
Mientras
España cobija a los inmigrantes ilegales en el territorio nacional hay
españoles abandonados durmiendo en la calle y sin alimentos
Por Bruno Perera
Hay una realidad española que merece ser
explicada sin consignas ni medias verdades: mientras el Estado dispone de un
sistema específico para atender a inmigrantes que llegan ilegalmente y se
encuentran en situación de vulnerabilidad, adultos y MENAs, existen también
españoles que viven en la calle, sin vivienda estable y dependiendo de los
servicios sociales y de organizaciones caritativas para comer.
La pregunta que muchos ciudadanos nos hacemos es
sencilla: ¿Cómo se organiza el dinero público para atender unas necesidades y
otras?
El Estado español dispone de un Programa de
Atención Humanitaria destinado a personas inmigrantes vulnerables que llegan a
las costas españolas o acceden por Ceuta y Melilla. El programa contempla
alojamiento, manutención, atención sanitaria básica, orientación social y
jurídica, ayudas básicas y traslados. Se financia con los Presupuestos
Generales del Estado. (Ministerio de Inclusión) (Un gasto que se aproxima a unos 70 euros por día por cada adulto y unos
150 euros al día por cada MENA).
Y el sistema tiene una dimensión considerable.
Según el Ministerio de Inclusión, durante 2025
fueron atendidas 124.170 personas en el Sistema de Acogida Estatal, que incluye
tanto la atención humanitaria como la acogida de personas solicitantes y beneficiarias
de protección internacional. El sistema contó con más de 56.000 plazas y
durante ese año se trasladó a cerca de 20.500 personas desde Canarias a la
Península. (Ministerio de Inclusión)
Además, los solicitantes y beneficiarios de
protección internacional que carecen de recursos económicos pueden recibir
alojamiento y cobertura de sus necesidades básicas mediante un itinerario de
acogida que pretende conducir progresivamente hacia la autonomía. (Ministerio de Inclusión)
Pero aquí hay que hacer una precisión importante:
no todos los inmigrantes que entran ilegalmente en España permanecen durante
años alojados y mantenidos por el Estado. La permanencia depende de si son
adultos o MENAs, de la situación administrativa, de los recursos disponibles y
de los requisitos de cada programa.
Ahora bien, mientras existe este sistema
específico de acogida, también existe otra realidad que no debería quedar
escondida.
Españoles
durmiendo en la calle
La última encuesta específica del Instituto
Nacional de Estadística contabilizó en 2022 28.552 personas sin hogar atendidas
en centros asistenciales de alojamiento y restauración. De ellas, 14.316 tenían
nacionalidad española y 14.236 nacionalidad extranjera. (INE)
Y las cifras posteriores apuntan a que el
problema no ha desaparecido.
Cáritas informó de que durante 2024 acompañó a
42.850 personas sin hogar, un 1,21% más que el año anterior. (Cáritas)
El informe FOESSA publicado en 2025 advierte,
además, de que los datos sobre sinhogarismo siguen siendo incompletos y cita
recuentos realizados en 27 ciudades españolas durante 2023. En esos recuentos
se localizaron 6.144 personas sin hogar, de las cuales 1.971 estaban
estrictamente en situación de calle. (Cáritas)
Por tanto, no estamos hablando de una imaginación
ni de un problema inventado: hay españoles sin hogar y existen personas que
necesitan ayuda para poder comer y sobrevivir.
¿Son
incompatibles ambas ayudas?
No necesariamente.
Una sociedad puede decidir ayudar a una persona
que llega al país en una situación de extrema vulnerabilidad y, al mismo
tiempo, proteger a quien lleva toda su vida viviendo en España y ha terminado
en la pobreza. Pero España no es ni debe ser la Madre Teresa del mundo y por
ello deberíamos cerrar todos los centros de acogida de inmigrantes ilegales
para así poder romper con la costumbre de que tan pronto llegues a España de
forma ilegal pasas a estar protegido por unos años hasta que el Gobierno decida
regularizar a los ilegales habidos, como ha hecho con los más de 700.000
inmigrantes ilegales que ya están casi todos legalizados.
El verdadero debate está en saber si los recursos
públicos destinados a cada problema son suficientes y si las administraciones
están dando una respuesta adecuada a todos los ciudadanos vulnerables.
Porque tampoco sería justo enfrentar a dos
personas pobres entre sí: al inmigrante que duerme en un centro y al español
que duerme en un banco.
El responsable de organizar los recursos públicos
es la Administración.
La pregunta
que debe responder España
Lo que los ciudadanos tienen derecho a conocer es
cuánto dinero se dedica a la acogida de inmigrantes, cuánto tiempo permanecen
en los diferentes programas, cuántas plazas existen, qué prestaciones reciben y
cuánto se destina simultáneamente a combatir el sinhogarismo y la pobreza entre
los españoles.
También sería necesario conocer cuántos españoles
que solicitan ayuda para vivienda, alimentación o alojamiento quedan fuera de
los recursos disponibles y por qué.
Porque una cosa es ayudar al que llega y otra muy
distinta olvidarse del que ya estaba.
El pueblo español no debería aceptar como normal
que un inmigrante ilegal recién llegado tenga acceso a una plaza de acogida
mientras una persona, española lleve meses durmiendo en la calle porque no
existe una vivienda social disponible.
La cuestión no debería plantearse como
«inmigrantes contra españoles», sino como una exigencia a las administraciones:
si hay dinero público para proteger a quienes
llegan en situación de vulnerabilidad, también debe haber una respuesta
suficiente para quienes ya viven en España y han terminado en la calle, sin
vivienda y sin recursos para alimentarse.
Una sociedad que quiera llamarse solidaria tiene
que ser capaz de hacer ambas cosas.
Y si no existen recursos suficientes para atender
a todos, entonces corresponde al Gobierno y a las administraciones explicar
públicamente qué prioridades establecen, cuánto cuesta cada programa y por qué
unas personas reciben determinadas prestaciones y otras no.
Ahí está el verdadero debate.
Porque ningún español que está antes, debería
tener que dormir en la calle para demostrar que también necesita ayuda.
Final: Y ya que parió la vaca ahora también pare
el toro con la nacionalización de posiblemente unos 150.000 saharauis. Parece
ser que en España el dinero sobra para obras sociales destinadas a los de fuera.
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