Por Bruno
Perera
El viaje del M/v. Hondius acabó convirtiéndose en
uno de los episodios sanitarios marítimos más controvertidos de los últimos
años. Lo que comenzó como una expedición de turismo polar terminó
transformándose en una crisis internacional marcada por muertes, contagios,
cuarentenas y decisiones políticas que todavía hoy generan dudas y críticas.
La salida
desde Ushuaia. El M/v. Hondius zarpó el 1 de abril de 2026 desde
Ushuaia, Argentina, para realizar una travesía de expedición por el Atlántico
Sur. A bordo viajaban alrededor de 170 personas entre pasajeros y tripulación,
procedentes de numerosos países europeos y americanos.
Durante los primeros días el viaje transcurrió
con normalidad mientras el barco navegaba hacia las islas subantárticas y
posteriormente hacia el Atlántico central. Sin embargo, días después comenzaron
a aparecer los primeros síntomas de una enfermedad que inicialmente no fue
identificada con claridad.
El primer caso grave correspondió a un pasajero
neerlandés de 70 años que empezó a encontrarse mal durante la travesía. El
hombre falleció a bordo el 11 de abril. En aquel momento su muerte fue
considerada inicialmente natural, aunque posteriormente las investigaciones
apuntaron a que había sido una de las primeras víctimas del brote de
hantavirus.
Escalas en
Tristan da Cunha y Santa Elena. El barco
continuó su ruta e hizo escala en Tristan da Cunha, uno de los lugares
habitados más aislados del planeta. Más tarde llegó a Santa Elena, donde fue
desembarcado el cuerpo del pasajero fallecido.
En esa etapa varios pasajeros abandonaron el
barco sin conocer todavía la magnitud real del problema sanitario que se estaba
desarrollando a bordo. Posteriormente algunos de ellos serían localizados y
sometidos a vigilancia médica en distintos países.
La situación empeoró todavía más cuando la esposa
del primer fallecido, que había desembarcado en Santa Elena y viajado
posteriormente a Sudáfrica, murió también días después. A partir de ese momento
comenzaron a dispararse las alarmas internacionales.
El virus ya
estaba propagándose a bordo. Cuando el
Hondius se dirigía hacia Cabo Verde, los médicos presentes en el barco ya
conocían que existían pasajeros infectados o con síntomas compatibles con
hantavirus, concretamente con la variante Andes, una de las pocas cepas
conocidas capaces de transmitirse entre personas.
A bordo comenzaba a extenderse el temor a que el
barco se convirtiera en un foco masivo de contagio.
El principal problema era la duración de la
navegación restante. Desde Cabo Verde hasta Holanda todavía quedaban muchos
días de viaje en un entorno cerrado, con pasajeros compartiendo zonas comunes,
comedores, pasillos, ascensores y sistemas de ventilación.
Los médicos sabían que continuar hacia el norte
de Europa podía provocar una cadena de contagios mucho mayor entre pasajeros y
tripulación.
Por ello, muchos consideran que posteriormente se
tomó la decisión de desembarcar pasajeros y parte de la tripulación en Tenerife
para evitar que el barco llegara a convertirse en una auténtica bomba
epidemiológica flotante durante la travesía hacia Holanda.
Cabo Verde: el
puerto más cercano. El 3 de mayo el M/v. Hondius llegó frente a las
costas de Praia, en Cabo Verde. Para entonces ya existían sospechas muy serias
de un brote infeccioso grave a bordo.
Las autoridades caboverdianas activaron
protocolos de emergencia sanitaria y enviaron ayuda médica y suministros al
barco. Sin embargo, el Gobierno de Cabo Verde consideró que no disponía de
capacidad hospitalaria suficiente para gestionar una evacuación masiva de
pasajeros posiblemente infectados.
El Hondius permaneció fondeado mientras se
realizaban evacuaciones médicas selectivas y se analizaba cómo actuar ante una
situación extremadamente delicada.
La Ley del Mar
y el debate jurídico. El caso abrió además un
importante debate sobre la aplicación de la llamada Ley del Mar.
El derecho marítimo internacional obliga a
prestar auxilio a un barco en peligro cuando existe riesgo para la vida humana.
Históricamente, esto se refiere a situaciones como:
1.
incendios a bordo,
- hundimientos,
- averías graves,
- pérdida de gobierno,
- o cualquier emergencia que amenace directamente la supervivencia del
barco y de las personas embarcadas.
En esos casos, el rescate y el desembarco suelen
realizarse en el puerto seguro más cercano.
En el caso del Hondius, ese puerto más cercano
era Cabo Verde.
El Artículo 98 de la Ley del Mar-Convemar,
establece el deber de prestar auxilio a personas en peligro en el mar.
“Todo capitán de un buque tendrá la obligación,
siempre que pueda hacerlo sin grave peligro para el buque, su tripulación o sus
pasajeros, de prestar auxilio a toda persona que se encuentre en peligro de
desaparecer en el mar.”
Ese artículo también obliga a:
- acudir rápidamente al rescate cuando se reciba una señal de socorro;
- auxiliar a personas náufragas;
- y cooperar en operaciones de búsqueda y salvamento marítimo. (Y el
barco socorrido con la tripulación y pasajeros si los hay, debe siempre
desembarcarse en el puerto más cercano)
Sin embargo, una epidemia a bordo plantea una
situación completamente distinta. Ningún Estado está obligado automáticamente a
aceptar el desembarco inmediato de personas infectadas por una enfermedad
potencialmente peligrosa para su propia población.
Por ello, el socorro prestado en estos casos
suele limitarse a:
1.
asistencia médica,
- suministro sanitario,
- evacuaciones controladas,
- y autorización para dirigirse a otro puerto bajo vigilancia sanitaria.
Eso fue precisamente lo que ocurrió en Cabo
Verde. El país prestó ayuda médica y logística, pero evitó permitir una
evacuación masiva por miedo a desencadenar un brote en tierra.
Rumbo a
Canarias. Tras varios días de incertidumbre, España aceptó
recibir el barco en Canarias.
Sin embargo, la llegada y estancia del Hondius en
Tenerife desde el domingo 10 de mayo de este año hasta el lunes 11 del mismo
mes y año, estuvo rodeada desde el primer momento de polémica y acusaciones de
falta de transparencia.
Diversas voces sostienen que el Gobierno español
no trasladó al Gobierno de Canarias toda la información real sobre la situación
sanitaria existente a bordo. Según esas críticas, las autoridades canarias no
habrían sido informadas con total claridad sobre el número real de casos
sospechosos habidos abordo, el riesgo de transmisión entre personas y la
gravedad potencial del brote.
Oficialmente se habló de que las personas habidas
abordo estaban todas asintomáticas, otras que la situación estaba controlada sobre
casos aislados, pero para entonces ya existían pasajeros fallecidos, evacuaciones
médicas internacionales y múltiples sospechas de contagio.
Muchos consideran que el Gobierno español intentó
evitar alarma social y facilitar la operación de desembarco en Tenerife
minimizando públicamente el alcance real de la emergencia sanitaria.
Tenerife y el
desembarco. Finalmente, todos los pasajeros y parte de la
tripulación fueron desembarcados en Tenerife bajo fuertes medidas sanitarias y
de aislamiento hasta el aeropuerto de Granadilla que está localizado a unos 10
minutos en automóvil desde el puerto donde se hallaba el Hondius fondeado.
Desde dicho aeropuerto aviones medicalizadas de diferentes países vinieron a
Granadilla para llevarse a sus nacionales. La operación duró desde la mañana
del domingo día 10 hasta el lunes por la tarde día 11.
La operación permitió separar a personas sanas de
posibles contagiados y evitó que todos continuaran encerrados durante muchos
más días de navegación en el caso que se hubiese el barco dirigido desde Cabo
Verde directamente rumbo a Holanda.
Desde el punto de vista epidemiológico, eso
probablemente evitó un escenario mucho peor.
Fallecidos e
infectados. Las cifras conocidas hasta el momento indican
que:
1.
al menos 3 pasajeros fallecieron relacionados con
el brote;
- más de 11 personas fueron consideradas casos confirmados o
sospechosos;
- decenas de pasajeros fueron rastreados y puestos bajo vigilancia
sanitaria internacional tras abandonar el barco en distintas escalas.
El episodio del Hondius dejó al descubierto las
enormes dificultades legales y sanitarias que supone gestionar una epidemia a
bordo de un barco de pasajeros en aguas internacionales.
También abrió interrogantes sobre la
transparencia informativa entre gobiernos, la responsabilidad de las navieras y
los límites reales de la legislación marítima internacional cuando una
emergencia sanitaria sustituye a una emergencia naval clásica.
Nota: Lo que se
dice sobre que los ratones portadores del hantavirus no saben nadar es una
mentira. Los ratones referidos de los Andes si saben nadar distancias cortas
entre ríos estrechos, lagos pequeños y charcos. Y las ratas y ratones grandes
que se hallan sobre todo en barcos viejos suelen nadar hasta unos 800m y
zambullir unos 3 minutos. Las ratas y ratones salen o entran en los barcos a través
de su portalón y sus cabos. Y es por ello que se suele poner discos sujetos a
mitad de los cabos para impedir que las ratas y ratones entren o salgan de un
barco, sobre todo si es una nave vieja.


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