Jesucristo
aún no ha llegado a la Casa de su Dios Padre Celestial, ni llegará nunca porque el
universo se está expandiendo
Por Bruno Perera
La tradición cristiana afirma que Jesucristo
ascendió a los cielos para reunirse con su Padre celestial. Pero si intentamos
interpretar esa imagen desde la física moderna, surge una paradoja inevitable: no
existe un destino físico al que pueda llegar, y si existiera, sería
inalcanzable. La cosmología actual lo deja claro.
1. La “Casa
del Padre” no puede estar en la Nada previa al Big Bang
La idea de que Jesucristo viajó hacia la “Nada”
que había antes del Big Bang es incompatible con la ciencia. En cosmología:
1.
Antes del Big Bang no había espacio.
- No había tiempo.
- No había distancias.
- No había un “lugar” donde colocar un Cielo, un Reino o una Casa Divina.
La “Nada” no es un sitio vacío esperando ser
ocupado. Es la ausencia total de espacio‑tiempo. Por tanto, ningún ser
—ni humano ni divino— podría viajar hacia allí, porque no existe un camino
físico hacia algo que no es un lugar.
2. Supongamos
que sí: ¿cuánto tardaría en llegar?
Para entender mejor la paradoja, imaginemos que
la Casa del Padre Celestial estuviera en el borde del universo observable.
1.
El universo observable tiene un radio aproximado
de 46.500 millones de años luz= 93 mil millones de años luz de diámetro.
- Si Jesucristo viajara a la velocidad de la luz, tardaría 46.500
millones de años en llegar a ese límite.
Pero este cálculo es solo teórico, porque aparece
el factor decisivo:
El universo se
expande. Y lo hace más rápido que la luz.
Las regiones más lejanas del cosmos se alejan de
nosotros a velocidades superiores a la velocidad de la luz debido a la
expansión del espacio. Esto significa:
1.
El “borde” del universo se aleja mientras
avanzas.
- Cuanto más viajas, más lejos está tu destino.
- Es un horizonte que nunca se alcanza.
Incluso viajando a la velocidad de la luz, Jesucristo
no podría llegar jamás. No por falta de poder o fe, sino porque las leyes
físicas del universo lo impiden.
3. La paradoja
entre teología y cosmología
La teología clásica imagina un Cielo como un
destino fijo y accesible. La cosmología moderna describe un universo dinámico,
en expansión acelerada y sin bordes alcanzables.
Si el Cielo fuera un punto dentro del universo
físico, sería un destino eternamente fuera de alcance. Si estuviera
fuera del universo, en la “Nada” previa al Big Bang, entonces no existe un
camino físico para llegar allí.
4. Conclusión
Si Jesucristo hubiera ascendido físicamente a la
velocidad de la luz hacia la Casa de su Padre Celestial situada en la Nada
previa al Big Bang, aún estaría viajando. Y no llegaría nunca. El
universo se expande más rápido que cualquier viajero posible, incluso uno
descrito como divino.
La cosmología moderna transforma la ascensión en
un viaje infinito: una metáfora que nos recuerda que el universo es mucho más
vasto y extraño de lo que cualquier tradición antigua pudo imaginar.

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