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viernes, 28 de agosto de 2026

Ceuta arde y el Gobierno español no logra apagar el fuego inmigratorio

 


Ceuta arde y el Gobierno español no logra apagar el fuego inmigratorio

Por Bruno Perera

Ceuta vuelve a encontrarse en una situación que debería preocupar seriamente a todo el Gobierno español. Lo que comenzó como una crisis migratoria amenaza con convertirse en un problema de seguridad, de convivencia y, si no se actúa con rapidez, incluso en una fuente de grave enfrentamiento diplomático entre España y Marruecos.

La pregunta que muchos españoles nos hacemos es sencilla: ¿cómo es posible que decenas de miles de personas puedan desplazarse hacia una frontera tan concreta sin que las autoridades del país de origen sepan lo que está ocurriendo?

Según las cifras manejadas por las autoridades españolas, alrededor de 72.000 personas se dirigieron hacia Ceuta durante la crisis. No estamos hablando de unos cientos de personas que cruzan clandestinamente una frontera. Estamos hablando de una movilización humana de una magnitud extraordinaria.

Es muy difícil imaginar que semejante concentración de personas mientras se dirigían hacia Ceuta pudiera pasar completamente desapercibida para el Estado marroquí.

Marruecos dispone de fuerzas de seguridad, policía, servicios de inteligencia y controles fronterizos precisamente en la zona próxima a Ceuta. Por ello, resulta legítimo preguntarse si las autoridades marroquíes fueron incapaces de controlar la situación o si, por el contrario, permitieron deliberadamente que esa presión migratoria llegara hasta la frontera española y entrara como una invasión en Ceuta.

No afirmo que exista una orden directa del Gobierno marroquí para provocar lo sucedido, porque una acusación de esa naturaleza necesitaría pruebas. Pero sí considero que la magnitud de los acontecimientos justifica una investigación seria sobre el comportamiento de las autoridades marroquíes.

¿Una crisis migratoria o una forma de presión política?

Marruecos sabe perfectamente que Ceuta y Melilla constituyen uno de los puntos más sensibles de las relaciones entre ambos países.

También sabe que una presión migratoria masiva puede producir enormes dificultades a España sin necesidad de disparar un solo tiro.

Y eso es precisamente lo preocupante.

Una frontera sometida permanentemente a una presión extraordinaria puede acabar produciendo enfrentamientos entre inmigrantes, fuerzas de seguridad y población local. Si además se producen agresiones contra militares o policías, incendios, disturbios o enfrentamientos entre grupos de población, el problema deja de ser exclusivamente migratorio y pasa a convertirse en un problema de seguridad nacional.

El peligro no consiste necesariamente en que Marruecos vaya a lanzar mañana una invasión militar contra Ceuta o Melilla.

Existe un escenario mucho más complejo y posiblemente más eficaz:

presión migratoria, saturación de las ciudades, conflictos sociales, enfrentamientos, tensión política y, finalmente, una crisis diplomática entre España y Marruecos.

Una situación así podría deteriorarse rápidamente a partir de un solo incidente grave.

El precedente de la Marcha Verde

La historia demuestra que Marruecos ha utilizado en el pasado las movilizaciones civiles como instrumento político.

En 1975, el rey Hassan II organizó la denominada Marcha Verde, mediante la cual decenas de miles de civiles marroquíes fueron movilizados hacia el entonces Sáhara español.

No fue una invasión militar convencional. Fue una gigantesca operación política destinada a crear una situación sobre el terreno que obligara a España a reaccionar.

Por eso resulta comprensible que algunos observadores vean con preocupación cualquier movilización masiva de población hacia Ceuta o Melilla.

No significa que estemos ante una nueva Marcha Verde. Son circunstancias históricas completamente diferentes.

Pero sí demuestra que las movilizaciones civiles pueden utilizarse como instrumentos de presión territorial y política.

Y, precisamente por ello, España debería analizar cuidadosamente lo ocurrido en Ceuta y preguntarse si estamos ante una crisis espontánea o ante una situación que alguien está aprovechando políticamente.

¿Desde cuándo pertenecen Ceuta y Melilla a España?

Existe otro argumento que aparece periódicamente en el debate: la afirmación de que Ceuta y Melilla deberían pertenecer a Marruecos porque se encuentran geográficamente en África.

Pero la geografía no determina por sí sola la soberanía política.

Ceuta forma parte de la Corona portuguesa desde 1415, y posteriormente quedó vinculada a la Corona española. Melilla fue incorporada a la Corona de Castilla en 1497.

Es decir, la presencia española en estas ciudades tiene más de 5 siglos de historia.

Por eso, si alguien sostiene que España debería entregar Ceuta y Melilla a Marruecos simplemente porque están situadas en territorio africano, habría que hacerse una pregunta mucho más amplia:

¿Deberíamos empezar a modificar las fronteras de todo el planeta en función de quién habitaba un territorio muchos siglos atrás?

Porque si aplicamos ese criterio de manera universal, las consecuencias serían extraordinarias.

¿Dónde terminaría entonces la reclamación territorial?

Si España tuviera que entregar Ceuta y Melilla a Marruecos porque se encuentran geográficamente en África, podríamos aplicar el mismo razonamiento a innumerables territorios del mundo.

Turquía, por ejemplo, controla actualmente una parte de su territorio situada en Europa. ¿Debería entregar esa parte a los países europeos porque geográficamente pertenece al continente europeo?

Y si el argumento fuese que los territorios deben pertenecer a los pueblos que los habitaban antes de la llegada de los europeos, entonces habría que plantearse cuestiones todavía más difíciles.

¿Deberían Estados Unidos, Canadá dejar de existir como Estados y convertirse en territorios gobernados exclusivamente por los pueblos indígenas?

¿Debería Australia convertirse en una república aborigen y abandonar los descendientes de los colonos europeos el país?

¿Debería Nueva Zelanda aplicar exactamente el mismo criterio?

¿Y qué hacemos con prácticamente todos los países de América?

La historia mundial está llena de conquistas, migraciones, colonizaciones, desplazamientos de población, matrimonios, guerras y cambios de soberanía.

No existe prácticamente ningún Estado moderno cuya frontera pueda explicarse exclusivamente por quién vivía allí hace dos mil años.

Por eso resulta peligroso utilizar selectivamente la historia para justificar unas reivindicaciones territoriales mientras se ignora la historia cuando no resulta conveniente.

¿Y qué ocurre con Canarias?

Este mismo razonamiento nos lleva a otro asunto que afecta directamente a España: Canarias.

En ocasiones se ha utilizado la antigüedad de los contactos entre el norte de África y las islas para argumentar que Canarias tendría una vinculación territorial con Marruecos.

Es cierto que existen referencias antiguas a las islas y que las expediciones relacionadas con Juba II, rey de Mauritania Tingitana, constituyen uno de los episodios más conocidos de la historia antigua de Canarias.

Pero una visita, expedición o conocimiento geográfico de unas islas no equivale a demostrar soberanía territorial sobre ellas.

Y mucho menos puede utilizarse una expedición realizada hace aproximadamente dos mil años para establecer una reclamación territorial moderna.

Los primeros pobladores de Canarias fueron pueblos de origen norteafricano, y existe una evidente relación cultural y genética entre los antiguos habitantes de las islas y poblaciones del noroeste africano. Pero de ahí no se deriva que las Canarias sean territorio marroquí.

Si aceptáramos semejante principio, tendríamos que reconstruir las fronteras del mundo entero utilizando acontecimientos ocurridos hace dos mil años.

Además, la historia política del actual Marruecos tampoco puede proyectarse retrospectivamente como si el Estado marroquí contemporáneo hubiera existido con las mismas fronteras, instituciones y soberanía desde la Antigüedad.

La antigua Mauritania Tingitana era una entidad política de la Antigüedad con un territorio y unas estructuras completamente diferentes de las del Marruecos actual. Posteriormente, el norte de África experimentó profundas transformaciones políticas, religiosas y culturales, incluidas la conquista árabe y la formación sucesiva de diferentes Estados y dinastías.

Por tanto, tampoco sería históricamente correcto afirmar simplemente que porque algunos antiguos habitantes de Canarias procedían del norte de África, Canarias pertenece actualmente a Marruecos.

Las fronteras no pueden cambiar cada vez que cambia la interpretación de la historia

Este es, en mi opinión, el punto fundamental.

Las fronteras internacionales modernas se basan en tratados, acontecimientos históricos, reconocimiento internacional y en el principio de integridad territorial de los Estados.

Si cada país comenzara a reclamar territorios basándose en quién estuvo allí hace quinientos, mil o dos mil años, el mundo entraría en una situación imposible.

España podría reclamar territorios europeos que alguna vez estuvieron bajo dominio español.

Italia podría reconstruir el Imperio romano.

Grecia podría reclamar territorios del mundo helénico.

Turquía podría reivindicar territorios del antiguo Imperio otomano.

Rusia podría justificar nuevas fronteras utilizando antiguos territorios del Imperio ruso.

Y prácticamente todos los países tendrían argumentos históricos para reclamar territorios de sus vecinos.

La historia sirve para comprender el presente, no para convertir cada guerra y cada conquista de hace siglos en una factura territorial pendiente de cobro.

España debe actuar antes de que sea demasiado tarde

Ceuta no necesita discursos. Necesita seguridad, control fronterizo y una política clara.

España debe mantener relaciones diplomáticas con Marruecos y cooperar en todo aquello que beneficie a ambos países. Marruecos es un vecino importante y la cooperación entre ambos Estados resulta imprescindible.

Pero cooperación no significa aceptar presiones.

Si Marruecos quiere defender sus posiciones sobre Ceuta y Melilla, tiene todo el derecho a hacerlo por vías diplomáticas. España, por su parte, tiene exactamente el mismo derecho a defender la soberanía que ejerce sobre ambas ciudades.

Lo que España no puede permitirse es que una presión migratoria de decenas de miles de personas termine provocando una situación de caos en Ceuta.

Porque cuando una ciudad empieza a arder, el problema deja de ser exclusivamente migratorio.

Se convierte en un problema político.

Y cuando el problema político afecta a dos países que comparten una frontera extremadamente sensible, cualquier incidente puede adquirir una dimensión mucho mayor de la que inicialmente se esperaba.

Por eso el Gobierno español debería actuar inmediatamente, exigir explicaciones a Marruecos, reforzar la frontera, proteger a las fuerzas de seguridad y establecer una política migratoria capaz de impedir que las fronteras españolas se conviertan en instrumentos de presión política.

España debe buscar el diálogo con Marruecos.

Pero también debe dejar algo absolutamente claro:

la amistad entre dos países no puede construirse sobre la amenaza, la presión migratoria o la incertidumbre sobre la soberanía territorial.

Ceuta y Melilla no son simplemente dos ciudades situadas en África.

Son ciudades españolas con siglos de historia.

Y si algún día se pretende modificar su soberanía, esa decisión no puede venir impuesta por una avalancha humana en una frontera, por una presión diplomática o por una reinterpretación interesada de la historia.

Debe decidirse por los procedimientos políticos y jurídicos que corresponden a los Estados modernos.

Porque si permitimos que las fronteras cambien cada vez que alguien consigue ejercer suficiente presión sobre ellas, no estaremos resolviendo un conflicto: estaremos abriendo la puerta a muchos más.

Manifestación en apoyo a Ceuta. 2 de septiembre a las 19 horas frente al Ayuntamiento de Arrecife. No dejes de acudir. Hoy es Ceuta y desde hace unos 30 años hemos sido nosotros en Canarias quienes hemos padecido la inmigración como una invasión.

brunopereragarcia5@gmail.com

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