Marruecos
está en guerra híbrida contra España, Argelia y el Sáhara Occidental
Por Bruno Perera
Hay guerras que comienzan con soldados, tanques,
aviones, misiles, etc; y hay otras que
se libran utilizando instrumentos mucho más difíciles de identificar: presión
diplomática, inmigración ilegal, desinformación, conflictos territoriales,
presión económica, reivindicaciones históricas e invadiendo las fronteras
anteponiendo a sus ciudadanos enviados
como carne de cañón y como instrumento
político.
A este último tipo antihumano de enfrentamiento
se le denomina guerra híbrida, que es el que más usa Marruecos porque es un desgobierno
al cual poco le importa sus ciudadanos, sobre todo los pobres.
La Unión Europea define las amenazas híbridas
como actividades perjudiciales coordinadas que pueden combinar manipulación
informativa, ciberataques, coerción económica, maniobras políticas, diplomacia
coercitiva o incluso amenazas militares. (Consilium)
Y aquí aparece Marruecos.
Ceuta y
Melilla, dos piezas fundamentales
Marruecos mantiene históricamente
reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, dos ciudades españolas situadas en el
norte de África y que, además, forman parte de la frontera exterior de la Unión
Europea.
Pero la historia de ambas ciudades es bastante
anterior al nacimiento del actual Reino de Marruecos.
Ceuta fue conquistada según la siguiente cronología
simplificada:
|
Época |
Poder que dominó Ceuta |
|
Siglo VII a. C. |
Fenicios |
|
Antigüedad |
Cartagineses |
|
Desde el siglo I d. C. |
Imperio romano |
|
Siglo V |
Vándalos |
|
Siglo VI |
Bizantinos |
|
Siglo VI |
Visigodos, aunque su dominio fue intermitente |
|
Siglo VIII |
Conquista musulmana |
|
788 |
Emirato Idrisí |
|
931 |
Califato de Córdoba, bajo Abderramán III |
|
Siglo XI |
Taifa de Málaga / poderes locales |
|
1080s-1147 |
Almorávides |
|
1147-1230s |
Almohades |
|
Siglo XIII |
Hafsíes, azafíes y otros poderes locales |
|
Siglo XIV |
Nazaríes de Granada y benimerines, con cambios de dominio |
|
1386 |
Benimerines recuperan Ceuta |
|
1415 |
Portugal conquista Ceuta. |
Y después por
Portugal en 1415, llegó la separación de las coronas portuguesa y española, los
habitantes de Ceuta optaron por permanecer vinculados a España, situación que
quedó reconocida en el Tratado de Lisboa de 1668. El propio Archivo Municipal
de Ceuta sitúa en 1415 el comienzo de la presencia portuguesa y la
documentación municipal de la ciudad recoge la posterior vinculación española.
(Ceuta)
Melilla pasó a la Corona española en 1497, cuando
las tropas dirigidas por Pedro de Estopiñán ocuparon la ciudad por encargo del
duque de Medina Sidonia. La propia documentación histórica publicada por la
Ciudad Autónoma sitúa ese acontecimiento en septiembre de 1497. (Melilla)
Por tanto, cuando se habla de Ceuta y Melilla
conviene recordar una cuestión histórica fundamental: ambas ciudades tienen una
vinculación con las coronas ibéricas que se remonta a unos 5 siglos antes de la
independencia del Marruecos actual en 1956. Y si vamos a la conquista de
Canarias por España podemos decir que se asemeja mucho a la de Ceuta y Melilla
porque también fueron conquistadas a partir del 1497. Salvo que Lanzarote y
Fuerteventura pertenecen a España desde el año 1476. -Conquista relacionada de
estas dos islas mencionadas con los normandos Jean de Bethencourt y Gadife de
la Salle, 1402-1410-.
Esto no significa que la historia del norte de
África pueda reducirse a una sucesión de posesiones españolas o portuguesas. La
región tiene una historia milenaria y extraordinariamente compleja. Pero
tampoco resulta históricamente correcto presentar la actual configuración
territorial como si el Reino de Marruecos hubiera existido con las mismas
fronteras y estructura política durante la Antigüedad y la Edad Media.
Mucho antes de
Marruecos existió la Mauretania Tingitana
Otro punto que merece aclaración es la referencia
a la antigua Mauritania Tingitana.
En época romana, una parte importante del actual
norte de Marruecos formó la provincia de Mauretania Tingitana, organizada por
Roma en el año 42 d. C. La propia Ciudad Autónoma de Melilla recoge esta
transformación administrativa romana. (Melilla)
Antes de la incorporación romana, existieron
reinos mauritanos tingitanos gobernados por monarcas como Juba II, aliado de
Roma. Pero Juba II no fue exactamente “rey de casi todo el norte de África”:
gobernó el reino de Mauritania Tingitana como monarca cliente de Roma y su
centro político estuvo en Caesarea, en la actual Argelia.
Es importante hacer esta precisión porque la
historia gana fuerza cuando se cuenta con exactitud.
El Marruecos
moderno no es la antigua Mauritania Tingitana.
Tampoco debemos confundir las antiguas entidades
políticas norteafricanas con el Marruecos actual.
Durante la Edad Media surgieron sucesivamente
grandes poderes como los almorávides, los almohades y los meriníes, y Marrakech
llegó a convertirse en una de las grandes capitales políticas del Magreb.
Posteriormente se consolidó la dinastía alauita,
que continúa reinando actualmente.
La familia de los Omeyas de Damasco heredera de
la religión musulmana mandó sus
guerreros por todo el norte de África allá por los años 670 D.C., y llegaron a
la antigua Mauritania Tingitana en el años 680 D.C., Los sirios-árabes con los
bereberes habidos en la antigua Mauritania Tingitana que eran territorios fuera
del ámbito del actual Marruecos conquistaron la península ibérica a partir del
año 710-711 hasta llegar casi al río Ebro.
La Reconquista de la península ibérica terminó en
1492, con la conquista del Reino nazarí de Granada por los Reyes Católicos, Isabel
I de Castilla y Fernando II de Aragón.
- 2 de enero de 1492: Boabdil entregó las llaves de Granada a los Reyes
Católicos.
- 1492: desapareció el último Estado musulmán independiente de la
península.
- La conquista de Granada se había iniciado en 1482 y duró diez años.
La dinastía alauita se estableció en el poder de
Marruecos durante el siglo XVII, pero conviene distinguir entre su llegada al
poder y su verdadera consolidación:
- 1631: los alauitas comenzaron a imponerse en la región de Tafilalt, al
sureste de Marruecos, bajo Moulay Ali Cherif.
- 1664-1666: su hijo Moulay al-Rashid extendió militarmente su
autoridad. En 1666 tomó Fez y en 1669 Marrakech, convirtiéndose en el
fundador efectivo de la dinastía alauita como poder sobre gran parte del
presente Marruecos.
- 1672-1727: con su hermano y sucesor Moulay Ismail, la dinastía se consolidó
y centralizó mucho más. Ismail creó un poderoso ejército, sometió numerosos
poderes locales y recuperó plazas como Tánger (1684) y Larache (1689).
Por tanto, la dinastía alauita se creó entre 1666
y finales del siglo XVII, con Moulay Ismail (1672-1727) como principal artífice
de esa consolidación.
El propio Ministerio de Cultura español establece
1666 como comienzo de la dinastía alauita y señala que al-Rashid consiguió
restaurar la unidad de casi todo Marruecos en unos cuatro años.
Un dato importante sobre Ceuta: cuando los
alauitas llegaron al poder en 1666, Ceuta ya llevaba casi 200 años bajo dominio
portugués, pues Portugal la había conquistado en 1415. Después pasó a la Corona
española en 1668, tras la separación de Portugal.
El Reino de Marruecos contemporáneo es, sin
embargo, un Estado moderno cuya independencia de los protectorados francés y
español se produjo en 1956.
Por eso, cuando se utilizan argumentos históricos
para defender reivindicaciones territoriales actuales, hay que tener cuidado:
la existencia de antiguos reinos o imperios no determina automáticamente las
fronteras de los Estados contemporáneos.
La inmigración
como instrumento de presión
Aquí llegamos al aspecto más preocupante.
Marruecos controla una de las principales puertas
de entrada terrestre de África, sobre todo de países subsaharianos, a la Unión
Europea: las fronteras de Ceuta y Melilla.
Y ya existen precedentes en los que una crisis
migratoria ha tenido una dimensión claramente política.
En mayo de 2021, por causa de haberle dado
entrada al líder saharaui Brahim Gali que padecía
COVID, Marruecos en represalia mandó a Ceuta alrededor de 8.000-10.000 personas;
entraron en Ceuta en apenas dos días,
incluidos aproximadamente 1.500 menores no acompañados (MENAs). El Parlamento
Europeo ya había denunciado entonces la utilización de la migración y de los
menores como instrumento de presión política sobre un Estado miembro. (EPRS Website)
Pero lo ocurrido en julio de 2026 alcanzó una
dimensión extraordinaria.
El 30 de julio se produjo una entrada masiva
desde Marruecos hacia Ceuta. El Servicio de Estudios del Parlamento Europeo
estimó inicialmente unos 80.000 cruces, en un contexto acompañado de una
intensa oleada de desinformación en redes sociales, y señaló que el episodio
puso de manifiesto las vulnerabilidades de una de las fronteras terrestres de
la UE con África. (EPRS Website)
El Parlamento Europeo fue todavía más explícito
en su resolución del 17 de septiembre de 2026: denunció la instrumentalización
de la migración ilegal como “herramienta de guerra híbrida contra la integridad
territorial de un Estado miembro” y pidió reforzar la protección de las
fronteras exteriores de la Unión en Ceuta. (Parlamento Europeo)
Eso constituye un elemento documental que no
puede ignorarse.
Pero hay que
distinguir entre Marruecos y los ciudadanos marroquíes
Hay otra cuestión que considero fundamental.
Cuando se habla de una posible utilización
política de la inmigración, no se debe convertir al ciudadano marroquí
corriente en el enemigo.
El inmigrante que intenta cruzar una frontera
puede estar huyendo de la pobreza, buscando trabajo o creyendo las
informaciones que recibe por las redes sociales que le envía el Gobierno
marroquí y otros gobiernos africanos, e incluso las mafias y oenegés proinmigración
ilegal.
El Servicio de Estudios del Parlamento Europeo
señaló precisamente que antes de los acontecimientos de julio de 2026 circularon
por las redes sociales marroquíes informaciones falsas según las cuales las
fronteras de Ceuta se habían abierto y quienes entraran podrían obtener
fácilmente asilo o autorización para viajar a la España peninsular. (EPRS Website)
Si existe una utilización política de la
migración, la responsabilidad política debe atribuirse a quienes diseñan,
permiten o instrumentalizan esas estrategias, no automáticamente a las personas
que terminan utilizándolas. (En este caso el culpable, como todos sabemos es el
Reino alauita).
Argelia: el
otro gran frente del conflicto
Marruecos no tiene solamente problemas con
España.
Su enfrentamiento con Argelia constituye uno de
los principales conflictos geopolíticos del Magreb y está estrechamente
relacionado con el Sáhara Occidental.
Argelia rompió las relaciones diplomáticas con
Marruecos en 2021, en medio de una escalada de tensiones. Posteriormente
también restableció restricciones de visado para ciudadanos marroquíes. Reuters
señaló que el conflicto bilateral está estrechamente relacionado con la
cuestión del Sáhara Occidental y con el apoyo argelino al Frente Polisario,
mientras Marruecos sostiene su reivindicación de soberanía sobre el territorio.
(Reuters)
Es decir, el Magreb vive una confrontación
geopolítica en la que Marruecos y Argelia mantienen posiciones profundamente
enfrentadas.
Y en medio
está el Sáhara Occidental
El tercer escenario es el Sáhara Occidental, cuya
situación continúa sin una solución definitiva.
Las Naciones Unidas mantienen al territorio en su
lista de Territorios No Autónomos desde 1963. (Naciones Unidas)
Marruecos defiende una solución basada en la
autonomía bajo soberanía marroquí, apoyada por el vendepatria Pedro Sánchez, PSOE,
actual presidente del Gobierno español. Mientras el Frente Polisario mantiene
como principio fundamental el derecho de los saharauis a la autodeterminación.
La ONU continúa impulsando negociaciones entre
Marruecos y el Frente Polisario, con Argelia y Mauritania también implicadas en
el proceso diplomático. (Naciones Unidas)
Por tanto, afirmar que existe un conflicto entre
Marruecos, Argelia y el movimiento saharaui no es una cuestión imaginaria:
existe una disputa geopolítica de décadas que continúa abierta y que tiene
importantes consecuencias regionales.
¿Estamos ante
una guerra híbrida?
Aquí debemos ser rigurosos.
No todas las actuaciones de Marruecos contra
España, Argelia o el Frente Polisario pueden calificarse automáticamente de
“guerra híbrida”. El término tiene un significado concreto en la política de
seguridad.
Pero existen elementos que encajan dentro de ese
concepto: utilización de la presión migratoria, desinformación, conflictos
diplomáticos, presión económica, disputas territoriales y utilización política
de cuestiones fronterizas.
Y en el caso concreto de Ceuta, ya no estamos
hablando solamente de una interpretación periodística: el propio Parlamento
Europeo ha utilizado expresamente el concepto de herramienta de guerra híbrida
para describir la instrumentalización de la migración ilegal contra la
integridad territorial de un Estado miembro. (Parlamento Europeo)
¿Debe España
romper relaciones con Marruecos?
Aquí está mi propuesta política.
España y la Unión Europea deberían plantearse
seriamente si la actual política de cooperación con Marruecos está produciendo
los resultados que Europa necesita.
Mi posición es que España no debería aceptar que
la inmigración ilegal, las fronteras o los menores sean utilizados como
instrumentos de presión política.
Y, desde mi punto de vista, tampoco debería
aceptar que la reivindicación sobre Ceuta y Melilla se convierta en una
herramienta permanente de presión sobre España.
Por ello considero que España y la Unión Europea
deberían estudiar incluso la posibilidad de suspender o romper las relaciones
diplomáticas con Marruecos si Rabat continúa utilizando instrumentos de presión
que afecten a la seguridad y a la integridad territorial española.
No se trata de declarar enemigo al pueblo marroquí.
Se trata de establecer una diferencia entre el
pueblo marroquí y las decisiones de su Estado.
España puede mantener relaciones normales con los
ciudadanos marroquíes, facilitar los intercambios culturales y económicos y
respetar la dignidad de quienes viven a ambos lados del Estrecho, mientras
exige al Gobierno de Marruecos el respeto a las fronteras y a las reglas
internacionales.
Una frontera
europea que no puede ser utilizada como moneda de cambio
Ceuta y Melilla no son solamente dos ciudades españolas.
Son también una cuestión europea.
La Comisión Europea acaba de conceder a España
114,7 millones de euros de ayuda de emergencia para afrontar la situación
provocada por los cruces masivos de julio de 2026 y ha movilizado apoyo de
Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la Unión Europea. (Representación en España)
Esto demuestra que la cuestión de Ceuta ya no
puede contemplarse exclusivamente como un problema bilateral entre Madrid y
Rabat.
Cuando se presiona una frontera exterior de
España, se está presionando una frontera exterior de la Unión Europea.
Y cuando se utiliza la inmigración ilegal como
instrumento de presión, quienes terminan pagando las consecuencias pueden ser
los propios inmigrantes, los ciudadanos de Ceuta y Melilla, las fuerzas de
seguridad españolas y las instituciones europeas.
La respuesta europea, por tanto, no debería consistir
únicamente en enviar más dinero para apagar cada incendio político cuando se
produce.
Debería consistir también en establecer unas
líneas rojas claras.
Porque una cosa es tener un vecino difícil.
Y otra muy distinta es permitir que una frontera
europea pueda convertirse periódicamente en una herramienta de presión
política.
Ceuta y Melilla no son fichas de negociación.
El Sáhara Occidental tampoco.
Y los ciudadanos marroquíes que intentan alcanzar
Europa tampoco deberían convertirse en carne de cañón de ningún conflicto
geopolítico.
La historia del Mediterráneo demuestra que las
fronteras pueden cambiar, los imperios desaparecer y los Estados transformarse.
Pero también demuestra que las decisiones
territoriales que se toman mediante presión, amenazas o utilización de seres
humanos como instrumentos políticos terminan dejando heridas que pueden durar
generaciones.
Por eso, frente a cualquier estrategia de presión
híbrida, España y Europa necesitan una política clara: cooperación cuando
exista respeto mutuo; firmeza cuando se utilicen las fronteras como instrumento
de presión; y defensa de Ceuta, Melilla y de los intereses europeos sin
convertir al pueblo marroquí en enemigo.


