Canarias
entre dos crisis que marcaron generaciones
Por Bruno Perera
Muchos canarios y canarias recordamos que, tras
la pérdida del Sáhara Occidental en 1975 y el fin de una etapa en la que la
pesca en aquellos caladeros era una fuente importante de riqueza para las
islas, Canarias tuvo que reinventar gran parte de su economía. La apuesta
principal fue el turismo de masas, un sector que generó empleo y prosperidad,
pero que también de forma rápida transformó profundamente la sociedad canaria.
Sin embargo, junto a los beneficios económicos
llegaron otros fenómenos que dejaron una profunda huella social. Uno de ellos
fue la expansión del tráfico de drogas dirigido por africanos, hispanos
americanos y nacionales. Eso dios lugar
a un consumo de drogas durante las décadas de 1980, 1990 y comienzos de los
años 2000. La heroína, la cocaína, el hachís y otras sustancias provocaron
auténticos dramas familiares. Muchas familias canarias sufrieron la dependencia
de hijos, hermanos o padres atrapados por las drogas.
Durante aquellos años, barrios enteros de
Canarias vivieron las consecuencias de esta lacra: delincuencia asociada al
consumo, deterioro de la convivencia y un enorme sufrimiento humano. Aunque las
instituciones desarrollaron programas de prevención y tratamiento, el daño
causado fue inmenso y todavía permanece en la memoria colectiva de muchas
personas.
Cuando parecía que aquella crisis comenzaba a
remitir, otro fenómeno fue adquiriendo una dimensión creciente: la inmigración
ilegal procedente principalmente de África y de Centro y Sur de América. Desde
mediados de la década de 1990, y especialmente a partir de la llamada
"crisis de los cayucos" de 2006, Canarias se convirtió en uno de los
principales territorios de estancia y puerta de entrada a Europa. Y no solo de
adultos, también de MENAS entre los cuales, en su total, en los últimos 30 años se han despilfarrado
unos 30.000 millones de euros en gastos de albergues, transporte, alimentos,
ropa y cobijo de varios años, sobre todo de MENAS que nos cuesta cada individuo
unos 3.500 euros mensuales.
La llegada constante de inmigrantes ha generado
un intenso debate social y político. Por un lado, existe la obligación moral y
legal de atender a personas que arriesgan sus vidas en el mar buscando un
futuro mejor. Por otro, muchos ciudadanos consideran que la capacidad de
acogida de Canarias tiene límites y que el archipiélago soporta una presión
desproporcionada debido a su situación geográfica.
El problema se agrava cuando las administraciones
regionales, nacionales y europeas parecen incapaces de ofrecer soluciones
duraderas. Mientras unos reclaman una mayor solidaridad del resto de España y
de Europa, otros exigen un control más eficaz de las fronteras y una política
migratoria que tenga en cuenta la realidad específica de las islas.
Lo cierto es que Canarias ha afrontado durante
las últimas décadas importantes desafíos sociales derivados de cambios
económicos y geopolíticos que, en gran medida, se han producido fuera de su
control. Primero fue la reconversión económica tras el declive de la actividad
pesquera en el banco sahariano. Después llegó el impacto de las drogas. Más
tarde, la presión migratoria creciente.
Muchos canarios sienten que las islas han tenido
que soportar consecuencias de decisiones tomadas lejos del archipiélago y que,
a menudo, sus preocupaciones no han recibido la atención necesaria por parte de
quienes gobiernan.
Canarias necesita hoy un debate sereno, sincero y
valiente sobre su futuro. Un debate que permita proteger la cohesión social,
garantizar oportunidades para los jóvenes, mejorar los servicios públicos y
gestionar los flujos migratorios de manera humana pero también ordenada y
sostenible.
Porque el verdadero reto no es mirar únicamente
al pasado, sino encontrar soluciones que permitan a las próximas generaciones
vivir en unas islas más prósperas, seguras y cohesionadas que las que hemos
heredado.
Datos y
contexto
1.
La pérdida de acceso privilegiado a los caladeros
saharianos tras 1975 afectó significativamente a parte de la flota pesquera
canaria.
- El turismo se convirtió desde finales de los años 70 en el principal
motor económico del archipiélago.
- La epidemia de heroína afectó a toda España durante los años 80 y 90,
incluyendo a Canarias.
- Las llegadas de inmigrantes por la ruta atlántica hacia Canarias
comenzaron a aumentar de forma significativa desde mediados de los años 90
y han experimentado varios repuntes desde entonces.
- La inmigración ilegal y su gestión continúan siendo uno de los
principales asuntos políticos y sociales del archipiélago porque afecta al
mercado laboral y al de vivienda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario