De
Marruecos no hay que fiarse sino ser duro con el mismo
Por Bruno Perera
La crisis migratoria que sufrió Ceuta durante los
días 30 y 31 de julio continúa teniendo consecuencias económicas, sociales y
políticas. Más de 80.000 inmigrantes ilegales entraron en la ciudad en aquellas
jornadas y, casi dos meses después, el problema todavía no puede considerarse
completamente cerrado.
Los últimos datos conocidos indican que 334
migrantes han sido expulsados de Ceuta desde el 30 de julio y cerca de 7.000
han regresado voluntariamente a Marruecos desde el 10 de agosto. Solo el
miércoles 23 de septiembre regresaron voluntariamente 165 personas.
Mientras tanto, el Gobierno español ha tenido que
movilizar recursos extraordinarios para atender la situación. Ceuta ha tenido
que ampliar sus recursos de acogida, seguridad y atención social, mientras las
Fuerzas y Cuerpos de Seguridad mantienen una vigilancia especial de la
frontera. (Y mientras Marruecos no ha sido capaz ni humano para mandar
alimentos, ropa y albergues para su gente que está en Ceuta huyendo del hambre
que padecía en el feudo de Mohamed VI).
Una factura
que puede ser enorme
El problema no consiste únicamente en alimentar y
alojar a miles de personas. Hay que sumar los gastos de seguridad, atención sanitaria,
servicios sociales, instalaciones, personal, procedimientos administrativos,
transporte y retornos, además de las consecuencias económicas que la crisis
produce sobre la propia ciudad.
Algunos cálculos publicados ya sitúan en decenas
de millones de euros el coste directo para Ceuta y advierten de que continuará
aumentando.
Por eso considero razonable preguntarnos cuánto
terminará costando finalmente esta crisis al conjunto de España. Una
estimación de más de 500 millones de euros no puede presentarse hoy como una
cifra oficial confirmada, pero el volumen de recursos movilizados hace
perfectamente legítimo plantearse si el coste final podría alcanzar una
cantidad de ese orden.
Y aquí aparece una cuestión que debería
estudiarse seriamente.
Si se ofrecieran 1.000 euros y el viaje
gratuito de regreso a Marruecos a cada inmigrante que hubiera entrado
ilegalmente y 80.000 aceptara retornar voluntariamente, incluso tomando como
referencia 80.000 inmigrantes, el coste teórico de esas ayudas sería de unos 80
millones de euros, sin contar los gastos de transporte y gestión.
Naturalmente, cualquier programa de este tipo
tendría que ajustarse a la legislación española y europea, distinguir entre las
diferentes situaciones jurídicas de las personas afectadas y establecer garantías
para evitar nuevas entradas irregulares.
Pero la comparación económica merece ser
estudiada: ¿cuánto cuesta mantener durante meses a decenas de miles de personas
en territorio español y cuánto costaría facilitar un retorno voluntario?
El anunciado
asalto del 23 de septiembre
Durante los días anteriores al 23 de septiembre
circularon llamamientos en redes sociales para realizar una nueva entrada
masiva en Ceuta coincidiendo con las elecciones legislativas marroquíes.
Las autoridades españolas reforzaron la frontera
ante el temor de que pudiera repetirse lo sucedido en julio.
Sin embargo, llegó el día señalado y no se
produjo la anunciada invasión masiva.
Este hecho ha dado lugar a numerosas
interpretaciones. Una de ellas sostiene que aquella amenaza pudo formar parte
de una maniobra destinada a presentar a Marruecos como un país que nada tuvo
que ver con los acontecimientos de julio.
Pero aquí conviene distinguir entre una
interpretación política y un hecho demostrado. Hasta el momento hay pruebas
públicas suficientes para afirmar que la convocatoria del 23 de septiembre fue anunciada
por Marruecos con el objetivo de manipular la anterior invasión con el cuento
de que podría haber otra.
Entre tanto lo que conocemos son informaciones
mucho más concretas sobre lo sucedido durante la crisis de julio.
¿Qué ocurrió
realmente en julio?
Un informe policial citado por RTVE señala que
agentes de la Gendarmería marroquí, tanto uniformados como de paisano, habrían
guiado a grupos de migrantes durante las entradas masivas del 30 y 31 de julio.
Ese informe fue remitido a la Audiencia Nacional
dentro de las diligencias destinadas a esclarecer lo ocurrido.
Si las investigaciones judiciales confirmasen
esas actuaciones, estaríamos ante un dato de enorme importancia para comprender
cómo se produjo aquella entrada masiva.
Al mismo tiempo, el Gobierno español continúa
manteniendo la cooperación con Marruecos en materia migratoria y de seguridad.
Y aquí está precisamente una de las mayores
dificultades de la situación: España necesita cooperar con su vecino del sur,
pero también necesita tener la seguridad de que su frontera no será utilizada
como instrumento de presión política.
España tiene
que aprender de lo ocurrido
La experiencia de julio debería servir para que
España no vuelva a encontrarse desprevenida ante una situación semejante.
Ceuta es una ciudad española situada en una
posición geográfica extraordinariamente delicada. No puede soportar
indefinidamente que miles de personas entren ilegalmente en su territorio y que
después sean necesarios enormes recursos económicos y humanos para solucionar
las consecuencias.
España debe mantener una frontera perfectamente
protegida, disponer de procedimientos rápidos y legalmente sólidos para los
retornos y exigir a Marruecos que cumpla sus compromisos.
El Gobierno ya prepara nuevas medidas en El
Tarajal. Interior ha iniciado los trámites para prolongar el espigón y
sustituir la actual barrera flotante por un sistema permanente de balizamiento.
También es significativo que los retornos
voluntarios estén aumentando. Según los datos publicados, cerca de 7.000
personas ya han regresado voluntariamente a Marruecos desde agosto.
Eso demuestra que el retorno voluntario puede ser
una herramienta importante dentro de una política migratoria ordenada, siempre
que se aplique conforme a la legislación y con las garantías correspondientes.
Con Marruecos,
cooperación sí, pero también firmeza
España puede y debe cooperar con Marruecos. Son
países vecinos y existen numerosos intereses comunes.
Pero cooperar no significa aceptar cualquier
cosa.
Cuando se produce una crisis fronteriza de la
dimensión de la sufrida por Ceuta, España tiene derecho a pedir explicaciones y
a exigir garantías.
Y si las investigaciones determinan que hubo
participación de agentes marroquíes en la organización o conducción de grupos
hacia la frontera española, deberán extraerse las consecuencias diplomáticas y
políticas que correspondan.
España y la UE., tampoco deberían volver a
esperar a que una crisis alcance proporciones gigantescas para reaccionar.
La frontera debe estar protegida antes de que se
produzca la avalancha, no después.
Ceuta no puede quedar nuevamente sola ante una
situación semejante.
Y si finalmente la crisis termina costando a
España cientos de millones de euros, habrá que preguntarse si una parte
importante de ese dinero podría haberse evitado mediante una política más
rápida de retorno, una frontera mejor protegida y una mayor exigencia al país
vecino.
Una última
reflexión
Marruecos es un país con el que España necesita
mantener relaciones, pero esas relaciones deben estar basadas en la confianza
verificable, el cumplimiento de los acuerdos y el respeto a la soberanía
española.
España debe cooperar cuando exista cooperación
real y debe ser firme cuando sus intereses y su frontera estén en juego.
Y termino con una reflexión que conviene no
olvidar: en Marruecos no vuela una mosca sin que su rey se entere.
Por eso, cuando ocurren acontecimientos de la
magnitud de los vividos en Ceuta, España tiene derecho a exigir explicaciones
claras, responsabilidades y garantías de que algo semejante no volverá a
suceder.
Final. Marruecos sigue jugando al gato y al ratón
con España. En Ceuta ha parado la invasión pero la continua hacia Canarias. Están
llegando a las islas unas 4 pateras cada día.


