La
legalización inmigratoria aprobada por el PSOE y Podemos resulta, en la
práctica, una farsa
Por Bruno Perera.
La
legalización inmigratoria aprobada por el PSOE y Podemos resulta, en la
práctica, una farsa si no va acompañada de una reforma profunda de las actuales
leyes de extranjería.
España
arrastra desde hace años una realidad incómoda que demasiados prefieren
simplificar: cientos de miles de personas viven y trabajan en nuestro país en
situación administrativa irregular, formando parte de la economía real, pagando
alquileres, o de okupas o inquiokupas, consumiendo y, en muchos casos,
trabajando sin derechos ni garantías. Negar este hecho no lo hace desaparecer.
Por eso, una
legalización extraordinaria de estas personas que hayan tenido buena conducta
social no solo es razonable, sino necesaria, especialmente cuando el propio
Estado carece de medios reales para expulsar de forma efectiva a un volumen tan
elevado de población en situación ilegal. Ahora bien, dicha legalización solo
tendría sentido si va acompañada de un cambio profundo en la política
migratoria, que deje claro que se trata de una medida excepcional, cerrada y no
repetible, y no de una puerta giratoria permanente.
Legalizar lo
existente, no premia la ilegalidad futura
Legalizar a más de 500.000 inmigrantes que ya se encuentran en España
permitiría:
1. Sacarlos de la economía sumergida.
- Garantizar pequeñas cotizaciones, derechos
laborales y control administrativo.
- Saber con mayor precisión quién está en el
país y en qué condiciones.
Pero esta
legalización debería ir acompañada de una reforma clara de la Ley de
Extranjería, que establezca de forma expresa que:
1. No habrá nuevas legalizaciones extraordinarias durante un largo periodo
(por ejemplo, diez años). Y siempre y cuando a España le sea favorable dar otra
amnistía inmigratoria.
- A partir de ese momento, solo se podrá
acceder a la residencia por vías legales previas, desde el país de origen
o por protección internacional reconocida.
Ningún
Parlamento puede blindar jurídicamente el futuro, pero sí puede enviar un
mensaje normativo y político claro: esta legalización debe ser el cierre de una
etapa, no el inicio de otra.
El derecho a
voto: desmontando un bulo interesado
Uno de los argumentos más repetidos contra la legalización es que “los
inmigrantes legalizados votarán”. Esto es falso.
En España:
1. Solo los ciudadanos españoles mayores de 18 años, sin distinción de raza,
religión o condición social, pueden votar en elecciones generales, autonómicas
y europeas.
- Los extranjeros legalizados con permiso de
residencia no nacionalizados solo pueden votar en elecciones municipales,
y únicamente si su país de origen mantiene tratados de reciprocidad con
España.
La
legalización no concede la nacionalidad, ni automática ni a medio plazo.
Únicamente abre la vía legal para que, tras varios años de residencia legal y
cumpliendo los plazos y requisitos que marca la ley según cada caso, una
persona pueda solicitarla. Lo demás es propaganda política.
Otra cuestión
distinta es la política. Con el paso del tiempo, es razonable pensar que
cientos de miles de inmigrantes que lleguen a obtener la nacionalidad española
puedan sentir simpatía por los partidos que impulsaron su legalización. Eso es,
precisamente, lo que PSOE y Podemos esperan: que parte de los inmigrantes ya
nacionalizados y de quienes hoy se legalicen, tras años de residencia legal y
trabajo en España, acaben viendo en esos partidos a sus principales valedores y
les presten su apoyo electoral. Y además sabiendo que tanto el PSOE como
Podemos ponen en sus listas de elecciones a extranjeros como engodo para
obtener votos.
Reagrupación
familiar: realidad jurídica, no multiplicación automática
También se afirma que cada inmigrante regularizado traerá “a tres más” por
reagrupación familiar. Esto no es automático ni inmediato, aunque sí es
legalmente posible en determinados casos.
La
reagrupación familiar:
1. Está estrictamente regulada.
- Exige ingresos suficientes, vivienda
adecuada y plazos prolongados.
- No es un derecho inmediato tras la legalización,
pero abre la puerta a que sea más fácil conseguirla.
Endurecer de
verdad la entrada ilegal
La legalización solo tendría sentido si se acompaña de un endurecimiento real y
creíble de la entrada ilegal, tanto por mar como por aire.
Esto implica:
1. Negar ayudas sociales ordinarias a quienes entren en España de forma
ilegal.
- Limitar su estancia a centros de
identificación y tramitación breve.
- Priorizar la expulsión rápida cuando no
exista causa legal de permanencia.
Ahora bien,
conviene decirlo con honestidad: España no puede legalmente negar la asistencia
humanitaria básica, ni expulsar a una persona sin procedimiento administrativo
y garantías jurídicas. Existen límites constitucionales, europeos e
internacionales que no se pueden ignorar, aunque a algunos no nos guste.
MENAs: menos
demagogia y más responsabilidad
El caso de los menores extranjeros no acompañados es un problema que no tiene
pie ni cabeza. No pueden ser expulsados ni abandonados, porque el interés
superior del menor está por encima de cualquier debate ideológico y porque es
un negocio que fomentan las mafias africanas y españolas y las oenegés
proinmigración ilegal.
Eso no
significa mantener indefinidamente un sistema que, en la práctica, puede actuar
como reclamo. Es posible y necesario:
1. Reforzar los acuerdos de retorno familiar asistido.
- Evitar estancias prolongadas en centros de
acogida.
- Endurecer y unificar las pruebas de
determinación de edad.
- Coordinar devoluciones con países de origen
cuando sea legalmente posible, sin dejar que las oenegés y las mafias
africanas y nacionales manipulen el
sistema inmigratorio.
Cerrar
albergues sin alternativa no es legal, pero mantener el sistema actual sin
reformas tampoco es responsable.
Orden,
legalidad y mensaje claro
Esta posición no es antiinmigración. Es pro-orden jurídico:
1. Legalizar lo que ya existe.
- Integrar a quien ya vive aquí.
- Cortar el efecto llamada.
- Dejar claro que la vía ilegal no compensa.
España
necesita una política migratoria de Estado, no una sucesión de parches
ideológicos ni discursos alarmistas. Legalizar sin reformar sería un error.
Reformar sin legalizar sería una hipocresía.
Final
La solución está en actuar con realismo y valentía, enfrentando los hechos sin
miedo ni engaños. Negar los límites legales es tan irresponsable como ignorar
la realidad de la inmigración que ya existe. La clave, en definitiva, es
controlar estrictamente las fronteras y detener toda inmigración ilegal, sea
cual sea su origen o el método empleado; solo así se podrá tener un verdadero
control migratorio.
…………………………………………….
Nota: Lista
de todas las legalizaciones que ha habido en España después de la transición.
Resumen cuantitativo de regularizaciones
extraordinarias
|
Año / Proceso |
Gobierno |
Personas
Regularizadas (aprox.) |
|
1985–1986 |
PSOE |
~38 000 |
|
1991–1992 |
PSOE |
~114 000 |
|
1996 |
PP |
~21 000 |
|
2000 |
PP |
~264 000 |
|
2001 |
PP |
~239 000 |
|
2005 |
PSOE |
~565 000 |
|
2026 |
PSOE |
~500 000+ (estimado) |

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