Dio la impresión de que los tests de antígenos perdían fuelle como instrumento de control de la propagación de la pandemia ante la efectividad de las pruebas PCR y el comienzo del proceso de vacunación masiva de la población. Nada más lejos de la realidad. Las pruebas rápidas son eficaces, extremadamente fáciles de llevar a cabo, relativamente baratas y su uso se ha promovido, subvencionado y generalizado en los principales países europeos. En España, el Ministerio de Sanidad ultima un real decreto que permitirá a las oficinas de farmacia suministrar pruebas de autodiagnóstico del coronavirus sin receta médica. Llega tarde, afirman los farmacéuticos, y persiste la incógnita sobre su precio para que puedan ser utilizados por los ciudadanos de forma frecuente. Dependerá esencialmente de la ley de la oferta, de la cantidad de laboratorios que accedan a la homologación de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios.

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