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viernes, 7 de agosto de 2026

Marruecos juega al gato y al ratón con España

 


Marruecos juega al gato y al ratón con España

Por Bruno Perera

Las relaciones entre España y Marruecos llevan siglos marcadas por la historia, la geografía y los intereses estratégicos. Son dos vecinos separados por apenas catorce kilómetros de mar, pero unidos por una historia de más de mil años de encuentros, enfrentamientos y cooperación. Sin embargo, en las últimas décadas la sensación que tienen muchos españoles es que Marruecos juega continuamente al gato y al ratón con España.

Cada cierto tiempo aparece una nueva crisis. Unas veces es la inmigración irregular. Otras, las reclamaciones sobre Ceuta y Melilla. En ocasiones son las aguas territoriales, la pesca o el Sáhara Occidental. Cuando parece que las relaciones vuelven a la normalidad, surge un nuevo motivo de tensión.

Históricamente conviene recordar algunos hechos. Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 y pasó definitivamente a la Corona española tras el Tratado de Lisboa de 1668. Mucho antes de que existiera el actual Estado marroquí, la ciudad ya formaba parte de la historia de la Península Ibérica.

Con frecuencia se afirma que Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia de los Estados Unidos. La realidad histórica es algo más precisa. Quien estableció aquellas relaciones fue el sultán Mohammed III en 1777. En aquella época no existía el Estado moderno marroquí nacido tras la independencia de 1956, sino un sultanato gobernado por la dinastía alauí. La diferencia puede parecer pequeña, pero desde el punto de vista histórico resulta importante.

También suele olvidarse que el nombre "Marruecos" procede de la ciudad de Marrakech, fundada por los almorávides hacia los años 1070-1072. En árabe, sin embargo, el país se denomina Al-Maghrib, "el Occidente". La evolución histórica del territorio ha sido larga y compleja, con distintas dinastías, cambios de fronteras y diferentes grados de unidad política.

Muchos analistas consideran que Marruecos utiliza su posición geográfica como un importante instrumento de presión diplomática. La colaboración en el control de la inmigración hacia Europa depende en gran medida de la cooperación entre ambos países. Cuando las relaciones políticas atraviesan momentos difíciles, las crisis migratorias suelen convertirse en un factor adicional de tensión.

A ello se suma una importante diferencia económica entre ambos lados del Estrecho. Mientras España forma parte de la Unión Europea, Marruecos mantiene salarios mucho más bajos en numerosos sectores productivos. Esa desigualdad alimenta los flujos migratorios y convierte la cooperación bilateral en una necesidad permanente.

Durante la denominada guerra contra el terrorismo iniciada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Marruecos apareció citado en diversas investigaciones internacionales relacionadas con el programa de "entregas extraordinarias" de la CIA. Organizaciones de derechos humanos denunciaron que algunos detenidos fueron trasladados a terceros países para ser interrogados, lo que generó un intenso debate sobre el respeto a los derechos fundamentales y la cooperación internacional en materia de seguridad.

Todo ello contribuye a que una parte de la opinión pública española perciba que Marruecos combina la cooperación con la presión política según convenga a sus intereses. Desde esa perspectiva nace la sensación de que España siempre termina reaccionando a iniciativas tomadas por Rabat, en lugar de desarrollar una estrategia propia a largo plazo.

No obstante, también conviene reconocer que ambos países mantienen una intensa relación comercial, una estrecha cooperación policial contra el terrorismo y el crimen organizado, y una convivencia diaria entre millones de ciudadanos españoles y marroquíes que trabajan, estudian o hacen negocios a ambos lados del Estrecho. Esa realidad demuestra que, junto a los desacuerdos políticos, existe una profunda interdependencia.

Las diferencias históricas seguirán existiendo. También continuarán las reclamaciones territoriales y los desacuerdos diplomáticos. Pero cualquier solución estable deberá construirse sobre el respeto al derecho internacional, la cooperación y el diálogo. España y Marruecos seguirán siendo vecinos. La cuestión es si ambos gobiernos deciden actuar como socios responsables o continúan prolongando una relación en la que, periódicamente, uno intenta jugar al gato y al ratón con el otro.

 

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