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viernes, 28 de noviembre de 2025

Canarias: Vivienda social frente al gasto en inmigración ilegal

 


Canarias: Vivienda social frente al gasto en inmigración ilegal

Por Bruno Perera

Durante décadas, Canarias ha arrastrado un grave problema estructural de vivienda social. Hoy, más de 100.000 personas necesitan una vivienda digna y alrededor de 30.000 están inscritas en listas de espera oficiales. Paralelamente, decenas de miles de jóvenes no pueden emanciparse, y los alquileres de viviendas de apenas 90–100 m² superan habitualmente los 1.000 euros mensuales, una cifra totalmente desproporcionada si consideramos que la mayoría de salarios brutos en las islas se sitúan entre 1.300 y 1.700 euros.

La situación es anómala incluso dentro del conjunto del Estado: desde el año 2000, solo un 4–5% de la vivienda construida en Canarias es pública, una cifra dramática que explica buena parte de la crisis social actual. No es un fallo puntual: es un fracaso acumulado de planificación, inversión y voluntad política.

Un gasto que crece mientras la vivienda se estanca

Mientras todo esto ocurre, Canarias se ha convertido en uno de los principales puntos de entrada de inmigración ilegal, unos  con la intención de  quedarse en las islas y otros con la de trasladarse  a Europa. Y cada vez son más las voces —incluida la mía— que denuncian que una parte sustancial del presupuesto destinado a la gestión de la inmigración ilegal podría haber sido utilizada para resolver, en gran medida, la emergencia habitacional interna.

Aquí no se discute humanidad, solidaridad ni derechos; se discute prioridades en un territorio frágil, limitado y con recursos públicos escasos.

La cifra polémica: 45.000 millones en tres décadas

Diversos sectores críticos con la política migratoria actual calculamos que, sumando partidas del Estado, la Unión Europea y la propia Comunidad Autónoma, el gasto acumulado en tres décadas vinculado directa o indirectamente a la inmigración ilegal podría situarse alrededor de los 45.000 millones de euros.

Esta estimación global integra:

1.      Coste de acogida y tutela de menores extranjeros no acompañados, que ronda los 150 €/día por persona (4.500 €/mes de promedio, y en otras autonomías incluso más).

  1. Acogida de adultos, estimada en 50 €/día (unos 1.500 €/mes).
  2. Financiación a oenegés que gestionan centros y programas migratorios.
  3. Fondos europeos destinados a vigilancia marítima y control fronterizo.
  4. Subvenciones y ayudas a países de tránsito como Marruecos, Mauritania, Senegal, Gambia o Malí.
  5. Costes operativos de Frontex, Guardia Civil, Salvamento Marítimo y medios navales permanentes.

Solo el mantenimiento anual de MENAs y adultos superaría los 500 millones de euros, sin contar las ayudas internacionales ni el gasto estructural.

La comparación directa: viviendas que nunca se construyeron

Si tomamos un coste medio de 100.000 euros por vivienda social construida en suelo público del Gobierno de Canarias:

45.000.000.000 ÷ 100.000 = 450.000 viviendas sociales.

Es decir, según esta perspectiva crítica, con el gasto acumulado en inmigración ilegal durante tres décadas se podrían haber levantado 450.000 viviendas, suficientes para resolver todas las listas de espera actuales, renovar el parque público y garantizar alojamiento asequible durante generaciones.

No se trata de una exageración política: es aritmética simple.

Opacidad, intermediarios y mala gestión

Un número creciente de analistas denunciamos además que una parte significativa del dinero destinado a la gestión migratoria:

1.      No llega a los destinatarios reales.

  1. Se diluye en estructuras burocráticas costosas.
  2. Enriquece a oenegés escasamente fiscalizadas, a algunos empresarios y a algunos partidos políticos.
  3. Alimenta redes de tráfico en origen y tránsito.
  4. Termina en manos de gobiernos extranjeros con altos índices de corrupción.

La falta de auditorías independientes, transparencia en la justificación del gasto y control real sobre los convenios convierte el sistema en un cajón opaco donde es prácticamente imposible seguir el rastro de cada euro.

Mientras tanto, la emergencia habitacional crece

Canarias vive hoy una tormenta perfecta:

1.      Alquileres prohibitivos.

  1. Jóvenes forzados a vivir con sus padres hasta los 30 o 35 años.
  2. Familias atrapadas en infraviviendas.
  3. Jubilados con pensiones mínimas incapaces de acceder a un alquiler digno.
  4. Un parque de vivienda social totalmente insuficiente y que crece a un ritmo ridículo.

La consecuencia es una exclusión silenciosa que afecta principalmente a trabajadores humildes, madres solas, padres solos y personas mayores: los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.

La tesis: reorientar las prioridades

El argumento es claro: Canarias no puede seguir actuando como territorio de sacrificio, gestionando —y pagando— un fenómeno migratorio ilegal que debería ser responsabilidad del conjunto del Estado y, sobre todo, de la Unión Europea.

Si el archipiélago no es capaz de garantizar vivienda digna a su propia población, ¿cómo va a absorber indefinidamente el impacto económico, social y logístico de la inmigración ilegal?

La propuesta que defiendo es sencilla:

1.      Cerrar progresivamente los centros de acogida de inmigrantes ilegales, devolviendo a la UE su responsabilidad en materia de fronteras.

  1. Reducir el gasto en estructuras ineficientes y duplicadas.
  2. Eliminar intermediarios y oenegés opacas.
  3. Garantizar auditorías exhaustivas y seguimiento público del gasto.
  4. Reorientar esos fondos hacia un plan masivo y permanente de vivienda pública, capaz de ofrecer alquileres asequibles (400 € mensuales o menos) y estabilidad a la población local.

No se trata de insolidaridad. Se trata de supervivencia social.

Conclusión

Canarias no puede seguir cargando sobre sus espaldas el peso de un fenómeno migratorio global mientras sus propios ciudadanos sufren la mayor crisis habitacional de su historia reciente.

La prioridad debe quedar clara:

Primero vivienda, dignidad y estabilidad para el pueblo canario.
Después, debatir qué modelo migratorio queremos sostener.

Porque ni Canarias es la Madre Teresa de África
ni toda África cabe en Canarias…
ni en toda Europa.

Nota: Como otras veces este artículo ha sido enviado a la señora Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión del Parlamento de la UE, con el ruego de que tome en cuenta mis sugerencias.

 

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