Fuimos
creados de polvo o "basura" de estrellas y ese polvo o
"basura" que dio origen a cada individuo marca su diferente destino
presente y futuro
Por Bruno
Perera
Cuando hablamos de que los seres humanos fuimos
creados de polvo de estrellas, no estamos utilizando únicamente una
expresión poética. La ciencia ha demostrado que los elementos químicos que
forman nuestro cuerpo —como el carbono, el oxígeno, el hierro, el calcio y el
nitrógeno— fueron fabricados en el interior de estrellas que vivieron hace
miles de millones de años. Al final de su existencia, muchas de ellas
expulsaron al espacio inmensas cantidades de materia. Aquellos restos
estelares, que de forma figurada podríamos llamar "basura de
estrellas", se dispersaron por el universo y terminaron formando
nuevas estrellas, planetas y, finalmente, la vida en la Tierra.
Todos llevamos, por tanto, una pequeña parte del
universo en nuestro interior.
Sin embargo, este hecho nos lleva a una
interesante reflexión.
Si todos procedemos del mismo polvo o
"basura" de estrellas, ¿por qué cada ser humano es diferente?
La ciencia explica que los átomos son
esencialmente iguales. Lo que cambia es la forma en que esos átomos se
organizaron para construir moléculas, células, órganos y el ADN de cada
persona. Esa organización dio lugar a miles de millones de individuos únicos,
con una combinación genética irrepetible que influye en muchos de sus rasgos y
que, en parte, se transmite a las siguientes generaciones.
A partir de aquí surge una reflexión filosófica.
Podría decirse que aquel polvo o
"basura" de estrellas no se reunió para formar un único ser, sino que
la naturaleza lo organizó de incontables maneras diferentes. Cada una de esas
organizaciones dio origen a un individuo distinto, con unas características
propias y con unas posibilidades diferentes de afrontar la vida.
No significa que las estrellas hayan escrito el
destino de cada persona ni que exista un plan cósmico predeterminado. La
ciencia no dispone de pruebas que respalden esa afirmación.
Sin embargo, sí puede sostenerse que la
organización concreta de la materia que dio origen a cada individuo constituye
la base física sobre la que se desarrolla toda su existencia. A esa base se
suman la herencia genética, la educación, el ambiente, las experiencias, las
decisiones personales y el azar.
En otras palabras, nuestro presente y nuestro
futuro no están escritos por las estrellas, pero tampoco pueden entenderse sin ellas,
porque fueron las estrellas las que fabricaron la materia de la que surgimos.
Quizá por eso podamos afirmar que somos el
resultado de una larga historia cósmica: restos de antiguas estrellas
convertidos en seres capaces de pensar, de amar, de crear conocimiento y de
preguntarse por su propio origen.
Y tal vez esa sea una de las ideas más
extraordinarias que la ciencia nos ha revelado: que la aparente
"basura" del universo acabó convirtiéndose en vida consciente capaz
de contemplar las mismas estrellas de las que nació.










