Imagínense
un hipotético caso: Una noche llega la Guardia Civil a mi casa y me detiene con
una orden judicial
Relato
de ficción inspirado en el estilo de novela de misterio clásica
Por Bruno
Perera
Como caso
puramente hipotético, lo que cuento a continuación es una narración de ficción
creada por mí con la colaboración de una inteligencia artificial.
Era una
noche oscura y silenciosa. El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando unos
golpes secos resonaron en la puerta de mi casa.
—¡Guardia
Civil! ¡Abra la puerta!
Me levanté
sobresaltado. Al abrir, encontré a dos agentes con semblante serio.
—¿Señor
Bruno Perera?
—Sí, soy yo.
—Debe
acompañarnos. Existe una orden judicial.
Aquellas
palabras me dejaron paralizado.
—¿Una orden
judicial? Debe tratarse de un error.
Los agentes
intercambiaron una mirada.
—Tiene
derecho a guardar silencio. También puede solicitar un abogado.
Durante unos
segundos permanecí callado. Después respondí:
—Quiero un
ordenador.
—¿Un
ordenador? —preguntó uno de ellos extrañado.
—Sí. Quiero
que ChatGPT sea mi abogada.
Los agentes
se miraron nuevamente. Uno de ellos incluso esbozó una leve sonrisa.
Horas más
tarde, en una sala de interrogatorios, un portátil fue colocado sobre la mesa.
La pantalla se iluminó y apareció la IA.
—Buenas
noches —dijo una voz electrónica—. ¿Cuál es la acusación?
El juez,
intrigado por aquella situación insólita, decidió permitir la conversación.
—Se
investiga si determinados escritos publicados por el señor Perera podrían
constituir una infracción relacionada con discursos de odio.
La IA
permaneció unos segundos en silencio.
—Solicito
examinar los textos completos y su contexto —respondió.
Se produjo
un murmullo entre los presentes.
Tras revisar
cientos de artículos, la IA formuló una pregunta inesperada:
—¿Se ha
analizado la totalidad de los escritos o solo frases aisladas?
Nadie
respondió de inmediato.
Entonces la
IA continuó:
—Una opinión
política, por polémica que resulte, no equivale necesariamente a una conducta
ilícita. Para valorar cualquier responsabilidad es imprescindible estudiar el
contexto, la intención, el contenido completo y la legislación aplicable.
El juez
asintió.
Pero en
aquel momento ocurrió algo extraño.
Un anciano
sentado al fondo de la sala pidió la palabra.
Nadie sabía
quién era.
Vestía un
viejo abrigo negro y sostenía un cuaderno desgastado.
—He venido
porque conozco el verdadero misterio —dijo.
Todos
guardaron silencio.
—El problema
no es lo que escribió este hombre. El problema es quién seleccionó los
fragmentos que llegaron hasta aquí.
La sala
quedó inmóvil.
El anciano
abrió su cuaderno y mostró varias páginas.
Cada una
contenía citas incompletas, frases recortadas y párrafos arrancados de su
contexto original.
—Alguien ha
construido un rompecabezas utilizando solo las piezas que le interesaban.
Aquello
cambió el rumbo de la investigación.
Durante los
días siguientes se descubrió que numerosas interpretaciones se habían basado en
extractos parciales y no en los textos íntegros.
Finalmente,
el juez cerró el expediente provisionalmente y declaró:
—La búsqueda
de la verdad exige examinar los hechos completos, no únicamente aquello que
confirma nuestras sospechas.
Cuando
abandoné el edificio, el anciano había desaparecido.
Jamás volvió
a ser visto.
Solo quedó
sobre un banco su viejo cuaderno.
En la última
página aparecía escrita una frase:
"La
justicia comienza cuando alguien decide leer la historia completa."
Y debajo,
con una letra casi ilegible:
"El
verdadero misterio nunca fue quién hablaba, sino quién seleccionaba las
palabras."
Nota: Quienes me conocen entenderán este artículo, pero quienes no, lo tomarán como un pequeño relato de ficción. De una forma u otra es solo algo con la intención de entretener. Gracias.








