Tanto,
hierba, plantas, árboles, animales y humanos, somos lo que comemos
Por Bruno
Perera
Cuando observamos una pradera verde, un bosque
frondoso o un huerto lleno de verduras, pocas veces pensamos que allí comienza
la historia de casi toda la vida que existe en la Tierra. Sin embargo, es
precisamente en las plantas donde se inicia la cadena que alimenta a animales y
seres humanos.
Durante siglos se creyó que las plantas obtenían
su alimento directamente de la tierra. Hoy sabemos que no es así. Las plantas
fabrican su propio alimento gracias a la luz del Sol, el agua y el dióxido de
carbono que toman de la atmósfera. Mediante la fotosíntesis transforman estos
elementos en azúcares y otras sustancias orgánicas que les permiten crecer,
desarrollarse y reproducirse.
La tierra cumple una función importante, pero no
porque sea el alimento de las plantas, sino porque les proporciona soporte,
agua y minerales esenciales. De hecho, algunas plantas pueden cultivarse sin
suelo mediante sistemas hidropónicos.
Toda esta realidad nos lleva a una conclusión
sorprendente: la fuente principal de energía de casi toda la vida terrestre es
el Sol.
Las plantas capturan la energía solar y la
almacenan en forma de materia orgánica. Cuando un conejo come hierba, incorpora
a su cuerpo parte de esa energía almacenada. Cuando un zorro se alimenta del
conejo, esa energía pasa al zorro. Lo mismo ocurre con los seres humanos cuando
consumimos frutas, verduras, cereales, pescado o carne.
En otras palabras, la energía que mueve nuestros
músculos, permite latir nuestro corazón y mantiene activo nuestro cerebro es
energía solar transformada y transferida a través de múltiples eslabones de la
cadena alimentaria.
A diferencia de las plantas, los animales no
pueden producir su propio alimento. Deben obtenerlo consumiendo otros
organismos.
Algunos son herbívoros y comen plantas. Otros son
carnívoros y se alimentan de animales. Existen también los omnívoros, que
consumen tanto vegetales como carne, como ocurre con los seres humanos.
En el océano sucede algo parecido. Allí la base
de la cadena alimentaria suele ser el fitoplancton, diminutos organismos que
realizan la fotosíntesis utilizando la luz solar. El fitoplancton alimenta al
zooplancton; éste sirve de alimento a pequeños peces; los peces pequeños son
consumidos por peces mayores, y así continúa la cadena.
Por tanto, tanto en tierra como en el mar, la
energía que sostiene la vida tiene un origen común: la radiación solar.
Si seguimos el recorrido de los alimentos hasta
llegar a nuestro cuerpo, encontramos una realidad fascinante.
Los seres humanos estamos formados
aproximadamente por un 60 % de agua. El resto corresponde principalmente a
elementos químicos como oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, calcio,
fósforo, hierro y otros minerales.
El carbono ocupa un lugar especial porque
constituye la base de todas las moléculas orgánicas que forman nuestros
músculos, órganos, piel, huesos y ADN.
Ese carbono llegó a nosotros a través de los
alimentos. Las plantas lo extrajeron previamente del dióxido de carbono
presente en la atmósfera. Más tarde, animales y seres humanos incorporamos ese
carbono al comer plantas o a otros animales.
Por ello puede afirmarse que nuestro cuerpo está
construido con agua, carbono y otros elementos químicos obtenidos gracias a la
actividad biológica iniciada por las plantas.
La conocida expresión "somos lo que
comemos" encierra una profunda verdad científica.
Cada molécula de nuestro cuerpo procede de algún
alimento que ingerimos. La carne que forma nuestros músculos, el calcio de
nuestros huesos, el hierro de nuestra sangre y la energía que utilizamos cada
día tienen su origen en los nutrientes que absorbemos.
Pero la frase puede ampliarse todavía más:
Sin plantas no existirían los animales
herbívoros. Sin herbívoros no existirían muchos carnívoros. Y sin toda esa
compleja red biológica tampoco existiría la humanidad.
La ciencia moderna ha descubierto algo todavía
más extraordinario. Los átomos que componen nuestro cuerpo no fueron creados en
la Tierra.
Los átomos de carbono, oxígeno, calcio, hierro y
muchos otros elementos nacieron en el interior de antiguas estrellas que
existieron mucho antes de la formación del Sistema Solar. Cuando aquellas
estrellas agotaron su combustible, expulsaron esos elementos al espacio. Con el
tiempo, ese material terminó formando nuevas estrellas, planetas y, finalmente,
seres vivos.
Por ello, cuando observamos nuestras manos o
nuestro rostro frente a un espejo, estamos contemplando materia que inició su
viaje hace miles de millones de años en el corazón de estrellas desaparecidas.
Final
Las plantas convierten la luz del Sol, el agua y
el dióxido de carbono en materia viva. Los animales consumen esa materia. Los
seres humanos nos alimentamos de plantas y animales. De esta forma, la energía
solar almacenada por las plantas termina circulando por toda la biosfera.
Por eso puede afirmarse que tanto animales como
humanos somos, literalmente, lo que comemos. Somos agua, carbono, minerales y
energía solar transformados en vida. Y, si ampliamos aún más la perspectiva,
somos también el resultado de una larga historia cósmica que comenzó en
estrellas que existieron mucho antes de que apareciera la Tierra.
Datos y
fuentes contrastadas
1.
La fotosíntesis transforma agua, dióxido de
carbono y energía solar en materia orgánica y oxígeno.
- Aproximadamente el 60 % del cuerpo humano adulto está compuesto por
agua.
- El carbono es el elemento fundamental de todas las moléculas orgánicas
conocidas.
- Las cadenas alimentarias terrestres y marinas dependen en última
instancia de organismos fotosintéticos.
- Los elementos químicos pesados presentes en el cuerpo humano fueron
sintetizados en generaciones anteriores de estrellas mediante procesos de
nucleosíntesis estelar.
Fuentes de referencia:
1.
NASA
- European Space Agency
- Encyclopaedia Britannica
- National Geographic Society
- Smithsonian Institution
Este artículo muestra que detrás de una frase
aparentemente sencilla —"somos lo que comemos"— se esconde una
de las historias más fascinantes de la naturaleza: la conexión entre el Sol,
las plantas, los animales, los seres humanos y el propio universo.

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