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miércoles, 14 de enero de 2026

Groenlandia, Trump y la falsa trampa legal de la OTAN

 


Groenlandia, Trump y la falsa trampa legal de la OTAN

Por Bruno Perera.

En las últimas semanas ha vuelto a emerger con fuerza una vieja obsesión de Donald Trump: Groenlandia. Lo que en su primer mandato parecía una boutade geopolítica —“comprar” una isla— hoy se formula con un tono mucho más agresivo, envuelto en argumentos de seguridad nacional, defensa del Ártico y amenaza rusa y china.

En este contexto, algunos analistas plantean una idea inquietante: si Estados Unidos invadiera Groenlandia, ¿rompería realmente el Tratado de la OTAN? A primera vista, el texto del tratado parece ofrecer una grieta jurídica. Pero esa grieta es más aparente que real.

El argumento del Artículo 5: una verdad incompleta. El Tratado del Atlántico Norte= OTAN,  es claro en su artículo más famoso, el Artículo 5:
solo se activa cuando un Estado miembro es atacado por un Estado que no pertenece a la OTAN.

Esto lleva a una conclusión tentadora:
si EE. UU. atacara Groenlandia —territorio autónomo del Reino de Dinamarca, ambos miembros de la OTAN— no se activaría automáticamente la defensa colectiva.

Desde un punto de vista estrictamente literal, esto es cierto.
Pero quedarse ahí es un error grave de interpretación.

Lo que el tratado no dice… porque no necesita decirlo. El Tratado de la OTAN no contempla la posibilidad de que un aliado ataque a otro.
No porque sea un descuido, sino porque se basa en un principio previo y superior:

La alianza existe precisamente para impedir conflictos armados entre sus miembros. Los tratados internacionales no funcionan como contratos mercantiles llenos de cláusulas defensivas ante lo impensable. Funcionan sobre principios estructurales. Y el principio estructural de la OTAN es la confianza mutua entre aliados.

El Artículo 1: la clave que muchos ignoran. El verdadero problema para Trump no sería el Artículo 5, sino el Artículo 1 del Tratado de la OTAN, que obliga a los Estados miembros a:

Resolver sus controversias por medios pacíficos y abstenerse del uso o la amenaza de la fuerza de forma incompatible con la Carta de las Naciones Unidas.

Una invasión militar de Groenlandia sería:

A: Uso de la fuerza

B: Contra un aliado

C: Violando la soberanía territorial de Dinamarca

D: Contraria a la Carta de la ONU

Eso constituye una violación directa del Tratado de la OTAN, aunque no active la defensa colectiva.

La ilegalidad internacional: OTAN o no OTAN. Incluso al margen de la OTAN, el derecho internacional es claro:
ningún Estado puede anexionarse por la fuerza el territorio de otro.

El argumento de la “seguridad nacional” no habilita invasiones preventivas entre aliados. Si así fuera, el sistema internacional colapsaría.

Aceptar ese precedente significaría legitimar que:

A: China ocupe territorios de socios regionales “por seguridad”

B: Rusia invoque alianzas rotas para justificar anexiones

C: Cualquier potencia imponga su fuerza sobre aliados débiles

El efecto real: la muerte política de la OTAN

Supongamos, por un momento, que Trump ignora todo esto y actúa.

El resultado no sería una jugada maestra, sino un cataclismo estratégico:

A: Ruptura inmediata de la cohesión atlántica

B: Colapso del mando militar integrado

C: Retirada o congelación de la cooperación europea

D: Aislamiento diplomático de EE. UU.

E: Fin de facto de la OTAN como alianza creíble

La OTAN no sobreviviría a una agresión interna.
Una alianza en la que uno de sus miembros puede atacar a otro deja de ser una alianza.

La única vía realista: presión política, no invasión

Por eso, la única estrategia plausible de Trump no es militar, sino política:

A: Fomentar el independentismo groenlandés

B: Debilitar el vínculo con Dinamarca

C: Ofrecer protección, inversión y tratados preferentes

D: Convertir a Groenlandia en un Estado formalmente soberano y dependiente

Eso no es una invasión. Es otra cosa: geopolítica dura, pero dentro de los márgenes del sistema internacional.

Conclusión: la trampa legal no existe

La idea de que EE. UU. podría invadir Groenlandia sin “romper la OTAN” se sostiene solo si:

A: Se lee el tratado de forma parcial

B: Se ignoran sus principios fundacionales

C: Se desprecia el derecho internacional

La realidad es simple y contundente:

Una invasión de Groenlandia por Estados Unidos sería ilegal, contraria a la OTAN y letal para el orden atlántico.

Trump podrá tensar, presionar y amenazar.
Pero cruzar esa línea significaría destruir aquello que dice querer proteger.

Datos y fuentes de referencia

  • Tratado del Atlántico Norte (1949)
    • Artículo 1: resolución pacífica de controversias
    • Artículo 5: defensa colectiva solo frente a agresiones externas
  • Carta de las Naciones Unidas
    • Artículo 2.4: prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial de los Estados
  • Estatus de Groenlandia
    • Territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca
    • Dinamarca es Estado miembro de la OTAN desde 1949
  • Base aérea de Thule / Pituffik
    • Presencia militar estadounidense ya existente mediante acuerdos bilaterales
    • No requiere soberanía estadounidense
  • Doctrina internacional
    • Ninguna alianza defensiva permite ataques armados entre sus miembros

 

La milla terrestre no sirve para navegar: por qué la milla marina es la única unidad lógica en el mar y cielo

 


La milla terrestre no sirve para navegar: por qué la milla marina es la única unidad lógica en el mar y cielo

Por Bruno Perera.

Existe una confusión frecuente —especialmente fuera del ámbito náutico— entre la milla terrestre y la milla marina. A simple vista parecen unidades equivalentes que solo difieren ligeramente en longitud. Sin embargo, esta percepción es errónea. La realidad es mucho más profunda: la milla terrestre carece de sentido para la navegación marítima y aérea, mientras que la milla marina es una consecuencia antigua y directa de la geometría de la Tierra.

Dos millas, dos lógicas distintas

La milla terrestre (1.609,344 metros) es una unidad histórica, heredada de sistemas de medición antiguos y pensada para desplazamientos sobre tierra firme. No está vinculada a la forma del planeta ni a su sistema de coordenadas. Es una medida práctica, pero arbitraria desde el punto de vista geográfico.

La milla marina, en cambio, mide 1.852 metros y no surge por casualidad: equivale exactamente a un minuto de arco de latitud. Esto significa que:

A: 60 millas marinas forman un grado

B: 360 grados forman la circunferencia terrestre

C: La Tierra mide, aproximadamente, 21.600 millas náuticas de circunferencia

Este diseño no es simbólico ni académico: es funcional.

El error de aplicar la milla terrestre al mar o al cielo

Si se pretendiera medir la circunferencia de la Tierra en millas terrestres, el sistema colapsaría:

A: Un grado no equivaldría a 60 unidades

B: Un minuto no tendría correspondencia directa con una distancia

C: Las cartas de navegación perderían su coherencia métrica

D: La navegación astronómica sería impracticable

Dicho de forma clara: el planeta dejaría de encajar con el mapa.

Y cuando el mapa deja de representar fielmente la realidad física, deja de ser una herramienta útil.

Mercator: la prueba definitiva

La proyección de Mercator, base de la cartografía náutica durante siglos, solo funciona porque:

A: Los rumbos constantes se representan como líneas rectas

B: La escala de latitudes está directamente ligada a la distancia real

C: El navegante puede medir millas directamente sobre la carta

Todo esto sería imposible usando millas terrestres. El sistema Mercator no está pensado para una unidad arbitraria, sino para una unidad derivada del propio globo terráqueo.

Por eso el Derecho del Mar habla en millas náuticas

No es casualidad que todas las zonas marítimas internacionales estén definidas en millas marinas:

A: 12 millas: mar territorial

B: 24 millas: zona contigua

C: 200 millas: zona económica exclusiva

No es una convención política, sino una necesidad geométrica y cartográfica. El mar se rige por coordenadas, no por caminos.

Final

La milla terrestre sirve para carreteras y distancias en tierra.
La milla marina existe porque la Tierra es una esfera y hay que navegarla.

Confundir ambas no es un simple error de unidades: es ignorar la base matemática sobre la que se construyen la navegación, la cartografía y el Derecho del Mar. Por eso, cuando se habla seriamente de océanos y cielos, la única milla que importa es la náutica.

 


Cómo ablandar la carne con el método chino

 


Cómo ablandar la carne con el método chino

Por Bruno Perera.

Una de las preguntas más frecuentes cuando probamos un salteado chino es siempre la misma: ¿cómo consiguen que la carne de res esté tan blanda y jugosa, incluso cocinada en apenas unos minutos?
La respuesta no está solo en el wok ni en el fuego fuerte, sino en una combinación de técnicas culinarias milenarias, ablandadores naturales y un conocimiento muy preciso del comportamiento de la carne.

A continuación te explico el auténtico método chino para ablandar la carne, tal como se emplea en restaurantes y cocinas tradicionales de China.

El principio básico: evitar que la carne se endurezca

Cuando la carne se cocina rápidamente a alta temperatura, las fibras musculares tienden a contraerse y expulsar el jugo, lo que la vuelve dura.
La cocina china actúa antes de la cocción, modificando la estructura de la carne para que no se endurezca al entrar en contacto con el calor intenso.

El bicarbonato sódico: el gran secreto de muchos restaurantes

Uno de los trucos más usados —aunque poco conocido fuera de Asia— es el bicarbonato sódico.

¿Por qué funciona?

  • Eleva el pH de la carne
  • Impide que las proteínas se contraigan bruscamente
  • Mantiene la carne tierna incluso con cocciones ultrarrápidas

Cómo se utiliza correctamente

  • ½ cucharadita de bicarbonato por cada 500 g de carne
  • Mezclar bien con la carne cruda
  • Dejar reposar 15–30 minutos
  • Lavar cuidadosamente con agua y escurrir
  • Marinar después con normalidad

Este último paso es clave: si no se lava, el bicarbonato deja un sabor desagradable.

El método tradicional chino: Velveting (aterciopelado)

Más allá del bicarbonato, la técnica clásica china se llama velveting, que significa literalmente “dar textura aterciopelada”.

Ingredientes del velveting

  • Clara de huevo
  • Maicena (fécula de maíz)
  • Vino de arroz chino (Shaoxing) o vino blanco seco
  • Sal o salsa de soja

Qué consigue esta técnica

  • Forma una capa protectora alrededor de la carne
  • Evita la pérdida de jugos
  • Deja la superficie suave y sedosa
  • Mejora la absorción de sabores

En muchos restaurantes se emplea velveting después del bicarbonato, combinando ambos métodos para carnes especialmente duras.

Ablandadores naturales usados en China

Además de estas técnicas, la cocina china recurre a enzimas naturales presentes en ciertos alimentos:

  • Papaya (papaina)
  • Piña (bromelina)

Estas frutas rompen las proteínas de la carne, pero deben usarse con cuidado, ya que un exceso puede “pasarla” y dejarla blanda en exceso.

El corte: un factor decisivo

El método chino presta especial atención al sentido del corte:

  • Siempre se corta contra la fibra
  • En láminas finas o tiras
  • A veces ligeramente inclinadas para aumentar la superficie

Este detalle, aparentemente simple, reduce enormemente la dureza.

Hidratación de la carne: un truco poco conocido

Muchos cocineros chinos añaden a la marinada:

  • Un chorrito de agua o caldo

La carne absorbe ese líquido y lo retiene durante la cocción, resultando más jugosa y tierna, incluso tras un salteado rápido.

Cocción: calor alto y tiempo mínimo

El último paso es la cocción, que debe respetar una regla básica:

  • Wok o sartén muy caliente
  • Aceite bien caliente
  • Salteado de 1 a 3 minutos

La carne entra, se sella rápido y se retira; el resto de ingredientes se incorporan después.

El método chino completo, paso a paso

1.    Cortar la carne contra la fibra

2.    Mezclar con bicarbonato y reposar 20 minutos

3.    Lavar y escurrir bien

4.    Marinar con clara, maicena, vino y soja

5.    Saltear en wok muy caliente durante pocos minutos

Conclusión

La ternura de la carne en la cocina china no es casualidad. Es el resultado de ciencia culinaria aplicada desde hace siglos, donde química, técnica y experiencia se combinan para transformar cortes normales en bocados suaves y jugosos.

Lejos de ser un truco industrial, el método chino demuestra que saber tratar la carne antes de cocinarla es tan importante como el fuego o la receta.

 

 

lunes, 12 de enero de 2026

Trump tomará Groenlandia después de su independencia de Dinamarca

 


Trump tomará Groenlandia después de su independencia de Dinamarca

Por Bruno Perera.

Cuando Donald Trump afirmó que Estados Unidos tomaría Groenlandia “de una manera u otra”, muchos reaccionaron con burla, escándalo o alarmismo. No obstante, como ha ocurrido otras veces, tras una frase aparentemente provocadora se esconde una estrategia que no debe analizarse en clave emocional, sino geopolítica. Trump no habla para agradar; habla para marcar objetivos.

Una invasión militar directa de Groenlandia es, sencillamente, inviable. Sería una agresión contra un territorio vinculado a Dinamarca, miembro pleno de la OTAN, lo que supondría una fractura interna sin precedentes en la Alianza Atlántica. Estados Unidos no puede atacar militarmente a un socio estratégico sin destruir el sistema de alianzas que sostiene su poder global. Trump lo sabe, y precisamente por eso la vía militar no es la opción real.

La alternativa es otra: la independencia de Groenlandia como paso previo a su integración en la órbita estadounidense.

Groenlandia es hoy una región autónoma dentro del Reino de Dinamarca, con competencias internas amplias, pero sin control total sobre su política exterior, defensa o recursos estratégicos. Desde hace años existe en la sociedad groenlandesa un debate creciente sobre la independencia, impulsado tanto por razones identitarias como económicas. Estados Unidos no necesita conquistar Groenlandia; le basta con estimular ese proceso político.

Trump podría —o podría haberlo hecho ya— agitar diplomáticamente el escenario: apoyo económico, promesas de inversión, acuerdos estratégicos, presencia empresarial y militar “amistosa”. Todo ello orientado a reforzar la idea de que un Estado groenlandés independiente tendría más futuro bajo el paraguas estadounidense que bajo la tutela danesa.

Desde el punto de vista de muchos groenlandeses, la pertenencia a Dinamarca no es idílica. Existen tensiones históricas, culturales y sociales profundas. Numerosos informes y testimonios han señalado discriminación estructural, desigualdades económicas y un trato paternalista por parte de la administración danesa hacia la población inuit. Este malestar es un caldo de cultivo perfecto para el discurso independentista.

En ese contexto, la pregunta clave no es si Groenlandia puede independizarse, sino con quién alinearse después. Un pequeño Estado ártico, con enormes recursos minerales, energéticos y una posición estratégica crítica en el Ártico, difícilmente sobreviviría aislado. Necesita un protector fuerte. Y ese protector, en la práctica, solo puede ser Estados Unidos.

A diferencia de Dinamarca, Estados Unidos ofrece poder, inversión, empleo, infraestructuras y un papel central en la geopolítica mundial. Para una parte significativa de la población groenlandesa, ser estadounidense puede resultar más atractivo que seguir siendo una periferia olvidada del reino danés. No se trata solo de economía, sino de estatus, visibilidad y futuro.

Desde la óptica estadounidense, Groenlandia es una joya estratégica: control del Ártico, vigilancia sobre Rusia y China, rutas marítimas emergentes por el deshielo y acceso a tierras raras esenciales para la industria tecnológica y militar. Washington no puede permitirse que Groenlandia quede fuera de su esfera de influencia.

Por eso, cuando Trump habla de “una manera u otra”, no está anunciando una invasión, sino una operación política a medio plazo: independencia primero, anexión o asociación después. Legal, limpia y sin disparar un solo tiro.

La historia demuestra que Estados Unidos no siempre expande su territorio con ejércitos; a veces lo hace con cheques, tratados y votos. Groenlandia podría ser el próximo ejemplo.

Datos y contexto verificable

1.      Groenlandia cuenta con autogobierno desde 2009, incluido el derecho reconocido a la autodeterminación si así lo decide su población.

  1. Estados Unidos mantiene desde hace décadas la base aérea de Thule (Pituffik) en Groenlandia, clave para su sistema de defensa antimisiles.
  2. Diversos estudios y reportajes internacionales han documentado discriminación social y económica hacia los inuit en Dinamarca, así como tensiones coloniales históricas.
  3. Groenlandia posee importantes reservas de tierras raras, uranio y minerales estratégicos, fundamentales para la transición energética y la industria militar.
  4. El deshielo del Ártico está convirtiendo a Groenlandia en un nodo clave de nuevas rutas marítimas internacionales, aumentando su valor geopolítico.
  5. En 2019, Trump ya expresó públicamente su interés en comprar Groenlandia, lo que confirma que el objetivo estratégico no es nuevo, solo cambia el método.

 

Humanos, animales y el juego de ser Dios en el universo

 


Humanos, animales y el juego de ser Dios en el universo

Por Bruno Perera.

Cuando hablamos de inteligencia, la mayoría de las personas piensa automáticamente que el ser humano es el animal más inteligente. Nuestro lenguaje complejo, nuestra capacidad de crear tecnología, escribir literatura o enviar satélites al espacio parecen confirmar esta afirmación. No obstante, si nos detenemos a observar la naturaleza, la respuesta es mucho más compleja.

Inteligencia humana: brillante pero frágil

El ser humano destaca por su capacidad de razonamiento abstracto, planificación a largo plazo y creación simbólica. Podemos inventar teorías científicas, filosofías y obras de arte que ninguna otra especie podría concebir. Nuestra inteligencia nos ha permitido dominar el mundo, pero también nos ha convertido en la especie más torpe para vivir en equilibrio con la naturaleza.

Somos la única especie capaz de alterar el clima, extinguir otras especies y modificar ecosistemas enteros. Necesitamos leyes, instituciones y tecnología para sobrevivir, algo que otras especies hacen instintivamente sin destruir su entorno. En ese sentido, nuestra inteligencia es potente, pero vulnerable y limitada.

Inteligencia animal: maestra de la adaptación

Muchos animales poseen formas de inteligencia que los humanos no podemos imitar directamente:

  • Aves migratorias recorren miles de kilómetros con precisión sin mapas ni GPS.
  • Pulpos y delfines resuelven problemas complejos y se comunican de manera sofisticada sin lenguaje humano.
  • Hormigas y abejas organizan sociedades completas con eficiencia admirable, sin maestros ni leyes.
  • Mamíferos sociales, como los perros, leen emociones y cooperan de forma intuitiva.

Estas inteligencias están optimizadas por la evolución para sobrevivir en armonía con el entorno, algo que los humanos a menudo no logramos. Mientras nuestra especie imagina soluciones y construye máquinas, los animales ejecutan su supervivencia con una precisión que nosotros no alcanzamos de forma natural.

Humanos como representación de Dios

Si examinamos nuestras capacidades desde una perspectiva más filosófica, no es descabellado decir que los humanos “jugamos a ser Dios” en el universo. Poseemos un poder que ninguna otra especie tiene:

1.    Control sobre la naturaleza: domesticamos animales, modificamos plantas y transformamos ecosistemas enteros.

2.    Creación de realidades simbólicas: inventamos mundos que solo existen en la mente, desde teorías científicas hasta películas y videojuegos.

3.    Decisión sobre la vida y la muerte: podemos salvar o extinguir especies, manipular genética y controlar enfermedades.

Este poder nos coloca en un papel divino funcional, aunque limitado: no somos omniscientes ni omnipotentes. Cada acción tiene consecuencias, y nuestra falta de previsión nos ha llevado a problemas ecológicos, climáticos y sociales de magnitud global.

La paradoja humana

El humano es el animal más inteligente para pensar, pero no necesariamente el más eficaz para vivir. Podemos imaginar, crear y controlar, pero aún así dependemos de ecosistemas frágiles que hemos puesto en riesgo. Mientras los animales sobreviven gracias a su adaptación natural, nosotros necesitamos reflexión, planificación y tecnología.

La verdadera lección es que la inteligencia no es solo conceptual: es adaptativa. Y en este sentido, muchos animales nos superan. La pregunta final no es quién es más inteligente en términos absolutos, sino quién sabe vivir en armonía con el universo que habita.

En esa paradoja reside el dilema humano: podemos jugar a ser Dios, pero debemos aprender a ser responsables de nuestro poder, porque sin equilibrio, nuestra inteligencia, por brillante que sea, se convierte en una amenaza para nuestra propia supervivencia.