Puerto
Marqués, Acapulco y el misterio de los galeones desaparecidos
¿Dónde están
los barcos de Hernán Cortés y del Galeón de Manila?
Por Bruno Perera
La historia del océano Pacífico está llena de
aventuras, descubrimientos y misterios. Uno de los más fascinantes es el que
rodea a Puerto Marqués y la bahía de Acapulco, en la costa del
actual estado mexicano de Guerrero.
Durante casi tres siglos, estas aguas fueron la
puerta de entrada entre América y Asia. Desde aquí partieron expediciones que
cambiaron la historia del mundo y, posteriormente, navegaron los legendarios
Galeones de Manila, que durante 250 años con tripulación española, mexicana y otras, unieron Filipinas con Nueva España.
Sin embargo, existe una pregunta que sigue sin
respuesta:
¿Dónde están los restos de aquellos barcos?
Hernán Cortés
y Puerto Marqués
Tras la conquista de México, Hernán Cortés
comprendió que el futuro de España también se encontraba en el océano Pacífico,
entonces conocido como el Mar del Sur.
Con ese objetivo promovió la construcción de
embarcaciones y organizó varias expediciones marítimas para explorar las costas
occidentales de América y buscar nuevas rutas hacia Asia. Diversos
historiadores consideran que Puerto Marqués, situado junto a Acapulco,
fue una de sus principales bases navales en la década de 1530, gracias a las
excelentes condiciones naturales de su bahía para fondear y preparar
embarcaciones. (RTVE)
Desde aquellas aguas zarparon algunas de las
expediciones españolas que iniciaron la exploración sistemática del Pacífico
oriental.
Décadas después, en 1565, el navegante y fraile
Andrés de Urdaneta consiguió resolver uno de los mayores problemas de la
navegación de la época: encontrar la ruta de regreso desde Filipinas hasta
América.
Su descubrimiento del tornaviaje permitió
establecer la ruta regular entre Manila y Acapulco, conocida como el Galeón
de Manila o Nao de China. Durante aproximadamente 250 años, desde el
siglo XVI hasta comienzos del XIX, enormes galeones cruzaron el océano Pacífico
transportando sedas, porcelanas, especias, marfil, lacas, joyas y otros
productos orientales hacia América, mientras desde México partían
principalmente plata y mercancías destinadas a Asia. (Portal Científico UNED)
Aquella línea marítima fue mucho más que una
simple ruta comercial.
Muchos historiadores la consideran la primera
gran red de comercio global, ya que unía Asia, América y Europa mediante
una cadena continua de transporte que atravesaba medio planeta. (Portal Científico UNED)
Acapulco, el
puerto del Pacífico español
Cada llegada del Galeón de Manila transformaba
Acapulco.
Miles de comerciantes acudían a la famosa Feria
de Acapulco para adquirir productos asiáticos que después continuaban viaje
hasta Veracruz y, finalmente, a Sevilla.
La ciudad se convirtió en uno de los puertos más
importantes del Imperio español y en un punto de encuentro entre culturas,
idiomas y mercancías procedentes de tres continentes. (Portal Científico UNED)
Y aquí aparece una cuestión verdaderamente
sorprendente.
Si durante casi tres siglos navegaron por
aquellas aguas cientos de galeones, barcos mercantes, navíos militares,
embarcaciones auxiliares y pequeñas lanchas de servicio, ¿por qué prácticamente
no se conocen restos importantes de barcos hundidos en la bahía de Acapulco o
en Puerto Marqués?
La lógica invita a pensar que deberían existir
numerosos pecios repartidos por sus fondos marinos.
Sin embargo, hasta la fecha no se ha identificado
públicamente ningún gran galeón colonial hundido en estas bahías.
Existen varias razones que podrían explicar esta
aparente ausencia.
La primera es que la mayoría de aquellos barcos
estaban construidos principalmente de madera. Después de cinco siglos, la
acción del agua salada, las bacterias y organismos marinos perforadores puede
haber hecho desaparecer casi toda su estructura.
La segunda explicación son los huracanes.
La costa del Pacífico mexicano ha sufrido
innumerables ciclones tropicales capaces de romper embarcaciones, desplazarlas,
enterrarlas bajo toneladas de arena o cubrirlas con gruesas capas de
sedimentos.
Una tercera posibilidad es que muchos barcos que
sufrieron accidentes cerca del puerto fueran rescatados parcialmente. En
aquella época era habitual recuperar cañones, anclas, mercancías y cualquier
elemento de valor antes de abandonar definitivamente un casco hundido.
Aun así, cuesta creer que no haya sobrevivido
ningún pecio importante.
Resulta perfectamente posible que muchos restos
permanezcan ocultos bajo varios metros de sedimentos.
Hoy existen tecnologías capaces de detectar estructuras
enterradas mediante sonares de barrido lateral, magnetómetros y vehículos
submarinos operados a distancia.
En otras partes del mundo, este tipo de
exploraciones ha permitido localizar barcos hundidos que llevaban siglos
ocultos bajo el fondo marino.
Quizá en Acapulco y Puerto Marqués todavía no se
haya realizado una prospección arqueológica suficientemente extensa con estos
medios.
No se trata de afirmar que existan galeones
ocultos bajo la bahía sin pruebas.
Pero sí parece razonable pensar que, tras una
actividad marítima tan intensa durante más de 250 años, el fondo marino aún
pueda conservar restos de embarcaciones coloniales esperando ser descubiertos.
Es posible que permanezcan enterrados bajo capas
de arena, lodo y sedimentos acumulados durante siglos.
El hallazgo de uno solo de aquellos galeones
tendría una importancia extraordinaria.
No sería únicamente un descubrimiento para México
o para España.
Sería un acontecimiento de alcance mundial,
porque permitiría conocer mejor cómo eran los barcos que protagonizaron la
primera globalización de la historia, cómo vivían sus tripulaciones y cómo
funcionaba la gran ruta comercial que unió Asia, América y Europa durante más
de dos siglos.
Quizá el mayor misterio de Puerto Marqués y de la
bahía de Acapulco no sea la historia que ya conocemos.
Quizá sea la historia que todavía permanece
oculta bajo sus aguas.
Y tal vez algún día, gracias a la arqueología
subacuática y a las nuevas tecnologías, los viejos galeones vuelvan a salir a
la luz para contarnos, por fin, el último capítulo de una de las aventuras
marítimas más extraordinarias de la humanidad.
Nota: Este artículo está
dedicado a todos los compañeros mexicanos con quienes tuve el privilegio de
trabajar entre 1979 y
1983 en la Sonda
de Campeche, a bordo del buque sueco M/v Stena Inspector.
Asimismo,
quiero dedicarlo a todos los amigos que, durante aquellos años, formaban parte
de la empresa DIAVAZ,
en Ciudad del Carmen
(Campeche), y de manera muy especial a Eduardo Aguirre, quien
entonces era su director, por su amistad y apoyo durante aquella etapa de mi vida
profesional.
E.mail:
brunopereragarcia5@gmail.com







