¿Los
calendarios basados en acontecimientos religiosos están algo locos?
Por Bruno
Perera
Vivimos rodeados de calendarios y los utilizamos
a diario sin preguntarnos de dónde salen sus fechas. Sin embargo, cuando se
comparan entre sí y con los conocimientos científicos actuales, da la impresión
de que los calendarios están algo locos.
La cosmología nos dice que el universo nació hace
aproximadamente 13.800 millones de años con el Big Bang, y el tiempo a
partir del mismo. La geología, por su parte, sitúa el origen de la Tierra hace
unos 4.540 millones de años. Estas cifras están respaldadas por
observaciones astronómicas, el estudio de la expansión del universo y la
datación radiométrica de las rocas más antiguas.
Pero cuando abrimos un calendario encontramos
números completamente distintos.
El calendario gregoriano nos dice que estamos en
el año 2026. El calendario judío sitúa el año actual alrededor del 5786,
pues comienza a contar desde la fecha tradicional de la creación del mundo
según la cronología bíblica. El calendario islámico, basado en la Hégira —la emigración
de Mahoma de La Meca a Medina en el año 622 de nuestra era—, se encuentra
aproximadamente en el año 1448 y, además, utiliza años lunares, por lo
que no avanza al mismo ritmo que el calendario solar.
Todos ellos están contando el mismo tiempo, pero
cada uno decidió empezar la cuenta desde un acontecimiento distinto. En
realidad, ninguno mide la edad del universo ni de la Tierra; simplemente
establecen un punto de referencia cultural o religioso.
Sin embargo, la historia se vuelve aún más
curiosa cuando hablamos del calendario gregoriano.
Tradicionalmente se ha considerado que Jesucristo
nació en el año 1 d.C. No obstante, numerosos historiadores y biblistas
sostienen que esa fecha fue calculada con un error de varios años cuando el
monje Dionisio el Exiguo estableció la era cristiana en el siglo VI.
La mayoría de los investigadores sitúa hoy el
nacimiento de Jesús entre los años 6 y 4 antes de Cristo, principalmente
porque los Evangelios indican que nació durante el reinado de Herodes el
Grande, fallecido en el año 4 a. C.
Existe además otra interesante hipótesis recogida
en la obra A Commentary on Holy Scriptures, redactada hace unos 72
años para el Vaticano por unos 50 teólogos canadienses. Según esta
interpretación, Jesucristo habría nacido hacia el 7 a. C., durante el
gobierno romano de Cayo Sencio Saturnino, gobernador de Siria entre
aproximadamente los años 9 y 6 a. C. Aunque esta propuesta no representa un
consenso universal entre los historiadores, constituye una reconstrucción
cronológica estudiada y debatida.
Si esa hipótesis fuese correcta, el calendario
cristiano tendría un desfase de unos siete años. Dicho de otra forma, si
contáramos los años desde el nacimiento histórico de Jesús, actualmente no
estaríamos en el año 2026, sino aproximadamente en el 2033.
Lo curioso es que este posible error no ha
impedido que el calendario gregoriano con sus conquistas religiosas y hegemonía
en diferentes países se convirtiera en el sistema de datación más utilizado del
planeta. Millones de documentos, leyes, contratos, acontecimientos históricos y
registros científicos siguen utilizándolo porque modificarlo hoy sería
prácticamente imposible.
En realidad, los calendarios no están locos;
simplemente reflejan distintas formas en que la humanidad ha querido organizar
el tiempo. La ciencia mide la edad del universo y de la Tierra mediante
evidencias físicas. Las religiones y las civilizaciones eligieron
acontecimientos simbólicos para comenzar su propia cuenta de los años.
Quizá la mejor conclusión sea que el tiempo es
uno solo, pero los seres humanos lo contamos de maneras muy diferentes.
Mientras el universo continúa su viaje desde hace 13.800 millones de años,
nosotros seguimos discutiendo si estamos en el año 2026, 5786, 1448… o quizá,
históricamente hablando, en el 2033.
Después de todo, el tiempo no cambia; lo único
que cambian son los calendarios con los que decidimos medirlo.

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