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miércoles, 8 de abril de 2026

Los camellos y camellas "dromedarios/as" de Lanzarote no necesitan que los animalistas los defiendan porque ya sus dueños los cuidan como hijos e hijas

 





Los camellos y camellas "dromedarios/as" de Lanzarote no necesitan que los animalistas los defiendan porque ya sus dueños los cuidan como hijos e hijas

Por Bruno Perera

En los últimos tiempos han surgido voces como la de la asociación animalista Franz Weber que a través, según ellos, de unas 32.000 firmas están intentando eliminar los paseos de camellos que se hacen en una ladera de la zona volcánica turística de Timanfaya Lanzarote. Esta ONG y otras animalistas muy similares, para reforzar su postura, recurren a imágenes que algún turista ha tomado de alguna acción  relacionada con algún maltrato de algún camello, y también usan fotos  de camellos en condiciones lamentables… pero tomadas en otros países, como Marruecos, donde la realidad nada tiene que ver con la de nuestra isla.

Esa estrategia no solo es engañosa, sino profundamente injusta.

Los camellos —o dromedarios, para ser más precisos— forman parte de la historia viva de Lanzarote. Durante siglos fueron animales esenciales para la agricultura, especialmente en terrenos volcánicos donde otros animales no podían trabajar. Gracias a ellos se labró la tierra, se transportaron cosechas y se sostuvo una economía rural que hoy forma parte de nuestra identidad.

Con la mecanización del campo y el abandono de casi todas las tierras de labranza, el camello perdió su función tradicional. Y es precisamente el turismo el que ha permitido que este animal siga existiendo en la isla. Sin los paseos organizados, los camellos no tendrían hoy una utilidad económica que justificara su mantenimiento, lo que conduciría inevitablemente a su desaparición en Lanzarote, igual como desaparecieron los burros.

Conviene dejar algo muy claro: los camellos de Lanzarote no están abandonados ni maltratados.

Al contrario, están sometidos a un control riguroso por parte de veterinarios del Cabildo de Lanzarote, que supervisan aspectos fundamentales como la carga que pueden soportar, los tiempos de trabajo, los descansos obligatorios y su estado general de salud. No se trata de una actividad sin regulación, sino de una práctica perfectamente organizada y vigilada.

Además, los camelleros no ven a estos animales como simples herramientas de trabajo. Los conocen, los cuidan y conviven con ellos a diario. Para muchos, son parte de su familia. Hablar de maltrato desde el desconocimiento es, como mínimo, una falta de respeto hacia quienes han dedicado su vida al cuidado de estos animales.

Eliminar los paseos en camello no sería un acto de protección animal, sino una decisión que provocaría el efecto contrario: la desaparición de los dromedarios en Lanzarote. Porque ningún sistema puede sostener indefinidamente el coste de mantener animales grandes sin una función concreta.

La verdadera defensa de los animales no consiste en prohibir sin más, sino en garantizar su bienestar dentro de un marco realista. Y eso, en Lanzarote, ya se está haciendo.

Por eso, antes de lanzar campañas emocionales basadas en imágenes ajenas y contextos distorsionados, sería más honesto informarse, conocer la realidad local y reconocer el trabajo de quienes, día a día, cuidan de estos animales como lo que son: parte de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra tierra.

Datos y referencias

A: El dromedario (Camelus dromedarius) fue introducido en Canarias tras la conquista y se adaptó especialmente bien a las condiciones áridas de Lanzarote y Fuerteventura.

B: En Lanzarote, su uso tradicional estuvo ligado a la agricultura en terrenos volcánicos (enarenados), donde otros animales resultaban menos eficaces.

C: Los paseos en camello en Timanfaya están regulados y forman parte de la oferta turística oficial, con supervisión institucional.

D: El bienestar animal en este tipo de actividades está sujeto a normativa autonómica y controles veterinarios periódicos.

E: Diversos estudios sobre turismo sostenible señalan que la desaparición de usos económicos tradicionales de animales domésticos suele conducir a la reducción o desaparición de sus poblaciones locales.

 

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