La vida no existiría sin un continuo robo común.
Por Bruno Perera.
Existen leyes que permiten hacer negocios entre personas,
entre varias y entre naciones, lo cual equivale a robarse unos a otros, pero
dentro de los límites legales.
También hay religiones que promueven una vida honrada, pero
que en realidad engañan y roban a las personas.
Además, hay guerras que se llevan a cabo para proteger los
intereses de los ricos y millonarios y para robar.
Asimismo, existen guerras relacionadas con el narcotráfico
que tienen como objetivo robar a través de la violencia y la muerte.
Por si fuera poco, mientras estás en tu casa, mucha gente
intenta robarte a través de tu ordenador o tu móvil.
Una vez sales a la calle, las gasolineras, los taxistas, los
mecánicos, los supermercados, los bares, los restaurantes, los hoteles, quienes
alquilan viviendas, las tiendas de ropa, las joyerías, los bancos, las tiendas
de coches, las tiendas de deporte, las tiendas de electrodomésticos, los
hospitales, los médicos, los abogados, los carpinteros, los albañiles, los
empleados, la policía, etc, también te roban. Y el Estado y los políticos te
roban a través de impuestos abusivos. Incluso las funerarias intentan sacar
provecho, antes y después de tu muerte.
En resumen, todo el mundo roba y todo el mundo es robado,
incluyendo entre amigos y familiares si nos damos la oportunidad.
Todos tomamos del mundo lo que podemos. A pesar de esta
realidad, es importante mantener la esperanza y luchar por un mundo más justo y
honesto, pero siempre en alerta.
Aunque exista corrupción y deshonestidad, también hay buenas
personas y organizaciones que trabajan por el bien común. Es necesario
enfocarse en estas acciones positivas y evitar caer en el odio, el rencor, la
desconfianza y la negatividad, ya que perderse en estos sentimientos puede
llevarte a un destino lamentable.
En definitiva, es importante recordar que la avaricia y la
desconfianza pueden llevar a consecuencias fatales, como el ejemplo de aquel
que guardó sus ahorros en una caja fuerte a prueba de bombas y que, por miedo a
ser robado, un día olvidó la clave que le permitía acceder a su fortuna, lo que
finalmente resultó en su ruina y muerte.
P.d: No solo los humanos nos robamos unos a otros, los
animales también practican la misma necesidad, tanto los de tierra como los de
mar. Por ello se puede decir que la vida funciona dentro de un robo general
inducido y pactado por la propia naturaleza.
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