La edad del
universo en años terrestres es distinta a su diámetro cósmico en años luz
Por Bruno
Perera
Una de las cuestiones que más confusión produce
cuando se estudia la cosmología es la diferencia entre la edad del universo
y el diámetro del universo observable. A primera vista podría parecer
una contradicción que el universo tenga una edad aproximada de 13.800 millones
de años terrestres y, sin embargo, el universo observable posea un diámetro
cercano a los 93.000 millones de años luz. Sin embargo, ambas cifras son
compatibles y describen dos magnitudes completamente diferentes.
La edad del universo expresa el tiempo
transcurrido desde el Big Bang hasta la actualidad. Según las estimaciones más
aceptadas por la comunidad científica, ese tiempo es de aproximadamente 13.800
millones de años terrestres.
Por otra parte, un año luz no es una
unidad de tiempo, sino de distancia. Representa el recorrido que realiza la luz
en el vacío durante un año, viajando a una velocidad constante de
aproximadamente 299.792 kilómetros por segundo.
Si el universo hubiera permanecido estático desde
el Big Bang, la luz más lejana habría recorrido unos 13.800 millones de años
luz. Sin embargo, el universo no ha permanecido inmóvil. Desde los primeros
instantes de su existencia, el propio espacio ha venido expandiéndose. Como
consecuencia de esa expansión, mientras la luz viajaba hacia nosotros, las
regiones del universo de donde partió esa luz continuaron alejándose.
Este fenómeno explica que, aunque la luz haya
viajado durante unos 13.800 millones de años, las regiones más lejanas que hoy
podemos observar se encuentren actualmente a unos 46.500 millones de años luz
de distancia en cada dirección, dando lugar a un universo observable de
aproximadamente 93.000 millones de años luz de diámetro.
Este hecho no significa que la luz haya viajado
más deprisa que su velocidad conocida ni que la materia haya superado el límite
impuesto por la teoría de la relatividad de Albert Einstein. La Relatividad
Especial establece que ningún objeto material puede desplazarse localmente por
el espacio a una velocidad superior a la de la luz en el vacío. Sin embargo, la
Relatividad General permite que sea el propio tejido del espacio el que se
expanda, haciendo que dos galaxias muy alejadas aumenten su separación a una
velocidad efectiva superior a la de la luz sin que ello contradiga las leyes de
la física.
Es importante comprender esta diferencia. No son
las galaxias las que necesariamente viajan a velocidades superiores a la luz
atravesando el espacio, sino que es el espacio existente entre ellas el que
aumenta de tamaño.
Otra cuestión relevante es que el universo observable
no tiene por qué coincidir con el universo completo. Solo podemos observar
aquella región cuya luz ha tenido tiempo de llegar hasta nosotros desde el Big
Bang. Más allá de ese horizonte cosmológico podría existir una extensión mucho
mayor del universo, e incluso podría ser infinito. Actualmente no existe
ninguna observación que permita determinar con certeza cuál es su tamaño real.
En ocasiones se intenta dividir el diámetro del
universo observable, unos 93.000 millones de años luz, entre la edad del
universo, 13.800 millones de años, obteniendo un valor cercano a siete. Sin
embargo, ese resultado no significa que el universo se haya expandido a una
velocidad constante equivalente a siete veces la velocidad de la luz. La
expansión del universo no ha sido uniforme. Los modelos cosmológicos indican
que ha pasado por distintas etapas: una inflación extremadamente rápida en sus
primeros instantes, un periodo de desaceleración debido a la gravedad y, en
épocas relativamente recientes, una nueva aceleración atribuida a la energía
oscura.
En consecuencia, no puede calcularse una única
velocidad media de expansión mediante una simple división entre el diámetro
actual y la edad del universo.
En resumen, la edad del universo y su diámetro
observable describen conceptos distintos. La primera mide el tiempo
transcurrido desde el Big Bang; el segundo mide la distancia actual entre las
regiones más alejadas que podemos observar. La diferencia entre ambas
magnitudes se explica por la expansión continua del espacio y no porque la luz
haya aumentado su velocidad.
Reflexión
final
La cosmología moderna ha logrado explicar por qué
el universo observable es mucho mayor de lo que cabría esperar si el espacio
permaneciera inmóvil. Sin embargo, todavía quedan grandes interrogantes
abiertos. Desconocemos si el universo completo es finito o infinito, cuál es su
verdadera extensión y qué puede existir más allá del horizonte observable.
Estas preguntas siguen siendo objeto de investigación y representan algunos de
los mayores desafíos de la física y de la cosmología contemporáneas.

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