En
Marruecos no vuela una mosca sin que su rey se entere
Por Bruno Perera
Lo ocurrido en Ceuta los días 30 y 31 de julio ya
no puede explicarse simplemente como una avalancha migratoria espontánea. Los nuevos
datos conocidos sobre la investigación policial dibujan un escenario mucho más
preocupante: una entrada masiva que habría sido planificada, organizada en
varias oleadas y facilitada desde el lado marroquí de la frontera.
Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿de
verdad alguien puede creer que una operación de semejante magnitud pudo
desarrollarse en Marruecos sin conocimiento de las autoridades de ese país?
Un informe elaborado por el Centro Nacional de
Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional y remitido a la
Audiencia Nacional describe la entrada como un proceso planificado y no
espontáneo. Según el documento, agentes marroquíes, tanto uniformados como de
paisano, habrían guiado a grupos de personas hacia los puntos de entrada a
Ceuta. El informe habla incluso de un «guiado activo» y de una «total
permisividad» de las fuerzas de seguridad marroquíes. (EFE Noticias)
Estamos hablando de decenas de miles de personas.
El propio informe considera que una operación de semejante magnitud requería un
nivel de planificación muy superior a la capacidad de las mafias dedicadas
habitualmente a la inmigración ilegal. Además, alrededor del 90% de quienes
entraron no permanecieron en Ceuta, algo que dificulta considerablemente
interpretar lo ocurrido como una simple operación migratoria destinada a buscar
una nueva vida en España. (EFE Noticias)
¿Una invasión
migratoria o una operación de presión?
La Policía considera que la finalidad migratoria
pudo utilizarse como cobertura formal para provocar el colapso de los
mecanismos españoles de control fronterizo. (Y que quizás la invasión la produjo
Marruecos en respuesta a esos 200.000 saharauis que España quiere dar
nacionalidad española).
La primera oleada estuvo formada principalmente
por jóvenes, muchos de ellos preparados para atravesar el agua. Posteriormente
llegaron familias, mujeres y niños, aumentando todavía más la dificultad de
respuesta de las fuerzas españolas. El informe interpreta esta secuencia como
una estrategia destinada a saturar progresivamente la capacidad española de
control y asistencia. (EFE Noticias)
Si esta interpretación acaba siendo confirmada
judicialmente, estaríamos ante algo mucho más serio que una crisis migratoria:
estaríamos ante una utilización deliberada de grandes masas humanas como
instrumento de presión contra un Estado europeo.
¿Y qué papel
desempeñó Marruecos?
Aquí está la cuestión fundamental.
El informe policial señala la actuación de
miembros de las fuerzas de seguridad marroquíes y describe comportamientos que
van desde la permisividad hasta el supuesto guiado de personas hacia los puntos
de entrada.
Pero existe una diferencia que conviene mantener:
una cosa es acreditar la actuación de agentes marroquíes y otra demostrar
documentalmente que Mohamed VI ordenó personalmente la operación. ¿Porque
el rey marroquí siempre se esconde de los chantajes que le hace a España con la
inmigración ilegal).
Hasta hoy el Gobierno español no ha hecho pública una prueba directa de una
orden del rey de Marruecos porque el presidente Sánchez no tiene las suficientes
agallas como para acusarlo. ( Quién sabe lo que tendrá Mohamed VI guardado del teléfono
de Sánchez como para que este sienta tanto temor).
Sin embargo, desde una perspectiva política
resulta difícil ignorar la estructura del Estado marroquí. Marruecos es una
monarquía en la que el rey Mohamed VI ocupa una posición extraordinariamente
poderosa dentro del sistema político y de seguridad del país.
Por eso resulta legítimo plantear una pregunta:
¿Es razonable pensar que una movilización de
decenas de miles de personas hacia la frontera de Ceuta, acompañada —según el
informe policial— por actuaciones de agentes marroquíes, pudiera desarrollarse
sin que las más altas instancias del Estado marroquí tuvieran conocimiento de
ello?
Mi respuesta es que esa posibilidad merece ser
investigada hasta el final.
Y de ahí nace el título de este artículo:
En Marruecos no vuela una mosca sin que su rey se
entere.
No es una prueba judicial de que Mohamed VI diera
personalmente la orden. Es una manera de expresar una cuestión política que
España no debería pasar por alto.
Y ahora
aparece el 20 de septiembre
Cuando todavía no se han cerrado las heridas de
la crisis de julio, aparece una nueva convocatoria difundida desde Marruecos
para el 20 de septiembre, con llamamientos a una marcha para «liberar»
Ceuta, Melilla y otros territorios españoles.
La convocatoria está siendo vigilada por el CNI,
la Policía Nacional y la Guardia Civil ante el temor de que pueda generar una
nueva situación de tensión. (Antena3)
Y aquí es donde aparece otra pregunta política.
¿Se trata simplemente de una movilización
nacionalista promovida por determinados grupos marroquíes? ¿O estamos ante una
nueva maniobra destinada a modificar el relato de lo sucedido durante la crisis
de julio?
No tenemos pruebas para afirmar que la
convocatoria del 20 de septiembre haya sido ordenada por Mohamed VI. Pero
tampoco sería prudente ignorarla.
Más aún porque la fecha elegida se sitúa apenas
tres días antes de las elecciones legislativas marroquíes, lo que añade un
componente político evidente al episodio. (Libertad Digital)
España
necesita saber toda la verdad
Hay otro aspecto especialmente preocupante: el
enfrentamiento que se ha producido en España alrededor del propio informe
policial.
La jueza de la Audiencia Nacional que investiga
los hechos ordenó mantener la máxima reserva sobre el documento. El Gobierno ha
cuestionado esa decisión, mientras que la Audiencia Nacional ha respaldado la
actuación de la magistrada. (El País)
¿Por qué tanta controversia alrededor de un
informe policial?
Precisamente porque lo ocurrido en Ceuta puede
tener consecuencias que van mucho más allá de la inmigración.
Si finalmente se demuestra que hubo una operación
planificada desde Marruecos y que agentes de ese país participaron activamente
en el guiado de las personas hacia territorio español, España tendría que
preguntarse si estuvo ante una simple crisis migratoria o ante una estrategia
de presión sobre la frontera española.
Y si además se demostrara que las autoridades
superiores marroquíes conocían y permitieron la operación, la cuestión
adquiriría una dimensión diplomática completamente distinta.
No podemos
adelantarnos a la investigación
Conviene ser claros: todavía no existe una
sentencia que establezca que el Gobierno de Marruecos ordenó la entrada masiva
ni una prueba pública que demuestre que Mohamed VI impartió personalmente la
orden.
Pero tampoco estamos ya donde estábamos hace unas
semanas.
Ahora existe un informe policial de 55 páginas
que describe una entrada planificada, habla de participación y guiado por
agentes marroquíes y considera que la magnitud y organización de los
acontecimientos excedían ampliamente las capacidades normales de las redes
criminales. (EFE Noticias)
Y existe una nueva convocatoria para el 20 de
septiembre que vuelve a colocar a Ceuta y Melilla en el centro del discurso
nacionalista marroquí.
Por eso España tiene derecho a exigir respuestas.
Porque una frontera europea no puede convertirse
en un tablero donde se muevan miles de personas como piezas de una partida
política.
Y porque, si alguien utilizó deliberadamente a
decenas de miles de personas para poner en jaque a Ceuta, España necesita
saber quién dio las órdenes, quién las ejecutó y quién permitió que ocurriera.
Hasta que esas preguntas tengan una respuesta
convincente, seguirá flotando en el aire una pregunta mucho más grande:
¿Quién estaba realmente detrás de lo ocurrido en
Ceuta?
Y mientras tanto, una frase seguirá resonando:
En Marruecos no vuela una mosca sin que su rey se
entere.



