La ONG
alemana Franz Weber hace propaganda animal en su favor con los camellos de
Lanzarote
Por Bruno Perera
La fundación ecologista alemana Fundación Franz
Weber vuelve a cargar contra los paseos turísticos en camello de Lanzarote,
intentando presentar esta actividad tradicional como si fuera un caso grave y
generalizado de maltrato animal. Sin embargo, quienes conocen la historia de
Lanzarote y la relación del pueblo lanzaroteño con el camello saben
perfectamente que muchas de las acusaciones que se lanzan desde despachos
europeos están llenas de exageraciones, desconocimiento histórico y propaganda
emocional.
El camello no es un animal extraño en Canarias.
Lleva aproximadamente cuatro siglos formando parte de la vida de Lanzarote,
Fuerteventura y Gran Canaria. Fue introducido desde el oeste africano porque
era el animal más resistente para sobrevivir en un territorio volcánico, seco y
con escasez de agua. Gracias al camello se pudieron desarrollar numerosas
labores agrícolas fundamentales para la supervivencia de las islas.
Sin los camellos habría sido mucho más difícil
construir miles de metros de muros de piedra, transportar cosechas, mover
mercancías o trabajar los terrenos agrícolas de lugares tan emblemáticos como
La Geria. Aquellos animales soportaron durante siglos una enorme parte del
esfuerzo físico que permitió a muchas familias canarias salir adelante en una
tierra dura y pobre. (El camello era el tractor de esa época).
Es verdad que hace muchas décadas, como ocurrió
también con caballos, burros, mulas y bueyes en toda Europa, algunos animales
de trabajo pudieron ser tratados con menos sensibilidad de la que existe hoy.
Nadie puede negar que en el pasado hubo prácticas rurales más bruscas, propias
de otra época. Pero utilizar hechos aislados o situaciones antiguas para
afirmar que actualmente los camellos de Lanzarote viven en un permanente estado
de sufrimiento es una manipulación evidente.
Los camelleros lanzaroteños saben perfectamente
que sus animales son su modo de vida. Los cuidan, los alimentan, vigilan su
estado veterinario y mantienen una relación diaria y cercana con ellos. En las
rutas turísticas del Parque Nacional de Timanfaya los recorridos son
relativamente cortos y están controlados. Decir que los camellos viven
torturados por realizar esos paseos es una acusación desproporcionada.
Como en cualquier actividad humana, puede existir
algún trabajador más brusco o algún incidente aislado. Eso ocurre en todos los
sectores y en todos los países. Pero convertir casos puntuales en una campaña
internacional contra toda una tradición insular es injusto y profundamente
tendencioso.
Además, muchas de las imágenes que ciertas
organizaciones utilizan en redes sociales ni siquiera corresponden a los
camellos de Lanzarote. A menudo muestran fotografías de animales procedentes de
Marruecos, Mauritania u otras zonas africanas donde las condiciones son
completamente distintas. Cualquier persona acostumbrada a ver los camellos
lanzaroteños distingue rápidamente la diferencia: los de Lanzarote suelen estar
mejor alimentados, mejor cuidados y utilizan monturas específicas adaptadas al
servicio turístico de la isla.
Hay otra realidad que estas oenegés parecen ignorar
deliberadamente. En Canarias prácticamente desaparecieron los burros y muchos
caballos de trabajo cuando dejaron de tener utilidad económica en el campo.
Cuando un animal deja de formar parte de la vida productiva y cultural de un
pueblo, su número termina reduciéndose drásticamente. Si algún día se eliminan
completamente los paseos turísticos en camello de Lanzarote, probablemente el
camello majorero-lanzaroteño acabará entrando en decadencia hasta casi
desaparecer.
Resulta curioso que ciertas organizaciones
europeas movilicen decenas de miles de firmas desde países que desconocen
completamente la realidad cultural y económica de Lanzarote. Desde la distancia
resulta muy fácil lanzar campañas emocionales acompañadas de fotografías
impactantes y mensajes simplistas. Lo difícil es comprender la historia
agrícola, la identidad rural y la relación histórica entre el hombre y el
animal en una isla volcánica que sobrevivió durante siglos gracias al esfuerzo
conjunto de ambos.
Detrás de muchas campañas animalistas modernas
también existe una enorme maquinaria de propaganda, subvenciones, captación de
socios y financiación internacional. Algunas organizaciones han convertido el
sentimentalismo animal en una industria mediática muy rentable. Cuanto más
escandalosa sea la denuncia, mayor atención consiguen, más donaciones reciben y
más presencia obtienen en medios y redes sociales.
Defender el bienestar animal es correcto y
necesario. Nadie sensato desea que un animal sea maltratado. Pero una cosa es
exigir controles veterinarios, buenas condiciones y vigilancia adecuada, y otra
muy distinta es intentar destruir actividades tradicionales mediante campañas
exageradas que presentan una imagen falsa de Lanzarote y de sus camelleros.
El camello forma parte de la historia, de la
cultura y del paisaje humano de Lanzarote. Demonizar esa realidad desde el
extranjero, sin conocer el contexto insular ni la tradición agrícola canaria,
es una forma de colonialismo ideológico disfrazado de sensibilidad animalista.
Nota: VOX debería salir a la palestra denunciando a la
ONG Franz Weber por sus falsas y exageradas críticas.

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