El Cosmo-Poder que emergió de la Nada Cuántica y creó el Todo
Por Bruno
Perera.
La humanidad
lleva milenios intentando descifrar el origen del universo, la vida y la
conciencia. En ese esfuerzo aparecen mitos, religiones y doctrinas que han
intentado dar respuesta a lo desconocido. No obstante, más allá de los nombres
y símbolos que cada cultura ha inventado, existe una idea que supera cualquier
representación humana: la del Cosmo-Poder, una fuerza anterior a las
religiones, anterior incluso al tiempo, que emergió —como afirma parte de la
física contemporánea— del misterio profundo de la Nada Cuántica, allí
donde fluctúan partículas, energía y posibilidades.
Ese
Cosmo-Poder, origen del TODO, no necesita templos, sinagogas, mezquitas,
iglesias ni plegarias. Porque, si fue quien generó el Todo, todo le
pertenece ya. No requiere alabanzas porque no necesita reconocimiento
humano; no exige obediencia porque ya estableció las leyes inviolables del
cosmos: la gravedad, la entropía, la evolución, el equilibrio ecológico, la
vida y la muerte.
Las
religiones, en cambio, nacieron de la necesidad humana de comprender lo
incomprensible. Cada una moldeó a su propio dios a imagen y semejanza de sus
temores, de su cultura y de sus aspiraciones. Pero esos dioses —con sus
mandamientos, prohibiciones, sacerdocios y jerarquías— no surgieron del
Cosmo-Poder, sino de la imaginación humana que buscaba respuestas simples a un
universo complejo.
En lugar de
unir, las religiones han competido entre sí proclamando que su dios es el
verdadero y que los otros son falsos. Durante siglos, esta pugna ha provocado
guerras, persecuciones, pobreza y división humana. La historia humana está
marcada por conflictos en nombre de figuras divinas que, en realidad, son
construcciones culturales al servicio de quienes las predican y administran.
El
Cosmo-Poder, ese origen absoluto anterior a cualquier dogma, no necesita
intermediarios. No premia ni castiga. Simplemente sostiene el universo mediante
leyes naturales que todos podemos comprender a través de la observación, la
ciencia y el pensamiento crítico. Nos pide algo más sencillo y profundo que cualquier
religión: no destruir el equilibrio de aquello que creó.
El ser humano
debería mirar menos hacia los cielos inventados por los profetas y mesías, y
más hacia el cosmos real que late sobre nuestras cabezas: un universo que no
exige rezos, sino responsabilidad; que no quiere sacrificios, sino respeto; que
no promete un paraíso, sino que nos entrega un mundo real que debemos cuidar.
Quizá, cuando
comprendamos esto, dejaremos de buscar al Cosmo-Poder en los libros religiosos
y empezaremos a verlo en la estructura misma del universo. Y también
entenderemos que no somos esclavos de nada ni de nadie “Supremo Universal”,
sino seres afortunados: nos tocó el gran premio de la lotería de la vida. A
algunos les cayó el gordo, a otros un décimo, y a otros solo el reintegro… pero
todos, de una forma u otra, ganamos la oportunidad de existir y de morir en
paz eterna donde nadie ni nada te despertará jamás.
…………………………
Fuentes consultadas
Física y cosmología
Lawrence
Krauss — A Universe from Nothing: Why There is Something Rather than Nothing
(2012).
Stephen
Hawking & Leonard Mlodinow — The Grand Design (2010).
Max Tegmark — Our
Mathematical Universe (2014).
Carlo Rovelli
— Reality Is Not What It Seems (2016).
Alexander
Vilenkin — Many Worlds in One (2006).
Filosofía de la religión
Karen
Armstrong — A History of God (1993).
Yuval Noah
Harari — Sapiens: A Brief History of Humankind (2011) — capítulos sobre
mitos y religiones como construcciones socioculturales.
Richard
Dawkins — The God Delusion (2006).
Baruch Spinoza
— Ética demostrada según el orden geométrico (1677) — idea del
Dios-Naturaleza.
Crítica histórica y sociológica de la religión
Christopher
Hitchens — God Is Not Great (2007).
Mircea Eliade
— The Sacred and the Profane (1957).
Joseph
Campbell — The Hero with a Thousand Faces (1949) — mitos como reflejos
humanos.

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