Ceuta: 18,5
kilómetros cuadrados para afrontar la llegada de más de 70.000 personas
Por Bruno Perera
Hay cifras que, cuando se ponen unas junto a
otras, permiten comprender mucho mejor la dimensión de un acontecimiento. Lo
ocurrido en Ceuta a finales de julio de 2026 es uno de esos casos.
Ceuta tiene una superficie aproximada de 18,5
kilómetros cuadrados, es decir, unas 1.850 hectáreas. Es un
territorio extraordinariamente reducido en el que viven alrededor de 84.000
personas.
Para comprender realmente lo pequeño que es ese
territorio podemos compararlo con Lanzarote.
La antigua La Tiñosa, el pequeño pueblo
pesquero que dio origen al actual Puerto del Carmen, ocupaba históricamente
unas 4 hectáreas, equivalentes a 40.000 metros cuadrados. Puerto del
Carmen actual se extiende aproximadamente sobre 8,8 kilómetros cuadrados,
unas 880 hectáreas.
Por tanto, si sumáramos esas aproximadamente 880
hectáreas de Puerto del Carmen a las 4 hectáreas de la antigua Tiñosa,
obtendríamos unas 884 hectáreas.
Ceuta tiene unas 1.850 hectáreas.
Es decir, Ceuta tiene algo más del doble de
superficie que Puerto del Carmen y la antigua Tiñosa juntos.
Y existe otra comparación todavía más llamativa:
el Paisaje Protegido de La Geria tiene 5.255,4 hectáreas, casi tres
veces la superficie de Ceuta. El propio Gobierno de Canarias establece
oficialmente esa superficie para La Geria. (Gobierno de Canarias)
Ahora
imaginemos lo que significa recibir a decenas de miles de personas
Entre los días 30 y 31 de julio se produjo en
Ceuta una llegada masiva desde Marruecos. Las informaciones publicadas hablan
de más de 70.000 personas, mientras algunas estimaciones elevan la cifra
hasta unas 80.000.
Para ponerlo en perspectiva: estamos hablando de
una cantidad de personas cercana a la población que ya tenía toda Ceuta.
Es como si, de repente, sobre una ciudad de
apenas 18,5 km² apareciera otra población de dimensiones semejantes.
No estamos hablando simplemente de un incremento
de unos cientos de personas. Estamos hablando de una cantidad que puede
alterar, en cuestión de horas, la capacidad de cualquier territorio para
proporcionar alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria, seguridad,
higiene, transporte y servicios básicos.
La magnitud explica por sí sola por qué Ceuta se
encontró ante una situación excepcional.
El tamaño
importa
A veces se habla de Ceuta como si fuera una gran
extensión territorial. No lo es.
Sus aproximadamente 1.850 hectáreas
incluyen viviendas, calles, instalaciones públicas, carreteras, zonas
militares, espacios naturales, playas y otros terrenos que no pueden
convertirse simplemente en lugares de alojamiento.
Por eso no basta con dividir el número de
personas entre los kilómetros cuadrados y decir que "caben".
Una ciudad no es un solar vacío.
Si 70.000 personas llegan de golpe, necesitan
agua, comida, baños, atención médica, seguridad, alojamiento y espacio para
desplazarse. Y cuanto más pequeño es el territorio, antes se alcanza el límite
de su capacidad.
Esto es precisamente lo que hace que el caso de
Ceuta resulte tan diferente de una llegada de características similares a un
territorio mucho más extenso.
La comparación
con La Geria resulta sorprendente
La Geria ocupa 5.255,4 hectáreas, frente a
las aproximadamente 1.850 hectáreas de Ceuta.
Eso significa que La Geria es aproximadamente
2,84 veces más grande que Ceuta.
Y, sin embargo, cuando un lanzaroteño piensa en
La Geria, está pensando en un territorio agrícola y volcánico enorme, extendido
por varios municipios de Lanzarote.
Ceuta, en cambio, concentra en poco más de 18
kilómetros cuadrados una ciudad completa, una población permanente, una
frontera internacional y unas infraestructuras limitadas.
Por eso la dimensión territorial no es un detalle
menor cuando se analiza la crisis.
¿Qué ocurrió
realmente en la frontera?
Aquí es donde hay que distinguir entre hechos
comprobados, investigaciones policiales y acusaciones políticas.
Un informe del Centro Nacional de Inmigración y
Fronteras (CENIF), entregado a la Audiencia Nacional, sostiene que la entrada
masiva no fue simplemente un fenómeno espontáneo, y señala que agentes
marroquíes habrían mostrado una permisividad inusual e incluso habrían
orientado a grupos de migrantes hacia determinados puntos de entrada. (El País)
El informe, según las informaciones publicadas,
habla de una acción planificada y analiza imágenes, testimonios, redes sociales
y movimientos en la frontera.
Pero hay que decir también lo que sostiene la
otra parte: el Gobierno español afirma que no existen pruebas concluyentes
de que las autoridades marroquíes organizaran la operación. El presidente
Pedro Sánchez ha rechazado esa acusación y ha señalado que no hay evidencia
concreta que permita responsabilizar al Gobierno de Marruecos de haber
orquestado la entrada. (Reuters)
Por tanto, una cosa es lo que ya conocemos —la
magnitud de la entrada y la situación excepcional creada en Ceuta— y otra
distinta quién estuvo detrás de su organización. Eso deberá determinarlo la
investigación.
Pero hay una
pregunta que nadie puede ignorar
Sea cual sea finalmente la conclusión judicial
sobre la participación de Marruecos, queda una cuestión fundamental:
¿Puede una ciudad de apenas 18,5 km² absorber de
golpe una población adicional de decenas de miles de personas?
La respuesta parece evidente.
Ceuta no dispone de un territorio ilimitado.
Y precisamente por eso la comparación con
Lanzarote resulta tan reveladora.
Puerto del Carmen tiene aproximadamente 880
hectáreas. Ceuta tiene unas 1.850. La antigua Tiñosa tenía unas 4 hectáreas. Y
La Geria tiene 5.255,4.
Cuando ponemos esas cifras sobre la mesa,
comprendemos mejor la dimensión del problema.
Ceuta no es un
territorio vacío
Ceuta es una ciudad española, con sus barrios,
sus viviendas, sus colegios, sus hospitales, sus comercios, sus calles y sus
ciudadanos.
No se puede contemplar su territorio como si
fuera una superficie deshabitada sobre la que pudiera colocarse indefinidamente
una población.
La crisis de finales de julio demostró algo que
debería ser evidente para cualquier Gobierno: el control de una frontera no
es solamente una cuestión migratoria; es también una cuestión de capacidad
territorial, seguridad, servicios públicos y estabilidad social.
Y cuando hablamos de decenas de miles de personas
entrando en cuestión de horas en una ciudad de 18,5 kilómetros cuadrados,
estamos hablando de un acontecimiento extraordinario.
Ceuta merece
una respuesta de España
No se trata de negar la dignidad de quienes
llegan ni de ignorar las circunstancias personales de cada migrante.
Se trata de reconocer que España tiene la
obligación de controlar sus fronteras y de garantizar que sus ciudades puedan
funcionar con normalidad.
Ceuta no puede convertirse en el lugar donde se
descargue cualquier presión migratoria que se produzca al otro lado de la
frontera.
Y España tampoco puede acostumbrarse a que
acontecimientos de esta magnitud sean considerados simplemente como otro
episodio más de la inmigración ilegal.
Lo ocurrido a finales de julio ha dejado una
pregunta que seguirá sobre la mesa durante mucho tiempo:
Si en una ciudad de solamente 18,5 km² pueden
entrar de golpe más de 70.000 personas, ¿qué habría ocurrido si la situación
hubiera continuado durante varios días?
La respuesta nos permite comprender por qué Ceuta
no es un problema local.
Es un asunto que afecta a toda España.


