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lunes, 29 de diciembre de 2025

El porqué los humanos y los animales nutren, cuidan y protegen a sus crías

 


El porqué los humanos y los animales nutren, cuidan y protegen a sus crías

Por Bruno Perera

En el vasto reino animal y en los humanos, una de las conductas más universales es el cuidado de la descendencia. Desde los mamíferos hasta las aves, pasando por reptiles, peces y la propia especie humana, padres y madres muestran un instinto inquebrantable de nutrir, proteger y guiar a sus crías. ¿Qué nos hace actuar así, incluso en situaciones de peligro? La respuesta reside en una compleja interacción entre química cerebral, hormonas y evolución biológica.

La química del cuidado

En el núcleo de esta conducta se encuentran varias sustancias químicas que el cerebro produce para fomentar el apego, la protección y la atención hacia la descendencia.

Oxitocina: la hormona del apego

La oxitocina, liberada durante el parto y la lactancia, fortalece el vínculo entre padres e hijos. Esta hormona no solo hace que la interacción sea placentera, sino que también aumenta la sensibilidad de los adultos ante señales de alarma de las crías, como el llanto o el miedo. Por ello, se la conoce como la “hormona del amor y el apego”. Este mismo mecanismo se observa en los padres humanos, que sienten una conexión profunda con sus hijos desde los primeros momentos de vida.

Dopamina: la recompensa de cuidar

Junto a la oxitocina, otra sustancia clave es la dopamina, relacionada con la recompensa y el placer. Cuidar a una cría activa los circuitos de recompensa del cerebro, haciendo que la protección, la alimentación y la atención se perciban como experiencias gratificantes. Este efecto también se observa en los humanos, donde el cuidado de los hijos genera satisfacción y refuerza el comportamiento parental.

Vasopresina y prolactina: vigilancia y cuidado

La vasopresina, especialmente presente en machos de varias especies, está vinculada con la defensa del territorio y la agresión protectora ante amenazas. La prolactina, por su parte, estimula conductas parentales, no solo en madres, sino también en padres que participan activamente en el cuidado de la descendencia.

Cortisol: alerta ante peligros

El cortisol, hormona asociada al estrés, aumenta la vigilancia y la rapidez de reacción ante posibles peligros, asegurando que las crías reciban protección inmediata cuando lo necesitan. Esta alerta temprana se manifiesta tanto en animales como en humanos.

La evolución como guía del instinto

Detrás de estas sustancias químicas, la evolución ha reforzado las conductas de cuidado. Las crías que fueron protegidas sobrevivieron, mientras que aquellas que no recibieron atención tuvieron menos posibilidades de llegar a la adultez. Con el tiempo, los cerebros de muchas especies evolucionaron para favorecer la protección de la descendencia, asegurando la continuidad de la especie.

Ejemplos en el reino animal

1.    Leones: Las leonas protegen ferozmente a sus cachorros frente a intrusos, incluso poniendo en riesgo su propia vida.

2.    Aves: Muchas especies construyen nidos seguros y alimentan a sus polluelos durante semanas, a pesar de ser vulnerables a depredadores.

3.    Humanos: Los padres muestran un amplio espectro de cuidado, desde la alimentación y la enseñanza hasta la protección emocional, impulsados por la misma química y los mismos instintos que en otras especies.

Conclusión

Nutrir, cuidar y proteger a las crías va más allá de un simple acto de amor; es un comportamiento biológico esencial, que está profundamente influenciado por la química de nuestro cerebro y por la selección natural. Hormonas como la oxitocina, dopamina, vasopresina, prolactina y cortisol trabajan juntas para asegurar que los padres actúen en beneficio de la supervivencia de sus hijos. Estos mecanismos biológicos no solo permiten que la vida continúe, sino que garantizan la perpetuación de las especies, recordándonos que el cuidado de la descendencia es más un instinto biológico que un acto de amor, ya sea humano o animal.

 


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