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miércoles, 8 de julio de 2026

El espejo mágico y la vida real

 


El espejo mágico y la vida real

Por Bruno Perera

Cuando nos miramos en un espejo el mismo refleja todo cuanto hacemos. Si sonreímos, nos devuelve una sonrisa. Si lloramos, nos muestra nuestras lágrimas. Si cantamos, parece que también canta. Si odiamos, nos devuelve un rostro endurecido por el rencor. Si amamos, refleja la ternura de nuestros ojos. Y si perdonamos, parece que en él también se dibuja la serenidad del perdón.

Esta sencilla observación ha dado lugar a una conocida enseñanza: la sociedad actúa muchas veces como un espejo. Si tratamos a los demás con respeto, es más probable que recibamos respeto. Si ofrecemos amabilidad, solemos despertar amabilidad. Si mostramos agresividad, con frecuencia encontraremos agresividad como respuesta.

Sin embargo, esta comparación tiene sus límites.

El espejo no siente, no piensa ni decide. Es solo un cristal que refleja la luz. La vida, en cambio, está formada por personas con emociones, experiencias, miedos, prejuicios y decisiones propias. Por eso no siempre recibiremos el mismo trato que ofrecemos.

Hay quienes responden con bondad a la bondad, pero también quienes contestan con indiferencia. Existen personas capaces de devolver odio a quien les ofrece comprensión, mientras que otras responden con generosidad incluso después de haber sido tratadas injustamente.

La realidad cotidiana es mucho más compleja que un simple reflejo.

Vivir exige algo más que contemplarnos en un espejo. Requiere paciencia para aceptar las diferencias, fortaleza para soportar las decepciones y sabiduría para no convertirnos en aquello que criticamos. También exige aprender que no podemos controlar la conducta de los demás, pero sí en algo la nuestra.

Quizá el verdadero espejo no sea el cristal que tenemos delante, sino nuestra conciencia. Ella es la que cada noche nos devuelve una imagen sincera de lo que hemos hecho durante el día. Esa imagen no depende de la opinión de los demás, sino de nuestra propia honestidad y conciencia.

No podemos esperar que el mundo siempre nos refleje como deseamos. A veces responderá con gratitud y otras con incomprensión. Pero eso no debería impedirnos seguir actuando con dignidad, respeto y humanidad.

Al fin y al cabo, el espejo solo devuelve una imagen. La vida, en cambio, pone a prueba nuestro carácter. Y es precisamente en esas pruebas donde descubrimos quiénes somos realmente.

 

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