Un
enfrentamiento bélico entre España y Marruecos puede desencadenar una guerra
civil en nuestro territorio nacional y una nueva revuelta pro la independencia
del Sáhara Occidental
Por Bruno Perera
Por culpa del acostumbrado y permitido chantaje emigratorio
que viene ocurriendo desde hace más de
30 años desde Marruecos hacia España, la crisis de Ceuta ha alcanzado una
dimensión que hace apenas unos meses habría parecido difícil de imaginar. La
entrada masiva de decenas de miles de personas durante los días 30 y 31 de
julio de 2026, las acusaciones sobre la actuación de las fuerzas de seguridad
marroquíes, las reivindicaciones territoriales de Marruecos y la creciente
tensión política en España obligan a plantearse una pregunta incómoda: ¿hasta
dónde puede llegar esta situación si Marruecos continúa utilizando la presión de
esclavitud migratoria como instrumento de presión sobre España?
Un informe elaborado por el Centro Nacional de
Inmigración y Fronteras (CENIF) y entregado a la Audiencia Nacional describe
aquellos acontecimientos como una entrada planificada y no espontánea, y
señala comportamientos de fuerzas de seguridad marroquíes compatibles con un
"guiado activo" de los flujos hacia los puntos de entrada. El informe
considera que una operación de esa magnitud habría requerido una capacidad de
organización muy superior a las de las redes sociales y criminales habituales.
(EFE Noticias). ( Yo digo, y la mayoría de los
españoles lo afirmamos: Se sabe que Marruecos organizó la invasión. Lo que hay
que tener es agallas para decirlo. Marruecos es un reinado donde su rey tira la
primera piedra y luego esconde la mano).
Sin embargo, también hay que decir algo muy
importante: el informe no identifica al Gobierno marroquí como responsable
directo de la planificación. El director general de la Policía afirmó que
ningún informe policial atribuye formalmente a las fuerzas de seguridad
marroquíes la planificación o ejecución de lo sucedido. Por tanto, será
necesario que las investigaciones determinen quién estuvo realmente detrás de
aquella operación. (EFE Noticias) (Y en este caso el rey dirá que él
ni mu, que todo fue organizado por cuatro locos nacionalistas. Pero nadie cree
ese cuento).
¿Y si la
presión continúa?
El problema es que Ceuta no vive solamente una
crisis migratoria. Existe también una reivindicación territorial marroquí sobre
Ceuta y Melilla y algo más flojo sobre Canarias
que continúa apareciendo en declaraciones de dirigentes políticos marroquíes.
El ministro marroquí Nizar Baraka ha vuelto a defender recientemente con la
venia de su rey, que Rabat no renunciará a esas reivindicaciones, sobre todo
las de Ceuta y Melilla.
Y esto cambia la naturaleza del problema.
Una entrada masiva de inmigrantes puede ser
considerada una crisis inmigratoria. Pero si esa presión se combina con
reivindicaciones territoriales, campañas de desinformación, presión diplomática
y actuaciones que buscan saturar las capacidades de un Estado, podemos
encontrarnos ante algo mucho más complejo: una estrategia de zona gris,
es decir, acciones situadas deliberadamente por debajo del umbral de una guerra
convencional.
Precisamente el informe policial sobre Ceuta
habla de este tipo de estrategias y de sus posibles efectos sobre la seguridad,
el orden público, la estabilidad institucional, la gestión fronteriza y la
integridad territorial española. (EFE Noticias)
Una guerra con
Marruecos tendría consecuencias imprevisibles
No estoy diciendo que España y Marruecos vayan
necesariamente a entrar en guerra. Sería irresponsable afirmarlo.
Pero sí creo que España debe preguntarse qué
ocurriría si la situación continuara deteriorándose y llegara a producirse un
enfrentamiento militar.
Una guerra entre España y Marruecos no sería
únicamente un problema militar. Podría convertirse en una enorme crisis
política y social dentro de España.
En una situación extrema, determinados
movimientos independentistas de Cataluña y el País Vasco -vende patrias-
podrían intentar aprovechar la debilidad del Estado para impulsar nuevamente
sus reivindicaciones. También podrían aparecer fuerzas políticas que
cuestionaran la defensa de Ceuta y Melilla o que intentaran aprovechar la
crisis para defender posiciones contrarias a la unidad territorial de España.
Eso no significa que una guerra con Marruecos
provocaría automáticamente una guerra civil española. Sería una hipótesis extrema y no existe actualmente ninguna evidencia que
permita afirmar que vaya a suceder.
Pero una guerra exterior sí podría aumentar
enormemente las tensiones internas de un país que ya está políticamente
dividido.
Y precisamente por eso hay que evitar llegar a
ese punto.
El precio de
no poner límites también puede ser muy alto
España no puede vivir eternamente sometida al
miedo de que una presión inmigratoria en la frontera sea utilizada como
instrumento de chantaje político y económico.
Si un Estado inhumano como el marroquí, que
desprecia a su pueblo pobre descubre que puede presionar a otro mediante
movimientos masivos de población, la tentación de repetir esa estrategia puede
aumentar. Aunque sepa el Estado que lo lleva a la práctica no son actos
humanos sino de esclavitud con cuentos de conseguir el Gran Marruecos que es
solo bueno para el rey Mohamed VI y su séquito de aduladores y aprovechados.
Por eso, a mi juicio, España debe defender sus
fronteras, reforzar Ceuta y Melilla, exigir el cumplimiento de los acuerdos
internacionales y conseguir una mayor implicación de la Unión Europea. E incluso
minar exteriores, las fronteras de Ceuta y Melilla, tal como lo ha hecho Marruecos
entre su frontera con Argelia.
El propio Gobierno español está buscando
actualmente en Bruselas una mayor participación europea y una presencia
permanente de Frontex en Ceuta, además de estudiar un tratamiento europeo
específico para Ceuta y Melilla. (Cadena SER)
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha
advertido precisamente de que el control de las fronteras no puede quedar en
manos de Marruecos y ha reclamado una respuesta española y europea más firme. (RTVE.es)
¿Estados
Unidos está detrás de todo esto?
En los últimos meses también han circulado
afirmaciones según las cuales determinados sectores políticos estadounidenses
podrían estar favoreciendo las posiciones de Marruecos.
Aquí también debemos distinguir entre hechos y
especulaciones.
Es cierto que Marruecos ha reforzado
considerablemente sus relaciones con Estados Unidos e Israel a cambio de ser un
país que apoya a Israel contra
Palestina, durante los últimos años, y que por ello como pago de gratitud política
a Marruecos Washington reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara
Occidental. También es cierto que existen voces estadounidenses favorables a
una posición más favorable a Marruecos.
Pero no existe una prueba pública que permita
afirmar que el Gobierno de Estados Unidos haya participado o haya ayudado en
las entradas masivas de 2026 en Ceuta.
Y una cosa es que determinados políticos o
antiguos funcionarios estadounidenses -olvidando lo que le hicieron a México-
defiendan posiciones favorables a Marruecos, y otra muy distinta que exista una
operación oficial de Washington para atacar a España.
Hay que ser muy cuidadosos con esta diferencia.
Una
comparación histórica con México
Sin embargo, existe una cuestión que resulta
interesante cuando se habla de reivindicaciones territoriales basadas en la
historia.
Si alguien defendiera que un Estado actual tiene
derecho a recuperar territorios simplemente porque en el pasado pertenecieron a
una entidad política diferente, el mundo entero podría convertirse en un mapa
de reclamaciones territoriales.
Un ejemplo evidente es México.
La guerra entre México y Estados Unidos terminó
con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848.
Mediante aquel tratado México cedió aproximadamente el 55 % de su territorio,
incluyendo los territorios que hoy corresponden a California, Nevada, Utah,
Nuevo México, gran parte de Arizona y Colorado y partes de otros estados.
México también renunció a sus reclamaciones sobre Texas. (National Archives)
Estados Unidos pagó a México 15 millones de
dólares como parte del acuerdo. (National
Archives)
Han pasado 178 años desde aquel tratado.
¿Debería México enviar millones de personas hacia
California, Texas, Arizona o Nuevo México y reclamar esos territorios porque
alguna vez pertenecieron a México?
Evidentemente, no.
Las fronteras actuales no pueden establecerse
mediante invasiones migratorias.
Y el mismo principio debe aplicarse a todos los
países.
Ceuta y
Melilla no pueden convertirse en una cuestión de presión migratoria
La cuestión de la soberanía de Ceuta y Melilla
debe resolverse por las vías diplomáticas y jurídicas internacionales, no
mediante la presión de grandes masas de personas sobre una frontera. Eso es
esclavitud que Marruecos práctica, y que incluso después de enviar a decenas de
miles de emigrantes a Ceuta y a Canarias los deja abandonados y no es capaz de
enviar alimentos, ropa, agua y techo para esos desgraciados que el Gobierno
marroquí les promete el (oro y el moro)
cada vez que los empuja a emigrar.
Ceuta, Melilla y Canarias forman parte de España
desde hace unos 500 años, y por la misma venia a la Unión Europea, y España
debe defender su integridad territorial por medios legales, diplomáticos y,
llegado el caso extremo, mediante los mecanismos de defensa que contempla su
ordenamiento jurídico y sus alianzas internacionales.
Pero precisamente porque una guerra sería una
catástrofe, España debería hacer todo lo posible para evitarla sin renunciar
a defenderse.
No se trata de buscar una guerra con Marruecos.
Se trata de conseguir que Marruecos comprenda que
la presión sobre España tiene límites y que no se puede jugar con la emigración
como si esa gente fueran proyectiles o misiles.
¿Y Canarias?
Canarias, porque en ese caso el turismo peligra,
debe permanecer al margen de esta disputa mientras no exista una amenaza
directa contra el archipiélago. Aunque nos hayan estado invadiendo desde África
y de muchas otras naciones desde el año 1994. Unos 500.000 inmigrantes han
entrado ilegalmente en Canarias, y más de la mitad de ellos y ellas, adultos y
menores, han sido traídos desde el mar y de aguas africanas por patrulleras de
socorro de España. Todo un cuento donde las oenegés hacen fortuna y nadie quiere explicar honestamente.
Es cierto que los antiguos pobladores de Canarias,
los guanches, tenían un origen norteafricano relacionado principalmente con
poblaciones amazigh. Pero eso no convierte a los antiguos canarios en
marroquíes.
Aquellas poblaciones llegaron a Canarias desde la
antigua Mauretania Tingitana que estaba gobernada por el rey Huba II, hace
muchos siglos, unos 300 A.C., mucho antes de la existencia del Marruecos
moderno.
Por eso tampoco tiene sentido utilizar el origen
norteafricano de los antiguos canarios para defender una supuesta soberanía
marroquí sobre Canarias.
Los canarios actuales hemos desarrollado nuestra
propia historia, nuestra propia cultura y nuestra propia identidad durante
siglos.
Yo, como canario descendiente de guanches
africanos, puedo reconocer que parte de nuestros antepasados procedían del
norte de África y, al mismo tiempo, afirmar perfectamente que Canarias no es
Marruecos.
Una cosa es el origen remoto de una población y
otra completamente diferente reclamar la soberanía política de un territorio
alegando como reivindicación política la expedición que Huba II envió a
Canarias unos años A.C., según cuenta Plinio el Viejo..
No debemos
confundir la firmeza con el deseo de guerra
Hay algo que España debe aprender de esta crisis:
ser firme no significa querer una guerra.
Al contrario.
La mejor manera de evitar una guerra puede ser
demostrar con claridad que determinadas líneas no pueden cruzarse.
España debe fortalecer sus fronteras, mejorar sus
servicios de inteligencia, proteger Ceuta y Melilla, aumentar la cooperación
europea y mantener abiertos los canales diplomáticos con Marruecos.
También debe exigir explicaciones sobre lo
sucedido en julio de este año.
Si las investigaciones demuestran finalmente que
hubo una operación organizada desde estructuras vinculadas al Estado marroquí,
España tendrá que responder políticamente y diplomáticamente con toda la
firmeza necesaria.
La defensa de España debe basarse precisamente en
aquello que queremos defender: la verdad, el Estado de derecho y la
democracia.
El verdadero
peligro
El verdadero peligro no es solamente Marruecos.
El verdadero peligro sería que una crisis
exterior consiguiera dividir todavía más a los españoles.
Porque si algún día España tuviera que
enfrentarse militarmente a Marruecos, lo último que necesitaría sería una
guerra interna entre españoles.
Ceuta y Melilla deberían convertirse precisamente
en lo contrario: en una cuestión capaz de unir a los españoles alrededor de la
defensa de la legalidad y de la integridad territorial, independientemente de
que cada ciudadano vote a un partido u otro.
Por eso mi conclusión es sencilla:
España no debe buscar una guerra con Marruecos.
Pero tampoco debe permitir que el miedo a una guerra haga que renuncie a
defender sus fronteras, a sus ciudadanos y sus territorios.
Y si Marruecos continúa utilizando la presión
migratoria, las reivindicaciones territoriales o cualquier otra forma de
presión para intentar doblegar a España, llegará un momento en que Europa y
España tendrán que establecer límites mucho más claros.
Porque ceder continuamente ante la presión
tampoco garantiza la paz.
A veces, para evitar una guerra, hay que
demostrar que uno está preparado para defenderse.
Y ese es, quizá, el verdadero precio que España
no puede permitirse pagar: perder la capacidad de defenderse por miedo a las
consecuencias de hacerlo.
Nota final: La UE, y todas las demás naciones del
mundo deben exigirle a Marruecos que deje de explotar a sus ciudadanos y se
convierta en un país democrático y libre. Y sin que la religión domine las necesidades
sociales y políticas.


