El idioma
español, para mejorarlo, se podría simplificar haciendo unos pocos cambios
gramaticales
Por Bruno Perera.
El español es una de las lenguas más habladas del
planeta, con cientos de millones de hablantes repartidos por varios continentes
y una tradición cultural y literaria incuestionable. No obstante, su prestigio
histórico no debería impedir una reflexión crítica: el español es hoy un
idioma innecesariamente complejo en su escritura, lleno de redundancias,
excepciones y normas heredadas que dificultan su aprendizaje y su uso práctico.
Plantear una simplificación del español no
significa atacar su riqueza expresiva ni su identidad cultural. Significa
preguntarse si un idioma del siglo XXI, global, digital y educativo, debe
seguir anclado a reglas creadas para otro tiempo.
Una ortografía
lastrada por la tradición
Buena parte de las dificultades del español no
provienen de su fonética, que es relativamente clara, sino de una ortografía
condicionada por decisiones históricas y etimológicas que hoy ya no cumplen una
función comunicativa real.
La letra K, por ejemplo, es prácticamente
innecesaria. El sonido que representa puede escribirse sin problema con otros
grafemas. Su eliminación no supondría ninguna pérdida, solo coherencia. Lo
mismo ocurre con la H muda, una letra que no se pronuncia pero sigue
generando errores masivos en la escritura cotidiana.
Otro caso evidente es la duplicidad entre B y
V, que en la mayoría del mundo hispanohablante se pronuncian igual.
Mantener dos letras para un solo sonido no mejora la comprensión, solo perpetúa
faltas ortográficas que nada tienen que ver con la capacidad expresiva de quien
escribe.
Letras con
múltiples sonidos: una confusión evitable
La letra C es un ejemplo claro de
complejidad artificial. Puede sonar como K, como Z o como S, dependiendo del
contexto. Esta ambigüedad obliga a introducir combinaciones como que o qui,
que a su vez arrastran otro problema: la U muda, una letra que se
escribe pero no se pronuncia.
Una reforma sensata pasaría por asignar a cada
letra un solo sonido, eliminando combinaciones innecesarias y acercando
la escritura a la pronunciación real. Del mismo modo, la diéresis (¨), un signo
poco usado y frecuentemente olvidado, podría suprimirse sin afectar a la
comprensión de palabras como cigüeña o pingüino.
La R y la RR:
una norma arbitraria
El uso actual de R y RR es una
fuente constante de errores incluso entre hablantes cultos. La distinción
depende de si la letra aparece entre vocales, al inicio de palabra o tras
consonante, una regla poco intuitiva.
Una solución clara sería escribir siempre RR
para el sonido fuerte, independientemente de su posición. De este modo se
eliminaría una norma arbitraria y se reforzaría la coherencia del sistema
ortográfico.
El problema
olvidado: la separación silábica
Uno de los aspectos más problemáticos del
español, especialmente en la enseñanza, es la separación de sílabas.
Diptongos, hiatos, triptongos, vocales abiertas y cerradas, excepciones
interminables… un sistema excesivamente complejo para un beneficio mínimo.
Este problema podría resolverse con una norma
sencilla y contundente:
las sílabas deben estar formadas por más de una letra.
Con esta regla desaparecerían las sílabas de una
sola vocal y gran parte de las discusiones artificiales sobre cómo dividir una
palabra. El español ganaría claridad, especialmente para niños, extranjeros y
personas con dificultades de aprendizaje, sin perder capacidad expresiva.
El punto y
coma: una regla que obliga a adivinar
Otro ejemplo de complejidad innecesaria es el uso
del punto y coma. La propia gramática española suele definirlo de forma
ambigua, con explicaciones del tipo:
“Se escribe punto y coma cuando se habla de lo mismo, pero no es lo mismo”.
Esta definición, lejos de aclarar, obliga al
escritor a adivinar cuándo dos ideas son suficientemente parecidas para
llevar punto y coma, pero no lo bastante para usar coma, ni lo bastante
distintas para usar punto. El resultado es que la mayoría de los hablantes
evita el punto y coma por inseguridad o lo usa de forma incorrecta.
En la práctica, el punto y coma no añade
información esencial al texto. En casi todos los casos puede sustituirse por un
punto o por una coma sin que se pierda comprensión. Mantener un signo de
puntuación cuya norma se basa en interpretaciones subjetivas y difusas no
facilita la comunicación, sino que la entorpece.
Una simplificación razonable pasaría por reducir
drásticamente su uso o incluso prescindir de él, apostando por una puntuación
más clara, directa y funcional.
Simplificar no
es empobrecer
Uno de los argumentos más repetidos contra
cualquier reforma lingüística es el miedo a “empobrecer” el idioma. Sin
embargo, todas las lenguas vivas han evolucionado. El español actual ya
es una versión simplificada del latín, y nadie cuestiona su riqueza por ello.
La complejidad no garantiza profundidad. Un
idioma más lógico, más coherente y más accesible no pierde belleza; gana
eficacia comunicativa.
Conclusión
El español no necesita una revolución caótica,
pero sí una reflexión valiente. Muchas de sus reglas actuales no sirven a la
comunicación, sino a la conservación de una tradición académica que a menudo se
impone sobre el sentido común.
Simplificar el español no sería destruirlo, sino adaptarlo
a una sociedad global, digital y multilingüe, donde la claridad, la
accesibilidad y la lógica son valores fundamentales. Un idioma no se honra
complicándolo, sino usándolo bien.
……………………………
Apéndice
comparativo: español actual vs español simplificado
Ejemplos
ortográficos
|
Español actual |
Español simplificado |
|
kilo |
qilo |
|
hacer |
acer |
|
vaca |
baca |
|
cigüeña |
cigueña |
|
pingüino |
pinguino |
|
alrededor |
alrrededor |
|
quiso |
qiso |
Separación
silábica
|
Palabra |
División actual |
División simplificada |
|
aéreo |
a-é-re-o |
aé-reo |
|
oído |
o-í-do |
oí-do |
|
país |
pa-ís |
país |
|
poeta |
po-e-ta |
poe-ta |
Regla
aplicada: no se permiten sílabas de una sola letra.
Ejemplo de
texto completo
Texto actual:
El hombre habló con su hermano; el pingüino vivía
cerca del kiosco.
Texto simplificado:
El ombre abló con su ermano. El pinguino bibia
cerca del quiosco.
………………………………
Otra
dificultad añadida: los verbos terminados en “-ís”
Existe
además un problema poco mencionado, pero muy real, para millones de
hispanohablantes no castellanos: los verbos conjugados en “-ís”,
propios del uso de vosotros, una forma verbal prácticamente
exclusiva de la España castellana.
Formas
como coméis,
vivís, habláis, decís, tenéis suponen una dificultad innecesaria
para hablantes de América Latina, estudiantes extranjeros y personas que
aprenden español como segunda lengua. En la mayor parte del mundo
hispanohablante, estas formas no se usan jamás en la vida cotidiana,
lo que convierte su enseñanza en un ejercicio artificial y desconectado del uso
real del idioma.
Desde
el punto de vista práctico, mantener una conjugación verbal específica para una
zona geográfica concreta añade complejidad sin aportar claridad
comunicativa. El sistema verbal del español ya es
suficientemente amplio como para incorporar, además, formas que millones de
hablantes no reconocen ni emplean.
Una posible simplificación pasaría por:
·
Reducir
el uso obligatorio del vosotros a un registro
opcional o local
·
Unificar
la conjugación plural en torno a ustedes, como ya ocurre en
gran parte del mundo hispanohablante
·
Eliminar
la memorización forzada de terminaciones como “-áis, -éis, -ís” en contextos
educativos generales
Esta reforma no eliminaría ninguna capacidad expresiva
del idioma, pero sí facilitaría su aprendizaje global,
reforzando su carácter internacional y evitando que el español funcione, en la
práctica, como dos sistemas verbales distintos según el país.
Nota
final:
También puede afirmarse que el idioma de los hispanohablantes se articula en
dos realidades lingüísticas: el castellano y el español.
El castellano sería la lengua propia de Castilla, mientras que el español es la
lengua común y compartida por todos los pueblos hispanohablantes.



