HAITÍ NECESITA
CORTAR EL ÁRBOL DE LA DELINCUENCIA DESDE LA RAÍZ: ¿PODRÍAN BUKELE Y TRUMP
DEVOLVERLE LA PAZ?
Por Bruno Perera
Haití lleva muchos años padeciendo una situación
social y económica que difícilmente puede calificarse como la de un Estado
plenamente funcional.
Durante su historia ha sufrido pobreza y
esclavitud, y el terremoto devastador del 2010 dejó al país en un enorme caos y
en consecuencia, se llenaron las calles
y barrios de bandas criminales armadas. Las organizaciones criminales armadas
han logrado ocupar barrios, controlar carreteras, extorsionar a comerciantes,
secuestrar a ciudadanos y someter a buena parte de la población a un régimen de
miedo y violencia.
Mientras tanto, las instituciones políticas
haitianas han demostrado enormes dificultades para garantizar la seguridad,
combatir la corrupción y proporcionar estabilidad a sus ciudadanos.
Ante semejante panorama, cabe preguntarse si ha
llegado el momento de intentar una solución diferente, con la participación de
un dirigente que ha conseguido reducir considerablemente el poder de las
pandillas en su propio país: el presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
El Gobierno
haitiano da luz verde a Bukele
La intervención salvadoreña no se produjo
simplemente por una decisión unilateral de Nayib Bukele.
El primer ministro haitiano, Alix Didier
Fils-Aimé, dio su conformidad al despliegue de efectivos salvadoreños en
territorio haitiano y mantuvo conversaciones con Bukele para coordinar la
cooperación entre ambos países.
El motivo inmediato fue la desaparición de cuatro
militares salvadoreños que participaban en una misión internacional de
seguridad y que fueron atacados por grupos armados el 18 de octubre de 2026, en
las inmediaciones de Puerto Príncipe.
Ante esta situación, Bukele ordenó el envío de
tropas para colaborar en la búsqueda y recuperación de sus cuatro compatriotas,
al mismo tiempo que se ampliaba la misión para apoyar la lucha contra las
organizaciones criminales que operan impunemente en amplias zonas de Haití.
El 28 de octubre, ambos dirigentes mantuvieron
una conversación telefónica sobre el despliegue militar y las operaciones de
búsqueda. Posteriormente, el Gobierno haitiano expresó públicamente su voluntad
de combatir las bandas con el apoyo de El Salvador.
El primer ministro Fils-Aimé manifestó que su
Gobierno estaba decidido a acabar con las organizaciones armadas para recuperar
la seguridad en todo el territorio nacional y poder celebrar elecciones
creíbles.
Según las informaciones publicadas, el
contingente salvadoreño superó los 2.000 efectivos, incluyendo unidades
especiales y medios de apoyo.
Este respaldo al Gobierno haitiano resulta
importante porque demuestra que la intervención salvadoreña cuenta con la
colaboración de las autoridades del país que pretende recuperar el control de
su territorio.
No se trata de
llenar las cárceles, sino de desmantelar las organizaciones criminales
A mi entender, el problema haitiano no se
resolverá simplemente deteniendo a unos cuantos delincuentes y trasladándolos a
prisión.
Las organizaciones criminales funcionan como
estructuras que disponen de dirigentes, hombres armados, financiación,
suministros, redes de información y colaboradores. Si solamente se detiene a
algunos de sus integrantes, pero se mantienen intactas esas estructuras, otros
ocuparán sus puestos.
Es como intentar acabar con un árbol cortando
únicamente sus ramas.
Si se deja la raíz y parte del tronco, el árbol
puede volver a crecer y producir nuevas ramas, incluso más descontroladas que
las anteriores.
Por eso, considero que la operación contra las
bandas haitianas debe dirigirse a eliminar sus estructuras criminales desde la
raíz: sus mandos, arsenales, fuentes de financiación, redes de abastecimiento y
mecanismos de reclutamiento.
Los responsables de asesinatos, secuestros,
extorsiones y otros delitos deben ser detenidos y juzgados. Quienes se
enfrenten armados a las fuerzas de seguridad deberán ser neutralizados conforme
a la ley. No se trata de ejecutar indiscriminadamente a personas, sino de
conseguir que las organizaciones criminales pierdan definitivamente su
capacidad de actuar.
La diferencia es fundamental: no basta con ganar
enfrentamientos; hay que conseguir que las bandas no puedan reconstruirse.
Bukele podría
aportar experiencia y determinación
El presidente salvadoreño ha desarrollado una
estrategia de seguridad que ha reducido considerablemente la violencia de las
pandillas en El Salvador.
Su experiencia podría resultar útil para Haití,
especialmente en materia de inteligencia, coordinación policial, control
territorial, desarticulación de organizaciones y recuperación de espacios
públicos.
No obstante, Haití presenta circunstancias
diferentes. Sus bandas disponen de armamento importante, controlan zonas
urbanas y operan en un país cuyas instituciones se encuentran profundamente
debilitadas.
Por tanto, no sería razonable pensar que se puede
trasladar mecánicamente el modelo salvadoreño a territorio haitiano.
Habría que adaptar las operaciones a las
características del país y garantizar que la población civil no termine pagando
las consecuencias de los enfrentamientos.
Trump podría
darle el empujón que necesita
Aquí entra en escena el presidente estadounidense
Donald Trump.
Estados Unidos tiene capacidad para proporcionar
a El Salvador y a Haití recursos que podrían resultar determinantes para
desarrollar una operación de seguridad eficaz.
Me refiero, entre otras posibilidades, a:
- Inteligencia militar y policial.
- Equipos de vigilancia y reconocimiento.
- Helicópteros y transporte logístico.
- Equipamiento para las fuerzas de seguridad.
- Formación y asesoramiento.
- Financiación y apoyo diplomático internacional.
Trump ya ha mostrado respaldo político a Bukele y
ha mantenido conversaciones con él sobre la situación haitiana.
Una cooperación estadounidense más amplia podría
aumentar las posibilidades de éxito de la operación, siempre que exista una
estructura de mando clara, un acuerdo con las autoridades haitianas y respeto
al derecho internacional.
No obstante, la participación estadounidense no
debería limitarse a proporcionar medios militares. También tendría que contribuir
a que Haití disponga de instituciones capaces de mantener la seguridad cuando
los efectivos extranjeros se retiren.
El problema
haitiano también está en la política
Pero hay otro asunto que considero incluso más
importante que la propia intervención militar: la necesidad de cambiar
profundamente la manera en que se gobierna Haití.
No serviría de mucho eliminar el poder de las
bandas si después los mismos mecanismos de corrupción, intereses particulares y
complicidades políticas vuelven a permitir que aparezcan nuevas organizaciones
criminales.
Las autoridades tendrían que investigar a los
políticos, funcionarios y empresarios que financien, protejan o colaboren con
las organizaciones armadas.
Quien haya cometido delitos deberá responder ante
la justicia, independientemente de su posición económica o política.
Haití necesita una administración pública
transparente, una policía profesional, tribunales independientes y dirigentes
que trabajen para la población en lugar de utilizar el poder para beneficio propio.
También necesita recuperar la actividad
económica, crear oportunidades de trabajo y evitar que los jóvenes encuentren
en las bandas criminales su única posibilidad de obtener ingresos o
reconocimiento.
La misión no
puede terminar cuando se marchen los soldados
Una intervención militar puede recuperar
territorios y debilitar organizaciones criminales, pero la paz no se consigue
únicamente mediante operaciones armadas.
Haití necesita un proyecto de reconstrucción
institucional que permita celebrar elecciones, establecer un Gobierno legítimo
y recuperar la confianza de sus ciudadanos.
Las fuerzas de seguridad haitianas deberán estar
preparadas para asumir la responsabilidad de mantener el orden. De lo
contrario, las organizaciones criminales podrían volver a ocupar los espacios
que dejen libres los militares extranjeros.
Por eso, el apoyo de Trump a Bukele debería
contemplar tanto la seguridad inmediata como la reconstrucción posterior del
Estado haitiano.
Una
oportunidad que Haití no debería desperdiciar
No sabemos si Bukele conseguirá alcanzar los
objetivos de esta operación. Tampoco sabemos cuánto tiempo necesitará para
debilitar a las organizaciones criminales que controlan parte del territorio
haitiano.
Pero considero que la cooperación entre El
Salvador, Estados Unidos y las autoridades haitianas podría representar una
oportunidad importante para intentar sacar al país de la situación en la que se
encuentra.
Bukele podría aportar experiencia en la lucha
contra las pandillas, mientras que Trump podría proporcionar recursos,
tecnología, financiación y respaldo internacional.
Naturalmente, el resultado dependerá de que
exista una estrategia coherente, de que se respeten los derechos de la
población y de que las autoridades haitianas estén dispuestas a reformar sus
propias instituciones.
Haití no necesita simplemente que desaparezcan
unos cuantos jefes de las bandas. Necesita que desaparezca el sistema criminal
que permite que esas bandas nazcan, crezcan y vuelvan a controlar las calles.
Y, sobre todo, necesita políticos honrados,
instituciones fuertes y un Gobierno capaz de garantizar que la ley se cumpla
para todos.
Si Bukele, con el apoyo de Trump y la
colaboración de las autoridades haitianas, consigue contribuir a esa
transformación, no solamente habrá ayudado a debilitar unas organizaciones
criminales: habrá contribuido a devolverle a un pueblo entero la posibilidad de
vivir en libertad y sin miedo. Y la
misma lucha podría ser un remedio para eliminar parte de la corrupción
habida en la República Dominicana, entre políticos y empresarios, que ayudan a
las bandas criminales de Haití a continuar delinquiendo.
Porque cuando se corta un árbol desde la raíz,
deja de producir nuevas ramas. Y Haití necesita que las raíces de su sistema
criminal dejen de alimentar la violencia.
Fuentes principales: EFE: conversación entre Bukele y el primer ministro haitiano
· EFE: el Gobierno haitiano busca acabar con las bandas con
ayuda salvadoreña · Associated Press: declaraciones del primer ministro haitiano.
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