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domingo, 28 de junio de 2026

Jesucristo aún no ha llegado a la Casa de su Dios Padre Celestial, ni llegará nunca porque el universo se está expandiendo

 


Jesucristo aún no ha llegado a la Casa de su Dios Padre Celestial, ni llegará nunca porque el universo se está expandiendo

Por Bruno Perera

La tradición cristiana afirma que Jesucristo ascendió a los cielos para reunirse con su Padre celestial. Pero si intentamos interpretar esa imagen desde la física moderna, surge una paradoja inevitable: no existe un destino físico al que pueda llegar, y si existiera, sería inalcanzable. La cosmología actual lo deja claro.

1. La “Casa del Padre” no puede estar en la Nada previa al Big Bang

La idea de que Jesucristo viajó hacia la “Nada” que había antes del Big Bang es incompatible con la ciencia. En cosmología:

1.      Antes del Big Bang no había espacio.

  1. No había tiempo.
  2. No había distancias.
  3. No había un “lugar” donde colocar un Cielo, un Reino o una Casa Divina.

La “Nada” no es un sitio vacío esperando ser ocupado. Es la ausencia total de espacio‑tiempo. Por tanto, ningún ser —ni humano ni divino— podría viajar hacia allí, porque no existe un camino físico hacia algo que no es un lugar.

2. Supongamos que sí: ¿cuánto tardaría en llegar?

Para entender mejor la paradoja, imaginemos que la Casa del Padre Celestial estuviera en el borde del universo observable.

1.      El universo observable tiene un radio aproximado de 46.500 millones de años luz= 93 mil millones de años luz de diámetro.

  1. Si Jesucristo viajara a la velocidad de la luz, tardaría 46.500 millones de años en llegar a ese límite.

Pero este cálculo es solo teórico, porque aparece el factor decisivo:

El universo se expande. Y lo hace más rápido que la luz.

Las regiones más lejanas del cosmos se alejan de nosotros a velocidades superiores a la velocidad de la luz debido a la expansión del espacio. Esto significa:

1.      El “borde” del universo se aleja mientras avanzas.

  1. Cuanto más viajas, más lejos está tu destino.
  2. Es un horizonte que nunca se alcanza.

Incluso viajando a la velocidad de la luz, Jesucristo no podría llegar jamás. No por falta de poder o fe, sino porque las leyes físicas del universo lo impiden.

3. La paradoja entre teología y cosmología

La teología clásica imagina un Cielo como un destino fijo y accesible. La cosmología moderna describe un universo dinámico, en expansión acelerada y sin bordes alcanzables.

Si el Cielo fuera un punto dentro del universo físico, sería un destino eternamente fuera de alcance. Si estuviera fuera del universo, en la “Nada” previa al Big Bang, entonces no existe un camino físico para llegar allí.

4. Conclusión

Si Jesucristo hubiera ascendido físicamente a la velocidad de la luz hacia la Casa de su Padre Celestial situada en la Nada previa al Big Bang, aún estaría viajando. Y no llegaría nunca. El universo se expande más rápido que cualquier viajero posible, incluso uno descrito como divino.

La cosmología moderna transforma la ascensión en un viaje infinito: una metáfora que nos recuerda que el universo es mucho más vasto y extraño de lo que cualquier tradición antigua pudo imaginar.

 

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