La
inteligencia artificial puede convertir a una persona con poco saber en una
enciclopedia viviente
Por Bruno Perera
Estamos viviendo una revolución tecnológica que
posiblemente cambiará la manera en que los seres humanos aprendemos,
trabajamos, investigamos y desarrollamos nuestras capacidades intelectuales. Me
refiero a la inteligencia artificial, una herramienta que, bien utilizada,
puede permitir que una persona con una preparación básica amplíe sus
conocimientos hasta adentrarse en materias que antes parecían reservadas
exclusivamente a científicos, ingenieros, médicos, economistas y otros
profesionales con carreras universitarias.
Personalmente, considero que estamos ante uno de
los acontecimientos más importantes de la historia del conocimiento humano. Y
no lo digo porque crea que las inteligencias artificiales sean perfectas, sino
porque la cantidad de información que pueden proporcionar, la velocidad con la
que responden y su capacidad para explicar asuntos complejos de diferentes
maneras abren unas posibilidades de aprendizaje que hace unas décadas
resultaban difíciles de imaginar.
Pensemos en una persona que solo tenga estudios
primarios y que por circunstancias económicas, familiares o laborales, nunca
pudo acceder a un bachiller o a una universidad. Quizá posee inteligencia,
curiosidad, experiencia práctica y deseos de aprender, pero carece de los
medios necesarios para estudiar varias carreras. Hasta hace poco, adquirir
conocimientos especializados en numerosas disciplinas exigía consultar libros,
acudir a bibliotecas, asistir a clases y dedicar años al estudio.
Hoy, esa misma persona puede sentarse delante de
un ordenador, abrir una IA segura como ChatGTP y comenzar a formular preguntas
sobre prácticamente cualquier materia. Puede pedir explicaciones sencillas,
profundizar en los conceptos, solicitar cálculos, comparar teorías y continuar
aprendiendo hasta comprender aquello que le interesa.
Esto no significa que vaya a convertirse automáticamente
en un científico o en un profesional cualificado. Significa que las barreras de
acceso al conocimiento están disminuyendo y que una persona puede aprender
muchas cosas que antes le resultaban inaccesibles.
No es
necesario saberlo todo para saber mucho
Una de las cuestiones que considero más
interesante es que no todo lo que se estudia en una carrera universitaria se
utiliza posteriormente en la vida cotidiana o en el ejercicio de una profesión.
Las universidades proporcionan una formación amplia
y rigurosa, imprescindible en numerosas actividades. Sin embargo, una persona
que desea desarrollar un proyecto concreto no siempre necesita dominar por
completo todas las disciplinas que intervienen en él. Puede necesitar
conocimientos de mecánica, electricidad, hidráulica, economía o informática sin
tener que completar una carrera universitaria en cada una de esas
especialidades.
Aquí es donde la inteligencia artificial adquiere
un valor extraordinario.
Imaginemos que alguien quiere construir una máquina
industrial. Con ayuda de una IA puede estudiar los principios mecánicos,
comprender cómo funcionan los motores, conocer las características de los
materiales, realizar cálculos preliminares y examinar diferentes soluciones
técnicas. Cuando surjan nuevas dificultades, podrá formular otras preguntas y
continuar aprendiendo.
De esta manera, el conocimiento se adquiere
progresivamente y se relaciona con un objetivo práctico.
Naturalmente, los cálculos críticos, las pruebas
de funcionamiento y las cuestiones relacionadas con la seguridad requieren
comprobaciones rigurosas y, cuando corresponda, la intervención de
profesionales cualificados. Pero eso no impide que una persona pueda comprender
mucho mejor el proyecto y participar activamente en su desarrollo.
En otras palabras, ya no siempre es necesario
aprenderlo todo antes de comenzar a hacer algo. También se puede aprender
mientras se trabaja.
La
inteligencia artificial necesita una inteligencia humana que la aproveche
Ahora bien, tampoco debemos pensar que cualquier
persona, independientemente de su preparación, podrá adquirir inmediatamente
conocimientos científicos avanzados con solo hacer preguntas.
Para aprovechar una IA es conveniente disponer de
cierta cultura general, curiosidad intelectual y capacidad de razonamiento.
También ayuda conocer los fundamentos de varias materias, porque los nuevos
conocimientos se comprenden mejor cuando pueden relacionarse con otros que ya
poseemos.
Una persona que desconoce por completo las
matemáticas puede pedir a una IA que le explique una ecuación, pero
posiblemente necesitará comenzar por las operaciones más elementales antes de
comprender conceptos más complejos.
Por eso, considero que la inteligencia artificial
no elimina la importancia de la educación. Al contrario, puede convertirse en
una herramienta extraordinaria para continuar aprendiendo durante toda la vida.
Tampoco debemos confundir la falta de estudios
con la falta de inteligencia. Hay personas que, sin títulos universitarios, han
adquirido una enorme capacidad práctica gracias a su trabajo, su experiencia y
su curiosidad. Si esas personas encuentran ahora una herramienta capaz de
complementar sus conocimientos, sus posibilidades pueden multiplicarse.
La experiencia humana y la información
proporcionada por la IA pueden formar una combinación especialmente valiosa.
Mi experiencia
con la inteligencia artificial
En mi caso, el uso de ChatGPT me ha permitido
profundizar en numerosas materias y abordar cuestiones que requieren
conocimientos de diferentes disciplinas.
Un ejemplo es mi proyecto CANARIEN 75 GOLD
SEPARATOR, una máquina concebida para la recuperación de oro y otros minerales.
En su desarrollo aparecen cuestiones relacionadas con la mecánica, la
ingeniería, los sistemas hidráulicos, el procesamiento de materiales, los
costes de fabricación, la negociación comercial y la protección de la propiedad
intelectual.
Son campos diferentes, cada uno con sus propias
dificultades. La inteligencia artificial me permite formular preguntas,
comprender conceptos, estudiar alternativas y preparar documentación para
presentar el proyecto a fabricantes de distintos países.
Eso no significa que ChatGPT sustituya a los
ingenieros que deberán calcular, fabricar y comprobar la máquina. Significa que
puedo comprender mejor muchas de las cuestiones que intervienen en su
desarrollo y participar en las conversaciones técnicas con mayor conocimiento.
Lo que antes podía exigir la consulta de
numerosos libros y especialistas para comprender los fundamentos de una
materia, ahora puede comenzar con una conversación. Después habrá que comprobar
los datos, profundizar en los aspectos importantes y recurrir a profesionales
cuando sea necesario.
Para mí, esta es una de las grandes ventajas de
la inteligencia artificial: permite que una persona amplíe sus conocimientos
sin tener que convertirse previamente en especialista en cada uno de los campos
que necesita estudiar.
¿Por qué se
critica tanto los errores de las IA?
Hay quienes rechazan la inteligencia artificial
porque dicen que se equivoca. Y, efectivamente, se equivoca. Puede proporcionar
datos incorrectos, interpretar mal una pregunta, presentar una conclusión
discutible o responder con una seguridad que no está justificada.
Sin embargo, considero que también debemos
valorar el conjunto de conocimientos que proporciona y no concentrarnos
exclusivamente en sus fallos.
Si una herramienta nos ayuda a comprender cientos
de cuestiones y ocasionalmente ofrece una respuesta incorrecta, lo razonable es
evaluar la utilidad de esa herramienta, comprobar la información importante y
corregir los errores detectados.
Eso sí, no podemos afirmar que todas las
equivocaciones sean insignificantes. Una inexactitud en una explicación
secundaria no tiene las mismas consecuencias que un error en un cálculo
industrial, un diagnóstico médico o una decisión económica importante.
Por tanto, cuanto mayores sean las consecuencias
de una respuesta, mayor deberá ser el rigor con el que la comprobemos.
Pero reconocer esta limitación no significa
despreciar la herramienta. La información que proporciona puede seguir siendo
enormemente valiosa, siempre que aprendamos a utilizarla con criterio.
¿Acaso el
conocimiento humano no ha avanzado también mediante errores?
Aquí aparece una cuestión filosófica que me
parece interesante.
La historia de la ciencia está llena de hipótesis
equivocadas, experimentos fallidos y teorías que posteriormente fueron
corregidas o sustituidas. Durante siglos, los seres humanos interpretaron
determinados fenómenos naturales de maneras que hoy sabemos que eran
incorrectas. Sin embargo, esos intentos también forman parte del camino que nos
ha permitido comprender mejor el universo.
Algo parecido sucede cuando observamos la
naturaleza. El universo no parece responder a un propósito de perfección
adaptado a nuestras necesidades: existen catástrofes, enfermedades, extinciones
y fenómenos destructivos. Pero también existen las leyes físicas que permiten
la formación de estrellas, planetas y condiciones en las que surge la vida.
Naturalmente, un fenómeno natural no es
necesariamente un error. Para hablar de equivocaciones debemos disponer de un
criterio que nos permita distinguir lo correcto de lo incorrecto.
La comparación que propongo es otra: la ausencia
de perfección absoluta no impide que algo posea un valor extraordinario.
La inteligencia artificial no necesita ser
infalible para contribuir al progreso humano. Necesita mejorar, ofrecer
información útil y permitir que sus errores puedan detectarse y corregirse.
El futuro
pertenecerá también a quienes sepan aprender
Hasta ahora, los títulos académicos han sido una
de las principales vías para acreditar conocimientos y acceder a determinadas
profesiones. Seguirán siendo indispensables en muchas actividades,
especialmente en aquellas que exigen una formación regulada, experiencia
demostrable y responsabilidad profesional.
Pero es posible que, progresivamente, adquiera
mayor importancia otra capacidad: saber aprender, razonar, investigar y
utilizar las herramientas disponibles para resolver problemas.
Una persona con una formación académica superior
que no sepa aprovechar la inteligencia artificial podría encontrarse en
desventaja frente a otra que, aun teniendo menos estudios, posea curiosidad,
experiencia, capacidad de análisis y habilidad para utilizarla correctamente.
No sucederá en todos los campos ni en todas las
circunstancias. Hay profesiones en las que la formación extensa y la
experiencia práctica son irremplazables. Pero la posibilidad de combinar
conocimientos de diferentes disciplinas puede abrir oportunidades que antes
estaban fuera del alcance de muchas personas.
La gran ventaja no consiste en que una IA
introduzca todo el conocimiento del mundo dentro de nuestra cabeza. Consiste en
que nos permite acceder a una parte cada vez mayor de ese conocimiento cuando
lo necesitamos, comprenderlo y aplicarlo a nuestros objetivos.
Conclusión
Creo que estamos entrando en una época en la que
la capacidad de aprender puede adquirir tanta importancia como la formación
académica tradicional.
La inteligencia artificial puede ayudar a una
persona a comprender varias disciplinas, desarrollar proyectos, estudiar
problemas y ampliar sus horizontes intelectuales. Pero para aprovecharla
necesita curiosidad, perseverancia, razonamiento y una disposición permanente a
comprobar lo que aprende.
No se trata de sustituir las universidades,
despreciar a los especialistas ni afirmar que todo el mundo puede dominar
cualquier profesión en unos meses. Se trata de reconocer que el acceso al
conocimiento está cambiando profundamente.
Quizá dentro de veinte años miremos hacia atrás y
nos sorprenda que, durante tanto tiempo, tantas personas tuvieran que renunciar
a aprender determinadas materias porque no podían permitirse estudiar una
carrera, comprar numerosos libros o dedicar años a una formación reglada.
La inteligencia artificial no resolverá todos
nuestros problemas ni nos librará de cometer errores. Pero puede ofrecer a
millones de personas una oportunidad que antes no tenían: aprender más,
comprender mejor el mundo y desarrollar ideas que, sin esa ayuda, quizá nunca
habrían podido llevar adelante.
Porque el verdadero valor de la inteligencia
artificial no reside solamente en todo lo que sabe, sino en todo lo que puede
ayudar a aprender a quienes desean saber más.
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