Rancho Texas - Puerto del Carmen - Lanzarote

miércoles, 19 de agosto de 2026

Marruecos le mete goles a España en inmigración ilegal tantas veces como quiere

 


Marruecos le mete goles a España en inmigración ilegal tantas veces como quiere

Por Bruno Perera

Hay partidos de fútbol en los que un equipo marca un gol y el contrario responde inmediatamente. Y hay otros en los que uno de los equipos parece haber descubierto que su adversario no sabe defenderse.

En materia de inmigración ilegal, la relación entre Marruecos y España lleva demasiados años pareciéndose a lo segundo.

Marruecos sabe perfectamente que Ceuta y Melilla son dos de las fronteras exteriores de la Unión Europea y que cualquier presión migratoria sobre ellas termina convirtiéndose en un problema político, económico y humanitario para España y, finalmente, para toda Europa.

Ceuta: mayo de 2021

Uno de los episodios más conocidos ocurrió entre el 17 y el 18 de mayo de 2021, cuando alrededor de 6.000 personas entraron irregularmente en Ceuta en cuestión de horas, muchas de ellas a nado o utilizando pequeñas embarcaciones y flotadores. Entre los llegados había aproximadamente 1.500 menores. RTVE informó entonces de que al menos una persona había muerto ahogada en aguas marroquíes. (RTVE.es)

Aquella crisis se produjo en un momento de enorme tensión diplomática entre Madrid y Rabat. (Por el caso del político saharaui que fue recibido en España con Covid)

Posteriormente, España intentó devolver a Marruecos a algunos de los menores que habían quedado en Ceuta. En enero de 2024, sin embargo, el Tribunal Supremo confirmó que las devoluciones realizadas en agosto de 2021 habían sido ilegales porque no se habían respetado los procedimientos y garantías establecidos por la legislación española. (Poder Judicial)

Es decir, la presión migratoria no terminó cuando acabó aquella crisis. Sus consecuencias jurídicas, económicas y sociales continuaron durante años.

Y llegó el 30 de julio de 2026

Pero lo ocurrido el 30 de julio de 2026 ha cambiado completamente la escala del problema.

Durante aquella jornada se produjo una entrada masiva desde Marruecos hacia Ceuta. Las informaciones publicadas posteriormente hablan de más de 70.000 inmigrantes invasores, mientras que algunas estimaciones llegaron a situar la cifra por encima de 72.000. (Reuters)

Y esta vez la tragedia humana fue enorme.

El Gobierno de Ceuta llegó a elevar a 88 el número de fallecidos encontrados en las inmediaciones del espigón del Tarajal. Según las autoridades ceutíes, en la mayoría de los casos la causa de la muerte fue el ahogamiento. (EFE Noticias)

Detrás de cada una de esas cifras había una persona, una familia y una tragedia.

Pero también existe otra realidad que España tiene que afrontar: la enorme presión que una entrada de esta magnitud ejerce sobre una ciudad de apenas unos 20 kilómetros cuadrados.

Miles de personas permanecen en Ceuta

Semanas después de aquella entrada masiva, todavía quedaban alrededor de 5.000 inmigrantes ilegales en Ceuta, tirados por las calles, y según las estimaciones recogidas por distintos medios, mientras las autoridades ceutíes hablaban incluso de cifras superiores. (Cadena SER)

Entre ellos hay miles de menores.

La Policía Nacional había identificado 2.168 menores no acompañados desde el 30 de julio. (ElHuffPost)

Y aquí aparece uno de los grandes problemas del sistema español.

Un menor extranjero no acompañado no puede ser simplemente devuelto al otro lado de la frontera como si se tratara de una mercancía. La legislación española y europea exige procedimientos individuales y garantías destinadas a proteger al menor.

Por eso España puede encontrarse ante una situación paradójica: una entrada masiva puede producirse en cuestión de horas, pero resolver legalmente la situación de cada menor puede llevar meses.

¿Cuánto cuesta todo esto?

También debemos hablar del dinero público.

 La manutención de cada menor cuesta unos 3.500 euros mensuales, porque el coste depende del sistema de acogida, alojamiento, personal, alimentación, educación, asistencia sanitaria, seguridad y otros servicios.

Y sabemos que la factura pública es enorme.

En agosto de 2026 el Gobierno anunció una partida extraordinaria de 25 millones de euros para atender a los menores migrantes de Ceuta, además de otros 5,5 millones de euros que ya habían sido asignados previamente. (EFE Noticias)

Y Ceuta ya venía soportando un gasto considerable. Para 2025 se estimaba un coste de aproximadamente 1 a 1,2 millones de euros mensuales para cubrir el déficit de atención a menores no acompañados. (La Verdad de Ceuta)

Por tanto, no estamos hablando de unas pocas ayudas.

Estamos hablando de decenas de millones de euros de dinero público.

¿Es esto una política migratoria o una presión sobre España?

Aquí comienza mi opinión.

Yo creo que España y la Unión Europea llevan demasiado tiempo actuando a la defensiva.

Marruecos sabe que España no puede permitirse una frontera abierta, pero también sabe que España tiene obligaciones legales y humanitarias con las personas que consiguen entrar.

Y ahí aparece una enorme ventaja estratégica.

Si miles de personas consiguen atravesar la frontera, España tiene que identificarlas, atenderlas, alojarlas, proporcionarles asistencia sanitaria, estudiar sus circunstancias y, cuando se trate de menores, protegerlos conforme a la legislación.

El coste y la responsabilidad pasan entonces de Marruecos a España.

Eso es lo que yo llamo marcar un gol sin necesidad de disparar contra la portería.

Pero tampoco debemos olvidar Canarias

Mientras Ceuta soporta la presión de su frontera terrestre, Canarias lleva décadas soportando la presión de las rutas marítimas procedentes de África.

Pateras, cayucos y embarcaciones neumáticas han convertido el Atlántico en una de las rutas migratorias más peligrosas.

Y cada año aparecen nuevas tragedias.

España rescata a personas en el mar, atiende a los supervivientes y recibe a quienes consiguen alcanzar territorio español.

Pero la pregunta fundamental continúa sin resolverse:

¿Quién controla realmente las salidas?

Porque rescatar a una persona que está a punto de morir ahogada es una obligación humanitaria. Pero permitir que miles de personas se embarquen en travesías extremadamente peligrosas es otra cuestión completamente distinta.

La política migratoria europea no puede limitarse a recibir, rescatar y repartir.

Tiene que actuar antes.

Marruecos tiene una responsabilidad

No pretendo afirmar que todas las personas que llegan irregularmente a España sean enviadas deliberadamente por el Gobierno marroquí. Eso necesitaría pruebas concretas para cada episodio.

Pero sí considero legítimo preguntarse por qué las autoridades españolas y europeas han permitido que la cooperación con Marruecos se convierta en una pieza tan importante de la política migratoria europea.

Marruecos recibe cooperación, financiación y apoyo de Europa.

España mantiene relaciones económicas y comerciales extraordinariamente importantes con Marruecos.

Y, al mismo tiempo, España continúa enfrentándose a episodios periódicos de presión migratoria en Ceuta, Melilla y Canarias.

Por eso la pregunta que debemos hacer a nuestros políticos es muy sencilla:

¿Qué obtiene España a cambio de todo lo que entrega?

No podemos convertir la inmigración en una guerra de cifras

Tampoco debemos cometer el error de convertir a los inmigrantes en simples números.

Los 6.000 que llegaron en mayo de 2021 eran personas.

Los más de 70.000 que entraron en julio de 2026 eran personas.

Y los fallecidos eran personas.

Pero precisamente porque son personas, Europa debe tener una política migratoria seria.

Una política que combine humanidad con control fronterizo.

Solidaridad con seguridad.

Asilo para quien realmente lo necesite.

Retorno efectivo para quien no tenga derecho a permanecer.

Cooperación con los países de origen y tránsito.

Y, sobre todo, una política que impida que las mafias y las presiones fronterizas sean quienes decidan quién entra en territorio europeo.

¿Cuántos goles más puede recibir España?

En mayo de 2021 fueron alrededor de 6.000 entradas en pocas horas.

En julio de 2026, las cifras fueron de una magnitud que parecía imposible imaginar pocos años antes.

Y mientras tanto, España continúa pagando la factura económica, administrativa y política.

Por eso mi pregunta final es:

¿Cuántos goles más está dispuesta a recibir España antes de aprender a defender su propia portería?

No se trata de cerrar las puertas a quien huye de una guerra o necesita protección.

No se trata de abandonar a quien se está ahogando.

Se trata de que las fronteras de España y de la Unión Europea sean realmente fronteras, de que la inmigración sea ordenada y legal, y de que ningún país pueda utilizar la desesperación de miles de personas como instrumento de presión política.

Porque una frontera europea no puede funcionar como una puerta que unos abren cuando les interesa y otros tienen que pagar cuando se encuentran con ella abierta.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.