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jueves, 14 de mayo de 2026

El Gobierno español no dijo toda la verdad al Gobierno canario sobre lo que acontecía a bordo del M/v. Hondius

 


                                                     Mapa de la zona de contagio del hantavirus
El Gobierno español no dijo toda la verdad al Gobierno canario sobre lo que acontecía a bordo del M/v. Hondius

Por Bruno Perera

El viaje del M/v. Hondius acabó convirtiéndose en uno de los episodios sanitarios marítimos más controvertidos de los últimos años. Lo que comenzó como una expedición de turismo polar terminó transformándose en una crisis internacional marcada por muertes, contagios, cuarentenas y decisiones políticas que todavía hoy generan dudas y críticas.

La salida desde Ushuaia. El M/v. Hondius zarpó el 1 de abril de 2026 desde Ushuaia, Argentina, para realizar una travesía de expedición por el Atlántico Sur. A bordo viajaban alrededor de 170 personas entre pasajeros y tripulación, procedentes de numerosos países europeos y americanos.

Durante los primeros días el viaje transcurrió con normalidad mientras el barco navegaba hacia las islas subantárticas y posteriormente hacia el Atlántico central. Sin embargo, días después comenzaron a aparecer los primeros síntomas de una enfermedad que inicialmente no fue identificada con claridad.

El primer caso grave correspondió a un pasajero neerlandés de 70 años que empezó a encontrarse mal durante la travesía. El hombre falleció a bordo el 11 de abril. En aquel momento su muerte fue considerada inicialmente natural, aunque posteriormente las investigaciones apuntaron a que había sido una de las primeras víctimas del brote de hantavirus.

Escalas en Tristan da Cunha y Santa Elena. El barco continuó su ruta e hizo escala en Tristan da Cunha, uno de los lugares habitados más aislados del planeta. Más tarde llegó a Santa Elena, donde fue desembarcado el cuerpo del pasajero fallecido.

En esa etapa varios pasajeros abandonaron el barco sin conocer todavía la magnitud real del problema sanitario que se estaba desarrollando a bordo. Posteriormente algunos de ellos serían localizados y sometidos a vigilancia médica en distintos países.

La situación empeoró todavía más cuando la esposa del primer fallecido, que había desembarcado en Santa Elena y viajado posteriormente a Sudáfrica, murió también días después. A partir de ese momento comenzaron a dispararse las alarmas internacionales.

El virus ya estaba propagándose a bordo. Cuando el Hondius se dirigía hacia Cabo Verde, los médicos presentes en el barco ya conocían que existían pasajeros infectados o con síntomas compatibles con hantavirus, concretamente con la variante Andes, una de las pocas cepas conocidas capaces de transmitirse entre personas.

A bordo comenzaba a extenderse el temor a que el barco se convirtiera en un foco masivo de contagio.

El principal problema era la duración de la navegación restante. Desde Cabo Verde hasta Holanda todavía quedaban muchos días de viaje en un entorno cerrado, con pasajeros compartiendo zonas comunes, comedores, pasillos, ascensores y sistemas de ventilación.

Los médicos sabían que continuar hacia el norte de Europa podía provocar una cadena de contagios mucho mayor entre pasajeros y tripulación.

Por ello, muchos consideran que posteriormente se tomó la decisión de desembarcar pasajeros y parte de la tripulación en Tenerife para evitar que el barco llegara a convertirse en una auténtica bomba epidemiológica flotante durante la travesía hacia Holanda.

Cabo Verde: el puerto más cercano. El 3 de mayo el M/v. Hondius llegó frente a las costas de Praia, en Cabo Verde. Para entonces ya existían sospechas muy serias de un brote infeccioso grave a bordo.

Las autoridades caboverdianas activaron protocolos de emergencia sanitaria y enviaron ayuda médica y suministros al barco. Sin embargo, el Gobierno de Cabo Verde consideró que no disponía de capacidad hospitalaria suficiente para gestionar una evacuación masiva de pasajeros posiblemente infectados.

El Hondius permaneció fondeado mientras se realizaban evacuaciones médicas selectivas y se analizaba cómo actuar ante una situación extremadamente delicada.

La Ley del Mar y el debate jurídico. El caso abrió además un importante debate sobre la aplicación de la llamada Ley del Mar.

El derecho marítimo internacional obliga a prestar auxilio a un barco en peligro cuando existe riesgo para la vida humana. Históricamente, esto se refiere a situaciones como:

1.      incendios a bordo,

  1. hundimientos,
  2. averías graves,
  3. pérdida de gobierno,
  4. o cualquier emergencia que amenace directamente la supervivencia del barco y de las personas embarcadas.

En esos casos, el rescate y el desembarco suelen realizarse en el puerto seguro más cercano.

En el caso del Hondius, ese puerto más cercano era Cabo Verde.

El Artículo 98 de la Ley del Mar-Convemar, establece el deber de prestar auxilio a personas en peligro en el mar.

“Todo capitán de un buque tendrá la obligación, siempre que pueda hacerlo sin grave peligro para el buque, su tripulación o sus pasajeros, de prestar auxilio a toda persona que se encuentre en peligro de desaparecer en el mar.”

Ese artículo también obliga a:

  • acudir rápidamente al rescate cuando se reciba una señal de socorro;
  • auxiliar a personas náufragas;
  • y cooperar en operaciones de búsqueda y salvamento marítimo. (Y el barco socorrido con la tripulación y pasajeros si los hay, debe siempre desembarcarse en el puerto más cercano)

Sin embargo, una epidemia a bordo plantea una situación completamente distinta. Ningún Estado está obligado automáticamente a aceptar el desembarco inmediato de personas infectadas por una enfermedad potencialmente peligrosa para su propia población.

Por ello, el socorro prestado en estos casos suele limitarse a:

1.      asistencia médica,

  1. suministro sanitario,
  2. evacuaciones controladas,
  3. y autorización para dirigirse a otro puerto bajo vigilancia sanitaria.

Eso fue precisamente lo que ocurrió en Cabo Verde. El país prestó ayuda médica y logística, pero evitó permitir una evacuación masiva por miedo a desencadenar un brote en tierra.

Rumbo a Canarias. Tras varios días de incertidumbre, España aceptó recibir el barco en Canarias.

Sin embargo, la llegada y estancia del Hondius en Tenerife desde el domingo 10 de mayo de este año hasta el lunes 11 del mismo mes y año, estuvo rodeada desde el primer momento de polémica y acusaciones de falta de transparencia.

Diversas voces sostienen que el Gobierno español no trasladó al Gobierno de Canarias toda la información real sobre la situación sanitaria existente a bordo. Según esas críticas, las autoridades canarias no habrían sido informadas con total claridad sobre el número real de casos sospechosos habidos abordo, el riesgo de transmisión entre personas y la gravedad potencial del brote.

Oficialmente se habló de que las personas habidas abordo estaban todas asintomáticas, otras que la situación estaba controlada sobre casos aislados, pero para entonces ya existían pasajeros fallecidos, evacuaciones médicas internacionales y múltiples sospechas de contagio.

Muchos consideran que el Gobierno español intentó evitar alarma social y facilitar la operación de desembarco en Tenerife minimizando públicamente el alcance real de la emergencia sanitaria.

Tenerife y el desembarco. Finalmente, todos los pasajeros y parte de la tripulación fueron desembarcados en Tenerife bajo fuertes medidas sanitarias y de aislamiento hasta el aeropuerto de Granadilla que está localizado a unos 10 minutos en automóvil desde el puerto donde se hallaba el Hondius fondeado. Desde dicho aeropuerto aviones medicalizadas de diferentes países vinieron a Granadilla para llevarse a sus nacionales. La operación duró desde la mañana del domingo día 10 hasta el lunes por la tarde día 11.

La operación permitió separar a personas sanas de posibles contagiados y evitó que todos continuaran encerrados durante muchos más días de navegación en el caso que se hubiese el barco dirigido desde Cabo Verde directamente rumbo a Holanda.

Desde el punto de vista epidemiológico, eso probablemente evitó un escenario mucho peor.

Fallecidos e infectados. Las cifras conocidas hasta el momento indican que:

1.      al menos 3 pasajeros fallecieron relacionados con el brote;

  1. más de 11 personas fueron consideradas casos confirmados o sospechosos;
  2. decenas de pasajeros fueron rastreados y puestos bajo vigilancia sanitaria internacional tras abandonar el barco en distintas escalas.

El episodio del Hondius dejó al descubierto las enormes dificultades legales y sanitarias que supone gestionar una epidemia a bordo de un barco de pasajeros en aguas internacionales.

También abrió interrogantes sobre la transparencia informativa entre gobiernos, la responsabilidad de las navieras y los límites reales de la legislación marítima internacional cuando una emergencia sanitaria sustituye a una emergencia naval clásica.

Nota: Lo que se dice sobre que los ratones portadores del hantavirus no saben nadar es una mentira. Los ratones referidos de los Andes si saben nadar distancias cortas entre ríos estrechos, lagos pequeños y charcos. Y las ratas y ratones grandes que se hallan sobre todo en barcos viejos suelen nadar hasta unos 800m y zambullir unos 3 minutos. Las ratas y ratones salen o entran en los barcos a través de su portalón y sus cabos. Y es por ello que se suele poner discos sujetos a mitad de los cabos para impedir que las ratas y ratones entren o salgan de un barco, sobre todo si es una nave vieja.

 

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