Marruecos
le mete goles a España en inmigración ilegal tantas veces como quiere
Por Bruno Perera
Hay partidos de fútbol en los que un equipo marca
un gol y el contrario responde inmediatamente. Y hay otros en los que uno de
los equipos parece haber descubierto que su adversario no sabe defenderse.
En materia de inmigración ilegal, la relación
entre Marruecos y España lleva demasiados años pareciéndose a lo segundo.
Marruecos sabe perfectamente que Ceuta y Melilla
son dos de las fronteras exteriores de la Unión Europea y que cualquier presión
migratoria sobre ellas termina convirtiéndose en un problema político, económico
y humanitario para España y, finalmente, para toda Europa.
Ceuta: mayo de
2021
Uno de los episodios más conocidos ocurrió entre
el 17 y el 18 de mayo de 2021, cuando alrededor de 6.000 personas
entraron irregularmente en Ceuta en cuestión de horas, muchas de ellas a
nado o utilizando pequeñas embarcaciones y flotadores. Entre los llegados había
aproximadamente 1.500 menores. RTVE informó entonces de que al menos una
persona había muerto ahogada en aguas marroquíes. (RTVE.es)
Aquella crisis se produjo en un momento de enorme
tensión diplomática entre Madrid y Rabat. (Por el caso del político saharaui
que fue recibido en España con Covid)
Posteriormente, España intentó devolver a
Marruecos a algunos de los menores que habían quedado en Ceuta. En enero de
2024, sin embargo, el Tribunal Supremo confirmó que las devoluciones realizadas
en agosto de 2021 habían sido ilegales porque no se habían respetado los
procedimientos y garantías establecidos por la legislación española. (Poder Judicial)
Es decir, la presión migratoria no terminó cuando
acabó aquella crisis. Sus consecuencias jurídicas, económicas y sociales
continuaron durante años.
Y llegó el 30
de julio de 2026
Pero lo ocurrido el 30 de julio de 2026 ha
cambiado completamente la escala del problema.
Durante aquella jornada se produjo una entrada
masiva desde Marruecos hacia Ceuta. Las informaciones publicadas posteriormente
hablan de más de 70.000 inmigrantes invasores, mientras que algunas
estimaciones llegaron a situar la cifra por encima de 72.000. (Reuters)
Y esta vez la tragedia humana fue enorme.
El Gobierno de Ceuta llegó a elevar a 88 el
número de fallecidos encontrados en las inmediaciones del espigón del
Tarajal. Según las autoridades ceutíes, en la mayoría de los casos la causa de
la muerte fue el ahogamiento. (EFE Noticias)
Detrás de cada una de esas cifras había una
persona, una familia y una tragedia.
Pero también existe otra realidad que España
tiene que afrontar: la enorme presión que una entrada de esta magnitud ejerce
sobre una ciudad de apenas unos 20 kilómetros cuadrados.
Miles de
personas permanecen en Ceuta
Semanas después de aquella entrada masiva,
todavía quedaban alrededor de 5.000 inmigrantes ilegales en Ceuta, tirados
por las calles, y según las estimaciones recogidas por distintos medios,
mientras las autoridades ceutíes hablaban incluso de cifras superiores. (Cadena SER)
Entre ellos hay miles de menores.
La Policía Nacional había identificado 2.168
menores no acompañados desde el 30 de julio. (ElHuffPost)
Y aquí aparece uno de los grandes problemas del
sistema español.
Un menor extranjero no acompañado no puede ser
simplemente devuelto al otro lado de la frontera como si se tratara de una
mercancía. La legislación española y europea exige procedimientos individuales
y garantías destinadas a proteger al menor.
Por eso España puede encontrarse ante una
situación paradójica: una entrada masiva puede producirse en cuestión de horas,
pero resolver legalmente la situación de cada menor puede llevar meses.
¿Cuánto cuesta
todo esto?
También debemos hablar del dinero público.
La manutención
de cada menor cuesta unos 3.500 euros mensuales, porque el coste depende
del sistema de acogida, alojamiento, personal, alimentación, educación,
asistencia sanitaria, seguridad y otros servicios.
Y sabemos que la factura pública es enorme.
En agosto de 2026 el Gobierno anunció una partida
extraordinaria de 25 millones de euros para atender a los menores migrantes
de Ceuta, además de otros 5,5 millones de euros que ya habían sido
asignados previamente. (EFE Noticias)
Y Ceuta ya venía soportando un gasto
considerable. Para 2025 se estimaba un coste de aproximadamente 1 a 1,2
millones de euros mensuales para cubrir el déficit de atención a menores no
acompañados. (La Verdad de Ceuta)
Por tanto, no estamos hablando de unas pocas
ayudas.
Estamos hablando de decenas de millones de euros
de dinero público.
¿Es esto una
política migratoria o una presión sobre España?
Aquí comienza mi opinión.
Yo creo que España y la Unión Europea llevan
demasiado tiempo actuando a la defensiva.
Marruecos sabe que España no puede permitirse una
frontera abierta, pero también sabe que España tiene obligaciones legales y
humanitarias con las personas que consiguen entrar.
Y ahí aparece una enorme ventaja estratégica.
Si miles de personas consiguen atravesar la
frontera, España tiene que identificarlas, atenderlas, alojarlas,
proporcionarles asistencia sanitaria, estudiar sus circunstancias y, cuando se
trate de menores, protegerlos conforme a la legislación.
El coste y la responsabilidad pasan entonces de
Marruecos a España.
Eso es lo que yo llamo marcar un gol sin
necesidad de disparar contra la portería.
Pero tampoco
debemos olvidar Canarias
Mientras Ceuta soporta la presión de su frontera
terrestre, Canarias lleva décadas soportando la presión de las rutas marítimas
procedentes de África.
Pateras, cayucos y embarcaciones neumáticas han
convertido el Atlántico en una de las rutas migratorias más peligrosas.
Y cada año aparecen nuevas tragedias.
España rescata a personas en el mar, atiende a
los supervivientes y recibe a quienes consiguen alcanzar territorio español.
Pero la pregunta fundamental continúa sin
resolverse:
¿Quién controla realmente las salidas?
Porque rescatar a una persona que está a punto de
morir ahogada es una obligación humanitaria. Pero permitir que miles de
personas se embarquen en travesías extremadamente peligrosas es otra cuestión
completamente distinta.
La política migratoria europea no puede limitarse
a recibir, rescatar y repartir.
Tiene que actuar antes.
Marruecos
tiene una responsabilidad
No pretendo afirmar que todas las personas que
llegan irregularmente a España sean enviadas deliberadamente por el Gobierno
marroquí. Eso necesitaría pruebas concretas para cada episodio.
Pero sí considero legítimo preguntarse por qué
las autoridades españolas y europeas han permitido que la cooperación con
Marruecos se convierta en una pieza tan importante de la política migratoria
europea.
Marruecos recibe cooperación, financiación y
apoyo de Europa.
España mantiene relaciones económicas y
comerciales extraordinariamente importantes con Marruecos.
Y, al mismo tiempo, España continúa enfrentándose
a episodios periódicos de presión migratoria en Ceuta, Melilla y Canarias.
Por eso la pregunta que debemos hacer a nuestros
políticos es muy sencilla:
¿Qué obtiene España a cambio de todo lo que
entrega?
No podemos
convertir la inmigración en una guerra de cifras
Tampoco debemos cometer el error de convertir a
los inmigrantes en simples números.
Los 6.000 que llegaron en mayo de 2021 eran
personas.
Los más de 70.000 que entraron en julio de 2026
eran personas.
Y los fallecidos eran personas.
Pero precisamente porque son personas, Europa
debe tener una política migratoria seria.
Una política que combine humanidad con control
fronterizo.
Solidaridad con seguridad.
Asilo para quien realmente lo necesite.
Retorno efectivo para quien no tenga derecho a
permanecer.
Cooperación con los países de origen y tránsito.
Y, sobre todo, una política que impida que las
mafias y las presiones fronterizas sean quienes decidan quién entra en
territorio europeo.
¿Cuántos goles
más puede recibir España?
En mayo de 2021 fueron alrededor de 6.000
entradas en pocas horas.
En julio de 2026, las cifras fueron de una
magnitud que parecía imposible imaginar pocos años antes.
Y mientras tanto, España continúa pagando la
factura económica, administrativa y política.
Por eso mi pregunta final es:
¿Cuántos goles más está dispuesta a recibir
España antes de aprender a defender su propia portería?
No se trata de cerrar las puertas a quien huye de
una guerra o necesita protección.
No se trata de abandonar a quien se está
ahogando.
Se trata de que las fronteras de España y de la
Unión Europea sean realmente fronteras, de que la inmigración sea ordenada y
legal, y de que ningún país pueda utilizar la desesperación de miles de
personas como instrumento de presión política.
Porque una frontera europea no puede funcionar
como una puerta que unos abren cuando les interesa y otros tienen que pagar
cuando se encuentran con ella abierta.



