La fiesta eterna: Cielo, Infierno y las orgías celestiales
Por Bruno Perera
Si hay algo
que la humanidad ha debatido desde tiempos inmemoriales es qué sucede después
de la muerte. Para muchos, el destino está marcado: el Cielo o el Infierno.
Pero, sinceramente, nunca he oído a nadie preguntar lo realmente importante:
¿En cuál de estos dos destinos se puede hacer una fiesta de verdad?
El Cielo: Abrazos y besos... y poca diversión
Parece que en
el Cielo todo es perfecto, ¿verdad? Pero, pensémoslo bien: ¿quién tiene ganas
de ir a un lugar donde solo se permite dar abrazos y besos en espíritu? En el
Cielo, según la mayoría de las religiones, todo es armonía y paz, pero eso
suena a un "¡No a las fiestas ruidosas!" y "Sí a los besos
platónicos". No hay materia, no hay alcohol, ni siquiera un pequeño
"pico de canela". ¿Entonces? ¿Para qué querrías ir allí? ¿Solo para
escuchar coros celestiales todo el día? No sé tú, pero yo preferiría quedarme
en casa viendo series y tomándome un vino bueno.
De hecho, si
el Cielo es la NADA CUÁNTICA (como algunos piensan), quizás la clave de todo
está en la ausencia de materia. No hay cuerpos, no hay sustancia. El Cielo es
un lugar en el que ni siquiera podrías tener una buena cena con amigos,
porque... bueno, no tienes cuerpo. Y sin cuerpo, ¿cómo podrías disfrutar de un
buen sushi? El Cielo, amigo mío, parece más bien un lugar de descanso para
almas aburridas.
El Infierno: El reinado del Diablo festero
Ahora bien, si
estamos hablando de fiestas, es lógico pensar que el Infierno es donde la
acción está. Piensa en esto: el Diablo es conocido por su amor a la fiesta,
¿verdad? Seguro que tiene una discoteca con luces de neón y DJ’s que nunca
paran de pinchar música infernal. En el Infierno, la orgía eterna de placeres
mundanos está garantizada. ¿Alguien dijo sexo, drogas y rock 'n' roll? Aquí no
hay reglas. El diablo, al fin y al cabo, no quiere gente aburrida.
Imagina que
entras al Infierno y ves a todos tus amigos tomándose unas copas y, de paso,
dándose un buen "selfie" con llamas de fondo. Claro, las almas
condenadas no podrán salir de allí, pero nadie les dijo que no podían disfrutar
del viaje. Y quién sabe, tal vez el Infierno sea un lugar donde los
"fiesteros" puedan vivir para siempre sus mejores momentos, aunque
eso sí, con algunas repercusiones.
El Tamaño del Cielo y el Infierno: Infinitos y finito
Ahora, sobre
el tamaño de ambos destinos, tengo mis dudas. El Cielo, en mi humilde opinión,
tiene que ser infinito. Después de todo, ¿cómo podría el Cielo ser algo
limitado? ¿Qué harías allí si todo fuera pequeño? No, el Cielo debe ser grandioso,
una extensión infinita de amor y luz... pero también de aburrimiento.
El Infierno,
en cambio, es finito. Y no solo porque hay límites en cuanto a lo que uno puede
hacer después de las "fiestas intensas", sino porque las orgías y
excesos eventualmente agotan todo lo que queda. Tras unas eternas celebraciones
de éxtasis y descontrol, ¿quién podría seguir estando a tope por siempre?
Llegará el momento en que todo el vino se haya acabado, las luces parpadeen y
las almas, exhaustas, ya no quieran más. En fin, el Infierno es un lugar donde
los placeres, por fin, llegan a su fin.
La duda existencial
Entonces, la
gran pregunta es: ¿por qué elegir entre el Cielo y el Infierno si, al final, en
ambos lugares parece que las opciones son limitadas? En el Cielo no puedes ni
tomar una cerveza sin que te miren raro, y en el Infierno, todo tiene fecha de
caducidad. Tal vez la respuesta esté en disfrutar al máximo este momento
presente. Porque, si no, te arriesgas a llegar a cualquiera de esos dos sitios
y descubrir que la fiesta ya se ha acabado.
Así que ya
sabes, si un día llegas a la puerta del Cielo y te dicen que solo hay abrazos
en espíritu, ¡mejor busca un atajo hacia el Infierno! Al menos allí te aseguras
una eterna risa (aunque probablemente con algo de picante).
Nota: Este
artículo, por supuesto, es pura ficción y una broma, una reflexión sobre cómo
las ideas sobre el Cielo y el Infierno a veces pueden tomarse menos en serio de
lo que pensamos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario