La
inmigración ilegal no solo está perjudicando a Ceuta, también a toda España, y
más a Canarias
Por Bruno
Perera
El próximo 2 de septiembre se han convocado
concentraciones en numerosas ciudades españolas en apoyo a Ceuta, después de la
gravísima crisis migratoria que sufrió la ciudad autónoma a finales de julio.
La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha llamado a los
ayuntamientos a mostrar su solidaridad con los ceutíes bajo el lema “Ceuta
no está sola. Ceuta es España. Lo que afecta a los ceutíes nos concierne a
todos”. (FEMP)
En Lanzarote también se celebrará una
concentración.
Y, naturalmente, Ceuta merece todo nuestro
apoyo.
Pero hay algo que llama poderosamente la atención
en el mensaje que se está difundiendo en Canarias: “Apoyo a Ceuta. Le ha
tocado a Ceuta; mañana podría tocarle a Canarias”.
¿Mañana podría tocarle a Canarias?
No.
A Canarias ya le ha tocado. Y lleva tocándole más
de treinta años.
Canarias no
tiene que esperar a que llegue su turno
Canarias lleva décadas siendo una de las
principales puertas de entrada de la inmigración ilegal procedente de África.
Según los datos recogidos en un estudio publicado
este año, entre 1994 y 2025 llegaron por vía marítima a Canarias 270.218
inmigrantes en situación irregular.
Y hay un dato todavía más significativo: 142.539
llegaron solamente entre 2021 y 2025. Es decir, más de la mitad de todas
las llegadas registradas en las tres últimas décadas se concentraron en apenas
cinco años. (Europa Press)
Por tanto, cuando en Canarias se dice que “mañana
podría tocarnos”, convendría recordar que Canarias lleva años soportando una
presión migratoria extraordinaria.
No se trata de una posibilidad futura.
Es una realidad que las islas conocen desde hace
décadas.
Ceuta y
Canarias son dos caras del mismo problema
Lo ocurrido en Ceuta ha sido extraordinariamente
grave.
El 30 de julio se produjo una entrada masiva
desde Marruecos que las autoridades y medios internacionales han cifrado en más
de 70.000 personas, aunque la cifra exacta ha sido objeto de diferentes estimaciones.
Miles permanecen todavía en la ciudad y la situación ha provocado una fuerte
tensión social. España ha tenido que solicitar incluso la colaboración de
Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la Unión Europea para acelerar la
identificación y clasificación de las personas que permanecen allí. (Reuters)
En Ceuta se han producido además protestas de
ciudadanos que reclaman soluciones y el desalojo de los asentamientos
improvisados. La tensión llegó a episodios violentos, incluida la quema de un
asentamiento. (El País)
Por eso nadie debería minimizar lo que está
viviendo Ceuta.
Pero tampoco deberíamos caer en el error de
pensar que la inmigración ilegal es un problema exclusivamente ceutí.
Es un problema español.
Y es también un problema europeo.
Y en España, Canarias ha soportado durante
años una presión especialmente intensa.
¿Por qué
parece que solo nos acordamos de Canarias cuando llegan pateras?
Esta es la pregunta que deberíamos hacernos en
Lanzarote.
Cuando miles de personas aparecen de repente en
Ceuta, toda España descubre la gravedad de una frontera sometida a una presión
migratoria extraordinaria.
Pero cuando las pateras, las zodiacs , los
cayucos y los barcos de pesca robados llegan a Canarias, más las
pateras aviones, muchas veces el asunto desaparece de los titulares nacionales
después de unos días.
Y mientras tanto, las islas tienen que afrontar
las consecuencias.
Llegan inmigrantes que necesitan atención
sanitaria, alimentación, alojamiento, asistencia jurídica y protección.
Y existe además el problema particularmente
delicado de los MENAS, menores extranjeros no acompañados, cuya atención
recae en gran medida sobre las comunidades autónomas.
Canarias ha tenido que asumir durante años una
responsabilidad que, por su magnitud, difícilmente puede considerarse
exclusivamente canaria.
El problema no
termina cuando una persona llega a España
Aquí existe otro aspecto que conviene discutir
con serenidad.
Una política migratoria no puede limitarse a
rescatar o atender a quienes llegan después de haber conseguido atravesar una
frontera.
También debe existir una política eficaz de control
fronterizo, identificación, devolución cuando legalmente corresponda y lucha
contra las redes que organizan el tráfico de personas.
En el caso de Ceuta, el Gobierno español está
intentando ahora acelerar precisamente ese proceso con ayuda europea. Se ha
solicitado la incorporación de agentes adicionales de Frontex y apoyo de
Europol y de la Agencia de Asilo de la UE. (ElHuffPost)
Pero la pregunta que debemos hacernos es muy
sencilla:
¿Por qué no hemos tenido durante todos estos años
una respuesta europea de una dimensión semejante para Canarias?
Canarias también es frontera exterior de España.
Y, por tanto, también es frontera exterior de la
Unión Europea.
Apoyar a Ceuta
no significa olvidarse de Canarias
Los lanzaroteños que acudan el 2 de septiembre a
apoyar a Ceuta deberían poder hacerlo con toda legitimidad.
Ceuta es España.
Lo que ocurre allí nos afecta a todos.
Pero precisamente por eso sería perfectamente
razonable que desde Lanzarote se lanzara también otro mensaje:
Canarias también necesita apoyo.
No tiene sentido enfrentar a Ceuta con Canarias,
como tampoco tendría sentido enfrentar a Canarias con Ceuta.
Ambas son territorios españoles que se encuentran
en primera línea de las fronteras exteriores de la Unión Europea.
Y ambos necesitan que el Estado y Europa les
proporcionen medios suficientes para controlar sus fronteras y gestionar
adecuadamente la inmigración.
Canarias no
quiere privilegios; quiere que no se olvide su realidad
Canarias no está pidiendo un trato especial.
Está pidiendo que se reconozca una realidad que
lleva décadas padeciendo.
Porque cuando se acumulan decenas de miles de
llegadas en pocos años, el problema deja de ser exclusivamente humanitario.
También afecta a la seguridad, los servicios
públicos, la vivienda, la sanidad, la educación, los servicios sociales y la
capacidad de acogida.
Y afecta especialmente a unas islas que, por su
propia condición geográfica, tienen unas posibilidades limitadas para absorber
indefinidamente una presión migratoria de semejante magnitud.
Por eso resulta extraño escuchar:
“Mañana podría tocarle a Canarias”.
La respuesta desde Canarias debería ser:
“No hace falta esperar a mañana. A Canarias ya le
ha tocado.”
Y hay que
hablar también de Marruecos
La cuestión no puede analizarse únicamente desde
el lado español.
Marruecos es un elemento fundamental en cualquier
solución.
Lo ocurrido en Ceuta demuestra hasta qué punto el
control de la frontera marroquí puede tener consecuencias inmediatas sobre
España.
España necesita cooperación con Marruecos, pero
esa cooperación debe traducirse en resultados concretos: control efectivo de
las fronteras, lucha contra las mafias que trafican con personas y cumplimiento
de los acuerdos de readmisión cuando sean aplicables.
Y, al mismo tiempo, España debe mantener una
posición clara respecto a Ceuta y Melilla.
El ministro de Exteriores, José Manuel Albares,
ha asegurado recientemente que la soberanía de ambas ciudades no es objeto de
negociación con Marruecos.
Esa posición debería quedar completamente clara.
La solidaridad
debe ser para todos
El 2 de septiembre se podrá decir:
“Ceuta no está sola”.
Estoy de acuerdo.
Pero desde Canarias deberíamos añadir:
“Canarias tampoco”.
Porque los españoles de Ceuta no son más
españoles que los canarios.
Ni los canarios somos más españoles que los
ceutíes.
Somos ciudadanos de un mismo país y vivimos en
territorios que, además, forman parte de la frontera exterior de la Unión
Europea.
Por eso, si la concentración del 2 de septiembre
pretende ser realmente un acto de solidaridad nacional, debería servir para
algo más que para recordar la tragedia de Ceuta.
Debería servir para recordar que España tiene
un problema migratorio que afecta a todo el territorio nacional y que Canarias
lleva soportando una parte especialmente importante de ese problema desde hace
más de treinta años.
Ceuta necesita ayuda.
Canarias también.
Ceuta necesita seguridad.
Canarias también.
Ceuta necesita que España y Europa no la
abandonen.
Canarias tampoco puede ser abandonada.
Y quizá el mensaje que deberíamos llevar desde
Lanzarote a la concentración del 2 de septiembre sea precisamente este:
“Apoyo a
Ceuta. Pero no olvidemos que Canarias lleva más de treinta años en primera
línea.”
Porque la inmigración ilegal no solo está perjudicando
a Ceuta: está afectando a toda España, y especialmente a Canarias.


