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sábado, 24 de octubre de 2026

La inteligencia artificial puede convertir a una persona con poco saber en una enciclopedia viviente

 


La inteligencia artificial puede convertir a una persona con poco saber en una enciclopedia viviente

Por Bruno Perera

Estamos viviendo una revolución tecnológica que posiblemente cambiará la manera en que los seres humanos aprendemos, trabajamos, investigamos y desarrollamos nuestras capacidades intelectuales. Me refiero a la inteligencia artificial, una herramienta que, bien utilizada, puede permitir que una persona con una preparación básica amplíe sus conocimientos hasta adentrarse en materias que antes parecían reservadas exclusivamente a científicos, ingenieros, médicos, economistas y otros profesionales con carreras universitarias.

Personalmente, considero que estamos ante uno de los acontecimientos más importantes de la historia del conocimiento humano. Y no lo digo porque crea que las inteligencias artificiales sean perfectas, sino porque la cantidad de información que pueden proporcionar, la velocidad con la que responden y su capacidad para explicar asuntos complejos de diferentes maneras abren unas posibilidades de aprendizaje que hace unas décadas resultaban difíciles de imaginar.

Pensemos en una persona que solo tenga estudios primarios y que por circunstancias económicas, familiares o laborales, nunca pudo acceder a un bachiller o a una universidad. Quizá posee inteligencia, curiosidad, experiencia práctica y deseos de aprender, pero carece de los medios necesarios para estudiar varias carreras. Hasta hace poco, adquirir conocimientos especializados en numerosas disciplinas exigía consultar libros, acudir a bibliotecas, asistir a clases y dedicar años al estudio.

Hoy, esa misma persona puede sentarse delante de un ordenador, abrir una IA segura como ChatGTP y comenzar a formular preguntas sobre prácticamente cualquier materia. Puede pedir explicaciones sencillas, profundizar en los conceptos, solicitar cálculos, comparar teorías y continuar aprendiendo hasta comprender aquello que le interesa.

Esto no significa que vaya a convertirse automáticamente en un científico o en un profesional cualificado. Significa que las barreras de acceso al conocimiento están disminuyendo y que una persona puede aprender muchas cosas que antes le resultaban inaccesibles.

No es necesario saberlo todo para saber mucho

Una de las cuestiones que considero más interesante es que no todo lo que se estudia en una carrera universitaria se utiliza posteriormente en la vida cotidiana o en el ejercicio de una profesión.

Las universidades proporcionan una formación amplia y rigurosa, imprescindible en numerosas actividades. Sin embargo, una persona que desea desarrollar un proyecto concreto no siempre necesita dominar por completo todas las disciplinas que intervienen en él. Puede necesitar conocimientos de mecánica, electricidad, hidráulica, economía o informática sin tener que completar una carrera universitaria en cada una de esas especialidades.

Aquí es donde la inteligencia artificial adquiere un valor extraordinario.

Imaginemos que alguien quiere construir una máquina industrial. Con ayuda de una IA puede estudiar los principios mecánicos, comprender cómo funcionan los motores, conocer las características de los materiales, realizar cálculos preliminares y examinar diferentes soluciones técnicas. Cuando surjan nuevas dificultades, podrá formular otras preguntas y continuar aprendiendo.

De esta manera, el conocimiento se adquiere progresivamente y se relaciona con un objetivo práctico.

Naturalmente, los cálculos críticos, las pruebas de funcionamiento y las cuestiones relacionadas con la seguridad requieren comprobaciones rigurosas y, cuando corresponda, la intervención de profesionales cualificados. Pero eso no impide que una persona pueda comprender mucho mejor el proyecto y participar activamente en su desarrollo.

En otras palabras, ya no siempre es necesario aprenderlo todo antes de comenzar a hacer algo. También se puede aprender mientras se trabaja.

La inteligencia artificial necesita una inteligencia humana que la aproveche

Ahora bien, tampoco debemos pensar que cualquier persona, independientemente de su preparación, podrá adquirir inmediatamente conocimientos científicos avanzados con solo hacer preguntas.

Para aprovechar una IA es conveniente disponer de cierta cultura general, curiosidad intelectual y capacidad de razonamiento. También ayuda conocer los fundamentos de varias materias, porque los nuevos conocimientos se comprenden mejor cuando pueden relacionarse con otros que ya poseemos.

Una persona que desconoce por completo las matemáticas puede pedir a una IA que le explique una ecuación, pero posiblemente necesitará comenzar por las operaciones más elementales antes de comprender conceptos más complejos.

Por eso, considero que la inteligencia artificial no elimina la importancia de la educación. Al contrario, puede convertirse en una herramienta extraordinaria para continuar aprendiendo durante toda la vida.

Tampoco debemos confundir la falta de estudios con la falta de inteligencia. Hay personas que, sin títulos universitarios, han adquirido una enorme capacidad práctica gracias a su trabajo, su experiencia y su curiosidad. Si esas personas encuentran ahora una herramienta capaz de complementar sus conocimientos, sus posibilidades pueden multiplicarse.

La experiencia humana y la información proporcionada por la IA pueden formar una combinación especialmente valiosa.

Mi experiencia con la inteligencia artificial

En mi caso, el uso de ChatGPT me ha permitido profundizar en numerosas materias y abordar cuestiones que requieren conocimientos de diferentes disciplinas.

Un ejemplo es mi proyecto CANARIEN 75 GOLD SEPARATOR, una máquina concebida para la recuperación de oro y otros minerales. En su desarrollo aparecen cuestiones relacionadas con la mecánica, la ingeniería, los sistemas hidráulicos, el procesamiento de materiales, los costes de fabricación, la negociación comercial y la protección de la propiedad intelectual.

Son campos diferentes, cada uno con sus propias dificultades. La inteligencia artificial me permite formular preguntas, comprender conceptos, estudiar alternativas y preparar documentación para presentar el proyecto a fabricantes de distintos países.

Eso no significa que ChatGPT sustituya a los ingenieros que deberán calcular, fabricar y comprobar la máquina. Significa que puedo comprender mejor muchas de las cuestiones que intervienen en su desarrollo y participar en las conversaciones técnicas con mayor conocimiento.

Lo que antes podía exigir la consulta de numerosos libros y especialistas para comprender los fundamentos de una materia, ahora puede comenzar con una conversación. Después habrá que comprobar los datos, profundizar en los aspectos importantes y recurrir a profesionales cuando sea necesario.

Para mí, esta es una de las grandes ventajas de la inteligencia artificial: permite que una persona amplíe sus conocimientos sin tener que convertirse previamente en especialista en cada uno de los campos que necesita estudiar.

¿Por qué se critica tanto los errores de las IA?

Hay quienes rechazan la inteligencia artificial porque dicen que se equivoca. Y, efectivamente, se equivoca. Puede proporcionar datos incorrectos, interpretar mal una pregunta, presentar una conclusión discutible o responder con una seguridad que no está justificada.

Sin embargo, considero que también debemos valorar el conjunto de conocimientos que proporciona y no concentrarnos exclusivamente en sus fallos.

Si una herramienta nos ayuda a comprender cientos de cuestiones y ocasionalmente ofrece una respuesta incorrecta, lo razonable es evaluar la utilidad de esa herramienta, comprobar la información importante y corregir los errores detectados.

Eso sí, no podemos afirmar que todas las equivocaciones sean insignificantes. Una inexactitud en una explicación secundaria no tiene las mismas consecuencias que un error en un cálculo industrial, un diagnóstico médico o una decisión económica importante.

Por tanto, cuanto mayores sean las consecuencias de una respuesta, mayor deberá ser el rigor con el que la comprobemos.

Pero reconocer esta limitación no significa despreciar la herramienta. La información que proporciona puede seguir siendo enormemente valiosa, siempre que aprendamos a utilizarla con criterio.

¿Acaso el conocimiento humano no ha avanzado también mediante errores?

Aquí aparece una cuestión filosófica que me parece interesante.

La historia de la ciencia está llena de hipótesis equivocadas, experimentos fallidos y teorías que posteriormente fueron corregidas o sustituidas. Durante siglos, los seres humanos interpretaron determinados fenómenos naturales de maneras que hoy sabemos que eran incorrectas. Sin embargo, esos intentos también forman parte del camino que nos ha permitido comprender mejor el universo.

Algo parecido sucede cuando observamos la naturaleza. El universo no parece responder a un propósito de perfección adaptado a nuestras necesidades: existen catástrofes, enfermedades, extinciones y fenómenos destructivos. Pero también existen las leyes físicas que permiten la formación de estrellas, planetas y condiciones en las que surge la vida.

Naturalmente, un fenómeno natural no es necesariamente un error. Para hablar de equivocaciones debemos disponer de un criterio que nos permita distinguir lo correcto de lo incorrecto.

La comparación que propongo es otra: la ausencia de perfección absoluta no impide que algo posea un valor extraordinario.

La inteligencia artificial no necesita ser infalible para contribuir al progreso humano. Necesita mejorar, ofrecer información útil y permitir que sus errores puedan detectarse y corregirse.

El futuro pertenecerá también a quienes sepan aprender

Hasta ahora, los títulos académicos han sido una de las principales vías para acreditar conocimientos y acceder a determinadas profesiones. Seguirán siendo indispensables en muchas actividades, especialmente en aquellas que exigen una formación regulada, experiencia demostrable y responsabilidad profesional.

Pero es posible que, progresivamente, adquiera mayor importancia otra capacidad: saber aprender, razonar, investigar y utilizar las herramientas disponibles para resolver problemas.

Una persona con una formación académica superior que no sepa aprovechar la inteligencia artificial podría encontrarse en desventaja frente a otra que, aun teniendo menos estudios, posea curiosidad, experiencia, capacidad de análisis y habilidad para utilizarla correctamente.

No sucederá en todos los campos ni en todas las circunstancias. Hay profesiones en las que la formación extensa y la experiencia práctica son irremplazables. Pero la posibilidad de combinar conocimientos de diferentes disciplinas puede abrir oportunidades que antes estaban fuera del alcance de muchas personas.

La gran ventaja no consiste en que una IA introduzca todo el conocimiento del mundo dentro de nuestra cabeza. Consiste en que nos permite acceder a una parte cada vez mayor de ese conocimiento cuando lo necesitamos, comprenderlo y aplicarlo a nuestros objetivos.

Conclusión

Creo que estamos entrando en una época en la que la capacidad de aprender puede adquirir tanta importancia como la formación académica tradicional.

La inteligencia artificial puede ayudar a una persona a comprender varias disciplinas, desarrollar proyectos, estudiar problemas y ampliar sus horizontes intelectuales. Pero para aprovecharla necesita curiosidad, perseverancia, razonamiento y una disposición permanente a comprobar lo que aprende.

No se trata de sustituir las universidades, despreciar a los especialistas ni afirmar que todo el mundo puede dominar cualquier profesión en unos meses. Se trata de reconocer que el acceso al conocimiento está cambiando profundamente.

Quizá dentro de veinte años miremos hacia atrás y nos sorprenda que, durante tanto tiempo, tantas personas tuvieran que renunciar a aprender determinadas materias porque no podían permitirse estudiar una carrera, comprar numerosos libros o dedicar años a una formación reglada.

La inteligencia artificial no resolverá todos nuestros problemas ni nos librará de cometer errores. Pero puede ofrecer a millones de personas una oportunidad que antes no tenían: aprender más, comprender mejor el mundo y desarrollar ideas que, sin esa ayuda, quizá nunca habrían podido llevar adelante.

Porque el verdadero valor de la inteligencia artificial no reside solamente en todo lo que sabe, sino en todo lo que puede ayudar a aprender a quienes desean saber más.

 

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