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miércoles, 1 de julio de 2026

Filipinas no fue semiconquistada solo por castellanos

 


Filipinas no fue semiconquistada solo por castellanos

Por Bruno Perera

Cuando se habla de la incorporación de Filipinas a la Monarquía Hispánica, con frecuencia se presenta una imagen simplificada: un reducido grupo de castellanos habría conquistado por sí solo un inmenso archipiélago asiático. Sin embargo, la realidad histórica fue mucho más compleja y multicultural.

La presencia española en Filipinas fue posible gracias a la participación de personas procedentes de numerosos territorios de la Corona. Entre ellos destacaron los habitantes de la Nueva España (el actual México y otros territorios del virreinato), desde donde partían las expediciones que cruzaban el océano Pacífico.

Tras el establecimiento de la ruta marítima entre Acapulco y Manila en el siglo XVI, miles de personas cruzaron el Pacífico durante más de dos siglos y medio. En esos viajes no solo embarcaban castellanos, sino también novohispanos nacidos en América, aborígenes de distintos pueblos, mestizos, criollos, africanos libres o esclavizados, e incluso marineros de diversos orígenes. Todos ellos contribuyeron, en mayor o menor medida, a la consolidación de la presencia hispánica en Filipinas.

Por ello, resulta más correcto afirmar que Filipinas no fue sometida únicamente por castellanos. La ocupación y el control efectivo de parte del archipiélago fueron el resultado del esfuerzo conjunto de una monarquía compuesta por pueblos muy diversos. Además, conviene recordar que nunca se dominó completamente todo el territorio filipino. Varias regiones, musulmanas especialmente en el sur del archipiélago, permanecieron bajo el control de distintos sultanatos y comunidades locales durante siglos. En ese sentido, puede hablarse de una semiconquista o de un dominio parcial del archipiélago, más que de una conquista absoluta.

Los llamados "novomexicanos" desempeñaron un papel especialmente relevante. Muchos sirvieron como soldados, marineros, carpinteros de ribera, artilleros y colonos. Su experiencia en la navegación del Pacífico y en las campañas militares resultó fundamental para mantener las comunicaciones entre América y Asia y para sostener la presencia española en Filipinas.

Pero la historia no termina ahí. Una vez establecida la colonia, numerosos filipinos, especialmente tagalos y pampangos, pasaron a formar parte de las milicias locales y combatieron junto a castellanos y novohispanos contra distintos adversarios de la época. Entre ellos se encontraban piratas japoneses, corsarios chinos, fuerzas procedentes de algunos reinos portugueses durante los conflictos derivados de la expansión colonial y, en determinadas ocasiones, rebeldes locales.

Aquellos enfrentamientos reflejan la enorme complejidad política del Sudeste Asiático en los siglos XVI y XVII. No existían bandos permanentes ni alianzas inmutables. Las coaliciones cambiaban según los intereses del momento y en muchas campañas combatían juntos europeos, americanos y asiáticos frente a otros grupos igualmente diversos. Era, en cierto modo, un auténtico totum revolutum de pueblos, culturas e intereses.

El célebre Galeón de Manila simboliza perfectamente esa realidad. Durante dos siglos y medio unió Asia y América mediante una de las rutas comerciales más importantes del mundo. En sus cubiertas convivían castellanos, novohispanos, filipinos, indígenas americanos, mestizos y marineros de múltiples procedencias, convirtiendo al Pacífico en un espacio de intercambio humano y cultural mucho antes de que existiera el concepto moderno de globalización.

Reducir la historia de Filipinas a una semiconquista exclusivamente castellana supone ignorar la participación decisiva de miles de personas nacidas en América y en Asia. La Monarquía Hispánica fue un imperio policéntrico, sostenido por la colaboración de pueblos muy distintos, cuyos habitantes compartieron campañas militares, comercio, navegación y asentamientos durante más de tres siglos.

En definitiva, la historia demuestra que Filipinas no fue semiconquistada solo por castellanos. En aquel proceso participaron de manera decisiva los novohispanos y, posteriormente, numerosos filipinos que lucharon junto a ellos en la defensa y consolidación del archipiélago. Comprender esa diversidad permite acercarse con mayor rigor a una de las páginas más complejas y fascinantes de la historia del Pacífico.

Datos históricos

1.      La expedición que logró establecer la presencia española permanente en Filipinas fue la dirigida por Miguel López de Legazpi en 1565, organizada desde la Nueva España.

  1. El Galeón de Manila conectó Acapulco y Manila entre 1565 y 1815, siendo una de las rutas marítimas más largas y relevantes de la Edad Moderna.
  2. La mayoría de los refuerzos militares, suministros y colonos destinados a Filipinas procedían de la Nueva España y no directamente de la península ibérica.
  3. Las milicias aborígenes filipinas, especialmente las formadas por tagalos y pampangos, participaron durante siglos en la defensa del archipiélago junto a tropas españolas y novohispanas.
  4. El dominio español nunca fue completo sobre todo el archipiélago. Diversos pueblos y sultanatos del sur, como los de Mindanao y Joló, mantuvieron durante largos periodos su independencia o una fuerte resistencia al control colonial.

Como ocurre con muchos episodios históricos, conviene evitar las simplificaciones. La presencia hispánica en Filipinas fue el resultado de la participación conjunta de europeos, americanos y asiáticos, cuya colaboración hizo posible una de las empresas transoceánicas más singulares de la historia.

Nota: Para conocer de forma más amplia la historia de la semiconquista de Filipinas os recomiendo el libro que encontraréis en este enlace. Naves Negras: https://www.casadellibro.com/ebook-naves-negras-la-aventura-del-lago-espanol-ebook/9788441441156/12560337?utm_source=Bing&utm_medium=cpc&utm_campaign=shopping&utm_content=pmax_tecnico&campaignid=711017671&msclkid=61de491b6fd41241d70f235f86f78a53

 

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