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sábado, 10 de enero de 2026

El idioma español, para mejorarlo, se podría simplificar haciendo unos pocos cambios gramaticales

 


El idioma español, para mejorarlo, se podría simplificar haciendo unos pocos cambios gramaticales

Por Bruno Perera.

El español es una de las lenguas más habladas del planeta, con cientos de millones de hablantes repartidos por varios continentes y una tradición cultural y literaria incuestionable. No obstante, su prestigio histórico no debería impedir una reflexión crítica: el español es hoy un idioma innecesariamente complejo en su escritura, lleno de redundancias, excepciones y normas heredadas que dificultan su aprendizaje y su uso práctico.

Plantear una simplificación del español no significa atacar su riqueza expresiva ni su identidad cultural. Significa preguntarse si un idioma del siglo XXI, global, digital y educativo, debe seguir anclado a reglas creadas para otro tiempo.

Una ortografía lastrada por la tradición

Buena parte de las dificultades del español no provienen de su fonética, que es relativamente clara, sino de una ortografía condicionada por decisiones históricas y etimológicas que hoy ya no cumplen una función comunicativa real.

La letra K, por ejemplo, es prácticamente innecesaria. El sonido que representa puede escribirse sin problema con otros grafemas. Su eliminación no supondría ninguna pérdida, solo coherencia. Lo mismo ocurre con la H muda, una letra que no se pronuncia pero sigue generando errores masivos en la escritura cotidiana.

Otro caso evidente es la duplicidad entre B y V, que en la mayoría del mundo hispanohablante se pronuncian igual. Mantener dos letras para un solo sonido no mejora la comprensión, solo perpetúa faltas ortográficas que nada tienen que ver con la capacidad expresiva de quien escribe.

Letras con múltiples sonidos: una confusión evitable

La letra C es un ejemplo claro de complejidad artificial. Puede sonar como K, como Z o como S, dependiendo del contexto. Esta ambigüedad obliga a introducir combinaciones como que o qui, que a su vez arrastran otro problema: la U muda, una letra que se escribe pero no se pronuncia.

Una reforma sensata pasaría por asignar a cada letra un solo sonido, eliminando combinaciones innecesarias y acercando la escritura a la pronunciación real. Del mismo modo, la diéresis (¨), un signo poco usado y frecuentemente olvidado, podría suprimirse sin afectar a la comprensión de palabras como cigüeña o pingüino.

La R y la RR: una norma arbitraria

El uso actual de R y RR es una fuente constante de errores incluso entre hablantes cultos. La distinción depende de si la letra aparece entre vocales, al inicio de palabra o tras consonante, una regla poco intuitiva.

Una solución clara sería escribir siempre RR para el sonido fuerte, independientemente de su posición. De este modo se eliminaría una norma arbitraria y se reforzaría la coherencia del sistema ortográfico.

El problema olvidado: la separación silábica

Uno de los aspectos más problemáticos del español, especialmente en la enseñanza, es la separación de sílabas. Diptongos, hiatos, triptongos, vocales abiertas y cerradas, excepciones interminables… un sistema excesivamente complejo para un beneficio mínimo.

Este problema podría resolverse con una norma sencilla y contundente:
las sílabas deben estar formadas por más de una letra.

Con esta regla desaparecerían las sílabas de una sola vocal y gran parte de las discusiones artificiales sobre cómo dividir una palabra. El español ganaría claridad, especialmente para niños, extranjeros y personas con dificultades de aprendizaje, sin perder capacidad expresiva.

El punto y coma: una regla que obliga a adivinar

Otro ejemplo de complejidad innecesaria es el uso del punto y coma. La propia gramática española suele definirlo de forma ambigua, con explicaciones del tipo:
“Se escribe punto y coma cuando se habla de lo mismo, pero no es lo mismo”.

Esta definición, lejos de aclarar, obliga al escritor a adivinar cuándo dos ideas son suficientemente parecidas para llevar punto y coma, pero no lo bastante para usar coma, ni lo bastante distintas para usar punto. El resultado es que la mayoría de los hablantes evita el punto y coma por inseguridad o lo usa de forma incorrecta.

En la práctica, el punto y coma no añade información esencial al texto. En casi todos los casos puede sustituirse por un punto o por una coma sin que se pierda comprensión. Mantener un signo de puntuación cuya norma se basa en interpretaciones subjetivas y difusas no facilita la comunicación, sino que la entorpece.

Una simplificación razonable pasaría por reducir drásticamente su uso o incluso prescindir de él, apostando por una puntuación más clara, directa y funcional.

Simplificar no es empobrecer

Uno de los argumentos más repetidos contra cualquier reforma lingüística es el miedo a “empobrecer” el idioma. Sin embargo, todas las lenguas vivas han evolucionado. El español actual ya es una versión simplificada del latín, y nadie cuestiona su riqueza por ello.

La complejidad no garantiza profundidad. Un idioma más lógico, más coherente y más accesible no pierde belleza; gana eficacia comunicativa.

Conclusión

El español no necesita una revolución caótica, pero sí una reflexión valiente. Muchas de sus reglas actuales no sirven a la comunicación, sino a la conservación de una tradición académica que a menudo se impone sobre el sentido común.

Simplificar el español no sería destruirlo, sino adaptarlo a una sociedad global, digital y multilingüe, donde la claridad, la accesibilidad y la lógica son valores fundamentales. Un idioma no se honra complicándolo, sino usándolo bien.

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Apéndice comparativo: español actual vs español simplificado

Ejemplos ortográficos

Español actual

Español simplificado

kilo

qilo

hacer

acer

vaca

baca

cigüeña

cigueña

pingüino

pinguino

alrededor

alrrededor

quiso

qiso

Separación silábica

Palabra

División actual

División simplificada

aéreo

a-é-re-o

aé-reo

oído

o-í-do

oí-do

país

pa-ís

pa-ís

poeta

po-e-ta

poe-ta

Regla aplicada: no se permiten sílabas de una sola letra.

Ejemplo de texto completo

Texto actual:

El hombre habló con su hermano; el pingüino vivía cerca del kiosco.

Texto simplificado:

El ombre abló con su ermano. El pinguino bibia cerca del quiosco.

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Otra dificultad añadida: los verbos terminados en “-ís”

Existe además un problema poco mencionado, pero muy real, para millones de hispanohablantes no castellanos: los verbos conjugados en “-ís”, propios del uso de vosotros, una forma verbal prácticamente exclusiva de la España castellana.

Formas como coméis, vivís, habláis, decís, tenéis suponen una dificultad innecesaria para hablantes de América Latina, estudiantes extranjeros y personas que aprenden español como segunda lengua. En la mayor parte del mundo hispanohablante, estas formas no se usan jamás en la vida cotidiana, lo que convierte su enseñanza en un ejercicio artificial y desconectado del uso real del idioma.

Desde el punto de vista práctico, mantener una conjugación verbal específica para una zona geográfica concreta añade complejidad sin aportar claridad comunicativa. El sistema verbal del español ya es suficientemente amplio como para incorporar, además, formas que millones de hablantes no reconocen ni emplean.

Una posible simplificación pasaría por:

·        Reducir el uso obligatorio del vosotros a un registro opcional o local

·        Unificar la conjugación plural en torno a ustedes, como ya ocurre en gran parte del mundo hispanohablante

·        Eliminar la memorización forzada de terminaciones como “-áis, -éis, -ís” en contextos educativos generales

Esta reforma no eliminaría ninguna capacidad expresiva del idioma, pero sí facilitaría su aprendizaje global, reforzando su carácter internacional y evitando que el español funcione, en la práctica, como dos sistemas verbales distintos según el país.

Nota final: También puede afirmarse que el idioma de los hispanohablantes se articula en dos realidades lingüísticas: el castellano y el español. El castellano sería la lengua propia de Castilla, mientras que el español es la lengua común y compartida por todos los pueblos hispanohablantes.

 

 

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