Las energías renovables y el problema que nos acarrean en España
Por Bruno
Perera
España se
encuentra actualmente inmersa en un ambicioso proceso de transición energética,
orientado a reducir su dependencia de los combustibles fósiles como el carbón y
el petróleo, así como a disminuir progresivamente el uso de la energía nuclear.
Este cambio responde tanto a compromisos medioambientales como a la necesidad
de adaptarse a un modelo energético más sostenible.
Sin embargo,
este proceso presenta una contradicción que merece ser analizada. España se ha
convertido en un gran importador de tecnologías renovables, especialmente de
placas solares procedentes de China y de aerogeneradores fabricados en
distintos países. Aunque estas herramientas permiten generar energía limpia
dentro del territorio nacional, su fabricación en origen depende en gran medida
del uso de combustibles fósiles.
Esto plantea
una paradoja evidente: España reduce sus emisiones internas, pero externaliza
la contaminación al adquirir productos cuya producción ha generado emisiones
contaminantes en otros países. En cierto modo, se mejora la huella ecológica
nacional, pero no necesariamente la global. Este enfoque puede dar lugar a una
percepción de “transición ecológica” que, en la práctica, no es completamente coherente.
A pesar de
ello, el objetivo de alcanzar una transición energética total es positivo y
necesario. La cuestión clave no radica en el propósito, sino en la estrategia.
En lugar de depender casi exclusivamente de la importación de tecnologías
renovables, España debería apostar por el desarrollo de su propia industria en
este ámbito.
La creación de
fábricas nacionales de placas solares y aerogeneradores no solo reduciría la
dependencia exterior, sino que también generaría empleo, impulsaría la innovación
tecnológica y fortalecería la economía. Además, permitiría controlar mejor los
procesos de producción, favoreciendo métodos más sostenibles y alineados con
los objetivos medioambientales.
En definitiva,
la transición energética en España es un paso imprescindible hacia un futuro
más limpio, pero debe ir acompañada de una visión industrial estratégica.
Apostar por la producción nacional de tecnologías renovables no solo haría el
modelo más coherente desde el punto de vista ecológico, sino también más sólido
y autosuficiente a largo plazo.
Nota: Aunque se complete la transición energética, el petróleo
probablemente seguirá siendo necesario. En ese escenario, ya no se usaría
principalmente como fuente de energía, sino como materia prima para fabricar
muchos productos esenciales, como medicamentos, pesticidas, plásticos, asfalto,
resinas y otros materiales derivados.
Final: Lo demás que falta explicar en este artículo lo dejo a la imaginación de los lectores. No toda la cama la debo hacer yo.
Saludos.













