El espejo mágico
y la vida real
Por Bruno Perera
Cuando nos miramos en un espejo el mismo refleja
todo cuanto hacemos. Si sonreímos, nos devuelve una sonrisa. Si lloramos, nos
muestra nuestras lágrimas. Si cantamos, parece que también canta. Si odiamos,
nos devuelve un rostro endurecido por el rencor. Si amamos, refleja la ternura
de nuestros ojos. Y si perdonamos, parece que en él también se dibuja la
serenidad del perdón.
Esta sencilla observación ha dado lugar a una
conocida enseñanza: la sociedad actúa muchas veces como un espejo. Si tratamos
a los demás con respeto, es más probable que recibamos respeto. Si ofrecemos
amabilidad, solemos despertar amabilidad. Si mostramos agresividad, con
frecuencia encontraremos agresividad como respuesta.
Sin embargo, esta comparación tiene sus límites.
El espejo no siente, no piensa ni decide. Es solo
un cristal que refleja la luz. La vida, en cambio, está formada por personas
con emociones, experiencias, miedos, prejuicios y decisiones propias. Por eso
no siempre recibiremos el mismo trato que ofrecemos.
Hay quienes responden con bondad a la bondad,
pero también quienes contestan con indiferencia. Existen personas capaces de
devolver odio a quien les ofrece comprensión, mientras que otras responden con
generosidad incluso después de haber sido tratadas injustamente.
La realidad cotidiana es mucho más compleja que
un simple reflejo.
Vivir exige algo más que contemplarnos en un
espejo. Requiere paciencia para aceptar las diferencias, fortaleza para
soportar las decepciones y sabiduría para no convertirnos en aquello que
criticamos. También exige aprender que no podemos controlar la conducta de los
demás, pero sí en algo la nuestra.
Quizá el verdadero espejo no sea el cristal que
tenemos delante, sino nuestra conciencia. Ella es la que cada noche nos
devuelve una imagen sincera de lo que hemos hecho durante el día. Esa imagen no
depende de la opinión de los demás, sino de nuestra propia honestidad y
conciencia.
No podemos esperar que el mundo siempre nos
refleje como deseamos. A veces responderá con gratitud y otras con
incomprensión. Pero eso no debería impedirnos seguir actuando con dignidad,
respeto y humanidad.
Al fin y al cabo, el espejo solo devuelve una
imagen. La vida, en cambio, pone a prueba nuestro carácter. Y es precisamente
en esas pruebas donde descubrimos quiénes somos realmente.

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