Las patinetas eléctricas están invadiendo las ciudades canarias como zombis
Por Bruno Perera
Las ciudades
canarias viven desde hace años una auténtica invasión silenciosa sobre ruedas.
Las patinetas eléctricas, que nacieron como una alternativa ecológica y
práctica para desplazarse por zonas urbanas, se han convertido en muchos casos
en un problema diario para peatones, conductores y hasta para otros usuarios de
la vía pública. Lo que debía ser una solución de movilidad moderna empieza a
parecerse cada vez más a un caos sin normas, sin control y sin consecuencias.
Basta caminar
unos minutos por cualquier avenida de Arrecife, Las Palmas de Gran Canaria,
Santa Cruz de Tenerife o cualquier núcleo turístico del archipiélago para
observar escenas peligrosas que ya se han normalizado: jóvenes cruzando pasos
de peatones montados en la patineta sin casco y sin mirar, usuarios hablando
por teléfono mientras circulan, adelantamientos temerarios por la derecha,
circulación por aceras llenas de peatones o entrada en calles prohibidas como
si las señales de tráfico simplemente no existieran.
El problema no
es únicamente el vehículo. El verdadero problema es la ausencia de educación
vial y la falta de control. Muchos usuarios de patinetas eléctricas jamás han
estudiado el código de circulación y actúan como si estuvieran jugando en un
parque, olvidando que circulan entre coches, motos, bicicletas y personas
mayores o niños. La consecuencia es clara: cada vez hay más sustos, accidentes
y situaciones peligrosas que podrían terminar en tragedias.
Por ello,
sería lógico y necesario que cualquier persona que quiera utilizar una patineta
eléctrica tuviera la obligación de realizar un curso básico de seguridad vial.
No haría falta algo complejo ni costoso. Bastaría con una formación de unas
seis horas repartidas durante una semana, impartida en escuelas públicas,
centros municipales o espacios habilitados por las administraciones. Un curso
donde se enseñe lo básico: normas de circulación, prioridad de peatones, uso
correcto de carriles, señales de tráfico y responsabilidades legales.
Porque
actualmente muchos conductores de patinetas actúan como si estuvieran fuera de
la ley. Circulan por las aceras poniendo en peligro a los peatones, cruzan
semáforos sin respetar prioridades y adelantan vehículos por lugares
prohibidos. Algunos incluso circulan de noche sin casco, sin luces ni elementos
reflectantes, convirtiéndose en un peligro tanto para sí mismos como para el
resto de conductores. (A las patinetas eléctricas se les debe considerar igual
a una motocicleta y con las mismas obligaciones de tráfico).
La
permisividad institucional también ha contribuido al problema. Durante años se
permitió la expansión de estos vehículos sin una regulación firme ni campañas
de educación suficientes. Hoy el resultado es visible: calles saturadas de
usuarios que muchas veces desconocen completamente las normas mínimas de
convivencia vial.
Las sanciones
también deberían endurecerse. Cuando una persona conduce una patineta eléctrica
y comete una infracción grave, debería recibir multas similares a las de
cualquier otro conductor. Saltarse normas básicas de tráfico no puede salir
gratis simplemente porque el vehículo sea pequeño. Además, sería razonable
exigir un seguro obligatorio de responsabilidad civil y daños a terceros. Si un
usuario atropella a un peatón o provoca un accidente, alguien debe responder
económicamente por los daños causados.
No se trata de
demonizar las patinetas eléctricas. Bien utilizadas, pueden ser una herramienta
útil, económica y menos contaminante. El problema aparece cuando se convierten
en vehículos sin control manejados por personas sin preparación ni respeto por
las normas. Una ciudad moderna no puede funcionar como una jungla donde cada
uno circula por donde quiere.
Hoy, en muchas
zonas urbanas canarias, las patinetas eléctricas se desplazan como un enjambre
descontrolado entre coches, aceras y pasos de peatones. Y mientras las
autoridades continúen mirando hacia otro lado, la sensación de inseguridad
seguirá creciendo.
La movilidad
del futuro necesita orden, educación y responsabilidad. Sin esas tres cosas,
las patinetas eléctricas dejarán de ser una solución para convertirse
definitivamente en un grave problema.

No hay comentarios:
Publicar un comentario