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sábado, 9 de mayo de 2026

Las patinetas eléctricas están invadiendo las ciudades canarias como zombis

 


Las patinetas eléctricas están invadiendo las ciudades canarias como zombis

Por Bruno Perera

Las ciudades canarias viven desde hace años una auténtica invasión silenciosa sobre ruedas. Las patinetas eléctricas, que nacieron como una alternativa ecológica y práctica para desplazarse por zonas urbanas, se han convertido en muchos casos en un problema diario para peatones, conductores y hasta para otros usuarios de la vía pública. Lo que debía ser una solución de movilidad moderna empieza a parecerse cada vez más a un caos sin normas, sin control y sin consecuencias.

Basta caminar unos minutos por cualquier avenida de Arrecife, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife o cualquier núcleo turístico del archipiélago para observar escenas peligrosas que ya se han normalizado: jóvenes cruzando pasos de peatones montados en la patineta sin casco y sin mirar, usuarios hablando por teléfono mientras circulan, adelantamientos temerarios por la derecha, circulación por aceras llenas de peatones o entrada en calles prohibidas como si las señales de tráfico simplemente no existieran.

El problema no es únicamente el vehículo. El verdadero problema es la ausencia de educación vial y la falta de control. Muchos usuarios de patinetas eléctricas jamás han estudiado el código de circulación y actúan como si estuvieran jugando en un parque, olvidando que circulan entre coches, motos, bicicletas y personas mayores o niños. La consecuencia es clara: cada vez hay más sustos, accidentes y situaciones peligrosas que podrían terminar en tragedias.

Por ello, sería lógico y necesario que cualquier persona que quiera utilizar una patineta eléctrica tuviera la obligación de realizar un curso básico de seguridad vial. No haría falta algo complejo ni costoso. Bastaría con una formación de unas seis horas repartidas durante una semana, impartida en escuelas públicas, centros municipales o espacios habilitados por las administraciones. Un curso donde se enseñe lo básico: normas de circulación, prioridad de peatones, uso correcto de carriles, señales de tráfico y responsabilidades legales.

Porque actualmente muchos conductores de patinetas actúan como si estuvieran fuera de la ley. Circulan por las aceras poniendo en peligro a los peatones, cruzan semáforos sin respetar prioridades y adelantan vehículos por lugares prohibidos. Algunos incluso circulan de noche sin casco, sin luces ni elementos reflectantes, convirtiéndose en un peligro tanto para sí mismos como para el resto de conductores. (A las patinetas eléctricas se les debe considerar igual a una motocicleta y con las mismas obligaciones de tráfico).

La permisividad institucional también ha contribuido al problema. Durante años se permitió la expansión de estos vehículos sin una regulación firme ni campañas de educación suficientes. Hoy el resultado es visible: calles saturadas de usuarios que muchas veces desconocen completamente las normas mínimas de convivencia vial.

Las sanciones también deberían endurecerse. Cuando una persona conduce una patineta eléctrica y comete una infracción grave, debería recibir multas similares a las de cualquier otro conductor. Saltarse normas básicas de tráfico no puede salir gratis simplemente porque el vehículo sea pequeño. Además, sería razonable exigir un seguro obligatorio de responsabilidad civil y daños a terceros. Si un usuario atropella a un peatón o provoca un accidente, alguien debe responder económicamente por los daños causados.

No se trata de demonizar las patinetas eléctricas. Bien utilizadas, pueden ser una herramienta útil, económica y menos contaminante. El problema aparece cuando se convierten en vehículos sin control manejados por personas sin preparación ni respeto por las normas. Una ciudad moderna no puede funcionar como una jungla donde cada uno circula por donde quiere.

Hoy, en muchas zonas urbanas canarias, las patinetas eléctricas se desplazan como un enjambre descontrolado entre coches, aceras y pasos de peatones. Y mientras las autoridades continúen mirando hacia otro lado, la sensación de inseguridad seguirá creciendo.

La movilidad del futuro necesita orden, educación y responsabilidad. Sin esas tres cosas, las patinetas eléctricas dejarán de ser una solución para convertirse definitivamente en un grave problema.

 

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