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domingo, 31 de mayo de 2026

Canarias entre dos crisis que marcaron generaciones

 


Canarias entre dos crisis que marcaron generaciones

Por Bruno Perera

Muchos canarios y canarias recordamos que, tras la pérdida del Sáhara Occidental en 1975 y el fin de una etapa en la que la pesca en aquellos caladeros era una fuente importante de riqueza para las islas, Canarias tuvo que reinventar gran parte de su economía. La apuesta principal fue el turismo de masas, un sector que generó empleo y prosperidad, pero que también de forma rápida transformó profundamente la sociedad canaria.

Sin embargo, junto a los beneficios económicos llegaron otros fenómenos que dejaron una profunda huella social. Uno de ellos fue la expansión del tráfico de drogas dirigido por africanos, hispanos americanos y nacionales.  Eso dios lugar a un consumo de drogas durante las décadas de 1980, 1990 y comienzos de los años 2000. La heroína, la cocaína, el hachís y otras sustancias provocaron auténticos dramas familiares. Muchas familias canarias sufrieron la dependencia de hijos, hermanos o padres atrapados por las drogas.

Durante aquellos años, barrios enteros de Canarias vivieron las consecuencias de esta lacra: delincuencia asociada al consumo, deterioro de la convivencia y un enorme sufrimiento humano. Aunque las instituciones desarrollaron programas de prevención y tratamiento, el daño causado fue inmenso y todavía permanece en la memoria colectiva de muchas personas.

Cuando parecía que aquella crisis comenzaba a remitir, otro fenómeno fue adquiriendo una dimensión creciente: la inmigración ilegal procedente principalmente de África y de Centro y Sur de América. Desde mediados de la década de 1990, y especialmente a partir de la llamada "crisis de los cayucos" de 2006, Canarias se convirtió en uno de los principales territorios de estancia y puerta de entrada a Europa. Y no solo de adultos, también de MENAS entre los cuales, en su total,  en los últimos 30 años se han despilfarrado unos 30.000 millones de euros en gastos de albergues, transporte, alimentos, ropa y cobijo de varios años, sobre todo de MENAS que nos cuesta cada individuo unos 3.500 euros mensuales.

La llegada constante de inmigrantes ha generado un intenso debate social y político. Por un lado, existe la obligación moral y legal de atender a personas que arriesgan sus vidas en el mar buscando un futuro mejor. Por otro, muchos ciudadanos consideran que la capacidad de acogida de Canarias tiene límites y que el archipiélago soporta una presión desproporcionada debido a su situación geográfica.

El problema se agrava cuando las administraciones regionales, nacionales y europeas parecen incapaces de ofrecer soluciones duraderas. Mientras unos reclaman una mayor solidaridad del resto de España y de Europa, otros exigen un control más eficaz de las fronteras y una política migratoria que tenga en cuenta la realidad específica de las islas.

Lo cierto es que Canarias ha afrontado durante las últimas décadas importantes desafíos sociales derivados de cambios económicos y geopolíticos que, en gran medida, se han producido fuera de su control. Primero fue la reconversión económica tras el declive de la actividad pesquera en el banco sahariano. Después llegó el impacto de las drogas. Más tarde, la presión migratoria creciente.

Muchos canarios sienten que las islas han tenido que soportar consecuencias de decisiones tomadas lejos del archipiélago y que, a menudo, sus preocupaciones no han recibido la atención necesaria por parte de quienes gobiernan.

Canarias necesita hoy un debate sereno, sincero y valiente sobre su futuro. Un debate que permita proteger la cohesión social, garantizar oportunidades para los jóvenes, mejorar los servicios públicos y gestionar los flujos migratorios de manera humana pero también ordenada y sostenible.

Porque el verdadero reto no es mirar únicamente al pasado, sino encontrar soluciones que permitan a las próximas generaciones vivir en unas islas más prósperas, seguras y cohesionadas que las que hemos heredado.

Datos y contexto

1.      La pérdida de acceso privilegiado a los caladeros saharianos tras 1975 afectó significativamente a parte de la flota pesquera canaria.

  1. El turismo se convirtió desde finales de los años 70 en el principal motor económico del archipiélago.
  2. La epidemia de heroína afectó a toda España durante los años 80 y 90, incluyendo a Canarias.
  3. Las llegadas de inmigrantes por la ruta atlántica hacia Canarias comenzaron a aumentar de forma significativa desde mediados de los años 90 y han experimentado varios repuntes desde entonces.
  4. La inmigración ilegal y su gestión continúan siendo uno de los principales asuntos políticos y sociales del archipiélago porque afecta al mercado laboral y al de vivienda.

 

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