Rancho Texas - Puerto del Carmen - Lanzarote

martes, 26 de mayo de 2026

La ONG alemana Franz Weber hace propaganda animal en su favor con los camellos de Lanzarote

 


La ONG alemana Franz Weber hace propaganda animal en su favor con los camellos de Lanzarote

Por Bruno Perera

La fundación ecologista alemana Fundación Franz Weber vuelve a cargar contra los paseos turísticos en camello de Lanzarote, intentando presentar esta actividad tradicional como si fuera un caso grave y generalizado de maltrato animal. Sin embargo, quienes conocen la historia de Lanzarote y la relación del pueblo lanzaroteño con el camello saben perfectamente que muchas de las acusaciones que se lanzan desde despachos europeos están llenas de exageraciones, desconocimiento histórico y propaganda emocional.

El camello no es un animal extraño en Canarias. Lleva aproximadamente cuatro siglos formando parte de la vida de Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria. Fue introducido desde el oeste africano porque era el animal más resistente para sobrevivir en un territorio volcánico, seco y con escasez de agua. Gracias al camello se pudieron desarrollar numerosas labores agrícolas fundamentales para la supervivencia de las islas.

Sin los camellos habría sido mucho más difícil construir miles de metros de muros de piedra, transportar cosechas, mover mercancías o trabajar los terrenos agrícolas de lugares tan emblemáticos como La Geria. Aquellos animales soportaron durante siglos una enorme parte del esfuerzo físico que permitió a muchas familias canarias salir adelante en una tierra dura y pobre. (El camello era el tractor de esa época).

Es verdad que hace muchas décadas, como ocurrió también con caballos, burros, mulas y bueyes en toda Europa, algunos animales de trabajo pudieron ser tratados con menos sensibilidad de la que existe hoy. Nadie puede negar que en el pasado hubo prácticas rurales más bruscas, propias de otra época. Pero utilizar hechos aislados o situaciones antiguas para afirmar que actualmente los camellos de Lanzarote viven en un permanente estado de sufrimiento es una manipulación evidente.

Los camelleros lanzaroteños saben perfectamente que sus animales son su modo de vida. Los cuidan, los alimentan, vigilan su estado veterinario y mantienen una relación diaria y cercana con ellos. En las rutas turísticas del Parque Nacional de Timanfaya los recorridos son relativamente cortos y están controlados. Decir que los camellos viven torturados por realizar esos paseos es una acusación desproporcionada.

Como en cualquier actividad humana, puede existir algún trabajador más brusco o algún incidente aislado. Eso ocurre en todos los sectores y en todos los países. Pero convertir casos puntuales en una campaña internacional contra toda una tradición insular es injusto y profundamente tendencioso.

Además, muchas de las imágenes que ciertas organizaciones utilizan en redes sociales ni siquiera corresponden a los camellos de Lanzarote. A menudo muestran fotografías de animales procedentes de Marruecos, Mauritania u otras zonas africanas donde las condiciones son completamente distintas. Cualquier persona acostumbrada a ver los camellos lanzaroteños distingue rápidamente la diferencia: los de Lanzarote suelen estar mejor alimentados, mejor cuidados y utilizan monturas específicas adaptadas al servicio turístico de la isla.

Hay otra realidad que estas oenegés parecen ignorar deliberadamente. En Canarias prácticamente desaparecieron los burros y muchos caballos de trabajo cuando dejaron de tener utilidad económica en el campo. Cuando un animal deja de formar parte de la vida productiva y cultural de un pueblo, su número termina reduciéndose drásticamente. Si algún día se eliminan completamente los paseos turísticos en camello de Lanzarote, probablemente el camello majorero-lanzaroteño acabará entrando en decadencia hasta casi desaparecer.

Resulta curioso que ciertas organizaciones europeas movilicen decenas de miles de firmas desde países que desconocen completamente la realidad cultural y económica de Lanzarote. Desde la distancia resulta muy fácil lanzar campañas emocionales acompañadas de fotografías impactantes y mensajes simplistas. Lo difícil es comprender la historia agrícola, la identidad rural y la relación histórica entre el hombre y el animal en una isla volcánica que sobrevivió durante siglos gracias al esfuerzo conjunto de ambos.

Detrás de muchas campañas animalistas modernas también existe una enorme maquinaria de propaganda, subvenciones, captación de socios y financiación internacional. Algunas organizaciones han convertido el sentimentalismo animal en una industria mediática muy rentable. Cuanto más escandalosa sea la denuncia, mayor atención consiguen, más donaciones reciben y más presencia obtienen en medios y redes sociales.

Defender el bienestar animal es correcto y necesario. Nadie sensato desea que un animal sea maltratado. Pero una cosa es exigir controles veterinarios, buenas condiciones y vigilancia adecuada, y otra muy distinta es intentar destruir actividades tradicionales mediante campañas exageradas que presentan una imagen falsa de Lanzarote y de sus camelleros.

El camello forma parte de la historia, de la cultura y del paisaje humano de Lanzarote. Demonizar esa realidad desde el extranjero, sin conocer el contexto insular ni la tradición agrícola canaria, es una forma de colonialismo ideológico disfrazado de sensibilidad animalista.

Nota: VOX debería salir a la palestra denunciando a la ONG Franz Weber por sus falsas y exageradas críticas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario