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sábado, 7 de noviembre de 2026

HAITÍ NECESITA CORTAR EL ÁRBOL DE LA DELINCUENCIA DESDE LA RAÍZ: ¿PODRÍAN BUKELE Y TRUMP DEVOLVERLE LA PAZ?

 


HAITÍ NECESITA CORTAR EL ÁRBOL DE LA DELINCUENCIA DESDE LA RAÍZ: ¿PODRÍAN BUKELE Y TRUMP DEVOLVERLE LA PAZ?

Por Bruno Perera

Haití lleva muchos años padeciendo una situación social y económica que difícilmente puede calificarse como la de un Estado plenamente funcional.

Durante su historia ha sufrido pobreza y esclavitud, y el terremoto devastador del 2010 dejó al país en un enorme caos y en consecuencia, se llenaron  las calles y barrios de bandas criminales armadas. Las organizaciones criminales armadas han logrado ocupar barrios, controlar carreteras, extorsionar a comerciantes, secuestrar a ciudadanos y someter a buena parte de la población a un régimen de miedo y violencia.

Mientras tanto, las instituciones políticas haitianas han demostrado enormes dificultades para garantizar la seguridad, combatir la corrupción y proporcionar estabilidad a sus ciudadanos.

Ante semejante panorama, cabe preguntarse si ha llegado el momento de intentar una solución diferente, con la participación de un dirigente que ha conseguido reducir considerablemente el poder de las pandillas en su propio país: el presidente de El Salvador, Nayib Bukele.

El Gobierno haitiano da luz verde a Bukele

La intervención salvadoreña no se produjo simplemente por una decisión unilateral de Nayib Bukele.

El primer ministro haitiano, Alix Didier Fils-Aimé, dio su conformidad al despliegue de efectivos salvadoreños en territorio haitiano y mantuvo conversaciones con Bukele para coordinar la cooperación entre ambos países.

El motivo inmediato fue la desaparición de cuatro militares salvadoreños que participaban en una misión internacional de seguridad y que fueron atacados por grupos armados el 18 de octubre de 2026, en las inmediaciones de Puerto Príncipe.

Ante esta situación, Bukele ordenó el envío de tropas para colaborar en la búsqueda y recuperación de sus cuatro compatriotas, al mismo tiempo que se ampliaba la misión para apoyar la lucha contra las organizaciones criminales que operan impunemente en amplias zonas de Haití.

El 28 de octubre, ambos dirigentes mantuvieron una conversación telefónica sobre el despliegue militar y las operaciones de búsqueda. Posteriormente, el Gobierno haitiano expresó públicamente su voluntad de combatir las bandas con el apoyo de El Salvador.

El primer ministro Fils-Aimé manifestó que su Gobierno estaba decidido a acabar con las organizaciones armadas para recuperar la seguridad en todo el territorio nacional y poder celebrar elecciones creíbles.

Según las informaciones publicadas, el contingente salvadoreño superó los 2.000 efectivos, incluyendo unidades especiales y medios de apoyo.

Este respaldo al Gobierno haitiano resulta importante porque demuestra que la intervención salvadoreña cuenta con la colaboración de las autoridades del país que pretende recuperar el control de su territorio.

No se trata de llenar las cárceles, sino de desmantelar las organizaciones criminales

A mi entender, el problema haitiano no se resolverá simplemente deteniendo a unos cuantos delincuentes y trasladándolos a prisión.

Las organizaciones criminales funcionan como estructuras que disponen de dirigentes, hombres armados, financiación, suministros, redes de información y colaboradores. Si solamente se detiene a algunos de sus integrantes, pero se mantienen intactas esas estructuras, otros ocuparán sus puestos.

Es como intentar acabar con un árbol cortando únicamente sus ramas.

Si se deja la raíz y parte del tronco, el árbol puede volver a crecer y producir nuevas ramas, incluso más descontroladas que las anteriores.

Por eso, considero que la operación contra las bandas haitianas debe dirigirse a eliminar sus estructuras criminales desde la raíz: sus mandos, arsenales, fuentes de financiación, redes de abastecimiento y mecanismos de reclutamiento.

Los responsables de asesinatos, secuestros, extorsiones y otros delitos deben ser detenidos y juzgados. Quienes se enfrenten armados a las fuerzas de seguridad deberán ser neutralizados conforme a la ley. No se trata de ejecutar indiscriminadamente a personas, sino de conseguir que las organizaciones criminales pierdan definitivamente su capacidad de actuar.

La diferencia es fundamental: no basta con ganar enfrentamientos; hay que conseguir que las bandas no puedan reconstruirse.

Bukele podría aportar experiencia y determinación

El presidente salvadoreño ha desarrollado una estrategia de seguridad que ha reducido considerablemente la violencia de las pandillas en El Salvador.

Su experiencia podría resultar útil para Haití, especialmente en materia de inteligencia, coordinación policial, control territorial, desarticulación de organizaciones y recuperación de espacios públicos.

No obstante, Haití presenta circunstancias diferentes. Sus bandas disponen de armamento importante, controlan zonas urbanas y operan en un país cuyas instituciones se encuentran profundamente debilitadas.

Por tanto, no sería razonable pensar que se puede trasladar mecánicamente el modelo salvadoreño a territorio haitiano.

Habría que adaptar las operaciones a las características del país y garantizar que la población civil no termine pagando las consecuencias de los enfrentamientos.

Trump podría darle el empujón que necesita

Aquí entra en escena el presidente estadounidense Donald Trump.

Estados Unidos tiene capacidad para proporcionar a El Salvador y a Haití recursos que podrían resultar determinantes para desarrollar una operación de seguridad eficaz.

Me refiero, entre otras posibilidades, a:

  • Inteligencia militar y policial.
  • Equipos de vigilancia y reconocimiento.
  • Helicópteros y transporte logístico.
  • Equipamiento para las fuerzas de seguridad.
  • Formación y asesoramiento.
  • Financiación y apoyo diplomático internacional.

Trump ya ha mostrado respaldo político a Bukele y ha mantenido conversaciones con él sobre la situación haitiana.

Una cooperación estadounidense más amplia podría aumentar las posibilidades de éxito de la operación, siempre que exista una estructura de mando clara, un acuerdo con las autoridades haitianas y respeto al derecho internacional.

No obstante, la participación estadounidense no debería limitarse a proporcionar medios militares. También tendría que contribuir a que Haití disponga de instituciones capaces de mantener la seguridad cuando los efectivos extranjeros se retiren.

El problema haitiano también está en la política

Pero hay otro asunto que considero incluso más importante que la propia intervención militar: la necesidad de cambiar profundamente la manera en que se gobierna Haití.

No serviría de mucho eliminar el poder de las bandas si después los mismos mecanismos de corrupción, intereses particulares y complicidades políticas vuelven a permitir que aparezcan nuevas organizaciones criminales.

Las autoridades tendrían que investigar a los políticos, funcionarios y empresarios que financien, protejan o colaboren con las organizaciones armadas.

Quien haya cometido delitos deberá responder ante la justicia, independientemente de su posición económica o política.

Haití necesita una administración pública transparente, una policía profesional, tribunales independientes y dirigentes que trabajen para la población en lugar de utilizar el poder para beneficio propio.

También necesita recuperar la actividad económica, crear oportunidades de trabajo y evitar que los jóvenes encuentren en las bandas criminales su única posibilidad de obtener ingresos o reconocimiento.

La misión no puede terminar cuando se marchen los soldados

Una intervención militar puede recuperar territorios y debilitar organizaciones criminales, pero la paz no se consigue únicamente mediante operaciones armadas.

Haití necesita un proyecto de reconstrucción institucional que permita celebrar elecciones, establecer un Gobierno legítimo y recuperar la confianza de sus ciudadanos.

Las fuerzas de seguridad haitianas deberán estar preparadas para asumir la responsabilidad de mantener el orden. De lo contrario, las organizaciones criminales podrían volver a ocupar los espacios que dejen libres los militares extranjeros.

Por eso, el apoyo de Trump a Bukele debería contemplar tanto la seguridad inmediata como la reconstrucción posterior del Estado haitiano.

Una oportunidad que Haití no debería desperdiciar

No sabemos si Bukele conseguirá alcanzar los objetivos de esta operación. Tampoco sabemos cuánto tiempo necesitará para debilitar a las organizaciones criminales que controlan parte del territorio haitiano.

Pero considero que la cooperación entre El Salvador, Estados Unidos y las autoridades haitianas podría representar una oportunidad importante para intentar sacar al país de la situación en la que se encuentra.

Bukele podría aportar experiencia en la lucha contra las pandillas, mientras que Trump podría proporcionar recursos, tecnología, financiación y respaldo internacional.

Naturalmente, el resultado dependerá de que exista una estrategia coherente, de que se respeten los derechos de la población y de que las autoridades haitianas estén dispuestas a reformar sus propias instituciones.

Haití no necesita simplemente que desaparezcan unos cuantos jefes de las bandas. Necesita que desaparezca el sistema criminal que permite que esas bandas nazcan, crezcan y vuelvan a controlar las calles.

Y, sobre todo, necesita políticos honrados, instituciones fuertes y un Gobierno capaz de garantizar que la ley se cumpla para todos.

Si Bukele, con el apoyo de Trump y la colaboración de las autoridades haitianas, consigue contribuir a esa transformación, no solamente habrá ayudado a debilitar unas organizaciones criminales: habrá contribuido a devolverle a un pueblo entero la posibilidad de vivir en libertad y sin miedo. Y la  misma lucha podría ser un remedio para eliminar parte de la corrupción habida en la República Dominicana, entre políticos y empresarios, que ayudan a las bandas criminales de Haití a continuar delinquiendo.

Porque cuando se corta un árbol desde la raíz, deja de producir nuevas ramas. Y Haití necesita que las raíces de su sistema criminal dejen de alimentar la violencia.

Fuentes principales: EFE: conversación entre Bukele y el primer ministro haitiano · EFE: el Gobierno haitiano busca acabar con las bandas con ayuda salvadoreña · Associated Press: declaraciones del primer ministro haitiano.

 

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