El tiempo y
el Big Bang son dos necesidades diferentes
Por Bruno Perera
Cuando se habla del origen del universo, hay una
pregunta que suele provocar respuestas contundentes, incluso entre quienes se
dedican a divulgar la ciencia: ¿qué había antes del Big Bang?
Algunos científicos y divulgadores responden que
la pregunta carece de sentido porque el tiempo comenzó con el Big Bang. Según
esta interpretación, preguntar qué había antes sería como preguntar qué hay más
al norte del polo norte. Sin embargo, cabe preguntarse si esa comparación
demuestra realmente que no pudo existir un tiempo anterior al Big Bang o si,
por el contrario, se utiliza una analogía para dar por resuelta una cuestión
que la ciencia todavía no ha conseguido aclarar definitivamente.
Mi propósito no es afirmar que existió otro
tiempo antes del Big Bang, sino analizar si podemos descartar científicamente
esa posibilidad.
¿Comenzó todo
con el Big Bang?
El modelo cosmológico del Big Bang describe la
evolución del universo observable desde un estado primitivo extremadamente
caliente y denso, hace aproximadamente 13.800 millones de años. La expansión
del universo, la radiación cósmica de fondo y la abundancia de elementos
ligeros constituyen algunas de las principales evidencias que respaldan este
modelo.
Pero debemos distinguir dos afirmaciones que no
significan lo mismo.
La primera sostiene que el universo observable
evolucionó desde aquel estado primitivo. Esta afirmación cuenta con un sólido
respaldo científico.
La segunda sostiene que el Big Bang fue el
comienzo absoluto de toda existencia, incluido el tiempo, y que no pudo haber
ninguna realidad anterior. Esta afirmación es mucho más fuerte y no ha sido
demostrada de manera concluyente.
El Big Bang describe una fase muy temprana de la
historia cósmica, pero las teorías actuales no nos proporcionan todavía una
respuesta definitiva sobre el origen último del espacio y del tiempo.
Por consiguiente, desconocer qué sucedió antes no
equivale a haber demostrado que no hubo un antes.
¿Pudo existir
otro tiempo antes del Big Bang?
Considero que esta es una de las preguntas fundamentales
de la cosmología.
Supongamos que nuestro universo actual no fuera
la primera fase de la realidad, sino el resultado de una transformación
anterior. En ese caso, habría existido un tiempo previo durante el cual se
habrían producido acontecimientos que desembocaron en la expansión que
observamos hoy.
Esta posibilidad no es una mera ocurrencia sin
relación con la investigación científica. Existen modelos cosmológicos que
estudian la posibilidad de que una fase de contracción precediera a la expansión
actual. En los llamados modelos de rebote cosmológico, el universo podría haber
atravesado una fase anterior antes de comenzar a expandirse.
No obstante, debemos ser rigurosos: estos modelos
son propuestas teóricas y no existe una demostración experimental concluyente
de que nuestro universo surgiera de esa manera.
También se investiga si el espacio y el tiempo
que conocemos podrían proceder de una estructura física más fundamental. Sin
embargo, todavía no disponemos de pruebas suficientes para establecer qué
habría existido antes del Big Bang, si es que hubo una fase anterior.
Por tanto, la conclusión prudente es que pudo
haber existido otro tiempo, pero aún no sabemos si realmente existió.
La comparación
con el polo norte
Para explicar por qué algunos consideran
imposible hablar de un antes del Big Bang, se utiliza frecuentemente la
analogía del polo norte: preguntar qué había antes del Big Bang sería como
preguntar qué hay más al norte del polo norte.
Pero esta comparación tiene sus limitaciones.
El polo norte constituye un límite de la
dirección norte sobre la superficie terrestre. Una vez alcanzado, no podemos
seguir avanzando hacia el norte sobre esa superficie. Sin embargo, eso no
significa que más allá del polo no exista espacio físico. La analogía describe
un límite geométrico concreto, no la inexistencia de toda realidad.
Además, la superficie terrestre es una geometría
que conocemos y podemos observar. No podemos trasladar automáticamente sus
propiedades al tiempo cósmico y concluir que este necesariamente comenzó con el
Big Bang.
Para que la analogía demostrara que no existió un
tiempo anterior, primero tendríamos que demostrar que el tiempo del universo
posee esa misma clase de límite y que no hay ninguna descripción física válida
más allá de él.
Precisamente eso es lo que todavía no conocemos
de manera definitiva.
Por consiguiente, utilizar el ejemplo del polo
norte puede ayudar a explicar determinados modelos cosmológicos, pero no
demuestra por sí solo que sea imposible que hubiera un tiempo anterior.
El tiempo y el
Big Bang son dos necesidades diferentes
El título de este artículo expresa una distinción
que considero esencial.
El Big Bang es un modelo científico que describe
la evolución temprana del universo observable. El tiempo, en cambio, es una
dimensión fundamental de nuestra descripción física de los acontecimientos y
forma parte de la estructura del espacio-tiempo en la relatividad general.
No son, por tanto, dos conceptos equivalentes.
Que el modelo cosmológico encuentre un límite en
su descripción del pasado no demuestra automáticamente que toda forma de tiempo
deba comenzar allí. Podría ocurrir que el tiempo tuviera un comienzo absoluto,
pero también cabe investigar si nuestro universo procede de una fase anterior
en la que existía una historia temporal.
Debemos reconocer que existe una dificultad
importante: si el tiempo comenzó absolutamente con el Big Bang, no habría un
instante anterior en el que pudiera producirse su comienzo. En ese caso,
preguntar qué sucedió antes no describiría un acontecimiento temporal posible
dentro de ese modelo.
Pero si existió otro tiempo, el problema sería
diferente. El Big Bang podría representar una transición entre dos fases de la
historia cósmica, y no necesariamente el nacimiento de toda realidad.
La ciencia todavía no ha establecido cuál de
estas posibilidades describe correctamente el origen último del universo.
¿Y si no
hubiera existido el universo?
Podemos llevar el razonamiento un paso más allá.
Imaginemos que no existiera absolutamente nada:
ni materia, ni energía, ni espacio, ni tiempo, ni campos físicos ni ninguna
otra estructura que pudiera considerarse una realidad.
En tal hipótesis, no habría un vacío que ocupara
el lugar del universo, porque un vacío físico presupone un espacio. Tampoco
habría oscuridad eterna, porque la oscuridad presupone condiciones físicas en
las que no llega luz. Y no habría una espera infinita antes de la aparición del
universo, porque esperar presupone tiempo.
La ausencia absoluta no sería un lugar vacío ni
una región oscura. Sería la inexistencia de cualquier realidad física.
Ahora bien, debemos distinguir esta descripción
conceptual de una conclusión experimental. No hemos observado un estado de nada
absoluta, ni disponemos de una teoría comprobada que establezca si tal estado
es físicamente posible.
Por otra parte, el vacío cuántico no equivale a
la nada absoluta. Es un estado descrito por una teoría física y posee
propiedades que pueden estudiarse. Por eso, cuando se habla de que el universo
pudo surgir de la nada en determinadas propuestas teóricas, es necesario
precisar qué significa exactamente esa palabra.
No podemos confundir la ausencia de materia
ordinaria con la inexistencia de toda realidad.
¿Qué existía
antes de que existiera el tiempo?
Esta pregunta nos conduce a una dificultad
todavía mayor.
Si el tiempo tuvo un comienzo absoluto, preguntar
qué existía antes podría resultar inadecuado, porque la palabra «antes»
presupone una relación temporal.
Pero si el tiempo no tuvo un comienzo absoluto, o
si nuestro universo procede de una fase anterior, la pregunta podría tener
sentido físico.
Existen, por tanto, dos posibilidades generales
que debemos mantener diferenciadas.
Una es que el tiempo tenga un límite pasado y que
no exista una fase temporal anterior. La otra es que nuestro universo sea una
etapa de una historia más amplia, con una fase previa que todavía no
comprendemos.
Ninguna de estas posibilidades debe confundirse
con un hecho experimentalmente demostrado en todos sus detalles.
Tampoco podemos afirmar que cualquier realidad
imaginable tenga que desarrollarse necesariamente dentro de un tiempo semejante
al nuestro. La física actual no ha establecido que toda forma posible de
existencia deba compartir las propiedades del espacio-tiempo que observamos.
La dificultad consiste en que nuestras teorías
físicas describen la realidad mediante conceptos y estructuras que podrían
dejar de ser aplicables cuando intentamos investigar sus propios límites
fundamentales.
¿Por qué
existe algo en lugar de nada?
Finalmente, llegamos a una pregunta que va más
allá de la explicación ordinaria de la evolución cósmica.
La cosmología puede investigar cómo evolucionó el
universo desde sus primeras fases conocidas y proponer modelos sobre su posible
origen. Pero explicar cómo evoluciona una realidad no equivale necesariamente a
explicar por qué existe alguna realidad en lugar de no existir absolutamente
nada.
No conocemos una ley científica confirmada que
demuestre que la existencia de alguna realidad sea obligatoria. Tampoco
disponemos de una teoría comprobada que demuestre que la nada absoluta sea
posible.
Por eso, afirmar que todo surgió de la nada, o
que necesariamente tuvo que existir algo desde siempre, requiere argumentos que
todavía no poseemos de manera concluyente.
La cuestión continúa abierta.
Conclusión
A mi juicio, debemos evitar convertir una
hipótesis cosmológica en una certeza que la ciencia todavía no ha establecido.
El Big Bang cuenta con sólidas evidencias como
descripción de la evolución temprana del universo observable. Sin embargo, no
debemos confundir esa conclusión con la demostración de que fue el comienzo
absoluto de toda existencia.
Pudo haber existido otro tiempo antes del Big
Bang, aunque todavía no sabemos si fue así. También es posible que el tiempo,
tal como lo entendemos, tuviera un límite pasado. Ambas posibilidades deben
examinarse de acuerdo con sus fundamentos teóricos y sus evidencias, sin
presentar como demostrado lo que aún permanece abierto.
La comparación con el polo norte no resuelve por
sí sola el problema. Del mismo modo, imaginar un tiempo anterior no demuestra
que realmente existiera.
La cuestión fundamental no es únicamente cuándo
comenzó a expandirse el universo, sino si esa expansión marcó el comienzo de
toda existencia o si fue una fase de una realidad más antigua.
Mientras no dispongamos de una teoría comprobada
que permita responder a esa pregunta, la posición científicamente más honesta
consiste en reconocer nuestros conocimientos, admitir sus límites y mantener
abierta la investigación.
No saber qué
había antes del Big Bang no significa que sepamos que no había absolutamente
nada. Y si suponemos que antes del Big Bang existió esa NADA ABSOLUTA, surge la
pregunta del millón: ¿de dónde salió esa nada, cómo pudo surgir y qué hizo
posible que existiera la nada antes de que existiera el universo?

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