juicio, encaja perfectamente dentro de esta interpretación:

¿Por qué siguen produciéndose terremotos bajo las islas Canarias y en su periferia marítima si el proceso que las originó ocurrió hace millones de años?

La respuesta que propongo es sencilla: porque el proceso tectónico que abrió y continúa ensanchando el Atlántico no pertenece exclusivamente al pasado.

La disgregación de las masas continentales y la expansión del fondo oceánico continúan actualmente. En diferentes sectores del Atlántico, la separación de las placas se produce a velocidades del orden de centímetros por año.

Dicho de una manera más comprensible: el Atlántico continúa abriéndose.

La cifra de alrededor de 1,5 centímetros por año puede parecer insignificante para una persona que mide el tiempo en años o décadas.

Pero la geología trabaja con millones de años.

Un centímetro y medio multiplicado por un millón de años representa quince kilómetros.

Multiplicado por decenas de millones de años, la cifra se convierte en cientos de kilómetros.

Por eso, desde mi interpretación, no debemos considerar que las fuerzas que participaron en la apertura del Atlántico hayan desaparecido simplemente porque Pangea dejó de existir hace muchísimo tiempo.

La corteza terrestre continúa sometida a tensiones, movimientos, reajustes y fracturas.

Y eso ayuda a comprender por qué seguimos registrando actividad sísmica en Canarias y en las aguas que rodean el archipiélago.

Ahora bien, hay que hacer una precisión importante: no todos los terremotos de Canarias tienen necesariamente el mismo origen ni todos están provocados directamente por la apertura del Atlántico.

En la actividad sísmica pueden intervenir la tectónica regional, las estructuras profundas de la corteza, los reajustes de las propias estructuras volcánicas y el magmatismo.

Pero la existencia de terremotos demuestra algo fundamental:

el subsuelo de Canarias no está geológicamente muerto.

Continúa siendo dinámico.

¿Y los maremotos?

Aquí también debemos ser precisos.

Un terremoto no produce automáticamente un maremoto o tsunami.

Para que un terremoto submarino genere un tsunami importante tiene que producirse, normalmente, un desplazamiento suficiente del fondo marino que desplace una gran masa de agua. También pueden generarse tsunamis por deslizamientos submarinos y otros procesos.

Por tanto, no sería correcto decir que cada terremoto registrado en Canarias puede provocar un maremoto.

Pero sí resulta importante que exista actividad sísmica en las aguas que rodean las islas.

Porque nos recuerda que el fondo oceánico también forma parte de este gigantesco sistema geológico en movimiento.

Y aquí vuelvo a mi planteamiento inicial.

Los continentes que comenzaron a separarse cuando Pangea se rompió no han dejado de moverse.

El Atlántico continúa evolucionando.

La corteza oceánica continúa sometida a esfuerzos.

Y las placas continúan desplazándose.

Por eso considero que los terremotos y, en determinadas circunstancias, los fenómenos submarinos capaces de producir tsunamis, deben contemplarse dentro de un planeta que continúa geológicamente activo.

La velocidad puede ser de centímetros por año.

Para nosotros es casi imperceptible.

Para la Tierra, es movimiento permanente.

Una hipótesis que puede comprobarse

Lo más importante de una hipótesis científica es que pueda ser comprobada.

Mi planteamiento sobre Canarias podría investigarse.

No hace falta discutir indefinidamente sobre si las islas nacieron por un hotspot, por fracturas tectónicas o por una combinación de diferentes procesos.

Hay una manera mucho más sencilla de avanzar:

estudiar el subsuelo.

Cartografiar las fracturas.

Estudiar las alineaciones volcánicas.

Analizar las edades de los edificios volcánicos.

Investigar los fondos marinos entre Lanzarote, Fuerteventura y el Archipiélago Chinijo.

Buscar continuidades entre las estructuras de Soo y las de La Graciosa.

Estudiar las anomalías magnéticas y gravimétricas.

Analizar los sistemas de diques.

Y comprobar si las orientaciones observadas desde el aire tienen continuidad en profundidad.

Si esas investigaciones demostraran la existencia de grandes estructuras relacionadas con la fracturación y con el ascenso del magma, tendríamos una pieza fundamental para comprender mejor el origen de Canarias.

Mirar Canarias desde Pangea

Quizá nuestro error sea mirar las Canarias únicamente desde las Canarias.

Tenemos que alejarnos.

Mucho.

Tenemos que mirar África, Europa, América, el Atlántico, la Dorsal Mesoatlántica, Madeira, Salvajes, Canarias, Cabo Verde y las Azores como partes de una historia geológica mucho mayor.

La historia comienza con Pangea.

Continúa con su fragmentación.

Después aparece el Atlántico.

La corteza se estira.

Se fractura.

El magma encuentra caminos para ascender.

Y durante millones de años se construyen volcanes submarinos que, en algunos lugares, terminan convirtiéndose en islas.

Eso es lo que yo veo cuando observo Canarias desde el espacio.

No veo simplemente siete u ocho islas.

Veo las partes visibles de una enorme historia geológica que continúa bajo el Océano Atlantico.

Y cuando observo Lanzarote, Fuerteventura, Soo, La Graciosa y el Archipiélago Chinijo, vuelvo a hacerme la misma pregunta:

¿Estamos contemplando piezas separadas de estructuras volcánicas que alguna vez estuvieron mucho más relacionadas entre sí?

La respuesta definitiva no la tiene una fotografía de Google Earth.

La tiene el subsuelo.

La tienen las rocas.

La tienen los fondos marinos.

La tienen los datos geofísicos.

Pero precisamente por eso creo que estas preguntas deben hacerse.

Porque la ciencia no avanza únicamente cuando alguien tiene una respuesta.

También avanza cuando alguien se atreve a formular una pregunta diferente.

Canarias nació del fuego interior de la Tierra.

La cuestión que todavía tenemos que resolver es:

¿Quién abrió las puertas por las que salió ese fuego?

 

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