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sábado, 19 de septiembre de 2026

Marruecos está en guerra híbrida contra España, Argelia y el Sáhara Occidental

 


Marruecos está en guerra híbrida contra España, Argelia y el Sáhara Occidental

Por Bruno Perera

Hay guerras que comienzan con soldados, tanques, aviones, misiles, etc;  y hay otras que se libran utilizando instrumentos mucho más difíciles de identificar: presión diplomática, inmigración ilegal, desinformación, conflictos territoriales, presión económica, reivindicaciones históricas e invadiendo las fronteras anteponiendo a  sus ciudadanos enviados como carne de cañón y  como instrumento político.

A este último tipo antihumano de enfrentamiento se le denomina guerra híbrida, que es el que más usa Marruecos porque es un desgobierno al cual poco le importa sus ciudadanos, sobre todo los pobres.

La Unión Europea define las amenazas híbridas como actividades perjudiciales coordinadas que pueden combinar manipulación informativa, ciberataques, coerción económica, maniobras políticas, diplomacia coercitiva o incluso amenazas militares. (Consilium)

Y aquí aparece Marruecos.

Ceuta y Melilla, dos piezas fundamentales

Marruecos mantiene históricamente reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, dos ciudades españolas situadas en el norte de África y que, además, forman parte de la frontera exterior de la Unión Europea.

Pero la historia de ambas ciudades es bastante anterior al nacimiento del actual Reino de Marruecos.

Ceuta fue conquistada según la siguiente cronología simplificada:

Época

Poder que dominó Ceuta

Siglo VII a. C.

Fenicios

Antigüedad

Cartagineses

Desde el siglo I d. C.

Imperio romano

Siglo V

Vándalos

Siglo VI

Bizantinos

Siglo VI

Visigodos, aunque su dominio fue intermitente

Siglo VIII

Conquista musulmana

788

Emirato Idrisí

931

Califato de Córdoba, bajo Abderramán III

Siglo XI

Taifa de Málaga / poderes locales

1080s-1147

Almorávides

1147-1230s

Almohades

Siglo XIII

Hafsíes, azafíes y otros poderes locales

Siglo XIV

Nazaríes de Granada y benimerines, con cambios de dominio

1386

Benimerines recuperan Ceuta

1415

Portugal conquista Ceuta.

 Y después por Portugal en 1415, llegó la separación de las coronas portuguesa y española, los habitantes de Ceuta optaron por permanecer vinculados a España, situación que quedó reconocida en el Tratado de Lisboa de 1668. El propio Archivo Municipal de Ceuta sitúa en 1415 el comienzo de la presencia portuguesa y la documentación municipal de la ciudad recoge la posterior vinculación española. (Ceuta)

Melilla pasó a la Corona española en 1497, cuando las tropas dirigidas por Pedro de Estopiñán ocuparon la ciudad por encargo del duque de Medina Sidonia. La propia documentación histórica publicada por la Ciudad Autónoma sitúa ese acontecimiento en septiembre de 1497. (Melilla)

Por tanto, cuando se habla de Ceuta y Melilla conviene recordar una cuestión histórica fundamental: ambas ciudades tienen una vinculación con las coronas ibéricas que se remonta a unos 5 siglos antes de la independencia del Marruecos actual en 1956. Y si vamos a la conquista de Canarias por España podemos decir que se asemeja mucho a la de Ceuta y Melilla porque también fueron conquistadas a partir del 1497. Salvo que Lanzarote y Fuerteventura pertenecen a España desde el año 1476. -Conquista relacionada de estas dos islas mencionadas con los normandos Jean de Bethencourt y Gadife de la Salle, 1402-1410-.

Esto no significa que la historia del norte de África pueda reducirse a una sucesión de posesiones españolas o portuguesas. La región tiene una historia milenaria y extraordinariamente compleja. Pero tampoco resulta históricamente correcto presentar la actual configuración territorial como si el Reino de Marruecos hubiera existido con las mismas fronteras y estructura política durante la Antigüedad y la Edad Media.

Mucho antes de Marruecos existió la Mauretania Tingitana

Otro punto que merece aclaración es la referencia a la antigua Mauritania Tingitana.

En época romana, una parte importante del actual norte de Marruecos formó la provincia de Mauretania Tingitana, organizada por Roma en el año 42 d. C. La propia Ciudad Autónoma de Melilla recoge esta transformación administrativa romana. (Melilla)

Antes de la incorporación romana, existieron reinos mauritanos tingitanos gobernados por monarcas como Juba II, aliado de Roma. Pero Juba II no fue exactamente “rey de casi todo el norte de África”: gobernó el reino de Mauritania Tingitana como monarca cliente de Roma y su centro político estuvo en Caesarea, en la actual Argelia.

Es importante hacer esta precisión porque la historia gana fuerza cuando se cuenta con exactitud.

El Marruecos moderno no es la antigua Mauritania Tingitana.

Tampoco debemos confundir las antiguas entidades políticas norteafricanas con el Marruecos actual.

Durante la Edad Media surgieron sucesivamente grandes poderes como los almorávides, los almohades y los meriníes, y Marrakech llegó a convertirse en una de las grandes capitales políticas del Magreb.

Posteriormente se consolidó la dinastía alauita, que continúa reinando actualmente.

La familia de los Omeyas de Damasco heredera de la religión musulmana  mandó sus guerreros por todo el norte de África allá por los años 670 D.C., y llegaron a la antigua Mauritania Tingitana en el años 680 D.C., Los sirios-árabes con los bereberes habidos en la antigua Mauritania Tingitana que eran territorios fuera del ámbito del actual Marruecos conquistaron la península ibérica a partir del año 710-711 hasta llegar casi al río Ebro.

La Reconquista de la península ibérica terminó en 1492, con la conquista del Reino nazarí de Granada por los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

  • 2 de enero de 1492: Boabdil entregó las llaves de Granada a los Reyes Católicos.
  • 1492: desapareció el último Estado musulmán independiente de la península.
  • La conquista de Granada se había iniciado en 1482 y duró diez años.

 

La dinastía alauita se estableció en el poder de Marruecos durante el siglo XVII, pero conviene distinguir entre su llegada al poder y su verdadera consolidación:

  • 1631: los alauitas comenzaron a imponerse en la región de Tafilalt, al sureste de Marruecos, bajo Moulay Ali Cherif.
  • 1664-1666: su hijo Moulay al-Rashid extendió militarmente su autoridad. En 1666 tomó Fez y en 1669 Marrakech, convirtiéndose en el fundador efectivo de la dinastía alauita como poder sobre gran parte del presente Marruecos.
  • 1672-1727: con su hermano y sucesor Moulay Ismail, la dinastía se consolidó y centralizó mucho más. Ismail creó un poderoso ejército, sometió numerosos poderes locales y recuperó plazas como Tánger (1684) y Larache (1689).

Por tanto, la dinastía alauita se creó entre 1666 y finales del siglo XVII, con Moulay Ismail (1672-1727) como principal artífice de esa consolidación.

El propio Ministerio de Cultura español establece 1666 como comienzo de la dinastía alauita y señala que al-Rashid consiguió restaurar la unidad de casi todo Marruecos en unos cuatro años.

Un dato importante sobre Ceuta: cuando los alauitas llegaron al poder en 1666, Ceuta ya llevaba casi 200 años bajo dominio portugués, pues Portugal la había conquistado en 1415. Después pasó a la Corona española en 1668, tras la separación de Portugal.

El Reino de Marruecos contemporáneo es, sin embargo, un Estado moderno cuya independencia de los protectorados francés y español se produjo en 1956.

Por eso, cuando se utilizan argumentos históricos para defender reivindicaciones territoriales actuales, hay que tener cuidado: la existencia de antiguos reinos o imperios no determina automáticamente las fronteras de los Estados contemporáneos.

La inmigración como instrumento de presión

Aquí llegamos al aspecto más preocupante.

Marruecos controla una de las principales puertas de entrada terrestre de África, sobre todo de países subsaharianos, a la Unión Europea: las fronteras de Ceuta y Melilla.

Y ya existen precedentes en los que una crisis migratoria ha tenido una dimensión claramente política.

En mayo de 2021, por causa de haberle dado entrada al líder saharaui Brahim Gali que padecía COVID, Marruecos en represalia mandó a Ceuta alrededor de 8.000-10.000 personas; entraron en Ceuta en apenas dos  días, incluidos aproximadamente 1.500 menores no acompañados (MENAs). El Parlamento Europeo ya había denunciado entonces la utilización de la migración y de los menores como instrumento de presión política sobre un Estado miembro. (EPRS Website)

Pero lo ocurrido en julio de 2026 alcanzó una dimensión extraordinaria.

El 30 de julio se produjo una entrada masiva desde Marruecos hacia Ceuta. El Servicio de Estudios del Parlamento Europeo estimó inicialmente unos 80.000 cruces, en un contexto acompañado de una intensa oleada de desinformación en redes sociales, y señaló que el episodio puso de manifiesto las vulnerabilidades de una de las fronteras terrestres de la UE con África. (EPRS Website)

El Parlamento Europeo fue todavía más explícito en su resolución del 17 de septiembre de 2026: denunció la instrumentalización de la migración ilegal como “herramienta de guerra híbrida contra la integridad territorial de un Estado miembro” y pidió reforzar la protección de las fronteras exteriores de la Unión en Ceuta. (Parlamento Europeo)

Eso constituye un elemento documental que no puede ignorarse.

Pero hay que distinguir entre Marruecos y los ciudadanos marroquíes

Hay otra cuestión que considero fundamental.

Cuando se habla de una posible utilización política de la inmigración, no se debe convertir al ciudadano marroquí corriente en el enemigo.

El inmigrante que intenta cruzar una frontera puede estar huyendo de la pobreza, buscando trabajo o creyendo las informaciones que recibe por las redes sociales que le envía el Gobierno marroquí y otros gobiernos africanos, e incluso las mafias y oenegés proinmigración ilegal.

El Servicio de Estudios del Parlamento Europeo señaló precisamente que antes de los acontecimientos de julio de 2026 circularon por las redes sociales marroquíes informaciones falsas según las cuales las fronteras de Ceuta se habían abierto y quienes entraran podrían obtener fácilmente asilo o autorización para viajar a la España peninsular. (EPRS Website)

Si existe una utilización política de la migración, la responsabilidad política debe atribuirse a quienes diseñan, permiten o instrumentalizan esas estrategias, no automáticamente a las personas que terminan utilizándolas. (En este caso el culpable, como todos sabemos es el Reino alauita).

Argelia: el otro gran frente del conflicto

Marruecos no tiene solamente problemas con España.

Su enfrentamiento con Argelia constituye uno de los principales conflictos geopolíticos del Magreb y está estrechamente relacionado con el Sáhara Occidental.

Argelia rompió las relaciones diplomáticas con Marruecos en 2021, en medio de una escalada de tensiones. Posteriormente también restableció restricciones de visado para ciudadanos marroquíes. Reuters señaló que el conflicto bilateral está estrechamente relacionado con la cuestión del Sáhara Occidental y con el apoyo argelino al Frente Polisario, mientras Marruecos sostiene su reivindicación de soberanía sobre el territorio. (Reuters)

Es decir, el Magreb vive una confrontación geopolítica en la que Marruecos y Argelia mantienen posiciones profundamente enfrentadas.

Y en medio está el Sáhara Occidental

El tercer escenario es el Sáhara Occidental, cuya situación continúa sin una solución definitiva.

Las Naciones Unidas mantienen al territorio en su lista de Territorios No Autónomos desde 1963. (Naciones Unidas)

Marruecos defiende una solución basada en la autonomía bajo soberanía marroquí, apoyada por el vendepatria Pedro Sánchez, PSOE, actual presidente del Gobierno español. Mientras el Frente Polisario mantiene como principio fundamental el derecho de los saharauis a la autodeterminación.

La ONU continúa impulsando negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, con Argelia y Mauritania también implicadas en el proceso diplomático. (Naciones Unidas)

Por tanto, afirmar que existe un conflicto entre Marruecos, Argelia y el movimiento saharaui no es una cuestión imaginaria: existe una disputa geopolítica de décadas que continúa abierta y que tiene importantes consecuencias regionales.

¿Estamos ante una guerra híbrida?

Aquí debemos ser rigurosos.

No todas las actuaciones de Marruecos contra España, Argelia o el Frente Polisario pueden calificarse automáticamente de “guerra híbrida”. El término tiene un significado concreto en la política de seguridad.

Pero existen elementos que encajan dentro de ese concepto: utilización de la presión migratoria, desinformación, conflictos diplomáticos, presión económica, disputas territoriales y utilización política de cuestiones fronterizas.

Y en el caso concreto de Ceuta, ya no estamos hablando solamente de una interpretación periodística: el propio Parlamento Europeo ha utilizado expresamente el concepto de herramienta de guerra híbrida para describir la instrumentalización de la migración ilegal contra la integridad territorial de un Estado miembro. (Parlamento Europeo)

¿Debe España romper relaciones con Marruecos?

Aquí está mi propuesta política.

España y la Unión Europea deberían plantearse seriamente si la actual política de cooperación con Marruecos está produciendo los resultados que Europa necesita.

Mi posición es que España no debería aceptar que la inmigración ilegal, las fronteras o los menores sean utilizados como instrumentos de presión política.

Y, desde mi punto de vista, tampoco debería aceptar que la reivindicación sobre Ceuta y Melilla se convierta en una herramienta permanente de presión sobre España.

Por ello considero que España y la Unión Europea deberían estudiar incluso la posibilidad de suspender o romper las relaciones diplomáticas con Marruecos si Rabat continúa utilizando instrumentos de presión que afecten a la seguridad y a la integridad territorial española.

No se trata de declarar enemigo al pueblo marroquí.

Se trata de establecer una diferencia entre el pueblo marroquí y las decisiones de su Estado.

España puede mantener relaciones normales con los ciudadanos marroquíes, facilitar los intercambios culturales y económicos y respetar la dignidad de quienes viven a ambos lados del Estrecho, mientras exige al Gobierno de Marruecos el respeto a las fronteras y a las reglas internacionales.

Una frontera europea que no puede ser utilizada como moneda de cambio

Ceuta y Melilla no son solamente dos ciudades españolas.

Son también una cuestión europea.

La Comisión Europea acaba de conceder a España 114,7 millones de euros de ayuda de emergencia para afrontar la situación provocada por los cruces masivos de julio de 2026 y ha movilizado apoyo de Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la Unión Europea. (Representación en España)

Esto demuestra que la cuestión de Ceuta ya no puede contemplarse exclusivamente como un problema bilateral entre Madrid y Rabat.

Cuando se presiona una frontera exterior de España, se está presionando una frontera exterior de la Unión Europea.

Y cuando se utiliza la inmigración ilegal como instrumento de presión, quienes terminan pagando las consecuencias pueden ser los propios inmigrantes, los ciudadanos de Ceuta y Melilla, las fuerzas de seguridad españolas y las instituciones europeas.

La respuesta europea, por tanto, no debería consistir únicamente en enviar más dinero para apagar cada incendio político cuando se produce.

Debería consistir también en establecer unas líneas rojas claras.

Porque una cosa es tener un vecino difícil.

Y otra muy distinta es permitir que una frontera europea pueda convertirse periódicamente en una herramienta de presión política.

Ceuta y Melilla no son fichas de negociación.

El Sáhara Occidental tampoco.

Y los ciudadanos marroquíes que intentan alcanzar Europa tampoco deberían convertirse en carne de cañón de ningún conflicto geopolítico.

La historia del Mediterráneo demuestra que las fronteras pueden cambiar, los imperios desaparecer y los Estados transformarse.

Pero también demuestra que las decisiones territoriales que se toman mediante presión, amenazas o utilización de seres humanos como instrumentos políticos terminan dejando heridas que pueden durar generaciones.

Por eso, frente a cualquier estrategia de presión híbrida, España y Europa necesitan una política clara: cooperación cuando exista respeto mutuo; firmeza cuando se utilicen las fronteras como instrumento de presión; y defensa de Ceuta, Melilla y de los intereses europeos sin convertir al pueblo marroquí en enemigo.

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Mientras España cobija a los inmigrantes ilegales en el territorio nacional hay españoles abandonados durmiendo en la calle y sin alimentos

 



Mientras España cobija a los inmigrantes ilegales en el territorio nacional hay españoles abandonados durmiendo en la calle y sin alimentos

Por Bruno Perera

Hay una realidad española que merece ser explicada sin consignas ni medias verdades: mientras el Estado dispone de un sistema específico para atender a inmigrantes que llegan ilegalmente y se encuentran en situación de vulnerabilidad, adultos y MENAs, existen también españoles que viven en la calle, sin vivienda estable y dependiendo de los servicios sociales y de organizaciones caritativas para comer.

La pregunta que muchos ciudadanos nos hacemos es sencilla: ¿Cómo se organiza el dinero público para atender unas necesidades y otras?

El Estado español dispone de un Programa de Atención Humanitaria destinado a personas inmigrantes vulnerables que llegan a las costas españolas o acceden por Ceuta y Melilla. El programa contempla alojamiento, manutención, atención sanitaria básica, orientación social y jurídica, ayudas básicas y traslados. Se financia con los Presupuestos Generales del Estado. (Ministerio de Inclusión) (Un gasto que se aproxima a unos 70 euros por día por cada adulto y unos 150 euros al día por cada MENA).

Y el sistema tiene una dimensión considerable.

Según el Ministerio de Inclusión, durante 2025 fueron atendidas 124.170 personas en el Sistema de Acogida Estatal, que incluye tanto la atención humanitaria como la acogida de personas solicitantes y beneficiarias de protección internacional. El sistema contó con más de 56.000 plazas y durante ese año se trasladó a cerca de 20.500 personas desde Canarias a la Península. (Ministerio de Inclusión)

Además, los solicitantes y beneficiarios de protección internacional que carecen de recursos económicos pueden recibir alojamiento y cobertura de sus necesidades básicas mediante un itinerario de acogida que pretende conducir progresivamente hacia la autonomía. (Ministerio de Inclusión)

Pero aquí hay que hacer una precisión importante: no todos los inmigrantes que entran ilegalmente en España permanecen durante años alojados y mantenidos por el Estado. La permanencia depende de si son adultos o MENAs, de la situación administrativa, de los recursos disponibles y de los requisitos de cada programa.

Ahora bien, mientras existe este sistema específico de acogida, también existe otra realidad que no debería quedar escondida.

Españoles durmiendo en la calle

La última encuesta específica del Instituto Nacional de Estadística contabilizó en 2022 28.552 personas sin hogar atendidas en centros asistenciales de alojamiento y restauración. De ellas, 14.316 tenían nacionalidad española y 14.236 nacionalidad extranjera. (INE)

Y las cifras posteriores apuntan a que el problema no ha desaparecido.

Cáritas informó de que durante 2024 acompañó a 42.850 personas sin hogar, un 1,21% más que el año anterior. (Cáritas)

El informe FOESSA publicado en 2025 advierte, además, de que los datos sobre sinhogarismo siguen siendo incompletos y cita recuentos realizados en 27 ciudades españolas durante 2023. En esos recuentos se localizaron 6.144 personas sin hogar, de las cuales 1.971 estaban estrictamente en situación de calle. (Cáritas)

Por tanto, no estamos hablando de una imaginación ni de un problema inventado: hay españoles sin hogar y existen personas que necesitan ayuda para poder comer y sobrevivir.

¿Son incompatibles ambas ayudas?

No necesariamente.

Una sociedad puede decidir ayudar a una persona que llega al país en una situación de extrema vulnerabilidad y, al mismo tiempo, proteger a quien lleva toda su vida viviendo en España y ha terminado en la pobreza. Pero España no es ni debe ser la Madre Teresa del mundo y por ello deberíamos cerrar todos los centros de acogida de inmigrantes ilegales para así poder romper con la costumbre de que tan pronto llegues a España de forma ilegal pasas a estar protegido por unos años hasta que el Gobierno decida regularizar a los ilegales habidos, como ha hecho con los más de 700.000 inmigrantes ilegales que ya están casi todos legalizados.

El verdadero debate está en saber si los recursos públicos destinados a cada problema son suficientes y si las administraciones están dando una respuesta adecuada a todos los ciudadanos vulnerables.

Porque tampoco sería justo enfrentar a dos personas pobres entre sí: al inmigrante que duerme en un centro y al español que duerme en un banco.

El responsable de organizar los recursos públicos es la Administración.

La pregunta que debe responder España

Lo que los ciudadanos tienen derecho a conocer es cuánto dinero se dedica a la acogida de inmigrantes, cuánto tiempo permanecen en los diferentes programas, cuántas plazas existen, qué prestaciones reciben y cuánto se destina simultáneamente a combatir el sinhogarismo y la pobreza entre los españoles.

También sería necesario conocer cuántos españoles que solicitan ayuda para vivienda, alimentación o alojamiento quedan fuera de los recursos disponibles y por qué.

Porque una cosa es ayudar al que llega y otra muy distinta olvidarse del que ya estaba.

El pueblo español no debería aceptar como normal que un inmigrante ilegal recién llegado tenga acceso a una plaza de acogida mientras una persona, española lleve meses durmiendo en la calle porque no existe una vivienda social disponible.

La cuestión no debería plantearse como «inmigrantes contra españoles», sino como una exigencia a las administraciones:

si hay dinero público para proteger a quienes llegan en situación de vulnerabilidad, también debe haber una respuesta suficiente para quienes ya viven en España y han terminado en la calle, sin vivienda y sin recursos para alimentarse.

Una sociedad que quiera llamarse solidaria tiene que ser capaz de hacer ambas cosas.

Y si no existen recursos suficientes para atender a todos, entonces corresponde al Gobierno y a las administraciones explicar públicamente qué prioridades establecen, cuánto cuesta cada programa y por qué unas personas reciben determinadas prestaciones y otras no.

Ahí está el verdadero debate.

Porque ningún español que está antes, debería tener que dormir en la calle para demostrar que también necesita ayuda.

Final: Y ya que parió la vaca ahora también pare el toro con la nacionalización de posiblemente unos 150.000 saharauis. Parece ser que en España el dinero sobra para obras sociales destinadas a los de fuera.

 





¿Qué pasaría en Canarias si un día se acaba el turismo?

 


¿Qué pasaría en Canarias si un día se acaba el turismo?

Por Bruno Perera

Canarias vive mirando al mar, pero no solamente porque estamos rodeados de océano. También porque por ese mar llegan cada año millones de turistas que dejan en nuestras islas una parte importantísima de la riqueza que permite mantener nuestra economía.

Y aquí conviene hacerse una pregunta que quizá hoy resulte incómoda:

¿Qué pasaría en Canarias si un día el turismo dejara de existir o se redujera de forma drástica?

No estoy diciendo que vaya a suceder mañana, ni que el turismo vaya a desaparecer. Estoy planteando un ejercicio de imaginación para descubrir hasta qué punto dependemos de él.

Porque una economía que depende demasiado de una sola actividad puede parecer muy fuerte mientras esa actividad funciona... hasta que deja de funcionar.

El turismo no es solamente el hotel

Cuando hablamos de turismo pensamos inmediatamente en hoteles, apartamentos, playas, bares, discotecas y restaurantes.

Pero el turismo es muchísimo más.

Es el taxi que lleva al visitante desde el aeropuerto. Es el supermercado que vende alimentos al hotel. Es la lavandería que limpia miles de sábanas. Es la empresa que alquila coches. Es el trabajador que mantiene una piscina. Es el restaurante, la excursión, el barco, el comercio, la agencia de viajes, la empresa de seguridad, el constructor y una interminable cadena de pequeños negocios.

Por eso, si desapareciera una parte muy importante de los turistas, el golpe no se quedaría en los hoteles.

Se extendería por toda la economía canaria.

Primero llegaría el desempleo

Si los hoteles y complejos de apartamentos comenzaran a quedarse vacíos, necesitarían menos trabajadores.

Los restaurantes y bares tendrían menos clientes. Los taxis realizarían menos servicios. Las empresas de excursiones reducirían su actividad. Los comercios venderían menos.

Y entonces aparecería el efecto dominó.

Menos turistas significaría menos actividad.

Menos actividad significaría menos empleo.

Menos empleo significaría menos consumo.

Y menos consumo significaría menos ingresos para muchas empresas y también menor recaudación para las administraciones públicas.

Mientras tanto, aumentaría la necesidad de ayudas sociales.

¿Y de qué viviríamos?

Aquí está la verdadera pregunta.

Canarias tiene poca agricultura y poca pesca, y un sinfín de otras actividades que dependen sobre todo del turismo: construcción, comercio, industria, energías renovables, servicios profesionales, actividad portuaria y posibilidades en sectores tecnológicos.

Pero la cuestión no es si Canarias tiene otros sectores.

La cuestión es:

¿Son suficientemente grandes y productivos para sustituir una caída brutal del turismo?

Esa es una pregunta que deberíamos hacernos cuando las cosas marchan bien, no cuando llegue una crisis.

Porque preparar el futuro cuando llega el problema suele ser mucho más difícil que prepararlo cuando todavía tenemos tiempo.

Canarias tiene algo que muchos países desearían

Tenemos sol prácticamente todo el año.

Tenemos viento.

Tenemos mar.

Tenemos una posición geográfica extraordinaria entre Europa, África y América.

Tenemos puertos y aeropuertos.

Tenemos universidades y profesionales preparados.

Tenemos un clima que podría favorecer determinadas actividades científicas, tecnológicas y energéticas.

Y tenemos millones de personas que conocen las islas y mantienen relaciones económicas con ellas.

Por tanto, Canarias no está condenada a vivir exclusivamente del turismo.

Pero tampoco sería sensato pensar que podemos sustituirlo de la noche a la mañana.

El turismo puede cambiar antes de desaparecer

Además, quizá el peligro no sea que el turismo desaparezca.

Puede ocurrir algo diferente.

Que cambie.

Que determinados mercados dejen de venir.

Que aumenten los precios del transporte.

Que aparezcan otros destinos competidores.

Que cambien las preferencias de los viajeros.

Que las nuevas generaciones tengan otros hábitos.

Que determinadas circunstancias internacionales hagan más difícil viajar.

O que el propio modelo turístico tenga que transformarse.

Por eso, el verdadero desafío no consiste en luchar contra el turismo.

Consiste en no depender exclusivamente de él.

No esperemos a que el barco se hunda para construir otro

Por ejemplo: Mauritania tiene hierro, pesca, oro y otros recursos naturales. Pero algún día determinados yacimientos disminuirán y los recursos pesqueros pueden sufrir fuertes presiones.

Canarias tiene otra clase de recurso: su capacidad para atraer personas y vender servicios al exterior.

Pero tampoco es un recurso infinito ni está garantizado para siempre.

Por eso deberíamos utilizar los buenos años turísticos para construir una economía más diversificada.

Una economía donde el turismo siga siendo importante, pero donde también tengan un peso mayor la energía, la agricultura especializada, la industria, la reparación naval, la logística, la tecnología, la investigación, los servicios profesionales y otras actividades capaces de generar riqueza desde las islas.

Porque el problema no es tener una gallina que pone huevos de oro

El problema sería depender de ella para comer todos los días.

Mientras la gallina siga poniendo huevos, todos estaremos tranquilos.

Pero un buen día puede poner menos huevos.

Y entonces descubriremos si tenemos otra fuente de alimento.

Canarias no tiene que abandonar el turismo.

Tiene que aprovecharlo.

Mientras millones de turistas llegan a nuestras islas, deberíamos estar construyendo las actividades económicas que nos permitan vivir dignamente incluso si algún día llegan muchos menos.

Porque el futuro de Canarias no debería depender de que el avión siga llegando lleno.

Debería depender de que, además del turismo, seamos capaces de producir riqueza suficiente para mantenernos cuando las circunstancias cambien.

Y las circunstancias, tarde o temprano, siempre cambian.