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jueves, 8 de octubre de 2026

Ruego tramiten mi baja como socia de Greenpeace

 


Ruego tramiten mi baja como socia de Greenpeace

Por: Una socia de Greenpeace

 Como socia desde el año 1991, quisiera manifestar mi malestar al comprobar in situ, como una organización de defensa del medio ambiente, que manifiesta en sus estatutos que "su objetivo principal es defender y proteger el medio ambiente y promover la paz global mediante la acción directa no violenta" y cuyos objetivos principales según manifiesta es:

Detener el cambio climático

Proteger la biodiversidad

Prevenir la contaminación

Promover la paz

Aparentemente y desde mi punto de vista, se está implicando en acciones reivindicativas, no relacionadas en absoluto con dichos objetivos y, supuestamente si con otros de tendencia política/partidista. Me ha impactado y sorprendido ver que, en la acampada en la PUERTA DEL SOL, se encontraba una mesa de GREENPEACE. He intentado encontrar una explicación lógica y razonable, para buscar una relación entre los objetivos de GREENPEACE y las reivindicaciones del sindicato de inquilinas e inquilinos, pero he sido incapaz de encontrarlas. Quizás sea por desconocimiento, ingenuidad o inocencia, pensando que era una organización independiente ideológicamente,  pero al ver esa mesa de GREENPEACE, en ese entorno, el sentimiento ha sido de decepción y asombro.

Por todo lo anterior, ruego tramiten mi baja como socia de GREENPEACE, deseándoles lo mejor en su nueva andadura de reivindicación de los derechos sociales, pero no se me asocie para tal fin.


En España el problema de la vivienda social se intenta solucionar con "politeia" y no con la construcción de más viviendas sociales

 


En España el problema de la vivienda social se intenta solucionar con "politeia" y no con la construcción de más viviendas sociales

Por Bruno Perera

En España tenemos un problema que afecta cada vez a más ciudadanos: encontrar una vivienda a un precio que puedan pagar. Jóvenes que no consiguen independizarse, familias que destinan buena parte de sus ingresos al alquiler y trabajadores que, aun teniendo empleo, no pueden acceder a una vivienda digna. Mientras tanto, la política española parece haberse convertido en un enfrentamiento permanente entre partidos, acusaciones, promesas y decretos que pretenden solucionar en unos días lo que no se ha resuelto durante varias décadas.

Por eso sostengo que en España hay demasiada "politeia“ y poca democracia efectiva. Utilizo aquí la palabra “politeia" en un sentido propio: para denunciar una política que lo invade todo, que se emplea para manipular el discurso público y que, en demasiadas ocasiones, antepone la supervivencia electoral de los partidos a la resolución de los problemas de los ciudadanos.

La crisis de la vivienda es uno de los mejores ejemplos de esta situación.

Casi treinta años de gobiernos y un problema que continúa creciendo

Durante las últimas décadas, España ha estado gobernada por diferentes partidos, tanto en el ámbito nacional como en las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Unos han gobernado durante más tiempo que otros, pero ninguno puede desentenderse de examinar qué responsabilidad le corresponde en la situación actual, según sus competencias y sus años de gobierno.

¿Dónde está el resultado de tantas promesas de construir viviendas sociales? ¿Por qué seguimos teniendo jóvenes que deben permanecer en casa de sus padres porque no pueden pagar un alquiler? ¿Por qué hay trabajadores que tienen dificultades para vivir cerca de sus puestos de trabajo? ¿Cómo es posible que una persona pueda trabajar y, aun así, no tenga ingresos suficientes para acceder a una vivienda digna?

Estas preguntas merecen respuestas serias, no una competición entre políticos para decidir quién tiene la culpa.

La falta de vivienda asequible no apareció ayer. Es consecuencia de diversos factores acumulados: una oferta insuficiente en las zonas donde más se necesita, una construcción de vivienda protegida que no ha respondido a toda la demanda, dificultades para desarrollar suelo, costes de construcción elevados, crecimiento de determinados núcleos urbanos y una demanda que ha aumentado en muchas zonas por razones económicas, turísticas y demográficas.

A todo ello se añaden las viviendas destinadas al alquiler turístico en determinados mercados, la incertidumbre regulatoria que algunos propietarios dicen percibir y las dificultades para conciliar los intereses de inquilinos y arrendadores.

No todos estos factores tienen el mismo peso en cada localidad. Pero precisamente por eso se necesitan estudios, planificación y políticas adaptadas a cada territorio, en lugar de convertir la vivienda en una consigna electoral.

La vivienda social no se construye con discursos

Si falta vivienda social, hay que construirla. Parece una afirmación demasiado sencilla para tantos políticos y asesores, pero constituye una parte esencial de cualquier solución.

Naturalmente, construir requiere suelo disponible, financiación, proyectos, licencias, trabajadores, materiales y tiempo. También hace falta determinar dónde se necesitan las viviendas y garantizar que sus precios o alquileres sean realmente asequibles para las familias a las que van destinadas.

No basta con anunciar miles de viviendas si después no se construyen, si los proyectos se retrasan durante años o si los precios finales quedan fuera del alcance de quienes más las necesitan.

El Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos deben coordinar sus competencias. El Gobierno central puede impulsar financiación, legislación y programas de vivienda; las comunidades autónomas tienen importantes responsabilidades en materia de vivienda y ordenación territorial, y los municipios intervienen en el urbanismo y la concesión de licencias.

Por tanto, la solución exige responsabilidades compartidas, objetivos verificables y resultados que puedan comprobar los ciudadanos.

También es necesario movilizar vivienda vacía cuando sea viable, facilitar la rehabilitación de inmuebles y ofrecer condiciones que permitan aumentar la oferta de alquiler estable. La construcción de vivienda pública debe ocupar un lugar prioritario, pero no es la única herramienta necesaria.

Lo que no puede hacerse es esperar a que el problema se convierta en una hoguera social para empezar a buscar agua.

Cuando la política descubre tarde lo que los ciudadanos llevan años padeciendo

Pedro Sánchez y su Gobierno tienen ahora la responsabilidad de actuar sobre la crisis habitacional. Pero esa responsabilidad no comienza cuando las protestas llenan las calles ni desaparece cuando se culpa a la oposición.

Los gobiernos anteriores también deben responder por sus decisiones, sus omisiones y los resultados de sus políticas. Y las comunidades autónomas y los ayuntamientos han de rendir cuentas por aquello que les corresponde.

El problema es que la política partidista tiende a convertir cualquier crisis en una oportunidad para desacreditar al adversario.

Cuando gobierna un partido, suele atribuir los problemas a la herencia recibida, a las comunidades autónomas, a los ayuntamientos o a las decisiones de la oposición. Cuando está en la oposición, señala los errores del Gobierno y presenta sus propias propuestas como la solución definitiva.

Pero el ciudadano no puede vivir de acusaciones cruzadas. Necesita una casa que pueda pagar.

Y cuando la situación se vuelve insostenible, los mismos representantes que no han conseguido resolverla durante años comparecen ante los medios, anuncian nuevas medidas y prometen que esta vez sí se encontrará una solución.

¿No habría sido más razonable actuar antes?

Los decretos de vivienda y la batalla por el relato político

El 2 de octubre de 2026, el Congreso de los Diputados rechazó dos reales decretos del Gobierno relacionados con la vivienda y los alquileres. Entre las medidas figuraban disposiciones sobre la prórroga de contratos, la protección de determinados inquilinos y otras actuaciones destinadas a aliviar la crisis habitacional.

Los decretos contaron con el rechazo de PP, Vox y Junts, entre otros grupos parlamentarios, aunque cada formación defendió sus propios motivos para votar en contra.

El Gobierno sostuvo que las medidas eran necesarias para proteger a los ciudadanos. Sus adversarios cuestionaron su contenido y sus efectos. El resultado fue que los dos textos no obtuvieron el respaldo parlamentario necesario.

Esta votación abrió un nuevo capítulo de la confrontación política. El PSOE pudo presentar el rechazo como un obstáculo a sus medidas, mientras que sus adversarios podían argumentar que el Gobierno estaba utilizando una cuestión social de enorme importancia para obtener rédito político.

Pero conviene distinguir entre dos cuestiones: una es debatir si los decretos eran eficaces y otra muy distinta es utilizar su rechazo para atribuir a un solo bloque político toda la responsabilidad por la crisis de la vivienda.

Los decretos pueden ser instrumentos legítimos para afrontar una emergencia, pero no sustituyen una política de vivienda sostenida en el tiempo. Tampoco basta con aprobar una norma para demostrar que el problema está resuelto.

La ciudadanía necesita conocer qué medidas funcionan, cuánto cuestan, cuántas viviendas permiten crear y qué resultados producen.

La huelga general: una cronología que no conviene manipular

Hay otro asunto que merece atención: la anunciada huelga general relacionada con la vivienda.

El 6 de octubre, María Jesús Montero, vicepresidenta primera del Gobierno y dirigente del PSOE, sostuvo públicamente que la huelga se convocaba contra la oposición por haber tumbado los decretos de vivienda.

Sin embargo, la cronología de los acontecimientos obliga a matizar esa interpretación.

El 2 de octubre, antes de que se celebrara la votación definitiva en el Congreso, Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas, ya había hecho un llamamiento a una «huelga general por la vivienda». Lo hizo durante las movilizaciones que se dirigían hacia el Congreso para protestar contra el posible rechazo de los decretos.

Es decir, la iniciativa de reclamar una huelga general ya estaba presente antes de que se consumara la derrota parlamentaria del Gobierno.

Este dato es importante porque impide sostener que la idea de una huelga nació exclusivamente después de que la oposición votara contra los decretos.

Además, los dirigentes sindicales han explicado que la movilización responde a un problema social más amplio y que no tiene un destinatario político único. La crisis de la vivienda, el malestar acumulado y otras reivindicaciones sociales forman parte del contexto en el que se plantea la protesta.

Por tanto, presentar la huelga como si estuviera dirigida exclusivamente contra los partidos de la oposición es una interpretación partidista que no refleja toda la cronología ni todas las explicaciones de sus promotores.

¿Significa esto que el PSOE miente deliberadamente? Para afirmarlo habría que demostrar que sus dirigentes conocen los hechos y pretenden tergiversarlos. Lo que sí puede afirmarse, a la vista de la secuencia de acontecimientos, es que reducir la protesta a una reacción contra la oposición resulta insuficiente y puede inducir a los ciudadanos a una interpretación equivocada.

La huelga no puede analizarse al margen de las razones sociales que la han impulsado. Y la responsabilidad por la vivienda tampoco puede reducirse a una sola votación parlamentaria.

La politización de una tragedia social

Aquí es donde entra mi concepto de “Politeia”.

No utilizo esta palabra en su sentido filosófico tradicional, sino como una forma de describir la excesiva politización de la vida pública: una situación en la que los partidos intentan controlar el relato de los acontecimientos, atribuirse los méritos y cargar sobre los demás los fracasos.

Cuando un problema afecta a millones de personas, la prioridad debería ser encontrar soluciones. Sin embargo, la lucha por el poder puede acabar convirtiendo cada medida, cada manifestación y cada votación en una operación de propaganda.

El Gobierno tiene derecho a defender sus decretos. La oposición tiene derecho a rechazarlos y a explicar sus motivos. Los sindicatos tienen derecho a convocar movilizaciones conforme a la ley. Y los ciudadanos tienen derecho a exigir responsabilidades a todos ellos.

Lo que no debería ocurrir es que el debate sobre la vivienda quede reducido a una lucha para determinar qué partido obtiene más votos aprovechándose de la desesperación de quienes no pueden acceder a un hogar.

Si el Gobierno cree que sus medidas son buenas, debe demostrarlo con resultados. Si la oposición considera que son inadecuadas, debe explicar qué alternativas propone. Y si los sindicatos llaman a una huelga, deben poder exponer con claridad sus reivindicaciones y sus destinatarios.

La vivienda no puede ser propiedad del discurso de ningún partido.

¿Qué habría que hacer para afrontar el problema?

En lugar de limitarse a aprobar medidas urgentes cuando la presión social aumenta, España necesita un programa estable de vivienda asequible que sobreviva a los cambios de Gobierno.

Ese programa debería incluir, al menos, las siguientes actuaciones:

  • Construir más vivienda social y protegida, con calendarios públicos, financiación suficiente y objetivos comprobables.
  • Acelerar la disponibilidad de suelo y las licencias, sin eliminar las garantías urbanísticas, ambientales y de seguridad.
  • Aumentar la oferta de alquiler estable, ofreciendo seguridad jurídica a propietarios e inquilinos y evitando que la regulación genere efectos contraproducentes.
  • Analizar el impacto del alquiler turístico en cada localidad y adoptar medidas proporcionadas allí donde contribuya a reducir la oferta residencial.
  • Rehabilitar viviendas vacías o deterioradas cuando resulte viable y facilitar que puedan incorporarse al mercado residencial.
  • Coordinar al Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, con responsabilidades claramente delimitadas.
  • Evaluar las medidas por sus resultados, publicando datos sobre viviendas terminadas, alquileres, tiempos de construcción y acceso de las familias vulnerables.

Y hay algo fundamental: la política de vivienda debe planificarse para los próximos diez o quince años, no para los próximos diez o quince días de campaña electoral.

Construir un parque público de vivienda requiere continuidad, inversión y capacidad de gestión. No se puede improvisar cada vez que estalla una protesta.

Conclusión: menos “Politeia” y más viviendas

España necesita menos enfrentamiento partidista y más soluciones concretas. Necesita que los gobernantes rindan cuentas por lo que hacen y por lo que dejan de hacer. Necesita una oposición capaz de fiscalizar al Gobierno, pero también de presentar alternativas viables. Y necesita organizaciones sociales que puedan defender sus reivindicaciones sin que ningún partido pretenda apropiarse de ellas.

La crisis de la vivienda no se ha producido de un día para otro. Tampoco desaparecerá por aprobar dos decretos, convocar una huelga, organizar una manifestación o acusar al adversario de todos los males.

Los ciudadanos llevan demasiado tiempo escuchando promesas. Ahora necesitan resultados.

Por eso mantengo mi planteamiento: en España hay demasiada “politeia “ entendida como política que lo invade todo, como propaganda y como lucha por el control del relato, y no suficiente atención a las soluciones que exige la sociedad.

Que nadie interprete esta afirmación como una negación de la existencia de elecciones, partidos o instituciones democráticas. Mi crítica se dirige al funcionamiento de un sistema en el que la competencia partidista puede terminar desplazando el interés general.

Porque la mejor manera de demostrar que se gobierna para el pueblo no consiste en proclamarlo desde un atril, sino en conseguir que una familia trabajadora pueda acceder a una vivienda digna sin tener que entregar la mayor parte de sus ingresos al alquiler.

Menos discursos, menos manipulación y menos batallas electorales. Y, sobre todo, más viviendas sociales y asequibles.

Fuentes para contrastar los datos del artículo:

¿En manos de quién están las viviendas destinadas al alquiler en España?

1.    Pequeños propietarios particulares: constituyen la gran mayoría. Entre los arrendadores particulares, el 76,1 % tiene una sola vivienda destinada al alquiler, y esas viviendas representan el 50,7 % de todas las viviendas alquiladas que están en manos de personas físicas.

2.    Particulares con dos viviendas: representan el 15 % de los arrendadores particulares y poseen el 21,8 % de las viviendas alquiladas propiedad de personas físicas.

3.    Particulares con entre 3 y 5 viviendas: son el 7,5 % de los arrendadores particulares y concentran el 18,9 % de las viviendas alquiladas propiedad de personas físicas.

4.    Particulares con entre 6 y 10 viviendas: representan aproximadamente el 1,2 % de los arrendadores particulares y poseen el 6,2 % de las viviendas alquiladas propiedad de personas físicas.

5.    Particulares con 11 o más viviendas: son solamente alrededor del 0,2 % de los arrendadores particulares y concentran el 2,4 % de las viviendas alquiladas propiedad de personas físicas.

6.    Sociedades y empresas privadas: tienen una participación minoritaria. El Banco de España estimó que las sociedades eran propietarias de alrededor del 8 % de las viviendas habituales alquiladas a precio de mercado, frente a aproximadamente el 92 % propiedad de particulares.

7.    Administraciones públicas y vivienda social: su peso dentro del parque de alquiler es reducido. El Banco de España estimaba en torno a 300.000 viviendas de alquiler social, una cifra equivalente aproximadamente al 1,5 % de las viviendas principales.

 

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

El PSOE cara a la elecciones manipula a España con sus decretos relacionados con la vivienda

 



El PSOE cara a la elecciones manipula a España con sus decretos relacionados con la vivienda

Por Bruno Perera

Desde hace semanas se están produciendo concentraciones y protestas en distintas ciudades españolas, con especial repercusión en la Puerta del Sol de Madrid, para reclamar algo que cualquier ciudadano puede entender: viviendas a precios razonables y alquileres que puedan ser pagados por una familia trabajadora sin dedicar a ello una parte desproporcionada de sus ingresos. (Y el paro de los desahucios).

La reivindicación es legítima. El problema comienza cuando se pretende explicar la crisis de la vivienda recurriendo únicamente a un culpable, a una determinada ideología o a determinados decretos del Gobierno de turno.

La realidad es bastante más compleja.

Y si queremos encontrar responsables políticos, habría que mirar hacia atrás y preguntarse qué han hecho los sucesivos gobiernos nacionales, autonómicos y municipales durante aproximadamente las últimas tres décadas, porque el problema de la vivienda no nació ayer ni empezó con el actual Gobierno.

El verdadero problema: durante años se construyó demasiado poco donde hacía falta

Hay una cuestión fundamental que suele quedar en segundo plano: cuando la demanda crece mucho más deprisa que la oferta, los precios tienden a subir.

El Banco de España ha señalado precisamente que el crecimiento de la demanda de vivienda ha sido superior al crecimiento de la oferta y que esa insuficiencia de oferta sostiene el aumento de los precios. También considera necesario aumentar el parque de vivienda pública en alquiler asequible. (Banco de España)

Por tanto, resulta difícil comprender que el debate político se centre exclusivamente en limitar precios, proteger al inquilino mediante decretos o señalar al propietario, mientras se deja en segundo plano una pregunta mucho más sencilla:

¿Dónde están las viviendas?

Porque una familia no puede vivir de decretos.

Un joven no puede dormir dentro de una ley.

Y una persona que busca un piso no encuentra una vivienda porque el Gobierno anuncie nuevas medidas.

Necesita que exista una vivienda disponible.

España ha aumentado considerablemente su población

Aquí aparece otro factor que tampoco debería ocultarse en el debate.

España ha experimentado un fuerte crecimiento de la población nacida en el extranjero. A 1 de enero de 2026 había 10.004.581 personas nacidas fuera de España, según el INE. La cifra de personas con nacionalidad extranjera era de 7.243.561. La diferencia se explica, entre otras razones, por las personas nacidas en el extranjero que han adquirido posteriormente la nacionalidad española. (INE)

Esto no significa, naturalmente, que cada inmigrante haya provocado una subida determinada del precio de una vivienda. Sería una simplificación.

Pero sí significa algo elemental: millones de nuevos residentes necesitan un lugar donde vivir.

Y cuando a un incremento importante de población se añade una oferta residencial insuficiente, la presión sobre el mercado aumenta.

El propio Banco de España señala que la expansión del alquiler se ha concentrado especialmente entre jóvenes y población de origen extranjero y que el crecimiento de la demanda ha superado al de la oferta. (Banco de España)

Por eso resulta absurdo que el debate se plantee como si la demanda de viviendas fuese exactamente la misma que hace veinte o treinta años.

No lo es.

Y España tiene además un segundo fenómeno: el turismo

España es una de las grandes potencias turísticas mundiales. Eso tiene enormes ventajas económicas, pero también genera problemas cuando una parte de las viviendas deja de utilizarse como residencia habitual y pasa a destinarse al alquiler turístico, al alquiler de temporada o a otros usos.

Aquí tampoco conviene exagerar diciendo que toda la vivienda nueva se construye para turistas. No es cierto.

Pero sí existe un problema real de competencia por el uso residencial de determinadas viviendas, especialmente en las zonas turísticas y en los centros de las grandes ciudades.

El Banco de España reconoce que el crecimiento del alquiler turístico, de temporada y de habitaciones puede limitar la oferta disponible para el alquiler residencial. También señala que estas circunstancias tienen especial importancia en determinadas zonas urbanas y turísticas. (Banco de España)

Y hay otro dato especialmente significativo: en el primer semestre de 2024, las compras de viviendas realizadas por extranjeros, residentes y no residentes, rondaron las 125.000 operaciones interanuales y representaron aproximadamente el 19 % del total. En las zonas turísticas, la proporción es especialmente elevada. (Banco de España)

Eso demuestra que el fenómeno existe.

Lo que no demuestra es que los extranjeros sean los únicos responsables del encarecimiento. La realidad es más amplia: demografía, turismo, inversión, empleo, salarios, tipos de interés, suelo disponible, costes de construcción, regulación y, sobre todo, insuficiencia de oferta.

El gran olvidado: la vivienda social

España arrastra desde hace décadas un parque de vivienda social en alquiler muy reducido en comparación con otros países europeos.

Y aquí sí hay una responsabilidad política que no pertenece exclusivamente a un partido.

Han gobernado España el PSOE y el PP, además de otros partidos, y las competencias en materia de vivienda están repartidas entre el Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos.

Por eso sería demasiado fácil señalar únicamente al Gobierno actual.

La pregunta correcta debería ser:

¿Qué han hecho todos ellos durante los últimos treinta años para construir un parque público de vivienda suficientemente grande?

La respuesta parece evidente cuando observamos el problema actual.

Se ha llegado tarde.

Y ahora se pretende solucionar en pocos años una carencia que se ha acumulado durante décadas.

No se puede solucionar una escasez creando otra regulación

El Gobierno puede aprobar decretos.

Puede establecer límites.

Puede modificar contratos.

Puede imponer obligaciones a propietarios.

Puede crear incentivos.

Puede cambiar la legislación.

Todo eso puede tener utilidad si está bien diseñado.

Pero existe una regla económica que ningún decreto puede derogar:

si hay mucha demanda y poca oferta, el precio recibe una presión al alza.

El Banco de España llega a una conclusión muy parecida: la rigidez de la oferta constituye uno de los principales problemas y resulta necesario aumentar la vivienda pública en alquiler asequible, al mismo tiempo que se crean condiciones que favorezcan una mayor oferta residencial privada. (Banco de España)

Por eso la política de vivienda debería dejar de ser una sucesión de parches.

Hay que construir millones de viviendas, pero construirlas donde sean necesarias

La solución de fondo pasa por aumentar de manera extraordinaria la oferta.

España necesita muchas más viviendas, especialmente en las zonas donde existe empleo, donde aumenta la población y donde la presión turística es mayor.

Y no hablamos únicamente de viviendas sociales.

Hace falta vivienda pública, vivienda protegida, vivienda de alquiler asequible y también vivienda privada.

Porque si únicamente se construye vivienda pública, pero el mercado privado continúa teniendo una oferta insuficiente, el problema seguirá existiendo.

La construcción tendría además un efecto económico importante: generaría empleo, actividad industrial, demanda de materiales y nuevas oportunidades para jóvenes y familias.

Pero hay que hacerlo con planificación.

No sirve construir miles de viviendas donde nadie quiere vivir mientras faltan viviendas donde se concentra el empleo y la población.

El propietario y el inquilino deben estar protegidos

Hay otra cuestión que debería formar parte de cualquier nueva legislación.

El inquilino necesita protección.

Pero el propietario también.

Un sistema en el que el propietario tenga miedo de alquilar su vivienda porque teme impagos, ocupaciones o procedimientos excesivamente largos termina reduciendo la oferta de alquiler.

Y si disminuye la oferta, el precio vuelve a subir.

Por eso España necesita una legislación equilibrada que proporcione seguridad jurídica a las dos partes.

El buen inquilino no debe ser víctima del propietario abusivo.

Pero el propietario que cumple la ley tampoco debe convertirse en víctima del inquilino que incumple el contrato.

La solución no consiste en enfrentar a unos contra otros.

Consiste en crear seguridad, vivienda y reglas claras.

La política no debería convertir la vivienda en un arma electoral

Y aquí llegamos al núcleo de la cuestión.

En vísperas electorales, la vivienda es un extraordinario instrumento político.

Un Gobierno puede anunciar nuevas medidas, presentarlas como una gran solución social y transmitir la impresión de que está actuando contra los precios.

Pero los ciudadanos deberían preguntarse algo mucho más sencillo:

¿Cuántas viviendas nuevas van a ponerse realmente en el mercado?

Porque una ley puede cambiar las condiciones de un contrato.

Lo que no puede hacer por sí sola es construir una vivienda.

Y si no aumenta suficientemente el número de viviendas disponibles, la tensión continuará.

Por eso las protestas por el precio de la vivienda deberían servir para exigir mucho más que consignas partidistas.

Deberían exigir responsabilidades a todos los gobiernos que durante décadas no hayan conseguido crear una oferta residencial suficiente.

Y deberían exigir al Gobierno actual algo más que decretos: un verdadero plan nacional de vivienda a largo plazo.

Menos propaganda y más ladrillos

España no necesita una guerra entre propietarios e inquilinos.

No necesita enfrentar a españoles contra extranjeros.

Tampoco necesita convertir el turismo en el único culpable.

Necesita más viviendas.

Necesita suelo urbanizable donde sea necesario.

Necesita agilizar licencias.

Necesita reducir burocracia.

Necesita construir vivienda pública y protegida.

Necesita favorecer el alquiler residencial frente a usos que expulsan vivienda del mercado habitual cuando la situación lo justifique.

Necesita garantizar seguridad jurídica.

Y necesita que las administraciones dejen de pasarse la pelota unas a otras.

La vivienda es un problema de oferta y demanda, pero también de política pública.

Durante décadas, España ha permitido que la oferta residencial no creciera al mismo ritmo que las necesidades de una población que ha aumentado considerablemente y que se concentra cada vez más en determinadas ciudades y zonas turísticas.

Ahora estamos pagando las consecuencias.

Por eso, cuando volvamos a escuchar que el problema de la vivienda se soluciona simplemente con otro decreto, convendría recordar una cosa:

los decretos pueden cambiar las reglas del mercado, pero no construyen casas.

Y España necesita casas.

Muchas casas.

Y necesita construirlas pronto.

Porque mientras la política discute quién tiene la culpa, hay millones de ciudadanos —jóvenes, familias, trabajadores y pensionistas— que siguen buscando una vivienda que puedan pagar.

Ese debería ser el verdadero centro del debate, y no una huelga general que, a estas alturas, nadie sabe muy bien si se pretende protestar contra el actual Gobierno o contra la oposición. Lo que sí parece claro es que el PSOE intenta, manipulando, que la huelga se presente como una protesta contra la oposición por haber tumbado los dos últimos decretos del Gobierno socialista.

Sin embargo, aquellos decretos no eran más que un borrón y cuenta nueva basado en nuevas obligaciones que, lejos de solucionar el problema de la vivienda, podían complicar todavía más la gestión del parque de vivienda pública y terminar enfrentando a inquilinos y arrendadores.

Nota final: Según el Banco de España, con datos de 2024, cerca del 90 % de los propietarios de viviendas alquiladas son particulares. Además, dentro de los propietarios particulares, predominan claramente los pequeños propietarios.

¿En manos de quién están las viviendas destinadas al alquiler en España?

  • Pequeños propietarios particulares: constituyen la gran mayoría. Entre los arrendadores particulares, el 76,1 % tiene una sola vivienda destinada al alquiler, y esas viviendas representan el 50,7 % de todas las viviendas alquiladas que están en manos de personas físicas.
  • Particulares con dos viviendas: representan el 15 % de los arrendadores particulares y poseen el 21,8 % de las viviendas alquiladas propiedad de personas físicas.
  • Particulares con entre 3 y 5 viviendas: son el 7,5 % de los arrendadores particulares y concentran el 18,9 % de las viviendas alquiladas propiedad de personas físicas.
  • Particulares con entre 6 y 10 viviendas: representan aproximadamente el 1,2 % de los arrendadores particulares y poseen el 6,2 % de las viviendas alquiladas propiedad de personas físicas.
  • Particulares con 11 o más viviendas: son solamente alrededor del 0,2 % de los arrendadores particulares y concentran el 2,4 % de las viviendas alquiladas propiedad de personas físicas.
  • Sociedades y empresas privadas: tienen una participación minoritaria. El Banco de España estimó que las sociedades eran propietarias de alrededor del 8 % de las viviendas habituales alquiladas a precio de mercado, frente a aproximadamente el 92 % propiedad de particulares.
  • Administraciones públicas y vivienda social: su peso dentro del parque de alquiler es reducido. El Banco de España estimaba en torno a 300.000 viviendas de alquiler social, una cifra equivalente aproximadamente al 1,5 % de las viviendas principales.

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 NOTA ESPECIAL E IMPORTANTE

¿La huelga general nació después de tumbarse los decretos?

Hay una cuestión que merece ser aclarada porque las fechas son importantes.

El 1 de octubre ya estaba convocada la movilización hacia el Congreso para presionar durante la votación de los decretos de vivienda.

Pero el dato más significativo llega el 2 de octubre por la mañana, antes de que se conociera el resultado de la votación. Durante la movilización desde la Puerta del Sol hacia el Congreso, los representantes de los manifestantes ya hablaban de que «el único camino es la huelga general».

Después llegó la votación y el Congreso rechazó los dos decretos.

Por la tarde y por la noche, la reivindicación de la huelga general ganó todavía más fuerza, aunque entonces todavía no había una fecha fijada.

La secuencia, por tanto, es bastante clara:

1 de octubre: movilización anunciada hacia el Congreso.
2 de octubre, antes de la votación: ya se habla de huelga general.
2 de octubre: el Congreso rechaza los decretos.
2 de octubre, después de la votación: se intensifica la exigencia de huelga general.
Días posteriores: se empieza a concretar la convocatoria.

Por eso hay que distinguir entre dos afirmaciones.

Una cosa es decir que la huelga general fue convocada formalmente después de que el Congreso rechazara los decretos. Eso es cierto.

Otra muy distinta es afirmar que la huelga general surgió como consecuencia de que la oposición tumbara los decretos. Esa afirmación resulta mucho más discutible, porque la propia reivindicación de la huelga ya estaba siendo planteada antes de que el Congreso votara.

Y aquí aparece la pregunta que debería formar parte del debate:

Si la huelga general ya se estaba planteando antes de conocer el resultado de la votación, ¿cómo puede presentarse posteriormente como una consecuencia exclusiva del voto de la oposición contra los decretos?

La cronología no demuestra por sí sola que existiera una estrategia política previamente diseñada. Pero sí demuestra que la idea de la huelga general no apareció después de la votación como una reacción espontánea al rechazo de los decretos.

Por eso, atribuir toda la responsabilidad de la huelga al voto de la oposición requiere, como mínimo, explicar qué papel desempeñaba ya la convocatoria de huelga general durante la movilización que se produjo antes de que el Congreso hubiera votado.