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sábado, 29 de agosto de 2026

La inmigración ilegal no solo está perjudicando a Ceuta, también a toda España, y más a Canarias

 




La inmigración ilegal no solo está perjudicando a Ceuta, también a toda España, y más a Canarias

Por Bruno Perera

El próximo 2 de septiembre se han convocado concentraciones en numerosas ciudades españolas en apoyo a Ceuta, después de la gravísima crisis migratoria que sufrió la ciudad autónoma a finales de julio. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha llamado a los ayuntamientos a mostrar su solidaridad con los ceutíes bajo el lema “Ceuta no está sola. Ceuta es España. Lo que afecta a los ceutíes nos concierne a todos”. (FEMP)

En Lanzarote también se celebrará una concentración.

Y, naturalmente, Ceuta merece todo nuestro apoyo.

Pero hay algo que llama poderosamente la atención en el mensaje que se está difundiendo en Canarias: “Apoyo a Ceuta. Le ha tocado a Ceuta; mañana podría tocarle a Canarias”.

¿Mañana podría tocarle a Canarias?

No.

A Canarias ya le ha tocado. Y lleva tocándole más de treinta años.

Canarias no tiene que esperar a que llegue su turno

Canarias lleva décadas siendo una de las principales puertas de entrada de la inmigración ilegal procedente de África.

Según los datos recogidos en un estudio publicado este año, entre 1994 y 2025 llegaron por vía marítima a Canarias 270.218 inmigrantes en situación irregular.

Y hay un dato todavía más significativo: 142.539 llegaron solamente entre 2021 y 2025. Es decir, más de la mitad de todas las llegadas registradas en las tres últimas décadas se concentraron en apenas cinco años. (Europa Press)

Por tanto, cuando en Canarias se dice que “mañana podría tocarnos”, convendría recordar que Canarias lleva años soportando una presión migratoria extraordinaria.

No se trata de una posibilidad futura.

Es una realidad que las islas conocen desde hace décadas.

Ceuta y Canarias son dos caras del mismo problema

Lo ocurrido en Ceuta ha sido extraordinariamente grave.

El 30 de julio se produjo una entrada masiva desde Marruecos que las autoridades y medios internacionales han cifrado en más de 70.000 personas, aunque la cifra exacta ha sido objeto de diferentes estimaciones. Miles permanecen todavía en la ciudad y la situación ha provocado una fuerte tensión social. España ha tenido que solicitar incluso la colaboración de Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la Unión Europea para acelerar la identificación y clasificación de las personas que permanecen allí. (Reuters)

En Ceuta se han producido además protestas de ciudadanos que reclaman soluciones y el desalojo de los asentamientos improvisados. La tensión llegó a episodios violentos, incluida la quema de un asentamiento. (El País)

Por eso nadie debería minimizar lo que está viviendo Ceuta.

Pero tampoco deberíamos caer en el error de pensar que la inmigración ilegal es un problema exclusivamente ceutí.

Es un problema español.

Y es también un problema europeo.

Y en España, Canarias ha soportado durante años una presión especialmente intensa.

¿Por qué parece que solo nos acordamos de Canarias cuando llegan pateras?

Esta es la pregunta que deberíamos hacernos en Lanzarote.

Cuando miles de personas aparecen de repente en Ceuta, toda España descubre la gravedad de una frontera sometida a una presión migratoria extraordinaria.

Pero cuando las pateras, las zodiacs , los cayucos  y los barcos  de pesca robados llegan a Canarias, más las pateras aviones, muchas veces el asunto desaparece de los titulares nacionales después de unos días.

Y mientras tanto, las islas tienen que afrontar las consecuencias.

Llegan inmigrantes que necesitan atención sanitaria, alimentación, alojamiento, asistencia jurídica y protección.

Y existe además el problema particularmente delicado de los MENAS, menores extranjeros no acompañados, cuya atención recae en gran medida sobre las comunidades autónomas.

Canarias ha tenido que asumir durante años una responsabilidad que, por su magnitud, difícilmente puede considerarse exclusivamente canaria.

El problema no termina cuando una persona llega a España

Aquí existe otro aspecto que conviene discutir con serenidad.

Una política migratoria no puede limitarse a rescatar o atender a quienes llegan después de haber conseguido atravesar una frontera.

También debe existir una política eficaz de control fronterizo, identificación, devolución cuando legalmente corresponda y lucha contra las redes que organizan el tráfico de personas.

En el caso de Ceuta, el Gobierno español está intentando ahora acelerar precisamente ese proceso con ayuda europea. Se ha solicitado la incorporación de agentes adicionales de Frontex y apoyo de Europol y de la Agencia de Asilo de la UE. (ElHuffPost)

Pero la pregunta que debemos hacernos es muy sencilla:

¿Por qué no hemos tenido durante todos estos años una respuesta europea de una dimensión semejante para Canarias?

Canarias también es frontera exterior de España.

Y, por tanto, también es frontera exterior de la Unión Europea.

Apoyar a Ceuta no significa olvidarse de Canarias

Los lanzaroteños que acudan el 2 de septiembre a apoyar a Ceuta deberían poder hacerlo con toda legitimidad.

Ceuta es España.

Lo que ocurre allí nos afecta a todos.

Pero precisamente por eso sería perfectamente razonable que desde Lanzarote se lanzara también otro mensaje:

Canarias también necesita apoyo.

No tiene sentido enfrentar a Ceuta con Canarias, como tampoco tendría sentido enfrentar a Canarias con Ceuta.

Ambas son territorios españoles que se encuentran en primera línea de las fronteras exteriores de la Unión Europea.

Y ambos necesitan que el Estado y Europa les proporcionen medios suficientes para controlar sus fronteras y gestionar adecuadamente la inmigración.

Canarias no quiere privilegios; quiere que no se olvide su realidad

Canarias no está pidiendo un trato especial.

Está pidiendo que se reconozca una realidad que lleva décadas padeciendo.

Porque cuando se acumulan decenas de miles de llegadas en pocos años, el problema deja de ser exclusivamente humanitario.

También afecta a la seguridad, los servicios públicos, la vivienda, la sanidad, la educación, los servicios sociales y la capacidad de acogida.

Y afecta especialmente a unas islas que, por su propia condición geográfica, tienen unas posibilidades limitadas para absorber indefinidamente una presión migratoria de semejante magnitud.

Por eso resulta extraño escuchar:

“Mañana podría tocarle a Canarias”.

La respuesta desde Canarias debería ser:

“No hace falta esperar a mañana. A Canarias ya le ha tocado.”

Y hay que hablar también de Marruecos

La cuestión no puede analizarse únicamente desde el lado español.

Marruecos es un elemento fundamental en cualquier solución.

Lo ocurrido en Ceuta demuestra hasta qué punto el control de la frontera marroquí puede tener consecuencias inmediatas sobre España.

España necesita cooperación con Marruecos, pero esa cooperación debe traducirse en resultados concretos: control efectivo de las fronteras, lucha contra las mafias que trafican con personas y cumplimiento de los acuerdos de readmisión cuando sean aplicables.

Y, al mismo tiempo, España debe mantener una posición clara respecto a Ceuta y Melilla.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha asegurado recientemente que la soberanía de ambas ciudades no es objeto de negociación con Marruecos.

Esa posición debería quedar completamente clara.

La solidaridad debe ser para todos

El 2 de septiembre se podrá decir:

“Ceuta no está sola”.

Estoy de acuerdo.

Pero desde Canarias deberíamos añadir:

“Canarias tampoco”.

Porque los españoles de Ceuta no son más españoles que los canarios.

Ni los canarios somos más españoles que los ceutíes.

Somos ciudadanos de un mismo país y vivimos en territorios que, además, forman parte de la frontera exterior de la Unión Europea.

Por eso, si la concentración del 2 de septiembre pretende ser realmente un acto de solidaridad nacional, debería servir para algo más que para recordar la tragedia de Ceuta.

Debería servir para recordar que España tiene un problema migratorio que afecta a todo el territorio nacional y que Canarias lleva soportando una parte especialmente importante de ese problema desde hace más de treinta años.

Ceuta necesita ayuda.

Canarias también.

Ceuta necesita seguridad.

Canarias también.

Ceuta necesita que España y Europa no la abandonen.

Canarias tampoco puede ser abandonada.

Y quizá el mensaje que deberíamos llevar desde Lanzarote a la concentración del 2 de septiembre sea precisamente este:

“Apoyo a Ceuta. Pero no olvidemos que Canarias lleva más de treinta años en primera línea.”

Porque la inmigración ilegal no solo está perjudicando a Ceuta: está afectando a toda España, y especialmente a Canarias.

 

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