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jueves, 3 de septiembre de 2026

Ceuta: 18,5 kilómetros cuadrados para afrontar la llegada de más de 70.000 personas

 


Ceuta: 18,5 kilómetros cuadrados para afrontar la llegada de más de 70.000 personas

Por Bruno Perera

Hay cifras que, cuando se ponen unas junto a otras, permiten comprender mucho mejor la dimensión de un acontecimiento. Lo ocurrido en Ceuta a finales de julio de 2026 es uno de esos casos.

Ceuta tiene una superficie aproximada de 18,5 kilómetros cuadrados, es decir, unas 1.850 hectáreas. Es un territorio extraordinariamente reducido en el que viven alrededor de 84.000 personas.

Para comprender realmente lo pequeño que es ese territorio podemos compararlo con Lanzarote.

La antigua La Tiñosa, el pequeño pueblo pesquero que dio origen al actual Puerto del Carmen, ocupaba históricamente unas 4 hectáreas, equivalentes a 40.000 metros cuadrados. Puerto del Carmen actual se extiende aproximadamente sobre 8,8 kilómetros cuadrados, unas 880 hectáreas.

Por tanto, si sumáramos esas aproximadamente 880 hectáreas de Puerto del Carmen a las 4 hectáreas de la antigua Tiñosa, obtendríamos unas 884 hectáreas.

Ceuta tiene unas 1.850 hectáreas.

Es decir, Ceuta tiene algo más del doble de superficie que Puerto del Carmen y la antigua Tiñosa juntos.

Y existe otra comparación todavía más llamativa: el Paisaje Protegido de La Geria tiene 5.255,4 hectáreas, casi tres veces la superficie de Ceuta. El propio Gobierno de Canarias establece oficialmente esa superficie para La Geria. (Gobierno de Canarias)

Ahora imaginemos lo que significa recibir a decenas de miles de personas

Entre los días 30 y 31 de julio se produjo en Ceuta una llegada masiva desde Marruecos. Las informaciones publicadas hablan de más de 70.000 personas, mientras algunas estimaciones elevan la cifra hasta unas 80.000.

Para ponerlo en perspectiva: estamos hablando de una cantidad de personas cercana a la población que ya tenía toda Ceuta.

Es como si, de repente, sobre una ciudad de apenas 18,5 km² apareciera otra población de dimensiones semejantes.

No estamos hablando simplemente de un incremento de unos cientos de personas. Estamos hablando de una cantidad que puede alterar, en cuestión de horas, la capacidad de cualquier territorio para proporcionar alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria, seguridad, higiene, transporte y servicios básicos.

La magnitud explica por sí sola por qué Ceuta se encontró ante una situación excepcional.

El tamaño importa

A veces se habla de Ceuta como si fuera una gran extensión territorial. No lo es.

Sus aproximadamente 1.850 hectáreas incluyen viviendas, calles, instalaciones públicas, carreteras, zonas militares, espacios naturales, playas y otros terrenos que no pueden convertirse simplemente en lugares de alojamiento.

Por eso no basta con dividir el número de personas entre los kilómetros cuadrados y decir que "caben".

Una ciudad no es un solar vacío.

Si 70.000 personas llegan de golpe, necesitan agua, comida, baños, atención médica, seguridad, alojamiento y espacio para desplazarse. Y cuanto más pequeño es el territorio, antes se alcanza el límite de su capacidad.

Esto es precisamente lo que hace que el caso de Ceuta resulte tan diferente de una llegada de características similares a un territorio mucho más extenso.

La comparación con La Geria resulta sorprendente

La Geria ocupa 5.255,4 hectáreas, frente a las aproximadamente 1.850 hectáreas de Ceuta.

Eso significa que La Geria es aproximadamente 2,84 veces más grande que Ceuta.

Y, sin embargo, cuando un lanzaroteño piensa en La Geria, está pensando en un territorio agrícola y volcánico enorme, extendido por varios municipios de Lanzarote.

Ceuta, en cambio, concentra en poco más de 18 kilómetros cuadrados una ciudad completa, una población permanente, una frontera internacional y unas infraestructuras limitadas.

Por eso la dimensión territorial no es un detalle menor cuando se analiza la crisis.

¿Qué ocurrió realmente en la frontera?

Aquí es donde hay que distinguir entre hechos comprobados, investigaciones policiales y acusaciones políticas.

Un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), entregado a la Audiencia Nacional, sostiene que la entrada masiva no fue simplemente un fenómeno espontáneo, y señala que agentes marroquíes habrían mostrado una permisividad inusual e incluso habrían orientado a grupos de migrantes hacia determinados puntos de entrada. (El País)

El informe, según las informaciones publicadas, habla de una acción planificada y analiza imágenes, testimonios, redes sociales y movimientos en la frontera.

Pero hay que decir también lo que sostiene la otra parte: el Gobierno español afirma que no existen pruebas concluyentes de que las autoridades marroquíes organizaran la operación. El presidente Pedro Sánchez ha rechazado esa acusación y ha señalado que no hay evidencia concreta que permita responsabilizar al Gobierno de Marruecos de haber orquestado la entrada. (Reuters)

Por tanto, una cosa es lo que ya conocemos —la magnitud de la entrada y la situación excepcional creada en Ceuta— y otra distinta quién estuvo detrás de su organización. Eso deberá determinarlo la investigación.

Pero hay una pregunta que nadie puede ignorar

Sea cual sea finalmente la conclusión judicial sobre la participación de Marruecos, queda una cuestión fundamental:

¿Puede una ciudad de apenas 18,5 km² absorber de golpe una población adicional de decenas de miles de personas?

La respuesta parece evidente.

Ceuta no dispone de un territorio ilimitado.

Y precisamente por eso la comparación con Lanzarote resulta tan reveladora.

Puerto del Carmen tiene aproximadamente 880 hectáreas. Ceuta tiene unas 1.850. La antigua Tiñosa tenía unas 4 hectáreas. Y La Geria tiene 5.255,4.

Cuando ponemos esas cifras sobre la mesa, comprendemos mejor la dimensión del problema.

Ceuta no es un territorio vacío

Ceuta es una ciudad española, con sus barrios, sus viviendas, sus colegios, sus hospitales, sus comercios, sus calles y sus ciudadanos.

No se puede contemplar su territorio como si fuera una superficie deshabitada sobre la que pudiera colocarse indefinidamente una población.

La crisis de finales de julio demostró algo que debería ser evidente para cualquier Gobierno: el control de una frontera no es solamente una cuestión migratoria; es también una cuestión de capacidad territorial, seguridad, servicios públicos y estabilidad social.

Y cuando hablamos de decenas de miles de personas entrando en cuestión de horas en una ciudad de 18,5 kilómetros cuadrados, estamos hablando de un acontecimiento extraordinario.

Ceuta merece una respuesta de España

No se trata de negar la dignidad de quienes llegan ni de ignorar las circunstancias personales de cada migrante.

Se trata de reconocer que España tiene la obligación de controlar sus fronteras y de garantizar que sus ciudades puedan funcionar con normalidad.

Ceuta no puede convertirse en el lugar donde se descargue cualquier presión migratoria que se produzca al otro lado de la frontera.

Y España tampoco puede acostumbrarse a que acontecimientos de esta magnitud sean considerados simplemente como otro episodio más de la inmigración ilegal.

Lo ocurrido a finales de julio ha dejado una pregunta que seguirá sobre la mesa durante mucho tiempo:

Si en una ciudad de solamente 18,5 km² pueden entrar de golpe más de 70.000 personas, ¿qué habría ocurrido si la situación hubiera continuado durante varios días?

La respuesta nos permite comprender por qué Ceuta no es un problema local.

Es un asunto que afecta a toda España.

 

La invasión de Ceuta ya no es una sospecha: el informe policial y el “guiado activo” señalan al Gobierno marroquí como culpable

 


La invasión de Ceuta ya no es una sospecha: el informe policial y el “guiado activo” señalan al Gobierno marroquí como culpable

Por Bruno Perera

Durante semanas, lo ocurrido en Ceuta podía ser presentado como una enorme avalancha migratoria provocada por las redes sociales, por rumores o por una reacción espontánea de miles de personas.

Hoy, esa explicación resulta mucho más difícil de sostener.

Un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional, remitido a la jueza de la Audiencia Nacional que investiga los hechos, describe la entrada masiva producida los días 30 y 31 de julio de 2026 como un fenómeno planificado, con una actuación sobre el terreno de las fuerzas de seguridad marroquíes que el propio informe califica de “guiado activo de la masa hacia los lugares de paso”. (EuropaPress.tv)

Y esta expresión, guiado activo, cambia sustancialmente la dimensión del problema.

Ya no hablamos solamente de una frontera desbordada

Unos 80.000 marroquíes, entre ellos adultos y MENAs, más niñas y mujeres preñadas  llegaron a Ceuta en aquellas jornadas, según las estimaciones recogidas en las informaciones sobre el informe policial. Lo verdaderamente relevante, sin embargo, no es solamente el número.

Lo importante es cómo se produjo aquel movimiento humano de dimensiones extraordinarias.

El CENIF sostiene que no se trató de un fenómeno incidental ni espontáneo. Habla de planificación previa, planificación táctica, dirección estratégica y operacional y de una organización que, por su magnitud y especialización, estaría muy por encima de las capacidades habituales de las redes criminales dedicadas a la inmigración ilegal. (Diario Sabemos)

Y, sobre todo, señala el comportamiento de las fuerzas de seguridad marroquíes.

El informe describe una presencia mucho menor de la habitual y una actuación que, lejos de contener a la multitud, habría contribuido a conducirla hacia determinados puntos de paso.

Eso es precisamente lo que la Policía denomina “guiado activo”.

¿Qué significa “guiado activo”?

La expresión no describe simplemente que la policía marroquí no actuara.

Describe algo más.

Según el informe, las fuerzas de seguridad marroquíes habrían intervenido sobre el terreno orientando a la masa hacia determinados lugares de entrada, al mismo tiempo que se producía una permisividad extraordinaria en la zona fronteriza. Europa Press recoge literalmente que el CENIF atribuye a las fuerzas marroquíes el “guiado activo de la masa hacia los lugares de paso”. (Europa Press)

Por tanto, la pregunta ya no es únicamente:

¿Por qué Marruecos no impidió la entrada?

La pregunta que ahora debe responderse es otra:

¿Por qué determinados agentes marroquíes facilitaron y orientaron el desplazamiento de miles de personas hacia los puntos de acceso a Ceuta?

Y esa pregunta tiene una enorme importancia política y diplomática.

Una operación demasiado grande para ser improvisada

Resulta difícil imaginar que un movimiento de decenas de miles de personas hacia una frontera internacional pueda organizarse de la noche a la mañana sin que exista algún tipo de estructura detrás.

El informe policial apunta precisamente en esa dirección.

Según las informaciones publicadas sobre el documento, durante los días anteriores se detectaron mensajes difundidos desde teléfonos marroquíes que animaban a acudir a la frontera y proporcionaban indicaciones sobre los posibles lugares de entrada. La Policía también había alertado previamente del riesgo de una entrada masiva. (RTVE.es)

Después llegó el movimiento.

Miles.

Después decenas de miles.

Y, mientras la multitud avanzaba, los controles marroquíes aparecían sensiblemente reducidos y las fuerzas de seguridad, según el informe, no solo permitían el desplazamiento, sino que en determinados momentos guiaban a la masa hacia los lugares de paso.

Demasiadas coincidencias para despacharlo todo como un simple fenómeno espontáneo.

¿Quién dio la orden?

Aquí conviene ser rigurosos.

El informe policial señala la actuación de las fuerzas de seguridad marroquíes y habla de planificación y dirección, pero no determina de manera concluyente quién fue el autor intelectual de toda la operación.

Eso significa que debemos afirmar como un hecho probado que el Gobierno marroquí ordenó personalmente la operación.

Tampoco debemos ignorar lo que el informe sí dice.

Y lo que dice es extraordinariamente grave:

agentes de las fuerzas de seguridad marroquíes participaron en el guiado de la masa hacia los puntos de entrada de Ceuta. (Servimedia)

La autoría intelectual podrá ser objeto de investigación.

La actuación observada sobre el terreno es otra cuestión.

Ceuta: cuando una frontera deja de funcionar

Una frontera internacional no es solamente una línea dibujada sobre un mapa.

Es el lugar donde un Estado ejerce su soberanía.

Por eso, cuando decenas de miles de personas se concentran durante horas en el lado contrario de una frontera y las fuerzas responsables de impedir su paso reducen extraordinariamente su intervención, estamos ante algo mucho más serio que una crisis migratoria.

Estamos ante una crisis de seguridad fronteriza.

Y si, además, esas mismas fuerzas orientan a los grupos hacia determinados puntos de entrada, la situación adquiere una dimensión todavía mayor.

La imagen que queda grabada es sencilla:

Miles de personas avanzando hacia Ceuta.

La frontera española desbordada.

Y, al otro lado, agentes marroquíes que, según el informe policial, en lugar de impedir el movimiento, participan en su orientación.

Eso es el guiado activo.

La respuesta de España no puede limitarse a mirar hacia otro lado

España necesita saber qué ocurrió.

Necesita saber quién organizó aquella movilización, quién la financió o facilitó, quién permitió que decenas de miles de personas llegaran hasta la frontera y, sobre todo, quién tomó las decisiones que hicieron posible semejante operación.

Porque si una potencia vecina descubre que puede poner en jaque una frontera española mediante la movilización de decenas de miles de personas, el problema deja de ser exclusivamente migratorio.

Pasa a ser estratégico.

Y afecta a toda España.

También a Canarias.

De Ceuta a Canarias

Por eso no sorprende que ayer miles de ciudadanos salieran a la calle en distintas ciudades españolas para expresar su apoyo a Ceuta.

En Arrecife, unas 2.000 personas, según la Policía Local, se concentraron frente al Ayuntamiento para mostrar su solidaridad con la ciudad autónoma. La movilización formó parte de la convocatoria de la Federación Española de Municipios y Provincias bajo el lema “Ceuta somos todos”. (La Voz de Lanzarote)

No fue un hecho aislado.

También hubo concentraciones en distintos puntos de Canarias y de la Península.

Y el mensaje que se está extendiendo es sencillo:

Si una frontera española puede ser puesta en jaque de esta manera, ninguna otra frontera puede considerarse completamente ajena al problema.

Canarias conoce bien lo que significa soportar una presión migratoria extraordinaria.

Por eso muchos ciudadanos contemplan lo sucedido en Ceuta no como un problema lejano, sino como una advertencia.

La frontera no puede ser un instrumento de presión

España necesita una política fronteriza firme, transparente y previsora.

La cooperación con Marruecos es importante. Precisamente por eso, debe estar basada en la confianza y en el respeto mutuo.

Pero la cooperación no puede significar que España tenga que cerrar los ojos cuando aparecen indicios de que una frontera española ha sido utilizada como instrumento de presión y de chantaje.

El informe del CENIF no permite todavía responder a todas las preguntas.

Pero sí obliga a formularlas.

Y algunas son demasiado importantes para quedar enterradas bajo declaraciones políticas.

¿Quién planificó la operación?

¿Quién permitió que decenas de miles de personas llegaran hasta Ceuta?

¿Quién decidió reducir los controles?

¿Quién indicó a determinados grupos hacia dónde dirigirse?

Y quién tenía interés en demostrar que la frontera española podía ser desbordada?

Las respuestas corresponden ahora a las investigaciones.

Pero hay algo que ya no puede hacerse:

decir que lo ocurrido fue simplemente una avalancha espontánea sin organización alguna.

El informe policial describe planificación, dirección y “guiado activo” por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes.

Eso no es una opinión.

Es lo que consta en un informe policial remitido a la Audiencia Nacional. (RTVE.es)

Y España tiene derecho a saber toda la verdad.

Porque Ceuta no es solamente Ceuta.

Ceuta es una frontera española.

Y cuando una frontera española es puesta a prueba de esta manera, la respuesta no puede ser el silencio.

Nota: De la experiencia se aprecia que Marruecos no es un país de fiar. Por lo que debemos vigilar las fronteras y no concederles subvenciones anuales, ni tampoco hacernos cargo de sus emigrantes, sean adultos o menores. Marruecos ya es grandito para cuidar a su gente y sin tener que chantajear a España y a la UE.

El Gobierno marroquí es tan miserable que sabiendo que aún hay en Ceuta unos 8.000 inmigrantes marroquies, no ha tenido la gentileza humana de enviar alimentos, ropa, agua y calzado para sus compatriotas. Lo ha dejado todo en manos de España. Lo mismo sucede en Canarias cuando llegan inmigrantes marroquies, Marruecos se desentiende de ellos y deja que Canarias se encargue del problema.

martes, 1 de septiembre de 2026

Marruecos no puede borrar su culpabilidad en lo ocurrido en Ceuta

 


Marruecos no puede borrar su culpabilidad en lo ocurrido en Ceuta

Por Bruno Perera

Lo ocurrido en Ceuta no debería olvidarse cuando la frontera vuelve aparentemente a la calma.

Durante los últimos días, la situación ha disminuido en intensidad, pero la crisis está lejos de haber terminado. Después de la entrada masiva de más de 72.000 personas en la ciudad a finales de julio, todavía quedan miles de inmigrantes en Ceuta y alrededor de 2.400 menores continúan dentro del sistema de protección de la ciudad.

Y mientras España intenta solucionar el enorme problema humanitario, económico y administrativo que aquella avalancha dejó detrás, continúa sin responderse adecuadamente una pregunta fundamental:

¿Cómo fue posible que decenas de miles de personas llegaran simultáneamente a la frontera de una ciudad española situada en territorio africano sin que las autoridades marroquíes fueran capaces de impedirlo?

Porque estamos hablando de una frontera internacional.

No de diez personas.

No de cien.

No de mil.

De decenas de miles.

Y ahora se nos dice que todo fue consecuencia de las redes sociales y de una campaña de desinformación que habría animado a miles de personas a dirigirse hacia Ceuta. El presidente Pedro Sánchez ha señalado incluso a redes vinculadas a Rusia e Israel como responsables de esa desinformación, limpiando con ello la responsabilidad del Gobierno marroquí, y ,lo ha informado así porque si dijera como sabe, que el Gobierno marroquí ordenó la invasión de Ceuta tendría España que haberle declarado la guerra a Marruecos. Pero Pedro Sánchez prefiere seguir siendo el perro faldero del rey marroquí.

Puede haber existido desinformación. Puede haber influido.

Pero una cosa es conseguir que miles de personas quieran cruzar una frontera y otra muy diferente es que miles de personas puedan concentrarse y atravesarla en masa.

Ahí está la cuestión que todavía necesita una explicación convincente porque yo pienso que la invasión fue orquestada por el Gobierno marroquí a través de varios agentes que se infiltraron en la marcha, y fueron los mismos que 3 días después cuando recibieron la orden de retiro dijeron a la masa que había que retornar, y por ello solo quedaron aquellos que no estaban relacionados con los mandados por Marruecos. Son esos 7.000 u 8.000 que aún quedan en Ceuta entre adultos y MENAs.

El precedente de 2021 tampoco ayuda a olvidar

Porque esto no es completamente nuevo.

En mayo de 2021, después de que España permitiera la entrada por razones humanitarias del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para recibir tratamiento médico, unos 8.000 inmigrantes ilegales cruzaron hacia Ceuta en aproximadamente 36 horas. Diversos estudios y análisis de aquella crisis señalaron que el control fronterizo marroquí había sido relajado o facilitado durante la entrada masiva. Y España tuvo que hacerse cargo de miles de MENAs. (Como siempre ocurre, Marruecos le mete goles inmigratorios a España cuando le da la gana).

Aquello ocurrió en un contexto de fuerte tensión diplomática entre Madrid y Rabat.

Por eso, cinco años después, cuando volvemos a contemplar una entrada masiva de semejantes dimensiones, resulta inevitable recordar aquel episodio.

La historia puede repetirse.

Y cuando se repite, conviene hacerse preguntas.

¿De verdad nadie sabía nada?

Hay algo que resulta especialmente difícil de comprender.

Si una multitud de personas se dirige hacia una frontera internacional, las autoridades del país de origen deberían detectarlo.

Si existen carreteras, vehículos, concentraciones de personas y movimientos hacia la frontera, resulta razonable preguntar:

¿Dónde estaban los controles?

Y si, además, aparecen vídeos en los que se observan grupos de personas siendo transportadas hacia las proximidades de Ceuta, la pregunta se vuelve todavía más incómoda.

Esos vídeos, por sí solos, demuestran que el Gobierno marroquí ordenó la operación.

Por ello se plantean una cuestión legítima:

¿Quién organizó aquellos desplazamientos y por qué las autoridades marroquíes permitieron que se produjeran?

Porque una cosa es negar que el Gobierno marroquí organizara la entrada y otra muy diferente explicar cómo pudo producirse una operación migratoria de semejante magnitud.

España paga la factura

Y mientras se discute quién sabía qué y quién permitió qué, hay una realidad que nadie puede negar:

la factura la está pagando España.

España ha tenido que proporcionar alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria, seguridad, protección de menores y recursos administrativos para atender una situación extraordinaria. (Y mientras todo esto sucede Marruecos no ha mandado a España ni un dirham para ayudar a sus compatriotas; ni tampoco les ha pedido que regresen a su país).

Hoy todavía hay personas durmiendo en asentamientos improvisados en Ceuta, mientras las administraciones españolas trabajan para ampliar la capacidad de acogida. (El País)

Y el Gobierno español anuncia que la inmensa mayoría de quienes continúan allí serán devueltos a Marruecos una vez examinada individualmente su situación. (ElHuffPost)

Es decir:

Marruecos controla la salida de muchas de esas personas; España se encuentra con el problema, España lo atiende y España paga buena parte de las consecuencias.

¿Es razonable mantener indefinidamente una política en la que España depende de un tercer país para controlar una frontera exterior de la Unión Europea?

Yo creo que no.

Y Canarias conoce demasiado bien este problema

Canarias tampoco puede contemplar lo ocurrido en Ceuta como un problema lejano.

Las islas llevan más de 30 años soportando la presión de las rutas migratorias atlánticas. En 2026 las llegadas descendieron en algo, pero la ruta continúa siendo una de las más peligrosas del mundo. (Y así y con todo se nos han colado por mar y por aire unos 500.000 inmigrantes ilegales en unos 30 años).

Y aquí aparece otra pregunta que merece ser formulada:

¿Por qué España y la Unión Europea tienen que asumir prácticamente en solitario las consecuencias económicas, sociales y administrativas de una inmigración ilegal que parte desde territorio africano?

No estoy hablando de despreciar a nadie.

No estoy hablando de color de piel.

No estoy hablando de nacionalidades.

Estoy hablando de responsabilidades.

Una persona que entra legalmente en España, trabaja, paga impuestos y se mantiene por sus propios medios está en una situación completamente diferente de quien entra ilegalmente, carece de recursos y necesita que el Estado le proporcione alojamiento, alimentación y asistencia.

Y cuando se trata de menores no acompañados, MENAs, la responsabilidad económica y administrativa para las comunidades autónomas es todavía mayor. Casi 4.000 euros por mes por persona.

Ese es el debate que deberíamos mantener.

Marruecos tiene derecho a defender sus intereses. España también

Marruecos puede defender sus intereses nacionales.

Puede mantener sus reivindicaciones territoriales.

Puede discrepar de la política exterior española.

Puede negociar con Madrid.

Puede utilizar todos los instrumentos diplomáticos que considere oportunos dentro de la legalidad internacional.

Pero hay una línea que no debería cruzarse:

utilizar a seres humanos desesperados como instrumento de presión contra otro país.

Y si Marruecos sostiene que jamás ha utilizado la inmigración como mecanismo de presión, entonces debería ser el primer interesado en que se investigue hasta el último detalle de lo ocurrido en Ceuta.

Porque si realmente no tuvo ninguna responsabilidad, una investigación independiente debería demostrarlo.

Y si hubo autoridades que permitieron deliberadamente que la frontera se desbordara, también debería saberse.

Necesitamos respuestas

¿Quién movilizó a esas decenas de miles de personas?

¿Quién permitió que llegaran hasta la frontera?

¿Por qué no fueron detenidas antes?

¿Qué sabían los servicios de seguridad marroquíes?

¿Qué información tenía España?

¿Por qué España no estaba preparada para una entrada de semejante magnitud?

Y, sobre todo:

¿Qué garantías tenemos de que algo parecido no vuelva a ocurrir?

Porque Ceuta ya ha vivido dos episodios extraordinarios en pocos años.

En 2021 fueron miles.

En 2026 fueron decenas de miles.

Y cuando un país vecino demuestra que una frontera española puede verse sometida a una presión migratoria gigantesca en cuestión de horas, España tiene la obligación de aprender la lección.

Y Canarias debe mirar lo ocurrido con los ojos bien abiertos

Ceuta nos ha enseñado algo que los canarios sabemos desde hace mucho tiempo:

las fronteras no se defienden con discursos. Se defienden con medios, inteligencia, vigilancia y una política exterior firme.

Canarias no puede esperar a que ocurra una crisis de las dimensiones de Ceuta para empezar a preguntarse qué pasaría si un día se produjera una presión migratoria extraordinaria sobre las islas.

La prevención siempre cuesta menos que la improvisación.

Y a Marruecos hay que tratarlo como lo que es:

un vecino con el que España debe mantener relaciones diplomáticas, comerciales y de seguridad, pero también un Estado que defiende sus propios intereses y al que España no debe entregar gratuitamente las llaves de sus fronteras.

Porque una cosa es cooperar.

Y otra muy distinta es depender.

Ceuta ha dejado una pregunta encima de la mesa.

Ahora corresponde a España exigir una respuesta.

Y si las imágenes muestran movimientos de personas hacia la frontera, si miles de personas pudieron concentrarse en cuestión de horas y si las autoridades españolas fueron incapaces de prever la magnitud de lo que estaba sucediendo, entonces alguien tendrá que explicar por qué.

La historia puede ocultarse durante un tiempo detrás de comunicados diplomáticos. Pero las imágenes, los hechos y las consecuencias permanecen.

Nota final: Pienso que Marruecos usó la última invasión de Ceuta como un simulacro para demostrar a España que puede llevar a cabo una futura real invasión de Ceuta, Melilla y Canarias. Y España tendrá que entrar en guerra incluso contra civiles que Marruecos antepone como carne de cañón y en primera fila porque no siente aprecio por su gente, sobre todo por los pobres.

Ver vídeo de un camión descargando a decenas de inmigrantes cerca de Ceuta mientras un policía marroquí hace la vista gorda: https://www.instagram.com/reel/DbdeC0ygmEv/