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sábado, 29 de agosto de 2026

Marruecos abandona a sus menores y adultos inmigrantes ilegales para que otras naciones los cuiden y los eduquen y así les manden divisas

 



Marruecos abandona a sus menores y adultos inmigrantes ilegales para que otras naciones los cuiden y los eduquen y así les manden divisas

Por Bruno Perera

La crisis migratoria que afecta a Ceuta ha puesto sobre la mesa una cuestión que España debería plantearse con mucha más claridad: ¿hasta qué punto puede un país trasladar de hecho a otras naciones la responsabilidad de atender a sus propios ciudadanos adultos y menores?

La situación resulta especialmente llamativa cuando se observa lo ocurrido en Ceuta. Unas 72.000- 80.000 personas procedentes de Marruecos llegaron a la ciudad autónoma como una invasión entre el 29 y 30  de julio, adultos y menores, hombres, mujeres, niñas y niños. España tuvo que asumir su alimentación, alojamiento y asistencia sanitaria; y, en el caso de los menores no acompañados, su tutela y protección mientras se resuelve el caso de cada uno, algo que llevará varios meses o años en arreglar, y si es que se resuelve sus traslados con su familias en Marruecos.

Y aquí surge una pregunta que resulta difícil de ignorar: ¿qué ocurriría si sucediera exactamente lo contrario?

Imaginemos que, por falta de trabajo o por cualquier otra circunstancia, decenas de miles de ceutíes cruzaran la frontera y ocuparan una ciudad marroquí próxima a Ceuta. Supongamos que entre ellos hubiera miles de menores no acompañados.

¿Aceptaría Marruecos mantenerlos durante años? ¿Les proporcionaría alojamiento, alimentación, ropa, asistencia sanitaria y escolarización? ¿Crearía miles de plazas para ellos y asumiría su tutela hasta que alcanzaran la mayoría de edad?

Todo hace pensar que la respuesta sería muy diferente.

Marruecos dispone de mecanismos oficiales de protección de menores, pero eso no significa que tenga intención para proporcionar una atención comparable a la que España ofrece a los menores extranjeros no acompañados. Organismos internacionales como UNICEF llevan años señalando las carencias existentes en el sistema marroquí de protección infantil y la especial vulnerabilidad de los menores migrantes.

La realidad de muchos menores que viven en las calles marroquíes tampoco puede ignorarse. Existen niños y adolescentes en situación de extrema vulnerabilidad, algunos de ellos viviendo en la calle, pidiendo limosna o expuestos a explotación y tráfico. Esto demuestra que disponer sobre el papel de mecanismos de protección no significa necesariamente disponer de intención ni recursos suficientes para atender a todos los menores que necesitan ayuda.

Y mientras tanto, Marruecos reclama a España la devolución de sus menores.

La reclamación puede presentarse ante la comunidad internacional como la actitud de un Estado preocupado por sus niños. Pero una cosa es reclamar públicamente el regreso de los menores y otra muy distinta demostrar que, cuando regresen, existirán recursos suficientes para garantizar su protección, alojamiento, educación y bienestar.

Ahí está una de las grandes contradicciones de esta situación.

Marruecos reclama a sus menores porque son marroquíes, pero España es quien tiene que hacerse cargo de ellos mientras permanecen en Ceuta. España debe buscar instalaciones, personal, alimentos, asistencia médica, educación y recursos económicos para atenderlos.

Y no hablamos solamente de los menores.

También existen miles de adultos que, después de entrar irregularmente en Ceuta, terminan siendo atendidos de una u otra manera por España mientras se resuelve su situación.

Una comparación que pone el problema en evidencia

La mejor manera de comprender la dimensión del problema es hacer el ejercicio contrario.

Imaginemos que miles de españoles de Ceuta entraran irregularmente en Marruecos.

Imaginemos que entre ellos hubiera familias enteras y miles de menores.

¿Aceptaría Marruecos que España dijera: «Como son menores, deben permanecer ahí, así que ustedes en Marruecos deben encargarse de alimentarlos, vestirlos, escolarizarlos y tutelarlos durante los próximos años»?

Difícilmente.

Lo más probable es que Marruecos exigiera su identificación y su devolución a España y que considerase que España debía hacerse responsable de sus propios ciudadanos.

Y probablemente nadie consideraría extraño ese planteamiento.

Entonces hay que hacerse otra pregunta: ¿por qué lo que parece lógico cuando se plantea en sentido inverso deja de parecerlo cuando la responsabilidad recae sobre España?

España es un país europeo con un sistema de protección social desarrollado y con obligaciones legales e internacionales respecto a los menores. Eso no significa, sin embargo, que tenga recursos ilimitados ni que deba asumir indefinidamente las consecuencias de las deficiencias de otros países.

El coste lo paga España

La atención de los menores extranjeros no acompañados no es gratuita.

Hay que proporcionarles alojamiento, comida, ropa, atención médica, educación, trabajadores sociales, psicólogos, seguridad y todo aquello que requiere la tutela de un menor. (Que es el cuento de donde se nutren las oenegés proinmigración ilegal, las mafias y los partidos políticos vendepatrias)

Cuando llegan cientos o miles de personas en un periodo muy corto, el problema adquiere una dimensión completamente diferente.

Ceuta tiene actualmente algo más de 83.000 habitantes en un territorio que apenas posee 18.5 km2.

  • Cifra oficial a 1 de enero de 2025: 83.595 habitantes, según el padrón oficial publicado por el BOE.
  • El INE había registrado 83.567 habitantes en su serie de población residente para esa misma fecha.
  • Por tanto, para hablar de la población de Ceuta de forma redonda, podemos decir unos 83.600 habitantes.

Esto es importante para poner en contexto la situación que estamos comentando: una entrada de 72.000 personas supondría, en términos puramente numéricos, una cantidad equivalente a aproximadamente el 86 % de toda la población residente de Ceuta.

Ceuta, además, tiene unas características geográficas y demográficas muy particulares. No puede convertirse indefinidamente en un enorme centro de acogida para personas que proceden de otro país.

Y cuando la capacidad de Ceuta se desborda, el problema termina trasladándose al resto de España.

Comunidades autónomas, ayuntamientos y Administración central tienen que dedicar recursos económicos y humanos para atender una situación que, en su origen, está estrechamente relacionada con Marruecos.

¿Protección de menores o traslado de responsabilidades?

Nadie puede defender que un menor antes de cumplir 16 años sea abandonado a su suerte. Pero también se debe comprender que entre ellos los MENAs, jóvenes de 16 años no son menores sino jóvenes casi adultos.

Pero proteger a un menor no debería significar que su país de origen quede liberado de toda responsabilidad.

Si un menor marroquí o de otra nacionalidad llega a España, España debe protegerlo mientras permanezca bajo su jurisdicción. Pero eso no debería convertirse automáticamente en una obligación de mantenerlo durante años sin que Marruecos u otras naciones participen de manera efectiva en su recuperación, reintegración familiar y protección.

Y aquí es donde las palabras deben ir acompañadas de hechos.

Si Marruecos afirma que quiere recuperar a sus menores, debería demostrar que está dispuesto a colaborar de manera efectiva: identificación, documentación y localización de las familias.

Porque reclamar a los menores públicamente es relativamente sencillo.

Lo verdaderamente importante es hacerse cargo de ellos cuando regresan.

Un problema que España no puede solucionar sola

La cuestión  inmigratoria no puede reducirse a una discusión entre quienes quieren proteger a los inmigrantes y quienes quieren rechazarlos.

España puede y debe proteger a las personas vulnerables, pero también tiene derecho a exigir que los países de origen colaboren y asuman sus responsabilidades.

No puede aceptarse como normal que un país envíe —o permita que salgan— miles de personas hacia otro Estado y que, una vez allí, sea ese segundo país quien tenga que asumir prácticamente todos los costes humanos, sociales y económicos.

Y mucho menos cuando hablamos de menores.

La pregunta final es sencilla:

Si Marruecos considera que esos niños son sus ciudadanos y que deben regresar a su país, ¿está dispuesto a proporcionarles allí la protección, alojamiento, alimentación, educación y tutela que España está proporcionando mientras permanecen en Ceuta?

La respuesta a esa pregunta debería ser clara y pública.

Porque si un Estado reclama a sus menores, también debe estar preparado para hacerse cargo de ellos.

De lo contrario, existe el riesgo de que la responsabilidad termine siendo trasladada silenciosamente a otros países.

Y en este caso, uno de esos países es España.

Marruecos reclama a sus menores, pero España y la UE pagan la factura de protegerlos. Y esa situación no puede convertirse en una solución permanente.

Aviso: Resulta difícil entender que, pocos días después de la última invasión de Ceuta, alrededor de 65.000 marroquíes regresaran a Marruecos prácticamente de la noche a la mañana. Este hecho me lleva a plantearme si aquella entrada masiva pudo haber sido promovida o, al menos, organizada de alguna manera por Marruecos con algún objetivo político que desconozco.

Una posibilidad —y la planteo únicamente como hipótesis— es que Marruecos quisiera demostrar a España que tiene capacidad para provocar una entrada masiva en Ceuta y Melilla cuando lo considere oportuno, utilizando la presión migratoria como instrumento político.

También cabe preguntarse si, entre las decenas de miles de personas que entraron en Ceuta, pudo haber individuos-agentes-camuflados,  que actuaran siguiendo instrucciones de las autoridades marroquíes y que, llegado el momento, transmitieran la orden de regresar.

El hecho que llama especialmente la atención es que unos 65.000 regresaran a Marruecos, mientras que aproximadamente 7.000 permanecieron en Ceuta. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿por qué una cantidad tan extraordinariamente elevada de personas decidió regresar casi al mismo tiempo?

No afirmo que esta hipótesis sea cierta, porque no dispongo de pruebas que permitan demostrarla. Pero considero legítimo plantearla y preguntarse si aquella entrada masiva fue simplemente un fenómeno migratorio espontáneo o si pudo existir detrás algún tipo de estrategia política por parte de Marruecos.

No creo que los medios sociales tuvieran tanto poder como para en unos días mover tantas decenas de miles de gente, y menos creo que el Gobierno marroquí con toda la policía de frontera que posee no se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Nota final: Según han informado algunas autoridades ceutíes, todavía quedarían en Ceuta alrededor de 10.000 inmigrantes, de los cuales unos 2.500 serían menores extranjeros no acompañados (MENAs).

Por otra parte, en las próximas manifestaciones y concentraciones anunciadas para estos días se está utilizando el lema: «Apoyo a Ceuta porque mañana puede tocarle a Canarias».

Sin embargo, este eslogan no parece encajar del todo con la realidad de Canarias. ¿Por qué? Porque, en el caso de las islas, la presión migratoria no es algo que pueda ocurrir mañana: lleva sucediendo desde hace décadas.

Desde aproximadamente 1994 hasta la actualidad, cerca de 450.000 inmigrantes habrían llegado a Canarias de forma ilegal. Lo han hecho principalmente a bordo de pateras, zodiacs y cayucos, procedentes de África Occidental y del África Subsahariana, aunque también han llegado personas procedentes de otras zonas del mundo y de países de Centro y Sudamérica, utilizando igualmente otras vías de entrada, incluidos vuelos nacionales e internacionales.

Por eso, quizá sería más acertado decir: «Apoyo a Ceuta porque lo que está ocurriendo allí Canarias lleva sufriéndolo desde hace más de treinta años».

Canarias no tiene que esperar a que «mañana le toque». La presión migratoria ya lleva décadas tocando a sus puertas y poco han hecho las autoridades políticas para corregir este gran problema que nos satura todos los servicios sociales y la vivienda. Y nos exprime hasta la última gota económica.

Y tengan bien en cuenta: En lo dicho aquí no hay racismo sino la pura verdad que las oenegés proinmigración ilegal no quieren oír.

 


La inmigración ilegal no solo está perjudicando a Ceuta, también a toda España, y más a Canarias

 




La inmigración ilegal no solo está perjudicando a Ceuta, también a toda España, y más a Canarias

Por Bruno Perera

El próximo 2 de septiembre se han convocado concentraciones en numerosas ciudades españolas en apoyo a Ceuta, después de la gravísima crisis migratoria que sufrió la ciudad autónoma a finales de julio. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha llamado a los ayuntamientos a mostrar su solidaridad con los ceutíes bajo el lema “Ceuta no está sola. Ceuta es España. Lo que afecta a los ceutíes nos concierne a todos”. (FEMP)

En Lanzarote también se celebrará una concentración.

Y, naturalmente, Ceuta merece todo nuestro apoyo.

Pero hay algo que llama poderosamente la atención en el mensaje que se está difundiendo en Canarias: “Apoyo a Ceuta. Le ha tocado a Ceuta; mañana podría tocarle a Canarias”.

¿Mañana podría tocarle a Canarias?

No.

A Canarias ya le ha tocado. Y lleva tocándole más de treinta años.

Canarias no tiene que esperar a que llegue su turno

Canarias lleva décadas siendo una de las principales puertas de entrada de la inmigración ilegal procedente de África.

Según los datos recogidos en un estudio publicado este año, entre 1994 y 2025 llegaron por vía marítima a Canarias 270.218 inmigrantes en situación irregular.

Y hay un dato todavía más significativo: 142.539 llegaron solamente entre 2021 y 2025. Es decir, más de la mitad de todas las llegadas registradas en las tres últimas décadas se concentraron en apenas cinco años. (Europa Press)

Por tanto, cuando en Canarias se dice que “mañana podría tocarnos”, convendría recordar que Canarias lleva años soportando una presión migratoria extraordinaria.

No se trata de una posibilidad futura.

Es una realidad que las islas conocen desde hace décadas.

Ceuta y Canarias son dos caras del mismo problema

Lo ocurrido en Ceuta ha sido extraordinariamente grave.

El 30 de julio se produjo una entrada masiva desde Marruecos que las autoridades y medios internacionales han cifrado en más de 70.000 personas, aunque la cifra exacta ha sido objeto de diferentes estimaciones. Miles permanecen todavía en la ciudad y la situación ha provocado una fuerte tensión social. España ha tenido que solicitar incluso la colaboración de Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la Unión Europea para acelerar la identificación y clasificación de las personas que permanecen allí. (Reuters)

En Ceuta se han producido además protestas de ciudadanos que reclaman soluciones y el desalojo de los asentamientos improvisados. La tensión llegó a episodios violentos, incluida la quema de un asentamiento. (El País)

Por eso nadie debería minimizar lo que está viviendo Ceuta.

Pero tampoco deberíamos caer en el error de pensar que la inmigración ilegal es un problema exclusivamente ceutí.

Es un problema español.

Y es también un problema europeo.

Y en España, Canarias ha soportado durante años una presión especialmente intensa.

¿Por qué parece que solo nos acordamos de Canarias cuando llegan pateras?

Esta es la pregunta que deberíamos hacernos en Lanzarote.

Cuando miles de personas aparecen de repente en Ceuta, toda España descubre la gravedad de una frontera sometida a una presión migratoria extraordinaria.

Pero cuando las pateras, las zodiacs , los cayucos  y los barcos  de pesca robados llegan a Canarias, más las pateras aviones, muchas veces el asunto desaparece de los titulares nacionales después de unos días.

Y mientras tanto, las islas tienen que afrontar las consecuencias.

Llegan inmigrantes que necesitan atención sanitaria, alimentación, alojamiento, asistencia jurídica y protección.

Y existe además el problema particularmente delicado de los MENAS, menores extranjeros no acompañados, cuya atención recae en gran medida sobre las comunidades autónomas.

Canarias ha tenido que asumir durante años una responsabilidad que, por su magnitud, difícilmente puede considerarse exclusivamente canaria.

El problema no termina cuando una persona llega a España

Aquí existe otro aspecto que conviene discutir con serenidad.

Una política migratoria no puede limitarse a rescatar o atender a quienes llegan después de haber conseguido atravesar una frontera.

También debe existir una política eficaz de control fronterizo, identificación, devolución cuando legalmente corresponda y lucha contra las redes que organizan el tráfico de personas.

En el caso de Ceuta, el Gobierno español está intentando ahora acelerar precisamente ese proceso con ayuda europea. Se ha solicitado la incorporación de agentes adicionales de Frontex y apoyo de Europol y de la Agencia de Asilo de la UE. (ElHuffPost)

Pero la pregunta que debemos hacernos es muy sencilla:

¿Por qué no hemos tenido durante todos estos años una respuesta europea de una dimensión semejante para Canarias?

Canarias también es frontera exterior de España.

Y, por tanto, también es frontera exterior de la Unión Europea.

Apoyar a Ceuta no significa olvidarse de Canarias

Los lanzaroteños que acudan el 2 de septiembre a apoyar a Ceuta deberían poder hacerlo con toda legitimidad.

Ceuta es España.

Lo que ocurre allí nos afecta a todos.

Pero precisamente por eso sería perfectamente razonable que desde Lanzarote se lanzara también otro mensaje:

Canarias también necesita apoyo.

No tiene sentido enfrentar a Ceuta con Canarias, como tampoco tendría sentido enfrentar a Canarias con Ceuta.

Ambas son territorios españoles que se encuentran en primera línea de las fronteras exteriores de la Unión Europea.

Y ambos necesitan que el Estado y Europa les proporcionen medios suficientes para controlar sus fronteras y gestionar adecuadamente la inmigración.

Canarias no quiere privilegios; quiere que no se olvide su realidad

Canarias no está pidiendo un trato especial.

Está pidiendo que se reconozca una realidad que lleva décadas padeciendo.

Porque cuando se acumulan decenas de miles de llegadas en pocos años, el problema deja de ser exclusivamente humanitario.

También afecta a la seguridad, los servicios públicos, la vivienda, la sanidad, la educación, los servicios sociales y la capacidad de acogida.

Y afecta especialmente a unas islas que, por su propia condición geográfica, tienen unas posibilidades limitadas para absorber indefinidamente una presión migratoria de semejante magnitud.

Por eso resulta extraño escuchar:

“Mañana podría tocarle a Canarias”.

La respuesta desde Canarias debería ser:

“No hace falta esperar a mañana. A Canarias ya le ha tocado.”

Y hay que hablar también de Marruecos

La cuestión no puede analizarse únicamente desde el lado español.

Marruecos es un elemento fundamental en cualquier solución.

Lo ocurrido en Ceuta demuestra hasta qué punto el control de la frontera marroquí puede tener consecuencias inmediatas sobre España.

España necesita cooperación con Marruecos, pero esa cooperación debe traducirse en resultados concretos: control efectivo de las fronteras, lucha contra las mafias que trafican con personas y cumplimiento de los acuerdos de readmisión cuando sean aplicables.

Y, al mismo tiempo, España debe mantener una posición clara respecto a Ceuta y Melilla.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha asegurado recientemente que la soberanía de ambas ciudades no es objeto de negociación con Marruecos.

Esa posición debería quedar completamente clara.

La solidaridad debe ser para todos

El 2 de septiembre se podrá decir:

“Ceuta no está sola”.

Estoy de acuerdo.

Pero desde Canarias deberíamos añadir:

“Canarias tampoco”.

Porque los españoles de Ceuta no son más españoles que los canarios.

Ni los canarios somos más españoles que los ceutíes.

Somos ciudadanos de un mismo país y vivimos en territorios que, además, forman parte de la frontera exterior de la Unión Europea.

Por eso, si la concentración del 2 de septiembre pretende ser realmente un acto de solidaridad nacional, debería servir para algo más que para recordar la tragedia de Ceuta.

Debería servir para recordar que España tiene un problema migratorio que afecta a todo el territorio nacional y que Canarias lleva soportando una parte especialmente importante de ese problema desde hace más de treinta años.

Ceuta necesita ayuda.

Canarias también.

Ceuta necesita seguridad.

Canarias también.

Ceuta necesita que España y Europa no la abandonen.

Canarias tampoco puede ser abandonada.

Y quizá el mensaje que deberíamos llevar desde Lanzarote a la concentración del 2 de septiembre sea precisamente este:

“Apoyo a Ceuta. Pero no olvidemos que Canarias lleva más de treinta años en primera línea.”

Porque la inmigración ilegal no solo está perjudicando a Ceuta: está afectando a toda España, y especialmente a Canarias.

 

viernes, 28 de agosto de 2026

Ceuta: Marruecos reclama el territorio, pero España carga con las consecuencias humanas

 


Ceuta: Marruecos reclama el territorio, pero España carga con las consecuencias humanas

Por Bruno Perera

La crisis que está viviendo Ceuta después de la entrada masiva de decenas de miles de personas procedentes de Marruecos plantea muchas preguntas que van mucho más allá de la inmigración. Plantea preguntas sobre las fronteras, la soberanía, las responsabilidades de los Estados y, sobre todo, sobre la verdadera naturaleza de las reivindicaciones territoriales de Marruecos.

Según las cifras ofrecidas por el ministro del Interior español, alrededor de 72.000 personas entraron irregularmente en Ceuta a finales de julio y unas 70.000 habrían regresado posteriormente a Marruecos. En estos momentos permanecen todavía alrededor de 5.000 personas en la ciudad, mientras las autoridades españolas intentan gestionar una situación que ha desbordado la capacidad ordinaria de Ceuta. (Reuters)

La magnitud de lo ocurrido es difícil incluso de imaginar. Ceuta es una ciudad pequeña, con una población cercana a los 85.000 habitantes. Que decenas de miles de personas crucen su frontera en cuestión de horas constituye una situación extraordinaria que afecta a los servicios públicos, a la seguridad, a la sanidad, al alojamiento y a la convivencia.

Y aquí aparece una de las grandes paradojas de esta crisis.

Marruecos reclama Ceuta, pero ¿quién se hace cargo de las personas que llegan desde Marruecos?

Marruecos mantiene históricamente reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla y sostiene que ambos territorios deberían formar parte de Marruecos.

Sin embargo, cuando miles de personas atraviesan la frontera desde territorio marroquí y entran en Ceuta, la responsabilidad inmediata de atenderlas recae sobre España.

España tiene que proporcionar alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria, protección y, en el caso de los menores no acompañados, tutela administrativa. Durante esta crisis llegaron alrededor de 4.000 menores, y cientos de ellos quedaron bajo la tutela de las autoridades españolas.

La pregunta resulta inevitable:

Si Marruecos considera que Ceuta debería pertenecer a Marruecos, ¿por qué no reclama también la responsabilidad sobre los ciudadanos marroquíes que llegan a la ciudad?

Porque una cosa es reclamar un territorio desde la distancia y otra muy diferente asumir las obligaciones que implica gobernarlo.

La soberanía no debería consistir únicamente en reclamar kilómetros cuadrados. La soberanía también significa asumir responsabilidades sobre las personas que viven en ese territorio.

La contradicción de los derechos humanos

Marruecos suele defender sus posiciones territoriales apelando a argumentos históricos, nacionales y territoriales.

Pero los derechos humanos no pueden utilizarse únicamente cuando sirven para reclamar un territorio.

Los derechos humanos también significan garantizar que las personas tengan alimentos, agua, alojamiento, atención sanitaria, educación y seguridad.

Y es precisamente aquí donde la situación de Ceuta plantea una contradicción que merece ser debatida públicamente.

Miles de personas procedentes de Marruecos han terminado dependiendo de las autoridades españolas para recibir asistencia, mientras España tiene que pedir incluso ayuda europea para poder gestionar la dimensión extraordinaria de la crisis. El Gobierno español solicitó el 28 de agosto apoyo de Frontex para afrontar la situación y reforzar la identificación y gestión de los migrantes. (Reuters)

No se trata de negar ayuda a quien la necesita. Todo lo contrario.

Una sociedad civilizada debe ayudar a las personas que se encuentran en una situación de necesidad.

Pero ayudar no significa que España tenga que aceptar indefinidamente que una frontera internacional pueda quedar desbordada.

¿Dónde está la responsabilidad de Marruecos?

Esta es probablemente una de las preguntas más incómodas de toda esta crisis.

La mayoría de las personas que entraron en Ceuta procedían de Marruecos. La inmensa mayoría regresó posteriormente a territorio marroquí. Y de hecho, el propio Gobierno español ha manipulado el problema destacando la cooperación de las autoridades marroquíes para impedir nuevas salidas y facilitar los retornos. (Cadena SER)

Pero el hecho de que finalmente Marruecos haya colaborado, para tapar sus trapos sucios conteniendo nuevos movimientos, no elimina las preguntas que ha dejado esta crisis.

¿Qué ocurrió para que decenas de miles de personas pudieran llegar simultáneamente a una frontera europea?

¿Por qué Ceuta tuvo que soportar una presión humana de semejante magnitud?

¿Quién organizó o facilitó el movimiento de esas personas?

¿Existió una utilización política de la inmigración?

¿Y hasta qué punto puede un país utilizar el control de sus fronteras como instrumento de presión política sobre otro Estado?

Son preguntas que España y la Unión Europea deberían responder con claridad.

Ceuta no es solamente un problema migratorio

Reducir lo sucedido a un problema de inmigración sería un error.

Ceuta es también una frontera exterior de la Unión Europea.

Lo ocurrido demuestra que una ciudad española puede quedar sometida, en cuestión de horas, a una presión migratoria equivalente a una parte enorme de su propia población.

Y eso convierte el problema en una cuestión de seguridad nacional y europea.

El propio Parlamento británico ha señalado que la entrada de más de 70.000 personas en Ceuta provocó preocupación en la Unión Europea por la seguridad de sus fronteras exteriores. (House of Commons Library)

Por eso Europa no puede mirar hacia otro lado.

Ceuta no debería quedar sola ante una situación de esta magnitud.

Una ciudad española que no puede convertirse en un territorio de acogida ilimitada

También hay que pensar en los ciudadanos de Ceuta.

Ellos no son responsables de la situación económica, política o social de Marruecos.

No pueden convertirse en las víctimas indirectas de una disputa migratoria o territorial entre Estados.

Los habitantes de Ceuta tienen derecho a vivir con seguridad, a disponer de servicios públicos adecuados y a no ver colapsada su ciudad.

Y ayudar a los inmigrantes tampoco significa ignorar los derechos de los ciudadanos españoles.

Ambas cosas pueden y deben defenderse simultáneamente.

Se puede tratar humanamente a quien llega y, al mismo tiempo, defender firmemente una frontera.

Se puede proporcionar asistencia a un menor y, al mismo tiempo, exigir que España controle quién entra en su territorio.

Se puede respetar los derechos humanos y, al mismo tiempo, exigir que Marruecos asuma su responsabilidad.

¿Qué ocurriría si Ceuta fuera marroquí?

Esta es quizás la pregunta más reveladora.

Imaginemos por un momento que Ceuta estuviera bajo soberanía marroquí.

Si mañana 72.000 personas atravesaran una frontera marroquí y se instalaran en una ciudad de apenas unas decenas de miles de habitantes, ¿quién tendría que proporcionarles alojamiento, alimentación, sanidad y protección?

Evidentemente, el Estado que ejerciera la soberanía sobre la ciudad.

Porque la soberanía implica obligaciones.

Por eso resulta contradictorio reclamar un territorio y, al mismo tiempo, pretender que otro Estado asuma las consecuencias económicas, sociales y humanitarias de lo que ocurre en él.

¿Una estrategia de presión?

También debe investigarse si los acontecimientos fueron simplemente una explosión migratoria espontánea o si detrás existieron intereses políticos movidos por el Estado marroquí.

No sería la primera vez que la inmigración y el control fronterizo se convierten en instrumentos de presión internacional.

Pero todo apunta que Marruecos organizó deliberadamente la entrada de decenas de miles de personas con el objetivo de desestabilizar Ceuta, por algún interés político marroquí.

Eso debe investigarse y demostrarse.

Lo que sí puede afirmarse es que el resultado ha sido una enorme presión sobre España y sobre una ciudad española cuya capacidad material es limitada.

Y esa realidad exige respuestas.

Marruecos debe decidir qué relación quiere mantener con Ceuta

Si Marruecos quiere mantener una relación de buena vecindad con España, debe demostrarlo no solamente con declaraciones diplomáticas, sino también mediante hechos.

Una frontera segura.

Control efectivo de su territorio.

Cooperación contra las redes de tráfico de personas.

Responsabilidad respecto de sus ciudadanos.

Y respeto a la población española que vive en Ceuta y Melilla.

Porque no se puede reclamar la soberanía sobre un territorio solamente cuando resulta políticamente conveniente.

Quien reclama un territorio también debe estar preparado para asumir las responsabilidades que conlleva.

La gran pregunta final

Lo ocurrido en Ceuta debería servir para que España y Europa se hagan una pregunta fundamental:

¿Qué ocurriría si una situación como esta volviera a producirse mañana, pero en lugar de 72.000 personas fueran 100.000, 200.000 o incluso más?

Una frontera no puede depender exclusivamente de que el país vecino decida cooperar.

La seguridad de Ceuta y Melilla es responsabilidad de España y también una cuestión de seguridad de la Unión Europea.

Y la defensa de las fronteras no es incompatible con los derechos humanos.

Al contrario:

una frontera segura permite precisamente que un Estado pueda organizar, controlar y financiar una política migratoria humanitaria y ordenada.

Ceuta ha demostrado que España necesita una política clara.

Marruecos tiene que asumir sus responsabilidades.

Europa tiene que asumir las suyas.

Y España tiene que recordar que defender sus fronteras, proteger a sus ciudadanos y respetar los derechos humanos no son objetivos contradictorios.

Son obligaciones que deben cumplirse simultáneamente.