Las oportunidades son como ráfagas de viento que te rozan y no se quedan contigo más que cuando haces de pared
Por Bruno Perera.
Vivimos
rodeados de frases hechas que suenan bien, pero que rara vez explican la
realidad. Una de las más repetidas es esa de que “cuando pasa tu oportunidad en
la vida debes tomarla sin dejar que se escape”. Suena firme, casi heroica. Pero
también es engañosa.
Porque la
vida rara vez funciona con esa nitidez.
Las
oportunidades no llegan con un cartel luminoso anunciando: “Soy tu momento,
aprovéchame”. No avisan. No traen garantías. Y, lo más importante, no siempre
parecen oportunidades cuando están ocurriendo.
A veces
llegan disfrazadas de problemas, de riesgos o de incomodidades. Otras veces, lo que
parece una gran ocasión no es más que un error envuelto en entusiasmo. Ahí es
donde nace la verdadera dificultad: no en tomar la oportunidad, sino en
reconocerla.
Pensemos en
algo cotidiano: una persona que rechaza un trabajo porque lo considera poco
relevante y, con el tiempo, descubre que ahí había una posibilidad de
crecimiento. O, al contrario, alguien que acepta una propuesta sin estar
preparado y termina superado por la situación. En ambos casos, la oportunidad
no era evidente; fue la decisión la que la convirtió en acierto o error.
Decidir si
algo es o no “tu oportunidad” implica una mezcla compleja de experiencia,
intuición y contexto personal. Lo que para uno es un salto adelante, para otro
puede ser un paso en falso. Y no porque uno sea más listo que otro, sino porque
cada vida tiene su propio momento, su propia preparación y sus propios límites.
Aquí entra
un elemento que rara vez se menciona: la preparación.
Muchas
personas creen que la oportunidad es algo externo que aparece de repente, como
un golpe de suerte. Pero, en realidad, la mayoría de las veces la oportunidad
solo se convierte en tal cuando te encuentras preparado. Si no lo estás, pasa de
largo o, peor aún, la tomas y te sobrepasa.
Por eso, más
que esperar a que las oportunidades aparezcan, lo sensato es trabajarse a uno
mismo. Formarse, equivocarse, observar, mejorar. Porque cuando llega ese momento
incierto —ese que no sabes si es una oportunidad o solo un espejismo— no
decides solo con la cabeza: decides con todo lo que has vivido, con lo que
sabes y, a veces, incluso con lo que estás dispuesto a arriesgar de lo que
posees.
Y aquí
aparece algo que solemos pasar por alto: las oportunidades no solo llegan;
también se provocan.
Las
oportunidades se buscan y se encuentran entre la gente y entre todo lo que
existe. Si te quedas en tu casa y no sales a buscarlas, pocas oportunidades te
llegarán, y las que te lleguen pueden ser buenas, regulares o malas. A veces el
éxito depende de la suerte y de mucho trabajo. Encontrar el amor, la salud o el
dinero es, en cierto modo, como ganar una lotería imperfecta.
Esta idea
rompe con la comodidad de esperar sentado. Obliga a moverse, a exponerse, a
relacionarse, a equivocarse en público. Porque la vida no premia al que observa
desde la distancia, sino al que se mezcla con ella.
Y aun así,
no hay garantías.
Elegir una
oportunidad no es solo ganar algo; también es renunciar a otras opciones. Cada
decisión cierra caminos, y ese es un precio que casi nunca se menciona. Por
eso, también conviene aceptar algo incómodo: no todas las oportunidades deben
aprovecharse. Saber decir que no es, en muchos casos, tan importante como saber
decir que sí. Porque no todo lo que llega es para ti, ni todo lo que parece
bueno lo es a largo plazo.
Hay
decisiones que parecen acertadas y terminan mal. Y otras que parecían errores
acaban cambiando tu vida para bien. Esa es la parte incómoda de existir: no hay
forma de saberlo con total certeza. El pasado siempre parece más claro cuando
lo miramos desde hoy, pero en el momento real todo era mucho más confuso.
Por eso la
idea central de este artículo cobra sentido:
Las
oportunidades son como ráfagas de viento. Te rozan constantemente, pero no se
quedan contigo… a menos que hagas de pared.
Las
oportunidades pasan cerca, pero no se detienen solas.
¿Y qué
significa hacer de pared?
Significa tomar
una decisión. Frenar ese instante fugaz y convertirlo en algo concreto.
Arriesgarte. Comprometerte. Elegir, aun sabiendo que puedes equivocarte. Pero
también significa sostener esa decisión en el tiempo, asumir sus consecuencias
y convertirla en parte de tu camino.
Porque, al
final, la oportunidad no es solo lo que pasa por delante de ti, sino lo que tú
decides retener. Una oportunidad no es lo que roza tu vida, sino lo que aceptas
sostener en ella.
Dos personas
pueden enfrentarse a la misma situación: una la deja pasar porque duda; la otra
la agarra porque siente que debe hacerlo. Con el tiempo, uno dirá que no tuvo
oportunidades. El otro dirá que las aprovechó. Pero ambos estuvieron expuestos
al mismo viento.
La
diferencia no estuvo en el viento, sino en la decisión.
Así que
quizá la frase popular debería cambiarse. No se trata de “aprovechar la
oportunidad cuando llega”, sino de algo más complejo y más honesto:
Reconocer lo
que podría ser una oportunidad, aceptar que nunca tendrás certeza absoluta, salir
a buscarla activamente y decidir si estás dispuesto a hacer de pared.
Porque en
ese gesto —en ese acto de detener lo fugaz— no solo empieza una oportunidad:
empieza la responsabilidad de lo que decides hacer con tu vida.
Reflexiones y fundamentos
A.
Psicología de la decisión
Las personas rara vez actúan con información completa; la incertidumbre forma
parte de cualquier elección importante. Decidimos con lo que sabemos, pero
también con lo que tememos y con lo que deseamos.
B.
Sesgo retrospectivo
Tendemos a ver el pasado como más predecible de lo que realmente fue, lo que
alimenta la idea errónea de que “debimos haber visto la oportunidad”. Desde
hoy, todo parece más obvio de lo que fue en su momento.
C.
Preparación y oportunidad
La llamada “suerte” suele surgir cuando confluyen preparación y ocasión, lo que
demuestra que el factor interno es tan importante como el externo. No controlas
el viento, pero sí el tipo de pared que eres cuando sopla.
D.
Aprendizaje por experiencia
La intuición no nace de la nada: se afina con los errores, la práctica y el
tiempo. Cuanto más has vivido y reflexionado sobre lo vivido, mejor reconoces
qué merece ser detenido y qué es mejor dejar pasar.
Final
Estos
factores no eliminan la incertidumbre, pero explican por qué las oportunidades
no son evidentes ni universales: dependen de quién eres, de lo que has vivido y
de lo que estás dispuesto a hacer y pagar. No todos sentimos el mismo viento
de la misma manera, ni todos decidimos hacer de pared en el mismo momento. Y
ahí, precisamente, es donde empieza la historia de cada persona.
Frases que en Internet se le atribuyen a Walt Disney: Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis, decidí ver cada noche como un misterio a resolver, decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

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