Filipinas
no fue semiconquistada solo por castellanos
Por Bruno Perera
Cuando se habla de la incorporación de Filipinas
a la Monarquía Hispánica, con frecuencia se presenta una imagen simplificada:
un reducido grupo de castellanos habría conquistado por sí solo un inmenso
archipiélago asiático. Sin embargo, la realidad histórica fue mucho más
compleja y multicultural.
La presencia española en Filipinas fue posible
gracias a la participación de personas procedentes de numerosos territorios de
la Corona. Entre ellos destacaron los habitantes de la Nueva España (el actual
México y otros territorios del virreinato), desde donde partían las
expediciones que cruzaban el océano Pacífico.
Tras el establecimiento de la ruta marítima entre
Acapulco y Manila en el siglo XVI, miles de personas cruzaron el Pacífico
durante más de dos siglos y medio. En esos viajes no solo embarcaban
castellanos, sino también novohispanos nacidos en América, aborígenes de
distintos pueblos, mestizos, criollos, africanos libres o esclavizados, e
incluso marineros de diversos orígenes. Todos ellos contribuyeron, en mayor o
menor medida, a la consolidación de la presencia hispánica en Filipinas.
Por ello, resulta más correcto afirmar que
Filipinas no fue sometida únicamente por castellanos. La ocupación y el control
efectivo de parte del archipiélago fueron el resultado del esfuerzo conjunto de
una monarquía compuesta por pueblos muy diversos. Además, conviene recordar que
nunca se dominó completamente todo el territorio filipino. Varias regiones,
musulmanas especialmente en el sur del archipiélago, permanecieron bajo el control
de distintos sultanatos y comunidades locales durante siglos. En ese sentido,
puede hablarse de una semiconquista o de un dominio parcial del
archipiélago, más que de una conquista absoluta.
Los llamados "novomexicanos"
desempeñaron un papel especialmente relevante. Muchos sirvieron como soldados,
marineros, carpinteros de ribera, artilleros y colonos. Su experiencia en la
navegación del Pacífico y en las campañas militares resultó fundamental para
mantener las comunicaciones entre América y Asia y para sostener la presencia
española en Filipinas.
Pero la historia no termina ahí. Una vez
establecida la colonia, numerosos filipinos, especialmente tagalos y pampangos,
pasaron a formar parte de las milicias locales y combatieron junto a
castellanos y novohispanos contra distintos adversarios de la época. Entre
ellos se encontraban piratas japoneses, corsarios chinos, fuerzas procedentes
de algunos reinos portugueses durante los conflictos derivados de la expansión
colonial y, en determinadas ocasiones, rebeldes locales.
Aquellos enfrentamientos reflejan la enorme
complejidad política del Sudeste Asiático en los siglos XVI y XVII. No existían
bandos permanentes ni alianzas inmutables. Las coaliciones cambiaban según los
intereses del momento y en muchas campañas combatían juntos europeos,
americanos y asiáticos frente a otros grupos igualmente diversos. Era, en
cierto modo, un auténtico totum revolutum de pueblos, culturas e
intereses.
El célebre Galeón de Manila simboliza
perfectamente esa realidad. Durante dos siglos y medio unió Asia y América
mediante una de las rutas comerciales más importantes del mundo. En sus
cubiertas convivían castellanos, novohispanos, filipinos, indígenas americanos,
mestizos y marineros de múltiples procedencias, convirtiendo al Pacífico en un
espacio de intercambio humano y cultural mucho antes de que existiera el
concepto moderno de globalización.
Reducir la historia de Filipinas a una semiconquista
exclusivamente castellana supone ignorar la participación decisiva de miles de
personas nacidas en América y en Asia. La Monarquía Hispánica fue un imperio
policéntrico, sostenido por la colaboración de pueblos muy distintos, cuyos
habitantes compartieron campañas militares, comercio, navegación y
asentamientos durante más de tres siglos.
En definitiva, la historia demuestra que
Filipinas no fue semiconquistada solo por castellanos. En aquel proceso
participaron de manera decisiva los novohispanos y, posteriormente, numerosos
filipinos que lucharon junto a ellos en la defensa y consolidación del
archipiélago. Comprender esa diversidad permite acercarse con mayor rigor a una
de las páginas más complejas y fascinantes de la historia del Pacífico.
Datos históricos
1.
La expedición que logró establecer la presencia
española permanente en Filipinas fue la dirigida por Miguel López de Legazpi
en 1565, organizada desde la Nueva España.
- El Galeón de Manila conectó Acapulco y Manila entre 1565 y
1815, siendo una de las rutas marítimas más largas y relevantes de la Edad
Moderna.
- La mayoría de los refuerzos militares, suministros y colonos
destinados a Filipinas procedían de la Nueva España y no directamente de
la península ibérica.
- Las milicias aborígenes filipinas, especialmente las formadas por
tagalos y pampangos, participaron durante siglos en la defensa del
archipiélago junto a tropas españolas y novohispanas.
- El dominio español nunca fue completo sobre todo el archipiélago.
Diversos pueblos y sultanatos del sur, como los de Mindanao y Joló,
mantuvieron durante largos periodos su independencia o una fuerte
resistencia al control colonial.
Como ocurre con muchos episodios históricos,
conviene evitar las simplificaciones. La presencia hispánica en Filipinas fue
el resultado de la participación conjunta de europeos, americanos y asiáticos,
cuya colaboración hizo posible una de las empresas transoceánicas más
singulares de la historia.
Nota: Para conocer de forma más amplia la historia
de la semiconquista de Filipinas os recomiendo el libro que encontrareis en
este enlace. Naves Negras: https://www.casadellibro.com/ebook-naves-negras-la-aventura-del-lago-espanol-ebook/9788441441156/12560337?utm_source=Bing&utm_medium=cpc&utm_campaign=shopping&utm_content=pmax_tecnico&campaignid=711017671&msclkid=61de491b6fd41241d70f235f86f78a53











