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viernes, 24 de julio de 2026

Fuimos creados de polvo o "basura" de estrellas y ese polvo o "basura" que dio origen a cada individuo marca su diferente destino presente y futuro

 


Fuimos creados de polvo o "basura" de estrellas y ese polvo o "basura" que dio origen a cada individuo marca su diferente destino presente y futuro

Por Bruno Perera

Cuando hablamos de que los seres humanos fuimos creados de polvo de estrellas, no estamos utilizando únicamente una expresión poética. La ciencia ha demostrado que los elementos químicos que forman nuestro cuerpo —como el carbono, el oxígeno, el hierro, el calcio y el nitrógeno— fueron fabricados en el interior de estrellas que vivieron hace miles de millones de años. Al final de su existencia, muchas de ellas expulsaron al espacio inmensas cantidades de materia. Aquellos restos estelares, que de forma figurada podríamos llamar "basura de estrellas", se dispersaron por el universo y terminaron formando nuevas estrellas, planetas y, finalmente, la vida en la Tierra.

Todos llevamos, por tanto, una pequeña parte del universo en nuestro interior.

Sin embargo, este hecho nos lleva a una interesante reflexión.

Si todos procedemos del mismo polvo o "basura" de estrellas, ¿por qué cada ser humano es diferente?

La ciencia explica que los átomos son esencialmente iguales. Lo que cambia es la forma en que esos átomos se organizaron para construir moléculas, células, órganos y el ADN de cada persona. Esa organización dio lugar a miles de millones de individuos únicos, con una combinación genética irrepetible que influye en muchos de sus rasgos y que, en parte, se transmite a las siguientes generaciones.

A partir de aquí surge una reflexión filosófica.

Podría decirse que aquel polvo o "basura" de estrellas no se reunió para formar un único ser, sino que la naturaleza lo organizó de incontables maneras diferentes. Cada una de esas organizaciones dio origen a un individuo distinto, con unas características propias y con unas posibilidades diferentes de afrontar la vida.

No significa que las estrellas hayan escrito el destino de cada persona ni que exista un plan cósmico predeterminado. La ciencia no dispone de pruebas que respalden esa afirmación.

Sin embargo, sí puede sostenerse que la organización concreta de la materia que dio origen a cada individuo constituye la base física sobre la que se desarrolla toda su existencia. A esa base se suman la herencia genética, la educación, el ambiente, las experiencias, las decisiones personales y el azar.

En otras palabras, nuestro presente y nuestro futuro no están escritos por las estrellas, pero tampoco pueden entenderse sin ellas, porque fueron las estrellas las que fabricaron la materia de la que surgimos.

Quizá por eso podamos afirmar que somos el resultado de una larga historia cósmica: restos de antiguas estrellas convertidos en seres capaces de pensar, de amar, de crear conocimiento y de preguntarse por su propio origen.

Y tal vez esa sea una de las ideas más extraordinarias que la ciencia nos ha revelado: que la aparente "basura" del universo acabó convirtiéndose en vida consciente capaz de contemplar las mismas estrellas de las que nació.

 

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