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domingo, 27 de septiembre de 2026

Ceuta se ahoga algo más cada día que pasa. Y mientras el Gobierno español duerme la mona

 


Ceuta se ahoga algo más cada día que pasa. Y mientras el Gobierno español duerme la mona

Por Bruno Perera

Ceuta no ha vuelto a sufrir esta semana una entrada masiva como la registrada a finales de julio que fue de más de 80.000 inmigrantes ilegales -según algunas fuentes-, pero eso no significa que el problema haya desaparecido. Todo lo contrario: la ciudad continúa intentando digerir las consecuencias de aquella avalancha mientras en la frontera permanece latente el riesgo de nuevos intentos de entrada.

El pasado 23 de septiembre se esperaba incluso un nuevo asalto masivo a la frontera. España reforzó considerablemente la vigilancia y Marruecos hizo lo mismo al otro lado. Finalmente, aquella entrada masiva no se produjo.

Pero que no haya ocurrido un nuevo asalto no quiere decir que Ceuta haya recuperado la normalidad.

Después de los acontecimientos de julio, miles de inmigrantes permanecen todavía en la ciudad. Las cifras ofrecidas por distintas administraciones no coinciden exactamente, pero todas reflejan la magnitud del problema. Una parte ha regresado voluntariamente a Marruecos, otra ha sido trasladada a la Península y otra continúa en Ceuta, alojada en instalaciones oficiales o sobreviviendo en asentamientos improvisados.

Y ahí está precisamente uno de los grandes problemas.

Playas, montes, túneles, edificios abandonados, coches y viviendas sobreocupadas se han convertido en lugares de alojamiento para personas que no disponen de una plaza adecuada. La antigua fábrica del Guano y la zona del Trampolín han vuelto a aparecer esta semana en las noticias por las condiciones en las que viven algunos de estos inmigrantes.

La Policía Nacional tuvo que realizar incluso un operativo para identificar a menores que permanecían en uno de estos asentamientos.

Mientras tanto, continúa otro problema que puede convertirse en una nueva fuente de negocio para las mafias: sacar clandestinamente de Ceuta hacia la Península a quienes ya se encuentran dentro de la ciudad.

La Guardia Civil ha interceptado varias embarcaciones y ha detenido a presuntos patrones dedicados a estos transportes. Según las investigaciones difundidas esta semana, algunos inmigrantes habrían pagado miles de euros por conseguir llegar clandestinamente a la Península.

Es decir, el problema migratorio no termina cuando una persona consigue entrar en Ceuta.

Entonces comienza otro.

Hay que alojarla, identificarla, determinar su situación jurídica, atender a los menores, gestionar sus posibles retornos o traslados y evitar que las mafias conviertan la desesperación de estas personas en un nuevo negocio.

Y mientras tanto, la frontera continúa necesitando refuerzos.

El Ministerio del Interior ha anunciado nuevas actuaciones en El Tarajal, entre ellas la prolongación del espigón y la instalación de elementos de balizamiento. Es una señal bastante evidente de que el Gobierno considera que el riesgo de nuevos intentos de entrada sigue existiendo.

Pero hay algo todavía más preocupante.

Ceuta no solamente tiene un problema en su frontera. Tiene un problema dentro de la propia ciudad.

Los miles de personas que llegaron durante la crisis de julio no desaparecieron cuando Marruecos volvió a reforzar sus controles fronterizos.

Siguen ahí.

Y los servicios de acogida tienen que hacer frente a una situación extraordinaria que se prolonga semana tras semana.

Esta semana, además, se produjo un episodio especialmente grave: dos ciudadanos marroquíes fueron detenidos por su presunta relación con una agresión sexual a una menor de 17 años en uno de los asentamientos. Naturalmente, corresponde a los tribunales determinar las responsabilidades y no se puede convertir un caso concreto en una acusación contra todo un colectivo.

Pero tampoco se puede ocultar que los asentamientos incontrolados generan problemas de seguridad, salubridad y convivencia que las autoridades tienen la obligación de afrontar.

Y existe otro problema que tampoco puede ignorarse: los menores.

Miles de menores fueron identificados después de la avalancha de julio y las administraciones siguen intentando resolver su situación. Algunos han sido reunificados con familiares o trasladados a la Península, pero otros permanecen todavía bajo tutela de las autoridades.

La pregunta es inevitable:

¿Cuánto tiempo puede soportar Ceuta una situación extraordinaria que se está convirtiendo poco a poco en permanente?

Porque una cosa es impedir una nueva avalancha en la frontera y otra muy distinta solucionar las consecuencias de la que ya ocurrió.

Mientras tanto, el debate político se ha trasladado también a Madrid. Miles de personas se manifestaron esta semana en defensa de Ceuta y reclamando responsabilidades por la gestión de la crisis migratoria. Los partidos políticos han convertido lo sucedido en uno de los grandes asuntos de confrontación política.

Pero Ceuta necesita algo más que manifestaciones, declaraciones y enfrentamientos entre partidos.

Necesita soluciones.

Necesita una frontera segura.

Necesita capacidad suficiente para atender a quienes se encuentran en la ciudad.

Necesita una política clara respecto a los menores.

Necesita combatir a las mafias.

Necesita saber qué va a ocurrir con las miles de personas que todavía permanecen allí.

Y necesita, sobre todo, que una situación excepcional no termine convirtiéndose en una situación normal.

Porque mientras en Madrid se discute quién tiene la culpa, en Ceuta continúa transcurriendo el tiempo.

Y cada día que pasa hay más personas que necesitan alojamiento, más menores que necesitan protección, más operaciones policiales, más embarcaciones clandestinas interceptadas y más recursos públicos destinados a gestionar las consecuencias de una crisis que comenzó con una entrada masiva y que todavía no ha terminado.

Ceuta se ahoga algo más cada día que pasa.

Y mientras tanto, desde Madrid, uno tiene a veces la impresión de que el Gobierno español está demasiado ocupado administrando el problema como para resolverlo.

O, dicho en el lenguaje de la calle:

Mientras Ceuta se ahoga, el Gobierno español parece estar durmiendo la mona. Y en todo esto el Reinado marroquí no ha enviado ayuda humanitaria, alimentos, ropa y albergues para esos casi 12.000 inmigrantes que aún quedan en Ceuta. Marruecos se lava las manos y deja el problema en manos de España. Así es como el Reino alauita resuelve los problemas sociales de su gente pobre. Y luego dice a los cuatro vientos que es un país musulmán digno de su Dios Ahlá.

Noticias en el Faro de Ceuta: https://elfarodeceuta.es/

 

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