DEL NÚMERO
DE GRAHAM AL COSMO-PODER: ¿PODRÍAMOS DORMIR DURANTE UN VIAJE DE QUINTILLONES DE
AÑOS?
Por Bruno Perera
Desde muy temprana edad he tenido la impresión de
que los números se parecen al universo: no tienen principio ni final. Por
grande que sea una cantidad, siempre podemos añadirle una unidad y obtener otra
todavía mayor. No existe un último número al que podamos llegar y decir: aquí
termina todo.
Esta reflexión me ha acompañado durante muchos
años y, curiosamente, guarda cierta semejanza con mi concepto filosófico del
Cosmo-Poder: una realidad que, según mi interpretación, no tuvo principio ni
tendrá final.
Hace poco, mientras conversaba con una
inteligencia artificial, decidí ponerla a prueba con una pregunta aparentemente
sencilla. Le pregunté: ¿sería capaz de multiplicar el número más grande que
conozcas por otro igual?
La IA eligió el número de Graham, una de las cantidades
más gigantescas que han aparecido en las matemáticas. Este número es tan
descomunal que resulta imposible escribir su representación decimal completa
utilizando todos los recursos materiales del universo observable.
La operación que le propuse fue:
G × G = G²
Es decir, multiplicar el número de Graham por sí
mismo. El resultado es su cuadrado, una cantidad todavía más extraordinaria.
Pero aquí aparece una cuestión interesante:
aunque no podamos escribir todos sus dígitos, sí podemos definirlo matemáticamente
y operar con él. Esto demuestra que nuestra capacidad para expresar cantidades
es mucho mayor que nuestra capacidad para imaginarlas.
Los números y
el infinito
Cuando pensamos en el infinito, normalmente
imaginamos algo que nunca termina. Sin embargo, las matemáticas nos enseñan que
existen diferentes tamaños de infinito.
Los números naturales (1, 2, 3, 4...) forman una
sucesión infinita. Pero los números reales, que incluyen también los decimales,
constituyen un infinito de mayor cardinalidad.
Por tanto, no todos los infinitos son iguales.
Esto me lleva nuevamente a mi reflexión sobre el
Cosmo-Poder. ¿Podría existir una realidad cuya dimensión, duración y capacidad
de transformación superasen cualquier posibilidad de comprensión humana?
No pretendo afirmar que las matemáticas
demuestren la existencia del Cosmo-Poder. Son campos diferentes: las
matemáticas estudian estructuras abstractas, mientras que el Cosmo-Poder
pertenece a una interpretación filosófica de la existencia. Sin embargo, ambos
plantean preguntas que obligan a nuestra mente a enfrentarse con lo ilimitado.
¿Y si
utilizáramos los números para dormir a los astronautas?
Aquí comenzó la parte más divertida de nuestra
conversación.
Yo, en vez de ovejas, tengo la costumbre de
contar casas mentalmente cuando quiero dormirme. Normalmente cuento hasta
llegar a casi cien y siempre consigo conciliar el sueño.
Pero se me ocurrió una idea: ¿por qué no
sustituir las cien casas por una cantidad mucho mayor?
En lugar de contar hasta cien, podría contar
casas utilizando como referencia el número de Graham multiplicado por sí mismo:
G².
¡Seguro que no llegaría ni a la primera fracción
de esa cantidad antes de quedarme dormido!
Entonces apareció otra posibilidad todavía más
disparatada: ¿por qué no utilizar este procedimiento para enviar astronautas a
otros planetas?
Imaginemos una nave espacial preparada para
transportar seres humanos durante viajes extraordinariamente largos. Antes del
despegue, los astronautas entrarían en un sistema de hibernación o animación
suspendida, mientras una máquina se encargaría de mantenerlos en condiciones
adecuadas.
Podríamos bautizar el procedimiento,
humorísticamente, como el sistema G².
Los astronautas se acostarían, comenzarían a
contar casas multiplicadas por el número de Graham y despertarían cuando la
nave llegase a su destino.
Naturalmente, esto es una fantasía matemática y
científica, no una tecnología disponible. Actualmente no sabemos mantener seres
humanos en animación suspendida durante siglos o milenios sin que sufran daños.
Pero la idea de la hibernación humana sí
constituye un campo de investigación relacionado con la medicina y los futuros
viajes espaciales.
El verdadero
problema de los viajes interestelares
Uno de los mayores obstáculos para viajar a otros
sistemas estelares no es solamente construir una nave capaz de desplazarse a
grandes velocidades. También debemos resolver cómo mantener vivos a sus
ocupantes durante periodos que podrían superar ampliamente una vida humana.
Durante un viaje de cientos o miles de años habría
que proporcionar alimentación, agua, oxígeno, protección contra la radiación,
mantenimiento de los equipos y condiciones adecuadas para la salud física y
psicológica de los viajeros.
Si algún día consiguiéramos desarrollar sistemas
seguros de animación suspendida, podríamos reducir algunos de esos problemas.
También sería necesario disponer de sistemas
capaces de reciclar el agua y el aire, producir alimentos y mantener la nave
funcionando de manera autónoma.
La nave tendría que convertirse prácticamente en
un pequeño ecosistema artificial.
Una reflexión
final sobre el universo
Al final, una conversación que comenzó con una
multiplicación matemática terminó llevándonos hasta los confines imaginarios
del espacio.
Quizá el mayor misterio no sea conocer el número
más grande que podamos definir, sino comprender por qué existe un universo en
el que nuestra mente puede plantearse preguntas sobre el infinito.
Podemos multiplicar números, elevarlos a
potencias, construir cantidades que desafían nuestra imaginación y formular
teorías sobre el origen y el destino del universo. Sin embargo, seguimos sin
conocer los límites últimos de la realidad.
Y aquí regreso al Cosmo-Poder.
Si el universo tiene un origen, ¿qué había antes?
Y si no tuvo principio, ¿cómo podemos comprender una existencia que no necesita
comenzar? Si algún día el universo observable desapareciera o se transformara,
¿significaría eso que la totalidad de la existencia habría terminado?
Son preguntas que todavía no tienen respuestas
definitivas.
Mientras tanto, seguiré contando casas para
dormirme. Aunque, después de esta conversación, quizá tenga que cambiar mi
costumbre.
En lugar de contar hasta cien, probaré con G².
Eso sí, si mañana no aparezco, no llamen a la
Guardia Civil: seguramente todavía estaré contando.
¡Jajajajaja!

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