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domingo, 1 de febrero de 2026

El Cosmo-Poder: Dios no creó el universo, nació de la Nada

 


El Cosmo-Poder: Dios no creó el universo, nació de la Nada

Por Bruno Perera.

La pregunta sobre el origen último de la realidad ha sido secuestrada durante milenios por las religiones. Todas, sin excepción, parten del mismo error de base: suponen un Dios previo a todo, eterno, consciente y voluntarioso, que crea el universo por decisión propia.
Ese planteamiento no solo es indemostrable, sino conceptualmente débil. Traslada el problema un paso atrás y lo deja sin resolver.

La alternativa es más radical —y más honesta—: Dios no creó la Nada; Dios nació de ella.

Antes del vacío cuántico: la Nada Huérfana

Antes incluso de lo que la física denomina “vacío cuántico”, existió un estado previo que no puede describirse como materia, energía ni campo, pero tampoco como una nada absoluta. A ese estado lo denomino Nada Cuántica Huérfana.

No era energía.
No era partícula.
No era tiempo.

Pero sí era espacio total, un marco ontológico sin contenido energético. No una nada metafísica pura —que ni siquiera puede pensarse—, sino una estructura sin activación.

De la Nada Huérfana a la Nada Cuántica

Por razones que desconocemos —y que no necesitamos inventar—, esa Nada Huérfana sufrió una transición. No un acto voluntario, no una decisión, no un “designio”, sino un cambio de estado.

Así nació la Nada Cuántica, el vacío cuántico del que habla la física moderna: un espacio donde la energía ya puede fluctuar, aparecer y desaparecer, obedeciendo leyes fundamentales.

Aquí ocurre el punto clave:
no aparece un dios consciente, aparece una potencia.

El surgimiento del Cosmo-Poder

De la Nada Cuántica emerge el Cosmo-Poder: no un ser personal, no un juez, no un legislador moral, sino un principio generador. Una potencia natural que hace posible la expansión, la energía, las leyes y la estructura del universo.

El Cosmo-Poder:

  • no piensa
  • no habla
  • no castiga
  • no premia
  • no escucha plegarias

Simplemente genera.

Big Bang, masa y universo

Bajo la acción del Cosmo-Poder se produce el Big Bang, el evento de expansión inicial del universo. Posteriormente, la interacción con el campo de Higgs permite que las partículas adquieran masa, haciendo posible la materia, las estrellas, los planetas… y finalmente la vida.

El Higgs no es un creador ni un dios: es una condición física necesaria dentro del universo ya existente. Pero sin él, el cosmos sería un mar de energía sin estructura.

Un Dios sin religión

Este planteamiento conduce a una conclusión incómoda para creyentes y dogmáticos:

El Cosmo-Poder es el único “Dios” coherente, porque:

  • no necesita haber sido creado
  • no es anterior a la Nada
  • no depende de la fe
  • no funda religiones
  • no requiere templos ni sacerdotes

No es un Dios que manda.
Es un Dios que emerge.

La gran inversión conceptual

Las religiones dicen: Dios creó el universo.
La cosmología filosófica dice: el universo creó a su Dios.

Y ese Dios no es una persona, sino una potencia natural nacida del vacío, sin moral, sin dogma y sin mito.

Aceptar esto no exige fe.
Exige abandonar la necesidad infantil de un padre cósmico.

Apéndice: marco conceptual y referencias

Este artículo no pretende ser física demostrable, sino cosmología filosófica compatible con la ciencia moderna. Sus bases conceptuales se apoyan en:

  • Vacío cuántico: la “nada” en física no es ausencia total, sino un estado con fluctuaciones energéticas (QFT).
  • Campo de Higgs: mecanismo que explica la adquisición de masa por las partículas elementales.
  • Spinoza (Deus sive Natura): Dios entendido como naturaleza, no como persona.
  • Cosmología naturalista: rechazo de causas sobrenaturales voluntarias.
  • Crítica a la causa primera teísta: el problema lógico de “¿quién creó a Dios?”.

Nada de lo expuesto requiere revelación, escritura sagrada ni autoridad religiosa.

Solo una cosa: pensar sin miedo.

 

sábado, 31 de enero de 2026

¿Son conscientes las plantas y árboles cuando “usan” a los animales para dispersar sus semillas?

 


¿Son conscientes las plantas y árboles cuando “usan” a los animales para dispersar sus semillas?

Por Bruno Perera.

A primera vista, el mecanismo parece casi inteligente: árboles y plantas producen frutos atractivos para los animales; estos los comen, se desplazan y, tras el proceso digestivo, expulsan semillas intactas que germinan lejos de la planta madre. Muchas de esas semillas, además, presentan cubiertas duras que les permiten resistir los ácidos gástricos. La pregunta surge de forma casi inevitable: ¿implica esto que las plantas y árboles  son conscientes de la existencia de los animales y los utilizan deliberadamente en su propio beneficio?

La respuesta científica es clara: no, las plantas y árboles no son conscientes. Sin embargo, el fenómeno que observamos es real y profundamente revelador, porque muestra cómo la naturaleza puede generar sistemas que parecen diseñados sin que exista intención alguna.

Un hecho biológico incuestionable

Numerosas especies vegetales han desarrollado mecanismos de dispersión basados en los animales. Los frutos presentan colores llamativos, sabores dulces o aromas intensos que los hacen apetecibles. Las semillas, por su parte, suelen estar protegidas por cubiertas resistentes que evitan su destrucción durante la digestión; en algunos casos, ese tránsito digestivo incluso favorece la germinación.

El resultado es eficaz: las plantas y árboles colonizan nuevos espacios, reduce la competencia con la planta o árbol madre y aumenta sus probabilidades de supervivencia.

Estrategia no es conciencia

Aquí aparece uno de los errores más comunes en la interpretación de la naturaleza: confundir función con intención. Que algo sirva para algo no significa que haya sido creado conscientemente para ese fin. En biología, este razonamiento se conoce como teleología aparente.

Dos ejemplos clásicos lo ilustran bien:

  • El ojo sirve para ver, pero no fue creado “para ver”; simplemente, las estructuras que permitían ver ofrecieron una ventaja y sobrevivieron, mientras que otras desaparecieron.
  • La semilla dura sirve para resistir la digestión, pero no fue creada “para resistir”; las semillas que no resistían no dejaron descendencia.

La función es el resultado, no la causa.

La clave: la selección natural

A lo largo de millones de años, las plantas y los árboles han experimentado variaciones genéticas aleatorias. Algunas/os produjeron frutos más atractivos; otras/os, semillas ligeramente más resistentes. Cuando los animales consumieron esos frutos, las plantas y árboles cuyas semillas sobrevivían al proceso digestivo lograron reproducirse con mayor éxito. Esas características se transmitieron, mientras que las menos eficaces se perdieron.

La naturaleza no diseña ni planifica. Selecciona lo que funciona y elimina lo que no. El resultado final puede parecer fruto de una mente inteligente, pero es simplemente la acumulación de supervivencias exitosas.

Respuesta biológica sin mente

Es cierto que las plantas y los árboles reaccionan al entorno: detectan sustancias químicas, responden a daños, activan defensas e incluso emiten señales químicas que afectan a otras plantas y árboles. Pero nada de eso implica conciencia. No hay percepción de sí mismas, ni intención, ni experiencia subjetiva. Son respuestas automáticas, inscritas en su biología.

La ilusión del propósito

La dispersión de semillas por animales es un ejemplo paradigmático de cómo la evolución produce sistemas altamente eficientes sin pensamiento alguno. Ocurre lo mismo con un hormiguero, un arrecife de coral o el sistema inmunitario: estructuras complejas, ordenadas y funcionales que emergen sin un “director” consciente.

Conclusión

Las plantas y los árboles no saben que existen los animales ni los utilizan de forma deliberada. Sin embargo, la evolución ha producido mecanismos tan bien ajustados que generan la ilusión de diseño y propósito. Entender esta diferencia no reduce el asombro ante la naturaleza; al contrario, lo profundiza.

La naturaleza no piensa, pero lo que sobrevive parece pensado.

 

La legalización inmigratoria aprobada por el PSOE y Podemos resulta, en la práctica, una farsa

 


La legalización inmigratoria aprobada por el PSOE y Podemos resulta, en la práctica, una farsa
Por Bruno Perera.

La legalización inmigratoria aprobada por el PSOE y Podemos resulta, en la práctica, una farsa si no va acompañada de una reforma profunda de las actuales leyes de extranjería.

España arrastra desde hace años una realidad incómoda que demasiados prefieren simplificar: cientos de miles de personas viven y trabajan en nuestro país en situación administrativa irregular, formando parte de la economía real, pagando alquileres, o de okupas o inquiokupas, consumiendo y, en muchos casos, trabajando sin derechos ni garantías. Negar este hecho no lo hace desaparecer.

Por eso, una legalización extraordinaria de estas personas que hayan tenido buena conducta social no solo es razonable, sino necesaria, especialmente cuando el propio Estado carece de medios reales para expulsar de forma efectiva a un volumen tan elevado de población en situación ilegal. Ahora bien, dicha legalización solo tendría sentido si va acompañada de un cambio profundo en la política migratoria, que deje claro que se trata de una medida excepcional, cerrada y no repetible, y no de una puerta giratoria permanente.

Legalizar lo existente, no premia la ilegalidad futura
Legalizar a más de 500.000 inmigrantes que ya se encuentran en España permitiría:

1.      Sacarlos de la economía sumergida.

  1. Garantizar pequeñas cotizaciones, derechos laborales y control administrativo.
  2. Saber con mayor precisión quién está en el país y en qué condiciones.

Pero esta legalización debería ir acompañada de una reforma clara de la Ley de Extranjería, que establezca de forma expresa que:

1.      No habrá nuevas legalizaciones extraordinarias durante un largo periodo (por ejemplo, diez años). Y siempre y cuando a España le sea favorable dar otra amnistía inmigratoria.

  1. A partir de ese momento, solo se podrá acceder a la residencia por vías legales previas, desde el país de origen o por protección internacional reconocida.

Ningún Parlamento puede blindar jurídicamente el futuro, pero sí puede enviar un mensaje normativo y político claro: esta legalización debe ser el cierre de una etapa, no el inicio de otra.

El derecho a voto: desmontando un bulo interesado
Uno de los argumentos más repetidos contra la legalización es que “los inmigrantes legalizados votarán”. Esto es falso.

En España:

1.      Solo los ciudadanos españoles mayores de 18 años, sin distinción de raza, religión o condición social, pueden votar en elecciones generales, autonómicas y europeas.

  1. Los extranjeros legalizados con permiso de residencia no nacionalizados solo pueden votar en elecciones municipales, y únicamente si su país de origen mantiene tratados de reciprocidad con España.

La legalización no concede la nacionalidad, ni automática ni a medio plazo. Únicamente abre la vía legal para que, tras varios años de residencia legal y cumpliendo los plazos y requisitos que marca la ley según cada caso, una persona pueda solicitarla. Lo demás es propaganda política.

Otra cuestión distinta es la política. Con el paso del tiempo, es razonable pensar que cientos de miles de inmigrantes que lleguen a obtener la nacionalidad española puedan sentir simpatía por los partidos que impulsaron su legalización. Eso es, precisamente, lo que PSOE y Podemos esperan: que parte de los inmigrantes ya nacionalizados y de quienes hoy se legalicen, tras años de residencia legal y trabajo en España, acaben viendo en esos partidos a sus principales valedores y les presten su apoyo electoral. Y además sabiendo que tanto el PSOE como Podemos ponen en sus listas de elecciones a extranjeros como engodo para obtener votos.

Reagrupación familiar: realidad jurídica, no multiplicación automática
También se afirma que cada inmigrante regularizado traerá “a tres más” por reagrupación familiar. Esto no es automático ni inmediato, aunque sí es legalmente posible en determinados casos.

La reagrupación familiar:

1.      Está estrictamente regulada.

  1. Exige ingresos suficientes, vivienda adecuada y plazos prolongados.
  2. No es un derecho inmediato tras la legalización, pero abre la puerta a que sea más fácil conseguirla.

Endurecer de verdad la entrada ilegal
La legalización solo tendría sentido si se acompaña de un endurecimiento real y creíble de la entrada ilegal, tanto por mar como por aire.

Esto implica:

1.      Negar ayudas sociales ordinarias a quienes entren en España de forma ilegal.

  1. Limitar su estancia a centros de identificación y tramitación breve.
  2. Priorizar la expulsión rápida cuando no exista causa legal de permanencia.

Ahora bien, conviene decirlo con honestidad: España no puede legalmente negar la asistencia humanitaria básica, ni expulsar a una persona sin procedimiento administrativo y garantías jurídicas. Existen límites constitucionales, europeos e internacionales que no se pueden ignorar, aunque a algunos no nos guste.

MENAs: menos demagogia y más responsabilidad
El caso de los menores extranjeros no acompañados es un problema que no tiene pie ni cabeza. No pueden ser expulsados ni abandonados, porque el interés superior del menor está por encima de cualquier debate ideológico y porque es un negocio que fomentan las mafias africanas y españolas y las oenegés proinmigración ilegal.

Eso no significa mantener indefinidamente un sistema que, en la práctica, puede actuar como reclamo. Es posible y necesario:

1.      Reforzar los acuerdos de retorno familiar asistido.

  1. Evitar estancias prolongadas en centros de acogida.
  2. Endurecer y unificar las pruebas de determinación de edad.
  3. Coordinar devoluciones con países de origen cuando sea legalmente posible, sin dejar que las oenegés y las mafias africanas y nacionales  manipulen el sistema inmigratorio.

Cerrar albergues sin alternativa no es legal, pero mantener el sistema actual sin reformas tampoco es responsable.

Orden, legalidad y mensaje claro
Esta posición no es antiinmigración. Es pro-orden jurídico:

1.      Legalizar lo que ya existe.

  1. Integrar a quien ya vive aquí.
  2. Cortar el efecto llamada.
  3. Dejar claro que la vía ilegal no compensa.

España necesita una política migratoria de Estado, no una sucesión de parches ideológicos ni discursos alarmistas. Legalizar sin reformar sería un error. Reformar sin legalizar sería una hipocresía.

Final
La solución está en actuar con realismo y valentía, enfrentando los hechos sin miedo ni engaños. Negar los límites legales es tan irresponsable como ignorar la realidad de la inmigración que ya existe. La clave, en definitiva, es controlar estrictamente las fronteras y detener toda inmigración ilegal, sea cual sea su origen o el método empleado; solo así se podrá tener un verdadero control migratorio.

…………………………………………….

Nota: Lista de todas las legalizaciones que ha habido en España después de la transición.

Resumen cuantitativo de regularizaciones extraordinarias

Año / Proceso

Gobierno

Personas Regularizadas (aprox.)

1985–1986

PSOE

~38 000

1991–1992

PSOE

~114 000

1996

PP

~21 000

2000

PP

~264 000

2001

PP

~239 000

2005

PSOE

~565 000

2026

PSOE

~500 000+ (estimado)

 

miércoles, 28 de enero de 2026

El alma no existente no va al Cielo ni al Infierno, y menos siente dolor o placer una vez que el cuerpo muere

 


El alma no existente no va al Cielo ni al Infierno, y menos siente dolor o placer una vez que el cuerpo muere

Por Bruno Perera.

Desde hace siglos, las religiones han construido un relato poderoso sobre la vida después de la muerte: un alma que abandona el cuerpo y es juzgada para recibir premio o castigo eterno. Cielo o infierno. Gozo o sufrimiento. Sin embargo, cuando este relato se analiza con honestidad intelectual y sin miedo, surgen preguntas que rara vez se responden con claridad.

La más evidente es esta: si lo único que sobrevive a la muerte es el alma, ¿cómo puede esa alma sentir dolor o placer si carece de cuerpo?

Sentir exige vida

El dolor, el placer, la alegría, el miedo o el sufrimiento no son conceptos abstractos flotando en el vacío. Son procesos biológicos complejos que requieren un organismo vivo. Sin sistema nervioso no hay dolor. Sin cerebro no hay conciencia. Sin neurotransmisores no hay emociones.

Toda experiencia humana conocida —desde el amor hasta el sufrimiento— depende de mecanismos físicos perfectamente identificables. Cuando el corazón deja de latir y el cerebro cesa su actividad, desaparece la capacidad de sentir. No se traslada. No se transforma. Simplemente cesa.

Pretender que algo sin cuerpo puede experimentar sensaciones es afirmar que la experiencia puede existir sin el instrumento que la produce, lo cual contradice todo lo que sabemos sobre la vida.

El alma como solución teológica

Para salvar esta contradicción, las religiones redefinen el alma. No la presentan como un simple espíritu inerte, sino como una entidad consciente, sensible, capaz de sufrir o disfrutar sin necesidad de cuerpo. Pero esta definición no se basa en pruebas, sino en necesidad doctrinal.

Si el alma no pudiera sentir, el infierno perdería su función como amenaza y el cielo su función como recompensa. El sistema moral religioso quedaría vacío de consecuencias reales. Por eso, el alma debe sentir. No porque sea lógico, sino porque es imprescindible para que el relato funcione.

El infierno como herramienta, no como realidad

El miedo al infierno no nace de la razón, sino de la educación temprana y de la repetición cultural. Se inculca antes de que la persona tenga herramientas críticas para cuestionarlo. Funciona como un mecanismo de control moral: no hagas esto o sufrirás eternamente.

Pero si se elimina el componente emocional y se analiza fríamente, la idea se desmorona. No puede haber sufrimiento sin conciencia, ni conciencia sin vida. Un cadáver no sufre. Un cerebro apagado no recuerda. Un supuesto “alma” sin soporte vital no siente.

¿Y si el alma no existe?

Esta es la pregunta que casi nunca se formula abiertamente. ¿Y si el alma no es una entidad independiente, sino una construcción cultural para explicar la conciencia mientras se ignoraba el funcionamiento del cerebro?

Si el alma no existe como algo separado del cuerpo, entonces:  

     1.  no viaja a ningún lugar,

  1. no es juzgada,
  2. no va al cielo ni al infierno,
  3. no sufre ni goza tras la muerte.

Simplemente, la experiencia termina, del mismo modo que terminó antes de nacer.

Una conclusión incómoda, pero honesta

Aceptar que tras la muerte no hay castigo ni recompensa puede resultar inquietante para algunos. Pero también es profundamente liberador. Significa que la responsabilidad moral no se basa en el miedo a un castigo eterno, sino en la ética, la convivencia y el respeto mientras estamos vivos.

Si el alma no existe, no hay infierno que temer ni cielo que esperar.
Y si existe, pero no puede sentir, el resultado es el mismo.

En ambos casos, el miedo pierde su fundamento.

La vida, entonces, no se vive para evitar un castigo tras la muerte, sino para vivirla con sentido aquí, que es el único lugar donde sentir, amar y sufrir es posible.

 

lunes, 26 de enero de 2026

Cómo se han venido creando y separando las Islas Canarias

 


Cómo se han venido creando y separando las Islas Canarias

Por Bruno Perera.

El archipiélago canario es el resultado de un proceso geológico largo, complejo y aún objeto de debate científico. Su origen no puede entenderse sin tener en cuenta la dinámica de las placas tectónicas, la evolución del océano Atlántico y una intensa actividad volcánica prolongada durante aproximadamente 20 millones de años.

El contexto geológico general

La historia comienza con la fragmentación del supercontinente Pangea, iniciada hace unos 200 millones de años. Este proceso dio lugar a la separación progresiva de las placas tectónicas americanas, africanas y euroasiáticas. Como consecuencia, el océano Atlántico fue ensanchándose lentamente, a un ritmo medio de unos 2 centímetros por año, mediante procesos de expansión del fondo oceánico y estiramiento de la litosfera oceánica.

Este estiramiento provocó la formación de grandes cuencas oceánicas, con profundidades que en el Atlántico alcanzan cerca de 7.000 metros, así como la aparición de dorsales submarinas y zonas de debilidad cortical. En estos contextos geodinámicos se formaron distintos archipiélagos volcánicos, como los de la Macaronesia (Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde), además de otros sistemas insulares del Atlántico y el Caribe.

Nacimiento de las primeras islas canarias

Desde un punto de vista cronológico, Lanzarote y Fuerteventura son las islas más antiguas del archipiélago. Las dataciones radiométricas sitúan el inicio de su actividad volcánica hace aproximadamente 19–20 millones de años, durante el Mioceno inferior.

Ambas islas parecen haber surgido de forma casi simultánea y muy próximas entre sí, a partir de una misma estructura volcánica profunda. Los estudios geológicos y batimétricos indican que comparten un basamento común, lo que explica sus similitudes litológicas y geomorfológicas.

La formación del resto de las islas se produjo de manera progresiva hacia el oeste: Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y, finalmente, El Hierro, la más joven, cuya actividad volcánica comenzó hace apenas 1,1 millones de años. Este patrón responde a una migración del volcanismo asociada al desplazamiento de la placa africana, que se mueve en dirección general sur-suroeste, mientras el Atlántico continúa su apertura hacia el oeste.

Fases de fracturación y separación

Durante una primera gran etapa volcánica, cuando Lanzarote y Fuerteventura aún formaban una unidad estructural más compacta, se produjo una intensa actividad en la zona norte de Lanzarote. En ese contexto tuvo lugar el fracturamiento del macizo de Famara, lo que dio origen a la separación de La Graciosa y del archipiélago Chinijo, actualmente individualizados pero claramente vinculados al edificio volcánico original, con una alineación heredada de la antigua zona volcánica del Sóo.

En una fase posterior, conforme continuaban los procesos de estiramiento cortical y episodios eruptivos, especialmente en el sur de Lanzarote y el norte de Fuerteventura, se produjo la separación definitiva entre ambas islas. Como resultado, se formó el actual canal submarino que las separa, marcado por una quebrada submarina cuya profundidad máxima ronda los 30–35 metros entre Lanzarote, la Isla de Lobos y Fuerteventura. Fuera de esta zona, las profundidades aumentan de forma abrupta tanto hacia el este como hacia el oeste.

Cambios costeros recientes y el caso del Islote del Francés

Los procesos geológicos no se limitan a escalas de millones de años. En épocas históricas y subhistóricas también se han producido modificaciones costeras significativas, especialmente en zonas volcánicas jóvenes y litorales sedimentarios inestables.

En este contexto, no puede descartarse que el Islote del Francés, en Arrecife, hubiera formado parte del antiguo Charco de San Ginés o estuviera integrado en su estructura natural. La física terrestre del islote —tipo de materiales, morfología y relación con el entorno volcánico inmediato— es muy similar a la que presentaba el Charco hace aproximadamente un siglo, antes de las profundas transformaciones urbanas y portuarias.

Más que un islote aislado, el Islote del Francés pudo haber sido un fragmento emergente o semiemergente de una misma unidad litoral, posteriormente separado y artificialmente individualizado por rellenos, dragados y otras modificaciones humanas del litoral, frecuentes en enclaves portuarios de Canarias.

A ello se suma un elemento estructural relevante: Lanzarote presenta una quiebra física longitudinal que discurre aproximadamente desde la zona del Sóo hasta el barrio de El Lomo. Esta fractura se habría originado durante distintos episodios eruptivos de la isla y pudo influir en la redistribución de materiales y bloques volcánicos. Es plausible que, conforme la isla se desplazaba gradualmente hacia el sur-suroeste, algunos fragmentos quedaran rezagados, lo que ayudaría a explicar la posición actual del Islote del Francés respecto al antiguo trazado del Charco de San Ginés.

Sobre la supuesta unión reciente de Lanzarote y Fuerteventura

No resulta verosímil la afirmación de que Lanzarote y Fuerteventura estuvieran unidas hace apenas 11.000 años, durante el último máximo glacial. Aunque en ese periodo el nivel del mar descendió de forma notable, no existen evidencias geológicas sólidas que indiquen una conexión terrestre reciente entre ambas islas.

Lo más probable es que su separación se deba fundamentalmente a procesos volcanotectónicos antiguos, y no a una simple subida posterior del nivel del mar. El análisis de las costas del norte de Fuerteventura y del sur de Lanzarote muestra un encaje morfológico notable, como si ambas partes hubieran formado una misma estructura que fue fragmentada por fallas y actividad volcánica, más que por la erosión marina reciente.

Conclusión

Las Islas Canarias no nacieron como entidades aisladas, sino como el resultado de un proceso continuo de fracturación, volcanismo y desplazamiento tectónico ligado a la evolución del Atlántico. Lanzarote y Fuerteventura constituyen el núcleo más antiguo del archipiélago y conservan las claves fundamentales para entender su origen común.

Incluso a escalas locales, como en el caso del Charco de San Ginés y el Islote del Francés, la historia geológica y geomorfológica demuestra que el territorio canario ha estado —y sigue estando— en permanente transformación.

Datos y fuentes contrastadas

1.    Ancochea, E., et al. (1990–2006)
Estudios sobre la evolución volcánica de las Islas Canarias. Journal of Volcanology and Geothermal Research.

2.    Carracedo, J. C.
Los volcanes de las Islas Canarias. Editorial Rueda / CSIC.
Referencia fundamental sobre cronología volcánica y migración del volcanismo.

3.    Instituto Geológico y Minero de España (IGME)
Mapas geológicos y memorias explicativas de Lanzarote y Fuerteventura.

4.    US Geological Survey (USGS)
Datos sobre expansión del fondo oceánico y tasas de deriva continental.

5.    NOAA – National Oceanic and Atmospheric Administration
Batimetría del Atlántico Norte y profundidades oceánicas máximas.

6.    Cartografía histórica y fotografías aéreas de Arrecife (siglo XX)
Cambios morfológicos del Charco de San Ginés y su entorno litoral.

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Apostilla aclaratoria del autor

Este texto desarrolla algunas observaciones geológicas y geomorfológicas que no se incluyen en el artículo principal para no romper su fluidez, pero que explican el marco físico y territorial desde el que se realizan determinadas afirmaciones.

1. Canarias no nace de África, nace del océano

Las Islas Canarias no son fragmentos continentales africanos, ni una prolongación rígida del continente. Se asientan sobre corteza oceánica, generada durante la apertura del Atlántico, cuando África y América comenzaron a separarse.

En ese proceso de separación continental, la litosfera oceánica sufrió:

  • adelgazamiento progresivo,
  • tensiones extensivas,
  • fracturación profunda y persistente,
  • y la creación de zonas de debilidad estructural en las entrañas del lecho marino.

Es en este contexto donde deben entenderse las Canarias: como el resultado del ascenso magmático a través de fisuras volcánicas profundas, activadas y reactivadas durante millones de años, y no como volcanes “nacidos” directamente de una placa continental.

2. El volcanismo necesita fisuras: el límite del relato del “hotspot”

El modelo del hotspot, presentado a menudo como explicación única, resulta insuficiente si no se acompaña de la tectónica real del terreno. El magma no asciende de forma abstracta: necesita caminos, y esos caminos son:

  • fracturas,
  • fallas,
  • sistemas de diques,
  • y zonas litosféricas debilitadas.

Las alineaciones volcánicas repetidas, la orientación constante de conos y la distribución ordenada de los centros eruptivos indican claramente la existencia de estructuras profundas que controlan el volcanismo.

3. La fractura estructural de Lanzarote: una hipótesis basada en la física del terreno

En Lanzarote se observa una franja estructural claramente identificable, perceptible incluso mediante teledetección (Google Earth), caracterizada por:

  • alineaciones volcánicas coherentes,
  • repetición direccional de conos,
  • continuidad geomorfológica,
  • y contraste físico a ambos lados de la estructura.

Esta franja estructural, localizada entre Sóo y el barrio de El Lomo (Arrecife), no puede explicarse como una simple acumulación aleatoria de volcanes. Todo apunta a la existencia de una fractura volcánica profunda o sistema estructural longitudinal, que ha condicionado la salida del magma y la evolución de la isla.

Esta interpretación no se presenta como dogma, sino como hipótesis razonada, basada en la observación directa del territorio y en la lógica de los procesos geodinámicos conocidos. Se trata además de una franja claramente apreciable mediante Google Earth, coincidente con la zona por donde históricamente ha circulado el jable de la isla.

4. La Graciosa: continuidad física, no isla aislada

La Graciosa no encaja bien en la definición de “isla volcánica independiente” cuando se analiza desde la geomorfología:

  • existe continuidad de plataformas,
  • similitud de materiales,
  • ausencia de una ruptura tectónica profunda clara,
  • y una relación física directa con el norte de Lanzarote, en la zona de Soo.

Todo ello sugiere que su separación responde mejor a procesos de fractura, hundimiento o reconfiguración costera, más que a un origen volcánico aislado y autónomo.

5. El Islote del Francés y la evolución del Charco de San Ginés

El Islote del Francés presenta una morfología y una física terrestre coherente con el entorno inmediato de Arrecife. Su posición actual resulta difícil de explicar sin considerar:

  • una configuración costera distinta en el pasado,
  • un Charco de San Ginés más amplio,
  • o una antigua continuidad terrestre hoy fragmentada.

Esta hipótesis se apoya en la reconstrucción paleogeográfica, una herramienta habitual en geología histórica, y no en suposiciones arbitrarias.

6. Separación de islas: procesos lentos, no rupturas recientes

Las separaciones entre islas como Lanzarote y Fuerteventura no responden a eventos recientes, ni a simples variaciones del nivel del mar. Son el resultado de:

  • fracturación antigua,
  • subsidencias,
  • volcanismo prolongado,
  • y reajustes estructurales a gran escala.

Reducir estos procesos a explicaciones simplistas desvirtúa la verdadera dimensión temporal y física del archipiélago.

7. Orientación de los cráteres y sentido de deriva del archipiélago

Una observación física repetida en prácticamente todas las islas del archipiélago refuerza la idea de un crecimiento y desplazamiento progresivo de este a oeste: la ruptura predominante de los cráteres volcánicos hacia el este.

En volcanología, los cráteres abiertos o colapsados en una dirección concreta no son un fenómeno casual. Suelen indicar:

  • la dirección de menor resistencia estructural,
  • el sentido preferente de desplazamiento del edificio volcánico,
  • o la influencia de tensiones tectónicas dominantes durante y después de la erupción.

El hecho de que volcanes de distintas edades y en diferentes islas muestren sistemáticamente sus cráteres rotos hacia el este sugiere un patrón regional coherente, no explicable por procesos locales aislados.

Esta orientación es compatible con un desplazamiento progresivo del sistema volcánico hacia el oeste, mientras las estructuras más antiguas quedan rezagadas hacia el este, marcando así el sentido de deriva y crecimiento del archipiélago.

Lejos de ser un detalle menor, esta observación geomorfológica aporta un indicador físico visible del movimiento relativo y de la evolución temporal de las islas, reforzando la idea de que Canarias se ha ido construyendo de este a oeste a lo largo de millones de años.

Conclusión

Las Islas Canarias son el resultado de millones de años de fracturación litosférica, adelgazamiento oceánico y volcanismo canalizado por estructuras profundas. No nacen de África como extensión continental, sino del océano, en un contexto dinámico y prolongado.
(Un proceso similar puede extenderse al conjunto de la Macaronesia).

Las hipótesis aquí expuestas —sobre la fractura de Lanzarote, la relación con La Graciosa y la evolución del Islote del Francés— no pretenden cerrar el debate, sino abrir nuevas vías de interpretación basadas en la observación física del territorio.

La geología avanza cuando alguien se atreve a mirar el suelo con ojos propios.