Rancho Texas - Puerto del Carmen - Lanzarote

martes, 6 de enero de 2026

Lo llamado generalmente amor no es magia ni brujería, es química natural que inculca el Cosmo-Poder

 



Lo llamado generalmente amor no es magia ni brujería, es química natural que inculca el Cosmo-Poder

Por Bruno Perera.

¿Qué es el Cosmo-Poder?
El Cosmo-Poder es la energía suprema originada en la Nada Cuántica, de la cual surgió el Big Bang y, a partir de él, todo el universo.

La idea de que “todo ser humano tiene derecho a amar a quien desee” se ha convertido en uno de los pilares del discurso contemporáneo. Cultura popular, movimientos sociales y narrativas institucionales presentan el amor como una fuerza universal, casi sagrada, que trasciende cuerpos, géneros, edades y biología. Sin embargo, antes de aceptar esta afirmación como un axioma incuestionable, conviene formular una pregunta incómoda pero necesaria: ¿existe realmente el amor como una entidad objetiva e independiente, o estamos confundiendo impulsos biológicos con relatos culturales cuidadosamente construidos?

Este artículo no cuestiona la libertad individual, ni la igualdad jurídica, ni el derecho de las personas a relacionarse como deseen. Cuestiona algo distinto y más profundo: la mitificación del amor como una fuerza trascendente que justificaría por sí misma cualquier discurso moral o político.

1. El amor no es un concepto único

En el lenguaje cotidiano utilizamos la palabra amor como si designara un fenómeno homogéneo y universal. Sin embargo, desde la psicología y la neurociencia se distinguen estados claramente diferentes:

·        atracción,

·        deseo sexual,

·        limerencia (enamoramiento obsesivo),

·        apego,

·        compañerismo,

·        afecto estable.

Cada uno de estos procesos activa circuitos cerebrales distintos y responde a estímulos diferentes. Agruparlos bajo una sola palabra no los convierte en una entidad única; solo simplifica el relato.

En este texto me centro exclusivamente en el llamado amor romántico-sexual: el que asociamos culturalmente con pasión, euforia, exclusividad y la idea de “media naranja”. Es ese tipo de amor el que suele presentarse como una fuerza universal y casi sagrada.

2. La biología del impulso

Desde un punto de vista estrictamente biológico, el amor romántico no es un misterio metafísico, sino un conjunto de reacciones neuroquímicas moldeadas por la evolución para favorecer la reproducción, la vinculación y la cooperación entre individuos.

Entre las principales sustancias implicadas destacan:

·        Dopamina, asociada a la recompensa, la euforia y la obsesión.

·        Testosterona y estrógenos, responsables del deseo sexual.

·        Oxitocina y vasopresina, que consolidan el apego y el vínculo.

·        Serotonina, que regula el estado emocional.

La biología genera el impulso; la cultura lo interpreta, lo idealiza y lo bautiza como “amor”. Que una experiencia sea intensa o significativa no la convierte automáticamente en trascendente.

3. Juventud, hormonas y la ilusión de eternidad

Durante la juventud y la madurez temprana, los niveles hormonales alcanzan su punto máximo. El resultado es una atracción intensa, una necesidad de contacto constante y una idealización del otro que se vive como única e irrepetible. A ese estado lo llamamos comúnmente “estar enamorado”.

Con el paso de los años —especialmente a partir de la madurez avanzada— la producción hormonal disminuye en la mayoría de las personas. Con ello se atenúa ese impulso arrebatador que antes parecía eterno.

Lo que suele permanecer no es la pasión desbordante, sino:

·        afecto,

·        costumbre,

·        apego,

·        dependencia emocional,

·        miedo a la soledad,

·        necesidad de estabilidad.

Esto no implica que desaparezca todo vínculo emocional, sino que desaparece el motor biológico que hacía parecer trascendente aquello que en realidad era contingente.

4. El espejo del mundo animal

En la naturaleza, la mayoría de las especies se aparean por instinto, no por romanticismo. Incluso las especies monógamas —como cisnes, lobos o gibones— mantienen vínculos duraderos por razones evolutivas: protección, crianza y eficiencia energética.

No existe evidencia de amor idealizado en el mundo animal. Existe reproducción, cooperación y supervivencia. La naturaleza no conoce el amor eterno; conoce mecanismos funcionales.

El ser humano no escapa a estas leyes, aunque las recubra de poesía, símbolos y promesas.

5. ¿Existe un “derecho a amar”?

En este contexto, la afirmación de que “todos tenemos derecho a amar” merece una reflexión crítica. No porque deba negarse la libertad individual —que es incuestionable— sino porque plantea una confusión conceptual.

Los derechos pueden garantizar libertades, igualdad ante la ley o ausencia de discriminación. Pero no pueden garantizar estados emocionales ni reacciones químicas del cerebro.

Nadie tiene derecho a enamorarse, ni a ser correspondido, ni a sentir pasión eterna. El amor no es una entidad objetiva sobre la que se pueda legislar; es una experiencia subjetiva, condicionada por el cuerpo, el contexto y el tiempo.

Esto no invalida las reivindicaciones de igualdad, convivencia o respeto entre personas de cualquier orientación. Lo que cuestiona es la elevación del amor a categoría metafísica incuestionable.

6. Amor: biología, relato e institución

Negar el amor como entidad trascendente no equivale a negar la experiencia humana. Significa comprenderla mejor.

·        La biología genera el impulso.

·        La cultura lo convierte en relato.

·        La sociedad lo transforma en institución.

·        El individuo lo interpreta según su historia personal.

El amor no desaparece cuando se analiza; pierde su aura mística, pero gana claridad.

7. Hacia una visión más lúcida

Quizá ha llegado el momento de abandonar la idealización acrítica del amor y empezar a mirarlo con honestidad intelectual. No para destruirlo, sino para liberarnos de expectativas irreales, frustraciones repetidas, mitos heredados y trastornos mentales.

Comprender que el amor es un fenómeno humano, limitado y condicionado, no lo empobrece. Nos permite vivirlo con menos autoengaño y con más lucidez.

Fuentes y referencias

Hormonas y atracción
Helen Fisher, Why We Love
Rutgers University: estudios sobre dopamina y enamoramiento

Testosterona y envejecimiento
Mayo Clinic: Testosterone levels and aging
National Institute on Aging (NIH)

Oxitocina y apego
Harvard Medical School: The role of oxytocin in bonding

Comportamiento animal y reproducción
Desmond Morris, El mono desnudo
National Geographic: estudios sobre apareamiento en mamíferos

Amor como construcción cultural
Zygmunt Bauman, Amor líquido
Eva Illouz, Consuming the Romantic Utopia

No hay comentarios:

Publicar un comentario