Los camellos y camellas "dromedarios/as"
de Lanzarote no necesitan que los animalistas los defiendan porque ya sus
dueños los cuidan como hijos e hijas
Por Bruno Perera
En los últimos tiempos han surgido voces como la
de la asociación animalista Franz Weber que a través, según ellos, de unas
32.000 firmas están intentando eliminar los paseos de camellos que se hacen en
una ladera de la zona volcánica turística de Timanfaya Lanzarote. Esta ONG y
otras animalistas muy similares, para reforzar su postura, recurren a imágenes que
algún turista ha tomado de alguna acción relacionada con algún maltrato de algún
camello, y también usan fotos de
camellos en condiciones lamentables… pero tomadas en otros países, como
Marruecos, donde la realidad nada tiene que ver con la de nuestra isla.
Esa estrategia no solo es engañosa, sino
profundamente injusta.
Los camellos —o dromedarios, para ser más
precisos— forman parte de la historia viva de Lanzarote. Durante siglos fueron
animales esenciales para la agricultura, especialmente en terrenos volcánicos
donde otros animales no podían trabajar. Gracias a ellos se labró la tierra, se
transportaron cosechas y se sostuvo una economía rural que hoy forma parte de
nuestra identidad.
Con la mecanización del campo y el abandono de
casi todas las tierras de labranza, el camello perdió su función tradicional. Y
es precisamente el turismo el que ha permitido que este animal siga existiendo
en la isla. Sin los paseos organizados, los camellos no tendrían hoy una
utilidad económica que justificara su mantenimiento, lo que conduciría
inevitablemente a su desaparición en Lanzarote, igual como desaparecieron los
burros.
Conviene dejar algo muy claro: los camellos de
Lanzarote no están abandonados ni maltratados.
Al contrario, están sometidos a un control
riguroso por parte de veterinarios del Cabildo de Lanzarote, que supervisan
aspectos fundamentales como la carga que pueden soportar, los tiempos de
trabajo, los descansos obligatorios y su estado general de salud. No se trata
de una actividad sin regulación, sino de una práctica perfectamente organizada
y vigilada.
Además, los camelleros no ven a estos animales
como simples herramientas de trabajo. Los conocen, los cuidan y conviven con
ellos a diario. Para muchos, son parte de su familia. Hablar de maltrato desde
el desconocimiento es, como mínimo, una falta de respeto hacia quienes han
dedicado su vida al cuidado de estos animales.
Eliminar los paseos en camello no sería un acto
de protección animal, sino una decisión que provocaría el efecto contrario: la
desaparición de los dromedarios en Lanzarote. Porque ningún sistema puede
sostener indefinidamente el coste de mantener animales grandes sin una función
concreta.
La verdadera defensa de los animales no consiste
en prohibir sin más, sino en garantizar su bienestar dentro de un marco
realista. Y eso, en Lanzarote, ya se está haciendo.
Por eso, antes de lanzar campañas emocionales
basadas en imágenes ajenas y contextos distorsionados, sería más honesto
informarse, conocer la realidad local y reconocer el trabajo de quienes, día a
día, cuidan de estos animales como lo que son: parte de nuestra historia, de
nuestra cultura y de nuestra tierra.
Datos y referencias
A: El dromedario (Camelus dromedarius) fue
introducido en Canarias tras la conquista y se adaptó especialmente bien a las
condiciones áridas de Lanzarote y Fuerteventura.
B: En Lanzarote, su uso tradicional estuvo ligado
a la agricultura en terrenos volcánicos (enarenados), donde otros animales
resultaban menos eficaces.
C: Los paseos en camello en Timanfaya están
regulados y forman parte de la oferta turística oficial, con supervisión
institucional.
D: El bienestar animal en este tipo de
actividades está sujeto a normativa autonómica y controles veterinarios
periódicos.
E: Diversos estudios sobre turismo sostenible
señalan que la desaparición de usos económicos tradicionales de animales
domésticos suele conducir a la reducción o desaparición de sus poblaciones
locales.


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