La esclavitud comenzó a existir después de que los homínidos pasaron a ser
humanos
Por Bruno
Perera.
La esclavitud,
esa mancha que acompaña a la humanidad desde sus albores, nació en el momento
en que el ser humano dejó de ver al otro como igual y lo convirtió en
herramienta, moneda o mercancía.
Desde que los
primeros homínidos dieron paso al Homo sapiens, la lucha por el poder,
el control y la supervivencia se transformó también en dominio sobre los demás.
En líneas
generales, sin entrar en cada detalle histórico, se sabe que la esclavitud
existió hace más de 5.000 años antes de Cristo en regiones como Asia,
Oriente Medio, África y América precolombina.
En la antigua
Mesopotamia, Egipto, Grecia o Persia, las guerras, las deudas o los castigos
convertían a miles de personas en propiedad de otros. Luego, el Imperio Romano
perfeccionó ese sistema, extendiéndolo por toda Europa y el norte de África,
donde los esclavos eran tan comunes como los soldados o los comerciantes.
Con la Edad
Media, la esclavitud no desapareció: simplemente cambió de rostro. Se
practicó en el mundo islámico, en África, y más tarde en los reinos europeos.
Pero el golpe más devastador llegó a partir del siglo XVI, cuando
potencias europeas —España, Portugal, Inglaterra, Francia y Holanda— iniciaron
el comercio transatlántico de esclavos. Entre los siglos XVI y XIX,
más de 12 millones de africanos fueron capturados, vendidos y enviados
al Caribe y a los continentes americanos. La mayoría eran hombres, mujeres y
niños de raza negra arrancados de sus hogares para servir como mano de obra
gratuita en plantaciones de azúcar, algodón o tabaco. (En los apresamientos
de esclavos en África participaron negros esclavistas nativos y blancos esclavistas
europeos).
La religión
cristiana, que debía predicar amor y compasión, no fue ajena a esa barbarie.
Durante siglos, sectores de la Iglesia justificaron la esclavitud con
interpretaciones bíblicas que colocaban a las personas negras como “siervos
naturales”, amparando así una tragedia humana que duró generaciones.
No obstante,
la esclavitud no fue exclusiva de una raza. A lo largo de la historia, también
fueron esclavizados pueblos cobrizos, blancos y asiáticos. Las guerras
entre imperios, los saqueos tribales y la codicia sin freno fueron siempre el
mismo patrón, solo cambiaban los nombres y los colores de la piel.
Mauritania y la esclavitud que nunca terminó. Aunque muchos creen que la esclavitud es un capítulo cerrado, en realidad persistió
legalmente hasta hace muy poco. En Mauritania, por ejemplo, no
fue abolida oficialmente hasta 1981, y solo se convirtió en delito penal en
2007. Sin embargo, informes de la ONU y organizaciones humanitarias confirman
que aún existen casos de servidumbre hereditaria, donde familias enteras
nacen y mueren bajo el control de otras.
La nueva esclavitud: la migración forzada. Hoy vivimos otra forma de esclavitud más silenciosa: la migración
forzada. Millones de africanos, engañados por mafias o empujados por la
pobreza extrema, venden todo lo que tienen para pagar un viaje que promete
libertad, pero que suele acabar en tragedia. Muchos mueren en el desierto del
Sáhara o en el Atlántico rumbo a Canarias; otros son explotados laboralmente
por salarios miserables.
Esta
“esclavitud moderna” ya no se impone con cadenas, sino con engaños, deudas y
dependencia económica. El migrante que sobrevive al viaje suele descubrir
que su libertad no ha llegado: deberá trabajar años en condiciones precarias,
con miedo a ser expulsado, y apenas podrá ahorrar para una vejez casi digna. Su
libertad, cuando llega, suele ser tardía y amarga.
Reflexión final
La esclavitud
no desapareció: solo se transformó. Mientras haya seres humanos capaces de
enriquecerse con el sufrimiento ajeno, seguirá habiendo esclavos, aunque se les
llame “inmigrantes ilegales”, o “trabajadores irregulares” o “sirvientes”.
El progreso
real de una sociedad no se mide por sus tecnologías o sus PIB, sino por su
capacidad de respetar la dignidad humana. Y en ese sentido, aún tenemos una
deuda pendiente con la historia.
Datos y fuentes
Comercio
transatlántico de esclavos: estimado entre 12 y 15
millones de africanos deportados (fuente: UNESCO Slave Route Project, Trans-Atlantic
Slave Trade Database).
Abolición
legal en Mauritania: 1981 (decreto oficial), tipificación penal en
2007 (Amnesty International, BBC News Africa).
Esclavitud
antigua: pruebas arqueológicas y registros escritos datan
su existencia en Mesopotamia (hacia 3.500 a.C.), Egipto (2.500 a.C.) y China
(2.000 a.C.) (Encyclopaedia Britannica).
Esclavitud
moderna: más de 50 millones de personas viven en
condiciones de trabajo forzoso o servidumbre (según International Labour
Organization, 2022).
Migración
africana actual: más de 90.000 personas intentaron llegar a
Europa por mar en 2023; miles murieron en el intento (OIM – Organización
Internacional para las Migraciones).
Nota: Este
artículo no busca fomentar la inmigración ilegal, sino invitar a abrir los ojos
ante una realidad que muchos prefieren ignorar. Detrás del falso discurso de algunos políticos, algunas oenegés y algunos empresarios “el amparo a la inmigración ilegal” se esconde
otra verdad: mirar hacia otro lado no elimina la esclavitud inmigratoria, la
empeora.
La verdadera solución no está en seguir superpoblando Canarias ni Europa, sino
en cerrar fronteras a la inmigración ilegal y atacar
las causas del problema en África, América Latina y Asia, donde
millones de personas se ven obligadas a huir por falta de oportunidades y
esperanza.

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