¿Qué
pasaría en Canarias si un día se acaba el turismo?
Por Bruno
Perera
Canarias vive mirando al mar, pero no solamente
porque estamos rodeados de océano. También porque por ese mar llegan cada año
millones de turistas que dejan en nuestras islas una parte importantísima de la
riqueza que permite mantener nuestra economía.
Y aquí conviene hacerse una pregunta que quizá
hoy resulte incómoda:
¿Qué pasaría en Canarias si un día el turismo
dejara de existir o se redujera de forma drástica?
No estoy diciendo que vaya a suceder mañana, ni
que el turismo vaya a desaparecer. Estoy planteando un ejercicio de imaginación
para descubrir hasta qué punto dependemos de él.
Porque una economía que depende demasiado de una
sola actividad puede parecer muy fuerte mientras esa actividad funciona...
hasta que deja de funcionar.
El turismo no
es solamente el hotel
Cuando hablamos de turismo pensamos
inmediatamente en hoteles, apartamentos, playas, bares, discotecas y
restaurantes.
Pero el turismo es muchísimo más.
Es el taxi que lleva al visitante desde el
aeropuerto. Es el supermercado que vende alimentos al hotel. Es la lavandería
que limpia miles de sábanas. Es la empresa que alquila coches. Es el trabajador
que mantiene una piscina. Es el restaurante, la excursión, el barco, el
comercio, la agencia de viajes, la empresa de seguridad, el constructor y una
interminable cadena de pequeños negocios.
Por eso, si desapareciera una parte muy
importante de los turistas, el golpe no se quedaría en los hoteles.
Se extendería por toda la economía canaria.
Primero
llegaría el desempleo
Si los hoteles y complejos de apartamentos comenzaran
a quedarse vacíos, necesitarían menos trabajadores.
Los restaurantes y bares tendrían menos clientes.
Los taxis realizarían menos servicios. Las empresas de excursiones reducirían
su actividad. Los comercios venderían menos.
Y entonces aparecería el efecto dominó.
Menos turistas significaría menos actividad.
Menos actividad significaría menos empleo.
Menos empleo significaría menos consumo.
Y menos consumo significaría menos ingresos para muchas
empresas y también menor recaudación para las administraciones públicas.
Mientras tanto, aumentaría la necesidad de ayudas
sociales.
¿Y de qué
viviríamos?
Aquí está la verdadera pregunta.
Canarias tiene poca agricultura y poca pesca, y un
sinfín de otras actividades que dependen sobre todo del turismo: construcción,
comercio, industria, energías renovables, servicios profesionales, actividad
portuaria y posibilidades en sectores tecnológicos.
Pero la cuestión no es si Canarias tiene otros
sectores.
La cuestión es:
¿Son suficientemente grandes y productivos para
sustituir una caída brutal del turismo?
Esa es una pregunta que deberíamos hacernos
cuando las cosas marchan bien, no cuando llegue una crisis.
Porque preparar el futuro cuando llega el
problema suele ser mucho más difícil que prepararlo cuando todavía tenemos
tiempo.
Canarias tiene
algo que muchos países desearían
Tenemos sol prácticamente todo el año.
Tenemos viento.
Tenemos mar.
Tenemos una posición geográfica extraordinaria
entre Europa, África y América.
Tenemos puertos y aeropuertos.
Tenemos universidades y profesionales preparados.
Tenemos un clima que podría favorecer
determinadas actividades científicas, tecnológicas y energéticas.
Y tenemos millones de personas que conocen las
islas y mantienen relaciones económicas con ellas.
Por tanto, Canarias no está condenada a vivir
exclusivamente del turismo.
Pero tampoco sería sensato pensar que podemos
sustituirlo de la noche a la mañana.
El turismo
puede cambiar antes de desaparecer
Además, quizá el peligro no sea que el turismo
desaparezca.
Puede ocurrir algo diferente.
Que cambie.
Que determinados mercados dejen de venir.
Que aumenten los precios del transporte.
Que aparezcan otros destinos competidores.
Que cambien las preferencias de los viajeros.
Que las nuevas generaciones tengan otros hábitos.
Que determinadas circunstancias internacionales
hagan más difícil viajar.
O que el propio modelo turístico tenga que
transformarse.
Por eso, el verdadero desafío no consiste en
luchar contra el turismo.
Consiste en no depender exclusivamente de él.
No esperemos a
que el barco se hunda para construir otro
Por ejemplo: Mauritania tiene hierro, pesca, oro
y otros recursos naturales. Pero algún día determinados yacimientos disminuirán
y los recursos pesqueros pueden sufrir fuertes presiones.
Canarias tiene otra clase de recurso: su
capacidad para atraer personas y vender servicios al exterior.
Pero tampoco es un recurso infinito ni está
garantizado para siempre.
Por eso deberíamos utilizar los buenos años
turísticos para construir una economía más diversificada.
Una economía donde el turismo siga siendo
importante, pero donde también tengan un peso mayor la energía, la agricultura
especializada, la industria, la reparación naval, la logística, la tecnología,
la investigación, los servicios profesionales y otras actividades capaces de
generar riqueza desde las islas.
Porque el
problema no es tener una gallina que pone huevos de oro
El problema sería depender de ella para comer
todos los días.
Mientras la gallina siga poniendo huevos, todos
estaremos tranquilos.
Pero un buen día puede poner menos huevos.
Y entonces descubriremos si tenemos otra fuente
de alimento.
Canarias no tiene que abandonar el turismo.
Tiene que aprovecharlo.
Mientras millones de turistas llegan a nuestras
islas, deberíamos estar construyendo las actividades económicas que nos
permitan vivir dignamente incluso si algún día llegan muchos menos.
Porque el futuro de Canarias no debería depender
de que el avión siga llegando lleno.
Debería depender de que, además del turismo, seamos
capaces de producir riqueza suficiente para mantenernos cuando las
circunstancias cambien.
Y las circunstancias, tarde o temprano, siempre
cambian.

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