Trump tomará
Groenlandia después de su independencia de Dinamarca
Por Bruno Perera.
Cuando Donald Trump afirmó que Estados Unidos
tomaría Groenlandia “de una manera u otra”, muchos reaccionaron con burla,
escándalo o alarmismo. No obstante, como ha ocurrido otras veces, tras una
frase aparentemente provocadora se esconde una estrategia que no debe
analizarse en clave emocional, sino geopolítica. Trump no habla para agradar;
habla para marcar objetivos.
Una invasión militar directa de Groenlandia es,
sencillamente, inviable. Sería una agresión contra un territorio vinculado a
Dinamarca, miembro pleno de la OTAN, lo que supondría una fractura interna sin
precedentes en la Alianza Atlántica. Estados Unidos no puede atacar
militarmente a un socio estratégico sin destruir el sistema de alianzas que
sostiene su poder global. Trump lo sabe, y precisamente por eso la vía militar
no es la opción real.
La alternativa es otra: la independencia de
Groenlandia como paso previo a su integración en la órbita estadounidense.
Groenlandia es hoy una región autónoma dentro del
Reino de Dinamarca, con competencias internas amplias, pero sin control total
sobre su política exterior, defensa o recursos estratégicos. Desde hace años
existe en la sociedad groenlandesa un debate creciente sobre la independencia,
impulsado tanto por razones identitarias como económicas. Estados Unidos no
necesita conquistar Groenlandia; le basta con estimular ese proceso político.
Trump podría —o podría haberlo hecho ya— agitar
diplomáticamente el escenario: apoyo económico, promesas de inversión, acuerdos
estratégicos, presencia empresarial y militar “amistosa”. Todo ello orientado a
reforzar la idea de que un Estado groenlandés independiente tendría más futuro
bajo el paraguas estadounidense que bajo la tutela danesa.
Desde el punto de vista de muchos groenlandeses,
la pertenencia a Dinamarca no es idílica. Existen tensiones históricas,
culturales y sociales profundas. Numerosos informes y testimonios han señalado discriminación
estructural, desigualdades económicas y un trato paternalista por parte de
la administración danesa hacia la población inuit. Este malestar es un caldo de
cultivo perfecto para el discurso independentista.
En ese contexto, la pregunta clave no es si
Groenlandia puede independizarse, sino con quién alinearse después. Un
pequeño Estado ártico, con enormes recursos minerales, energéticos y una
posición estratégica crítica en el Ártico, difícilmente sobreviviría aislado.
Necesita un protector fuerte. Y ese protector, en la práctica, solo puede ser
Estados Unidos.
A diferencia de Dinamarca, Estados Unidos ofrece
poder, inversión, empleo, infraestructuras y un papel central en la geopolítica
mundial. Para una parte significativa de la población groenlandesa, ser
estadounidense puede resultar más atractivo que seguir siendo una periferia
olvidada del reino danés. No se trata solo de economía, sino de estatus,
visibilidad y futuro.
Desde la óptica estadounidense, Groenlandia es
una joya estratégica: control del Ártico, vigilancia sobre Rusia y China, rutas
marítimas emergentes por el deshielo y acceso a tierras raras esenciales para
la industria tecnológica y militar. Washington no puede permitirse que
Groenlandia quede fuera de su esfera de influencia.
Por eso, cuando Trump habla de “una manera u
otra”, no está anunciando una invasión, sino una operación política a medio
plazo: independencia primero, anexión o asociación después. Legal, limpia y
sin disparar un solo tiro.
La historia demuestra que Estados Unidos no
siempre expande su territorio con ejércitos; a veces lo hace con cheques,
tratados y votos. Groenlandia podría ser el próximo ejemplo.
Datos y
contexto verificable
1.
Groenlandia cuenta con autogobierno desde 2009,
incluido el derecho reconocido a la autodeterminación si así lo decide su
población.
- Estados Unidos mantiene desde hace décadas la base aérea de Thule
(Pituffik) en Groenlandia, clave para su sistema de defensa
antimisiles.
- Diversos estudios y reportajes internacionales han documentado discriminación
social y económica hacia los inuit en Dinamarca, así como tensiones
coloniales históricas.
- Groenlandia posee importantes reservas de tierras raras, uranio y
minerales estratégicos, fundamentales para la transición energética y
la industria militar.
- El deshielo del Ártico está convirtiendo a Groenlandia en un nodo
clave de nuevas rutas marítimas internacionales, aumentando su valor
geopolítico.
- En 2019, Trump ya expresó públicamente su interés en comprar
Groenlandia, lo que confirma que el objetivo estratégico no es nuevo,
solo cambia el método.




