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sábado, 5 de septiembre de 2026

En Marruecos no vuela una mosca sin que su rey se entere

 


En Marruecos no vuela una mosca sin que su rey se entere

Por Bruno Perera

Lo ocurrido en Ceuta los días 30 y 31 de julio ya no puede explicarse simplemente como una avalancha migratoria espontánea. Los nuevos datos conocidos sobre la investigación policial dibujan un escenario mucho más preocupante: una entrada masiva que habría sido planificada, organizada en varias oleadas y facilitada desde el lado marroquí de la frontera.

Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿de verdad alguien puede creer que una operación de semejante magnitud pudo desarrollarse en Marruecos sin conocimiento de las autoridades de ese país?

Un informe elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional y remitido a la Audiencia Nacional describe la entrada como un proceso planificado y no espontáneo. Según el documento, agentes marroquíes, tanto uniformados como de paisano, habrían guiado a grupos de personas hacia los puntos de entrada a Ceuta. El informe habla incluso de un «guiado activo» y de una «total permisividad» de las fuerzas de seguridad marroquíes. (EFE Noticias)

Estamos hablando de decenas de miles de personas. El propio informe considera que una operación de semejante magnitud requería un nivel de planificación muy superior a la capacidad de las mafias dedicadas habitualmente a la inmigración ilegal. Además, alrededor del 90% de quienes entraron no permanecieron en Ceuta, algo que dificulta considerablemente interpretar lo ocurrido como una simple operación migratoria destinada a buscar una nueva vida en España. (EFE Noticias)

¿Una invasión migratoria o una operación de presión?

La Policía considera que la finalidad migratoria pudo utilizarse como cobertura formal para provocar el colapso de los mecanismos españoles de control fronterizo. (Y que quizás la invasión la produjo Marruecos en respuesta a esos 200.000 saharauis que España quiere dar nacionalidad española).

La primera oleada estuvo formada principalmente por jóvenes, muchos de ellos preparados para atravesar el agua. Posteriormente llegaron familias, mujeres y niños, aumentando todavía más la dificultad de respuesta de las fuerzas españolas. El informe interpreta esta secuencia como una estrategia destinada a saturar progresivamente la capacidad española de control y asistencia. (EFE Noticias)

Si esta interpretación acaba siendo confirmada judicialmente, estaríamos ante algo mucho más serio que una crisis migratoria: estaríamos ante una utilización deliberada de grandes masas humanas como instrumento de presión contra un Estado europeo.

¿Y qué papel desempeñó Marruecos?

Aquí está la cuestión fundamental.

El informe policial señala la actuación de miembros de las fuerzas de seguridad marroquíes y describe comportamientos que van desde la permisividad hasta el supuesto guiado de personas hacia los puntos de entrada.

Pero existe una diferencia que conviene mantener: una cosa es acreditar la actuación de agentes marroquíes y otra demostrar documentalmente que Mohamed VI ordenó personalmente la operación. ¿Porque el rey marroquí siempre se esconde de los chantajes que le hace a España con la inmigración ilegal).

Hasta hoy el Gobierno español no  ha hecho pública una prueba directa de una orden del rey de Marruecos porque el presidente Sánchez no tiene las suficientes agallas como para acusarlo. ( Quién sabe lo que tendrá Mohamed VI guardado del teléfono de Sánchez como para que este sienta tanto temor).

Sin embargo, desde una perspectiva política resulta difícil ignorar la estructura del Estado marroquí. Marruecos es una monarquía en la que el rey Mohamed VI ocupa una posición extraordinariamente poderosa dentro del sistema político y de seguridad del país.

Por eso resulta legítimo plantear una pregunta:

¿Es razonable pensar que una movilización de decenas de miles de personas hacia la frontera de Ceuta, acompañada —según el informe policial— por actuaciones de agentes marroquíes, pudiera desarrollarse sin que las más altas instancias del Estado marroquí tuvieran conocimiento de ello?

Mi respuesta es que esa posibilidad merece ser investigada hasta el final.

Y de ahí nace el título de este artículo:

En Marruecos no vuela una mosca sin que su rey se entere.

No es una prueba judicial de que Mohamed VI diera personalmente la orden. Es una manera de expresar una cuestión política que España no debería pasar por alto.

Y ahora aparece el 20 de septiembre

Cuando todavía no se han cerrado las heridas de la crisis de julio, aparece una nueva convocatoria difundida desde Marruecos para el 20 de septiembre, con llamamientos a una marcha para «liberar» Ceuta, Melilla y otros territorios españoles.

La convocatoria está siendo vigilada por el CNI, la Policía Nacional y la Guardia Civil ante el temor de que pueda generar una nueva situación de tensión. (Antena3)

Y aquí es donde aparece otra pregunta política.

¿Se trata simplemente de una movilización nacionalista promovida por determinados grupos marroquíes? ¿O estamos ante una nueva maniobra destinada a modificar el relato de lo sucedido durante la crisis de julio?

No tenemos pruebas para afirmar que la convocatoria del 20 de septiembre haya sido ordenada por Mohamed VI. Pero tampoco sería prudente ignorarla.

Más aún porque la fecha elegida se sitúa apenas tres días antes de las elecciones legislativas marroquíes, lo que añade un componente político evidente al episodio. (Libertad Digital)

España necesita saber toda la verdad

Hay otro aspecto especialmente preocupante: el enfrentamiento que se ha producido en España alrededor del propio informe policial.

La jueza de la Audiencia Nacional que investiga los hechos ordenó mantener la máxima reserva sobre el documento. El Gobierno ha cuestionado esa decisión, mientras que la Audiencia Nacional ha respaldado la actuación de la magistrada. (El País)

¿Por qué tanta controversia alrededor de un informe policial?

Precisamente porque lo ocurrido en Ceuta puede tener consecuencias que van mucho más allá de la inmigración.

Si finalmente se demuestra que hubo una operación planificada desde Marruecos y que agentes de ese país participaron activamente en el guiado de las personas hacia territorio español, España tendría que preguntarse si estuvo ante una simple crisis migratoria o ante una estrategia de presión sobre la frontera española.

Y si además se demostrara que las autoridades superiores marroquíes conocían y permitieron la operación, la cuestión adquiriría una dimensión diplomática completamente distinta.

No podemos adelantarnos a la investigación

Conviene ser claros: todavía no existe una sentencia que establezca que el Gobierno de Marruecos ordenó la entrada masiva ni una prueba pública que demuestre que Mohamed VI impartió personalmente la orden.

Pero tampoco estamos ya donde estábamos hace unas semanas.

Ahora existe un informe policial de 55 páginas que describe una entrada planificada, habla de participación y guiado por agentes marroquíes y considera que la magnitud y organización de los acontecimientos excedían ampliamente las capacidades normales de las redes criminales. (EFE Noticias)

Y existe una nueva convocatoria para el 20 de septiembre que vuelve a colocar a Ceuta y Melilla en el centro del discurso nacionalista marroquí.

Por eso España tiene derecho a exigir respuestas.

Porque una frontera europea no puede convertirse en un tablero donde se muevan miles de personas como piezas de una partida política.

Y porque, si alguien utilizó deliberadamente a decenas de miles de personas para poner en jaque a Ceuta, España necesita saber quién dio las órdenes, quién las ejecutó y quién permitió que ocurriera.

Hasta que esas preguntas tengan una respuesta convincente, seguirá flotando en el aire una pregunta mucho más grande:

¿Quién estaba realmente detrás de lo ocurrido en Ceuta?

Y mientras tanto, una frase seguirá resonando:

En Marruecos no vuela una mosca sin que su rey se entere.

 

 

Marruecos vive gracias a España y a Europa

 


Marruecos vive gracias a España y a Europa

Por Bruno Perera

Cuando se habla de Marruecos, muchas veces se presenta al país como una potencia económica independiente y en plena expansión. Y es cierto que Marruecos ha desarrollado industrias importantes, especialmente la automoción, la aeronáutica, los fertilizantes y la agricultura de exportación.

Pero detrás de esas cifras hay una realidad que merece ser analizada: una parte muy importante de las divisas que entran cada año en Marruecos procede de Europa o está estrechamente vinculada a ella.

Los datos de 2025 permiten hacerse una idea bastante clara.

Turismo: 138.000 millones de dirhams

El turismo constituye una de las principales fuentes de divisas del Reino. En 2025 Marruecos recibió 19,8 millones de visitantes y obtuvo aproximadamente 138.000 millones de dirhams en ingresos turísticos. (Ministerio de Turismo y Artesanía)

Y Europa tiene un peso enorme en ese movimiento turístico. Francia, España, Reino Unido, Bélgica e Italia se encuentran entre los principales mercados emisores, y todos ellos registraron aumentos de visitantes hacia Marruecos durante 2025. (Ministerio de Turismo y Artesanía)

Por tanto, una parte considerable de esos miles de millones de dirhams procede directa o indirectamente de ciudadanos europeos.

Los emigrantes marroquíes: 122.000 millones de dirhams

Existe otra fuente de divisas todavía más llamativa: los marroquíes que viven en el extranjero.

En 2025 enviaron a Marruecos 122.023 millones de dirhams, aproximadamente 11.000 millones de euros, según la Oficina de Cambios marroquí. (Gobierno de Occitania)

Y aquí vuelve a aparecer Europa.

Francia fue el principal origen de estas transferencias, seguida por España, Italia, Países Bajos, Bélgica y Alemania. Según los datos disponibles, España aportó alrededor de 18.500 millones de dirhams en remesas durante 2025.

Es decir, el dinero que producen los trabajadores marroquíes residentes en Europa constituye una fuente extraordinariamente importante para la economía de Marruecos.

Los fosfatos: unos 100.000 millones de dirhams

Marruecos posee una de las mayores reservas de fosfatos del planeta y este recurso constituye uno de los pilares históricos de su economía.

En 2025 las exportaciones marroquíes de fosfatos y derivados alcanzaron aproximadamente 99.800 millones de dirhams, incluyendo fosfatos, ácido fosfórico y fertilizantes. (Scribd)

Aquí conviene distinguir entre el mineral de fosfato y sus productos transformados: Marruecos ha desarrollado enormemente la fabricación de fertilizantes y otros productos derivados, aumentando así el valor de sus exportaciones.

Frutas y verduras: alrededor de 43.000 millones de dirhams

Otro de los grandes pilares de las exportaciones marroquíes es la agricultura.

Las estimaciones disponibles para 2025 sitúan las exportaciones de frutas y verduras alrededor de 43.000 millones de dirhams.

Entre los principales productos aparecen el tomate, los frutos rojos, los cítricos, el aguacate, las sandías y los melones. En 2025 las exportaciones de frutas y hortalizas alcanzaron aproximadamente 1,6 millones de toneladas. (Le 360 Français)

Y aquí aparece nuevamente Europa como mercado fundamental.

La proximidad geográfica entre Marruecos y Europa permite transportar productos agrícolas marroquíes en pocas horas o días hasta los supermercados europeos, especialmente los de España, Francia, Países Bajos, Alemania y Reino Unido.

El pescado y los productos del mar: unos 25.000 millones de dirhams

Marruecos también obtiene importantes ingresos de sus recursos pesqueros.

En 2025 las exportaciones de productos del mar alcanzaron aproximadamente 25.300 millones de dirhams, según los datos del sector. Esto incluye pescado congelado, moluscos, crustáceos, conservas, productos transformados y otros productos marinos. (Le 360 Français)

El pescado congelado, por ejemplo, generó unos 4.050 millones de dirhams, mientras que los moluscos congelados alcanzaron unos 5.930 millones.

Pero, nuevamente, una parte fundamental de esta producción está orientada a los mercados exteriores.

La agricultura y la alimentación: 86.200 millones de dirhams

Si ampliamos la mirada más allá de las frutas y verduras, encontramos todo el sector agroalimentario.

En 2025 Marruecos exportó productos agroalimentarios por valor de 86.200 millones de dirhams, unos 8.000 millones de euros aproximadamente. El propio sector marroquí lo considera la tercera gran fuente de divisas del país, representando alrededor del 18 % de las exportaciones nacionales. (Le Matin)

Aquí están incluidos productos agrícolas, alimentos transformados, frutas, verduras y productos de la pesca, entre otros.

¿De dónde sale realmente el dinero?

Si juntamos algunas de estas grandes fuentes de entrada de divisas obtenemos una cifra enorme:

  • Turismo: 138.000 millones de dirhams.
  • Remesas de emigrantes: 122.023 millones.
  • Fosfatos y derivados: unos 99.800 millones.
  • Frutas y verduras: alrededor de 43.000 millones.
  • Productos del mar: unos 25.300 millones.

Pero estas cantidades no deben sumarse mecánicamente como si fueran ingresos netos del Estado, porque se trata de categorías económicas diferentes y algunas pueden solaparse parcialmente. Sirven, sin embargo, para visualizar la magnitud de las principales fuentes de divisas de Marruecos.

España ocupa una posición especialmente importante

Y aquí llegamos a España.

España no es simplemente un país vecino de Marruecos. Es uno de sus principales socios comerciales, un importante mercado para sus productos agrícolas y pesqueros, una puerta de entrada hacia el resto de Europa y también uno de los países donde reside una importante comunidad marroquí.

Además, España es uno de los principales destinos de las exportaciones marroquíes y uno de los grandes países europeos que mantienen intercambios económicos con el Reino.

La agricultura marroquí necesita mercados exteriores. La pesca necesita compradores. La industria necesita mercados. El turismo necesita visitantes. Y las familias marroquíes reciben miles de millones enviados por sus familiares que trabajan fuera del país.

Una relación económica que no siempre se reconoce

Por eso, cuando desde Marruecos se habla de España y de Europa únicamente como socios políticos o comerciales, conviene recordar la otra cara de la relación.

Europa también constituye una fuente extraordinariamente importante de riqueza para Marruecos.

Millones de europeos viajan cada año a Marruecos. Los consumidores europeos compran tomates, frutas, verduras y productos del mar marroquíes. Empresas europeas comercian e invierten en Marruecos. Y millones de marroquíes residentes en Europa trabajan y generan ingresos que posteriormente envían a sus familias en Marruecos.

No se trata de afirmar que Marruecos no pueda vivir sin Europa. Marruecos tiene una economía diversificada y también mantiene relaciones comerciales con África, América, Asia y Oriente Medio.

Pero las cifras muestran algo difícil de ignorar:

Europa constituye uno de los grandes motores externos de la economía marroquí.

Y dentro de Europa, España ocupa una posición especialmente estratégica por su proximidad, sus intercambios comerciales, sus conexiones marítimas y terrestres y la presencia de una numerosa comunidad marroquí en territorio español.

Por eso, el título de este artículo puede resumirse en una idea sencilla:

Marruecos produce, exporta y crece; pero una parte muy importante del dinero que alimenta ese crecimiento procede de los mercados, turistas, trabajadores y consumidores de España y del resto de Europa.

Y esa realidad económica debería tenerse muy presente cada vez que se analiza la relación entre España, Marruecos y la Unión Europea.

Nota: Y en todo esto también España tiene acogidos a más de 15.000 MENAs marroquíes a razón de un gasto mensual de unos 4.000 euros por cada individuo. 

Final: De lo que hay aquí explicado se obtiene que España tiene suficientes armas sociales, económicas y políticas para decirle a Marruecos que sino para el chantaje emigratorio España le cierra el grifo económico europeo.

viernes, 4 de septiembre de 2026

El Gobierno marroquí es un vecino del que España no puede fiarse

 


El Gobierno marroquí es un vecino del que España no puede fiarse

Por Bruno Perera

Políticos/as españoles/as, dejen ya de mentir: menos farsa, más honestidad, menos toques de corazón proinmigración ilegal y menos interés en conseguir votos a costa de dividir a España en varias repúblicas.

España tiene con Marruecos una relación que debería ser de buena vecindad, cooperación y respeto mutuo. Sin embargo, la historia de las últimas décadas demuestra que esa relación ha estado marcada demasiadas veces por la presión religiosa, el conflicto territorial, la utilización de la emigración y una diplomacia basada en el hecho consumado que tristemente nos enfrenta sin razones verídicas.

No se trata de sentir algo negativo contra el pueblo marroquí. Se incurre en analizar las actuaciones de un Estado y de su gobierno. Una cosa es respetar a los ciudadanos marroquíes y otra muy distinta aceptar que un Gobierno extranjero utilice a sus propios ciudadanos como instrumento de presión emigratoria contra España. (Emigrantes como carne de cañón y sin piedad. Y a ello añade el Gobierno marroquí que son musulmanes creyentes del único Dios justo). ¡Qué pena¡

Una historia demasiado larga

La presencia bereber en la península ibérica comenzó cientos o miles de años antes de la invasión musulmana, y la  musulmana en la península Ibérica se inició  a partir del 710- 711, con la entrada de fuerzas árabes “omeyas” de Damasco y bereberes procedentes del norte de África. En pocas décadas, Al-Ándalus llegó a extenderse por una gran parte de la península hasta la frontera del río Ebro.

Pero no debemos confundir la historia de aquellos siglos con la del Marruecos actual. El territorio presente de Marruecos fue parte de la antigua Mauretania Tingitana con su rey Huba II hijo de Huba I que gobernó casi todo el norte de África unos 300 A.C., fue una provincia romana, y la historia del Magreb ha pasado por numerosas civilizaciones, dinastías y Estados diferentes. El Marruecos contemporáneo es otra realidad histórica y política de apenas unos 70 años de edad.

Precisamente por eso conviene mirar la historia sin simplificaciones.

Ceuta no apareció ayer en el mapa

Cuando desde Marruecos se reivindica Ceuta y Melilla como si fueran dos territorios recientemente separados de Marruecos, se está ignorando una parte fundamental de la historia.

Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415. En 1580, durante la unión de las coronas ibéricas, pasó a la Corona de Felipe II. Posteriormente, el Tratado de Lisboa de 1668 reconoció la soberanía portuguesa y, con ella, la continuidad de Ceuta bajo la Corona portuguesa hasta su incorporación definitiva a España.

Melilla pasó a estar bajo dominio de la Corona de Castilla el 17 de septiembre de 1497, cuando una expedición dirigida por Pedro de Estopiñán, por iniciativa del duque de Medina Sidonia y con el respaldo de los Reyes Católicos, tomó la ciudad.

Estamos hablando, por tanto, de varios siglos de presencia portuguesa y española, no de una ocupación reciente.

Y esto debería recordarse cada vez que determinados sectores políticos marroquíes vuelven a colocar sobre la mesa sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla. Y si le hacemos caso a Marruecos en sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, tendríamos que modificar todas la fronteras del mundo, por ejemplo los casos de: Turquía, Estados Unidos, Países hispanos americanos, Canadá, Australia, Nueva Zelandia y otros tantos.

La Marcha Verde: cuando la presión se convirtió en instrumento político

Uno de los episodios que mejor explica la política marroquí de presión sobre España fue la Marcha Verde de 1975.

Centenas de miles de civiles fueron movilizados por el Gobierno marroquí hacia el entonces Sáhara español, que había sido territorio español desde 1884. En una operación política que ejerció una enorme presión sobre España en un momento de extraordinaria debilidad política, porque estaba en movimiento la transición española. (Y parece ser que esta iniciativa fue orquestada por algunos políticos estadounidenses, olvidando que, por la misma regla, México podría y puede hacer lo que Marruecos ha venido haciendo: que sería, en el caso de México, reclamar con una marcha de millones de gente la antigua Nueva España, que fue robada a México por los gringos).

A hilo con lo mismo. Desde entonces, España ha visto repetirse, con diferentes características, situaciones en las que la cuestión migratoria aparece vinculada a las relaciones con Marruecos.

Y aquí está una de las cuestiones que más debería preocuparnos: cuando la emigración deja de ser simplemente un fenómeno social y se convierte en una herramienta de presión internacional, Europa tiene un problema.

La inmigración no puede convertirse para ningún país africano en un arma diplomática

España ha recibido durante 3 décadas a cientos de miles de ciudadanos marroquíes y subsaharianos.

Muchos llegaron legalmente, trabajan, cotizan, han formado familias y forman parte de la sociedad española. Eso debe reconocerse sin ningún problema.

Pero también existe otra realidad: miles de personas han intentado llegar ilegalmente a España desde países subsaharianos y desde Marruecos, por tierra vía aérea y por mar, poniendo incluso en peligro sus propias vidas por mar.

Y cuando esto ocurre, ¿Quién termina haciéndose cargo de esas personas?

España.

La asistencia sanitaria, los servicios sociales, los centros de acogida, la protección de los menores no acompañados “MENAs” y buena parte de los costes derivados de la inmigración ilegal recaen sobre España y, en determinados ámbitos, sobre la Unión Europea.

Por eso resulta legítimo preguntarse si Marruecos está haciendo todo lo que podría hacer para evitar que sus ciudadanos arriesguen la vida intentando llegar a territorio europeo.

Y llegamos a Ceuta

Lo sucedido en Ceuta en  los últimos dos tres  días de julio 2026 ha llevado esta cuestión a un nivel diferente.

Una entrada masiva de cerca de  80.000 personas hacia territorio español puso de manifiesto, una vez más, la enorme vulnerabilidad de una frontera europea situada a pocos metros de otro Estado.

Ceuta no dispone de un territorio ilimitado ni de recursos infinitos. Ceuta posee 18,5 hectáreas de territorio y una población de unos 85.000 ciudadanos. Cuando miles de personas, unos 80.000 llegan simultáneamente, la presión sobre los servicios públicos, la seguridad y la capacidad de acogida resulta extraordinaria e imposible de asumir.

Al mismo tiempo, se han producido acusaciones y controversias sobre la actuación de las autoridades marroquíes durante los episodios de presión fronteriza.

Conviene ser rigurosos: denunciar la pasividad o permisividad que hubo en la invasión de Ceuta no solo con ello se acusa al Gobierno marroquí como promotor, también se le señala de invasor chantajista, que es lo que es.

Incluso dejando esa cuestión abierta, queda una pregunta fundamental:

¿Cómo pudo producirse una presión migratoria de semejante magnitud sobre una frontera española y europea si las autoridades del otro lado no ejercieron un control eficaz sobre su propio territorio?

España no puede vivir permanentemente bajo presión

Lo que resulta preocupante no es solamente un episodio concreto.

Es el precedente.

Si un país sabe que puede producirse una enorme presión migratoria sobre una frontera europea cuando disminuye el control de sus propios accesos, estamos ante un problema de seguridad que afecta no solamente a España, sino a toda la Unión Europea.

Ceuta no es una ciudad cualquiera.

Es territorio español y frontera exterior de la Unión Europea.

Cuando la frontera de Ceuta se desborda, no solamente se pone a prueba la capacidad de España: se pone a prueba la capacidad de Europa para defender sus propias fronteras.

¿Dónde está la reciprocidad?

Aquí aparece otra cuestión incómoda.

Marruecos exige respeto, cooperación económica, apoyo europeo y reconocimiento internacional de sus intereses.

España, por su parte, ha mantenido durante décadas relaciones económicas, comerciales y diplomáticas con Marruecos y ha colaborado en materia de seguridad y control migratorio.

Pero una relación entre dos países solamente puede funcionar cuando existe reciprocidad.

No puede ser que España ayude, acoja, atienda y financie buena parte de las consecuencias sociales de la inmigración mientras, al mismo tiempo, determinados sectores políticos marroquíes mantienen reivindicaciones sobre territorios españoles.

No puede ser que cada crisis diplomática termine teniendo como escenario nuestras fronteras.

Y no puede ser que la inmigración se convierta en moneda de cambio.

¿Qué ayuda económica aporta Marruecos?

Hay una pregunta que el Gobierno marroquí debería responder con claridad:

¿Cuánto dinero ha destinado Marruecos a España para ayudar a atender a los ciudadanos marroquíes que han abandonado su país y han llegado a España en situación de necesidad?

España lleva décadas soportando importantes costes derivados de la llegada de ciudadanos procedentes de Marruecos: acogida, asistencia sanitaria, servicios sociales, protección de menores no acompañados y atención humanitaria.

España lo hace porque es un Estado democrático y porque considera que una persona que llega en situación de necesidad debe ser atendida con dignidad.

Pero la solidaridad no puede tener una sola dirección.

Marruecos no debería desentenderse de las consecuencias que tiene para España la salida de sus propios ciudadanos cuando llegan sin recursos y necesitan asistencia.

Y aquí no estamos hablando de exigir que España deje de ayudar. Todo lo contrario.

España debe seguir ayudando al ser humano que llega desesperado.

Pero una cosa es ayudar a una persona y otra muy distinta permitir que el Estado de procedencia se desentienda de cualquier responsabilidad.

Si Marruecos considera que sus ciudadanos forman parte de su nación cuando viven en el extranjero, también debería asumir alguna responsabilidad cuando esos ciudadanos llegan a España sin recursos y necesitan ser atendidos.

La pregunta, por tanto, sigue siendo legítima:

¿Dónde está la ayuda económica directa de Marruecos a España para hacer frente a la atención de los ciudadanos marroquíes que han salido de Marruecos y han terminado necesitándola?

España no debería convertirse indefinidamente en el país que recibe, alimenta, aloja, atiende y protege a quienes abandonan Marruecos, mientras Rabat se limita a contemplar el problema desde el otro lado de la frontera y a poner la mano para recibir ayudas económicas anualmente de unos 600 millones de euros que España y la UE., donan a Marruecos para controlar la inmigración ilegal que Marruecos utiliza como carne de cañón cuando le da la gana y cuando le interesa.

Marruecos necesita a España tanto como España necesita estabilidad en Marruecos

Hay otra realidad que tampoco debemos olvidar.

España no tiene ningún interés en que Marruecos sea un país pobre, inestable o enfrentado permanentemente con sus vecinos.

Al contrario.

A España le interesa un Marruecos próspero, estable y capaz de ofrecer oportunidades a sus ciudadanos.

Porque cuando un país ofrece futuro a su población, disminuye la necesidad de emigrar.

Por eso la mejor política española hacia Marruecos no debería ser la hostilidad, sino una combinación de cooperación y firmeza.

Cooperación económica cuando sea beneficiosa para ambas partes.

Cooperación policial contra las mafias.

Cooperación en materia de seguridad.

Pero también líneas rojas perfectamente definidas.

Ni chantaje ni amenazas

España debe dejar claro que la cooperación no significa renunciar a sus intereses nacionales.

Ceuta es España.

Melilla es España.

Canarias es España.

Y las fronteras españolas son fronteras europeas.

La defensa de estas realidades no significa despreciar a Marruecos ni a los marroquíes. Significa simplemente defender la soberanía territorial de España y exigir que cualquier diferencia se resuelva mediante la diplomacia y el derecho, no mediante presiones migratorias.

El pueblo marroquí no es el enemigo

Conviene repetirlo porque es fundamental.

El problema no son los marroquíes que viven honestamente en España o en Marruecos.

El problema tampoco es el ciudadano marroquí que busca una vida mejor.

El problema aparece cuando el Gobierno marroquí utiliza la religión y la desesperación de personas pobres como instrumento de presión política para obtener ganancias económicas que luego se reparten entre la elite marroquí.

Un joven que se lanza al mar buscando un futuro no debería ser considerado un arma. Pero para el Gobierno marroquí es un arma político y económico.

Es una persona.

Y precisamente por eso ningún Gobierno debería utilizar su desesperación para conseguir objetivos políticos.

España debe aprender de la historia

La historia enseña que las relaciones internacionales no pueden basarse únicamente en buenas intenciones.

España debe cooperar con Marruecos, pero también debe estar preparada para defenderse de cualquier presión.

Ni provocaciones ni guerras.

Pero tampoco ingenuidad.

Porque ser buen vecino no significa aceptar cualquier cosa.

Ayudar a quien lo necesita no significa permitir que la desesperación humana sea utilizada como instrumento de presión.

Y llegamos así a la cuestión fundamental.

Si reclamas honestidad, debes responder con honestidad

Marruecos reclama constantemente cooperación, solidaridad, respeto y honestidad a España y a Europa.

Pues bien:

Si reclamas honestidad, también debes responder con honestidad.

Si reclamas solidaridad, también debes ofrecer solidaridad.

Y si reclamas cooperación, también debes cooperar cuando llega la hora de asumir responsabilidades.

No es razonable que España cargue con una parte tan importante de las consecuencias sociales y económicas de la emigración procedente de Marruecos mientras el Gobierno marroquí reclama permanentemente nuevos compromisos y ayudas de España y de Europa.

La solidaridad no puede ser una calle de sentido único.

La verdadera amistad entre países no consiste en exigir siempre al vecino y agradecerle poco.

La verdadera cooperación consiste en dar y recibir, ayudar y ser ayudado, exigir y cumplir, reclamar derechos y asumir obligaciones.

Marruecos es un país vecino con el que España debe mantener relaciones de cooperación. Pero una cooperación auténtica solamente puede existir cuando existe reciprocidad y sinceridad.

Y por eso la conclusión es sencilla:

Si Marruecos reclama honestidad a España, debe pagar con la misma moneda: honestidad.

Si reclama solidaridad, debe ofrecer solidaridad.

Y si exige que España asuma responsabilidades, también debe asumir las suyas.

Porque entre vecinos puede haber diferencias, pero lo que no puede existir es una relación en la que uno exige y el otro siempre paga la hambruna que el Gobierno marroquí no ha sabido gestionar. Y que no es culpa de España sino de los políticos y empresarios marroquíes.

Nota: En el 2021 España tuvo que tragarse a más de 2.000 MENAs y a varios miles de adultos basándose en las leyes de Naciones Unidas. Y esta vez en Ceuta  ocurre lo mismo porque Marruecos no dejará de chantajear a España. Por ello la solución es que España abandone los tratados internacionales para poder expulsar del territorio español a adultos y  MENAs que hayan entrado ilegalmente, sin que importe de qué nación procedan.

Y a continuación me pueden llamar racista porque defiendo mis intereses y los de toda España. A mí la inmigración no me da nada, más bien me quita porque tengo que compartir todos mis privilegios con ellos a cambio de más saturación en todo

jueves, 3 de septiembre de 2026

Ceuta: 18,5 kilómetros cuadrados para afrontar la llegada de más de 70.000 personas

 


Ceuta: 18,5 kilómetros cuadrados para afrontar la llegada de más de 70.000 personas

Por Bruno Perera

Hay cifras que, cuando se ponen unas junto a otras, permiten comprender mucho mejor la dimensión de un acontecimiento. Lo ocurrido en Ceuta a finales de julio de 2026 es uno de esos casos.

Ceuta tiene una superficie aproximada de 18,5 kilómetros cuadrados, es decir, unas 1.850 hectáreas. Es un territorio extraordinariamente reducido en el que viven alrededor de 84.000 personas.

Para comprender realmente lo pequeño que es ese territorio podemos compararlo con Lanzarote.

La antigua La Tiñosa, el pequeño pueblo pesquero que dio origen al actual Puerto del Carmen, ocupaba históricamente unas 4 hectáreas, equivalentes a 40.000 metros cuadrados. Puerto del Carmen actual se extiende aproximadamente sobre 8,8 kilómetros cuadrados, unas 880 hectáreas.

Por tanto, si sumáramos esas aproximadamente 880 hectáreas de Puerto del Carmen a las 4 hectáreas de la antigua Tiñosa, obtendríamos unas 884 hectáreas.

Ceuta tiene unas 1.850 hectáreas.

Es decir, Ceuta tiene algo más del doble de superficie que Puerto del Carmen y la antigua Tiñosa juntos.

Y existe otra comparación todavía más llamativa: el Paisaje Protegido de La Geria tiene 5.255,4 hectáreas, casi tres veces la superficie de Ceuta. El propio Gobierno de Canarias establece oficialmente esa superficie para La Geria. (Gobierno de Canarias)

Ahora imaginemos lo que significa recibir a decenas de miles de personas

Entre los días 30 y 31 de julio se produjo en Ceuta una llegada masiva desde Marruecos. Las informaciones publicadas hablan de más de 70.000 personas, mientras algunas estimaciones elevan la cifra hasta unas 80.000.

Para ponerlo en perspectiva: estamos hablando de una cantidad de personas cercana a la población que ya tenía toda Ceuta.

Es como si, de repente, sobre una ciudad de apenas 18,5 km² apareciera otra población de dimensiones semejantes.

No estamos hablando simplemente de un incremento de unos cientos de personas. Estamos hablando de una cantidad que puede alterar, en cuestión de horas, la capacidad de cualquier territorio para proporcionar alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria, seguridad, higiene, transporte y servicios básicos.

La magnitud explica por sí sola por qué Ceuta se encontró ante una situación excepcional.

El tamaño importa

A veces se habla de Ceuta como si fuera una gran extensión territorial. No lo es.

Sus aproximadamente 1.850 hectáreas incluyen viviendas, calles, instalaciones públicas, carreteras, zonas militares, espacios naturales, playas y otros terrenos que no pueden convertirse simplemente en lugares de alojamiento.

Por eso no basta con dividir el número de personas entre los kilómetros cuadrados y decir que "caben".

Una ciudad no es un solar vacío.

Si 70.000 personas llegan de golpe, necesitan agua, comida, baños, atención médica, seguridad, alojamiento y espacio para desplazarse. Y cuanto más pequeño es el territorio, antes se alcanza el límite de su capacidad.

Esto es precisamente lo que hace que el caso de Ceuta resulte tan diferente de una llegada de características similares a un territorio mucho más extenso.

La comparación con La Geria resulta sorprendente

La Geria ocupa 5.255,4 hectáreas, frente a las aproximadamente 1.850 hectáreas de Ceuta.

Eso significa que La Geria es aproximadamente 2,84 veces más grande que Ceuta.

Y, sin embargo, cuando un lanzaroteño piensa en La Geria, está pensando en un territorio agrícola y volcánico enorme, extendido por varios municipios de Lanzarote.

Ceuta, en cambio, concentra en poco más de 18 kilómetros cuadrados una ciudad completa, una población permanente, una frontera internacional y unas infraestructuras limitadas.

Por eso la dimensión territorial no es un detalle menor cuando se analiza la crisis.

¿Qué ocurrió realmente en la frontera?

Aquí es donde hay que distinguir entre hechos comprobados, investigaciones policiales y acusaciones políticas.

Un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), entregado a la Audiencia Nacional, sostiene que la entrada masiva no fue simplemente un fenómeno espontáneo, y señala que agentes marroquíes habrían mostrado una permisividad inusual e incluso habrían orientado a grupos de migrantes hacia determinados puntos de entrada. (El País)

El informe, según las informaciones publicadas, habla de una acción planificada y analiza imágenes, testimonios, redes sociales y movimientos en la frontera.

Pero hay que decir también lo que sostiene la otra parte: el Gobierno español afirma que no existen pruebas concluyentes de que las autoridades marroquíes organizaran la operación. El presidente Pedro Sánchez ha rechazado esa acusación y ha señalado que no hay evidencia concreta que permita responsabilizar al Gobierno de Marruecos de haber orquestado la entrada. (Reuters)

Por tanto, una cosa es lo que ya conocemos —la magnitud de la entrada y la situación excepcional creada en Ceuta— y otra distinta quién estuvo detrás de su organización. Eso deberá determinarlo la investigación.

Pero hay una pregunta que nadie puede ignorar

Sea cual sea finalmente la conclusión judicial sobre la participación de Marruecos, queda una cuestión fundamental:

¿Puede una ciudad de apenas 18,5 km² absorber de golpe una población adicional de decenas de miles de personas?

La respuesta parece evidente.

Ceuta no dispone de un territorio ilimitado.

Y precisamente por eso la comparación con Lanzarote resulta tan reveladora.

Puerto del Carmen tiene aproximadamente 880 hectáreas. Ceuta tiene unas 1.850. La antigua Tiñosa tenía unas 4 hectáreas. Y La Geria tiene 5.255,4.

Cuando ponemos esas cifras sobre la mesa, comprendemos mejor la dimensión del problema.

Ceuta no es un territorio vacío

Ceuta es una ciudad española, con sus barrios, sus viviendas, sus colegios, sus hospitales, sus comercios, sus calles y sus ciudadanos.

No se puede contemplar su territorio como si fuera una superficie deshabitada sobre la que pudiera colocarse indefinidamente una población.

La crisis de finales de julio demostró algo que debería ser evidente para cualquier Gobierno: el control de una frontera no es solamente una cuestión migratoria; es también una cuestión de capacidad territorial, seguridad, servicios públicos y estabilidad social.

Y cuando hablamos de decenas de miles de personas entrando en cuestión de horas en una ciudad de 18,5 kilómetros cuadrados, estamos hablando de un acontecimiento extraordinario.

Ceuta merece una respuesta de España

No se trata de negar la dignidad de quienes llegan ni de ignorar las circunstancias personales de cada migrante.

Se trata de reconocer que España tiene la obligación de controlar sus fronteras y de garantizar que sus ciudades puedan funcionar con normalidad.

Ceuta no puede convertirse en el lugar donde se descargue cualquier presión migratoria que se produzca al otro lado de la frontera.

Y España tampoco puede acostumbrarse a que acontecimientos de esta magnitud sean considerados simplemente como otro episodio más de la inmigración ilegal.

Lo ocurrido a finales de julio ha dejado una pregunta que seguirá sobre la mesa durante mucho tiempo:

Si en una ciudad de solamente 18,5 km² pueden entrar de golpe más de 70.000 personas, ¿qué habría ocurrido si la situación hubiera continuado durante varios días?

La respuesta nos permite comprender por qué Ceuta no es un problema local.

Es un asunto que afecta a toda España.