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miércoles, 20 de mayo de 2026

Zapatero voló en el nido del Cucú situado en un árbol con muchas ramas podridas

 


Zapatero voló en el nido del Cucú situado en un árbol con muchas ramas podridas

Por Bruno Perera

En la política española existe una vieja costumbre: cuando comienzan a aparecer demasiadas sombras alrededor de determinados personajes públicos, unos los convierten en héroes perseguidos y otros en culpables antes de que exista sentencia alguna. Y en medio de ese ruido mediático y político se encuentra el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo nombre vuelve a sonar con fuerza en tertulias, redes sociales y artículos de opinión debido a las múltiples especulaciones, acusaciones indirectas y teorías que circulan sobre sus relaciones políticas y diplomáticas.

La imagen que muchos españoles empiezan a percibir es la de un político que decidió volar demasiado cerca de ciertos entornos controvertidos, confiando quizá en que su experiencia, sus contactos internacionales y su influencia le permitirían mantenerse siempre por encima de cualquier sospecha. Pero la historia política demuestra que cuando un árbol tiene demasiadas ramas secas o podridas, cualquiera que se pose sobre él corre el riesgo de caer junto con ellas.

A día de hoy, gran parte de lo que se comenta sobre Zapatero pertenece más al terreno de la especulación política y mediática que al de los hechos judicialmente probados. Conviene recordarlo porque en democracia nadie debería ser condenado en la plaza pública antes de que hablen los tribunales. Sin embargo, también es cierto que la percepción pública pesa mucho, y en España la confianza en la clase política lleva años deteriorándose.

Muchos ciudadanos ven con preocupación las relaciones mantenidas por determinados dirigentes españoles con gobiernos extranjeros polémicos o con figuras políticas cuestionadas internacionalmente. Otros consideran que Zapatero actuó simplemente como mediador internacional, intentando ejercer un papel diplomático que, acertado o no, formaba parte de su estrategia política personal tras abandonar la presidencia del Gobierno. El propio Zapatero ha defendido públicamente su amistad con dirigentes chavistas como Delcy y Jorge Rodríguez, afirmando incluso que “ellos me han ayudado y yo les he ayudado”. (RTVE)

Sin embargo, para una parte importante de la sociedad española y también para sectores de la oposición venezolana, esa cercanía política y personal con el chavismo siempre generó sospechas. Desde hace años, algunos opositores venezolanos llegaron a acusarlo de actuar más como protector internacional del régimen de Nicolás Maduro que como mediador neutral. Incluso la Asamblea Nacional venezolana controlada por la oposición llegó a declarar “inadmisible” su mediación al considerar que actuaba con parcialidad favorable al chavismo. (infobae)

Aquí es donde la metáfora del cucú cobra aún más fuerza.

El cucú es un ave que pone sus huevos en nidos ajenos para que otros carguen con el esfuerzo y las consecuencias. Y muchos críticos de Zapatero creen ver algo parecido en su manera de moverse políticamente entre gobiernos, empresarios, influencias diplomáticas y relaciones internacionales. Según esa visión crítica, el expresidente habría utilizado su enorme red de contactos para posicionarse siempre cerca de centros de poder económico y político tanto en España como en Venezuela.

Ahora bien, también existen quienes defienden exactamente lo contrario. Sus partidarios sostienen que Zapatero evitó escenarios de violencia civil en Venezuela, facilitó liberaciones de presos políticos y mantuvo abiertos canales de diálogo cuando otros solo apostaban por la confrontación. (RTVE)

El problema aparece cuando todas esas relaciones internacionales comienzan a mezclarse con investigaciones judiciales y acusaciones sobre tráfico de influencias. En los últimos días diversos medios han informado de que la Audiencia Nacional investiga presuntas conexiones económicas y empresariales vinculadas a operaciones relacionadas con Venezuela y con la aerolínea Plus Ultra. (El País)

Si finalmente un juez interrogara a Zapatero en un contexto de máxima presión mediática, podrían suceder varias cosas simultáneamente.

La primera sería una explosión política inmediata. Los partidos rivales aprovecharían el momento para intentar desgastar aún más al entorno socialista y presentar el caso como símbolo de una decadencia moral de parte de la izquierda política española. Mientras tanto, sus defensores denunciarían una persecución política o una campaña de demolición mediática.

La segunda consecuencia sería mediática. España vive instalada desde hace años en una política-espectáculo donde las investigaciones judiciales se convierten casi en series televisivas. Cada gesto, cada silencio y cada declaración serían analizados hasta el extremo por periodistas, tertulianos y usuarios de redes sociales.

Y la tercera consecuencia sería psicológica y social: aumentaría todavía más el desencanto ciudadano. Muchos españoles ya sienten que existe una enorme distancia entre la vida cotidiana de la población y los privilegios o maniobras de ciertas élites políticas. Si un expresidente acabara seriamente cuestionado judicialmente, para una parte importante del país sería otra prueba más de que el sistema político español atraviesa una profunda crisis ética.

No obstante, también podría ocurrir algo distinto: que tras el interrogatorio no aparecieran pruebas concluyentes de ilegalidad. De hecho, algunos juristas ya sostienen públicamente que determinadas acusaciones presentadas hasta ahora podrían carecer de base probatoria suficiente. (ElHuffPost) En ese caso, quienes durante meses o años hayan dado por hecha su culpabilidad quedarían políticamente retratados. Esa es precisamente la razón por la que en un Estado de derecho debe prevalecer siempre la prudencia.

El gran problema de la España actual es que la ciudadanía ya no distingue claramente entre información, propaganda, rumores o campañas de desgaste político. Todo se mezcla. Y cuando eso ocurre, cualquier figura pública queda atrapada en un juicio paralelo permanente.

Quizá por eso la metáfora del “nido del cucú” resulta tan apropiada. El cucú pone sus huevos en nidos ajenos y deja que otros carguen con las consecuencias. En política ocurre algo parecido: algunos construyen alianzas tácticas creyendo que podrán abandonarlas antes del derrumbe, pero a veces el árbol entero termina partiéndose.

Y muchos españoles, viendo el espectáculo desde abajo, comienzan a pensar que las ramas podridas no pertenecen solo a un político concreto, sino a una parte entera del sistema político español.

 

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