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jueves, 31 de julio de 2025

¿Cómo y cuándo llegaron los guanches a Canarias?

 


¿Cómo y cuándo llegaron los guanches a Canarias?

Por Bruno Perera.

Una hipótesis sólida basada en la historia, la genética y la navegación antigua

La historia del poblamiento de las Islas Canarias ha sido durante siglos un misterio envuelto en mitos, leyendas y teorías diversas. No obstante, en las últimas décadas, los avances en arqueología, genética y el estudio del contexto histórico del norte de África han permitido formular hipótesis más fundamentadas.

Una de las más sólidas sostiene que los guanches fueron beréberes de la antigua Mauritania Tingitana, posiblemente trasladados desde la región de Essaouira hacia el año 300 a.C. por navegantes fenicios o cartagineses. Esta teoría ofrece una explicación coherente sobre su origen, llegada y posterior aislamiento.

El contexto histórico y marítimo: ¿Quién los trajo? Antes del siglo VIII a.C., no existía evidencia de que ningún pueblo mediterráneo tuviera la capacidad o el interés en alcanzar las islas Canarias. La célebre circunnavegación fenicia de África, atribuida por Heródoto al faraón Necao II hacia el 600 a.C., marca el inicio de una era en la que los pueblos púnicos (fenicios y luego cartagineses) comenzaron a explorar el Atlántico y establecer factorías en la costa africana.

Uno de esos enclaves fue Mogador, la actual Essaouira (Marruecos), un importante punto comercial fenicio en el siglo VII–IV a.C. Desde allí, es perfectamente viable una navegación hacia las Canarias con los vientos y corrientes favorables.

¿Fueron llevados forzosamente? La hipótesis más plausible es que los guanches fueron trasladados a las islas como parte de un movimiento forzoso, ya fuera por esclavitud, castigo o como forma de colonización indirecta. Este aislamiento explicaría por qué nunca más construyeron barcos ni mantuvieron contacto con el continente.

Genética y cultura: la raíz bereber. Estudios genéticos de momias guanches (Tenerife, Gran Canaria, La Palma) han confirmado la presencia de haplogrupos típicos de poblaciones bereberes, como el U6b1 en ADN mitocondrial y el E1b1b en el cromosoma Y.
Además, el estudio de su cultura material —viviendas, costumbres funerarias, religiosidad, etc.— muestra paralelismos con las antiguas culturas del Atlas, del Rif y del Sáhara.

¿Qué trajeron consigo desde África? Si estos beréberes llegaron alrededor del 300 a.C., es razonable pensar que trajeron consigo plantas útiles, semillas, animales domésticos, herramientas y ropa adaptados a su entorno y su forma de vida.

Semillas y cultivos:

Cebada (Hordeum vulgare): base de su alimentación, con la que hacían el tradicional gofio.

Trigo (Triticum spp.): también cultivado, aunque en menor proporción.

Lentejas y habas (Lens culinaris, Vicia faba): legumbres secas esenciales.

Lino (Linum usitatissimum): para hacer cordeles, tejidos o redes.

Calabaza (Lagenaria siceraria): no solo alimento, también usada como recipiente natural.

Higos (Ficus carica): fruta dulce, fácil de secar y conservar.

Plantas medicinales y aromáticas: como el lentisco, la albahaca africana o rubia (para tintes).

Árboles y arbustos:

Palmera datilera (Phoenix dactylifera): aunque en Canarias no fructificaba bien, su fibra y hojas eran útiles.

Acebuche (olivo silvestre): útil como leña y para aceite rudimentario.

Tamarisco (Tamarix spp.): resistente al clima árido.

Lentisco (Pistacia lentiscus): resina usada en medicina o como goma de mascar primitiva.

Animales domésticos:

Cabras (Capra hircus): la especie más importante, proveían leche, carne, piel, huesos y estiércol.

Ovejas (menos comunes)

Cerdos (posiblemente en algunas islas)

Perros (Canis familiaris): no solo ayudaban en la caza; en Gran Canaria el término canarii puede derivar de ellos.

Herramientas y objetos cotidianos:

Cuchillos, raederas y punzones de piedra volcánica o basalto.

Raspadores de hueso para curtir pieles.

Morteros de piedra para moler grano (gofio).

Puntas de lanza o bastones tallados.

Cordajes, redes, cestas de palma o pita.

Ropa y calzado:

Vestimenta de pieles de cabra, curtidas rudimentariamente y a menudo sin coser, simplemente atadas.

Calzado de cuero o fibras vegetales torcidas.

Túnicas o taparrabos en función del sexo y la clase social.

Adornos de hueso, conchas o piedras pulidas.

Capas con capucha en zonas más frías (como Tenerife o La Palma).

Conclusión: un pueblo aislado, pero resiliente

Si los guanches fueron descendientes de beréberes traídos desde la costa africana por pueblos navegantes en el siglo III a.C., esto explicaría su genética, su lengua (hoy perdida), su material cultural y, sobre todo, su aislamiento posterior.

Lo fascinante es cómo, a pesar de las condiciones difíciles y el aislamiento total, lograron sobrevivir más de 1.500 años en equilibrio con el medioambiente, desarrollando una cultura propia y profundamente adaptada al territorio volcánico canario.

También los guanches encontraron en las islas gran cantidad de peces y mariscos para su alimentación.

 

miércoles, 30 de julio de 2025

El origen geológico de Lanzarote y su entorno según una mirada observadora

 


El origen geológico de Lanzarote y su entorno según una mirada observadora

Por Bruno Perera.

Como amante de la vulcanología, la astronomía y otras ciencias, durante años he venido observando, analizando y contrastando imágenes satelitales, fotografías aéreas antiguas y mapas geológicos de Lanzarote y su entorno. Con todo ello, he llegado a una serie de conclusiones que, si bien nacen de la curiosidad y la lógica, coinciden en gran medida con lo que defienden muchos estudios científicos actuales y, en otros casos, abren hipótesis dignas de ser estudiadas.

Lanzarote y Fuerteventura: una misma isla ancestral

Las islas de Lanzarote y Fuerteventura no solo están geográficamente próximas, sino que comparten una misma plataforma submarina y una historia volcánica común. Estuvieron unidas hace unos 18 o 19 millones de años y, en realidad, podrían haber sido una sola isla emergida.
Aunque se afirma que Fuerteventura es más antigua que Lanzarote, considero que esta afirmación puede ser discutible. Teniendo en cuenta que la disgregación de los continentes avanza desde la Dorsal Mesoatlántica a razón de unos dos centímetros por año hacia el suroeste, no hay argumentos concluyentes para afirmar una diferencia significativa en la edad de formación emergida entre ambas.

El Archipiélago Chinijo: una extensión de Famara

La gran caldera de Famara, al norte de Lanzarote, comparte alineación y composición volcánica con los islotes del Archipiélago Chinijo, especialmente con La Graciosa y Montaña Clara. Todo apunta a que estos islotes formaban parte de la misma cadena volcánica que Famara y que se separaron por efecto de la disgregación de Pangea y la actividad tectónica y vulcanogica. Hoy solo quedan los vestigios que sobresalen del mar.

Una fisura que parte Lanzarote: de Famara a Arrecife

Analizando la distribución de algunos volcanes y formaciones geológicas de la isla, se puede intuir una fractura geológica profunda que recorre Lanzarote desde Famara hasta Arrecife. Sobre esa fisura se habrían alineado distintos conos volcánicos, y también habría dado lugar a una serie de movimientos tectónicos locales. Esta fractura podría explicar algunas elevaciones puntuales del terreno, como la zona conocida como El Lomo, barrio de Arrecife que se eleva por casi todo  el Charco de San Ginés.

El Islote del Francés: un fragmento que quedó atrás

Una consecuencia directa de esa fractura y del desplazamiento geológico de la isla hacia el oeste pudo ser la separación del Islote del Francés, que originalmente formaba parte del Charco de San Ginés. Fotografías aéreas de los años 1950 muestran claramente que el islote estaba aislado, sin conexión física con Arrecife. Con el tiempo, la elevación del terreno, la sedimentación y la expansión urbana lo unieron al casco urbano, pero su origen sigue siendo revelador.
Además, el Islote del Francés tiene la misma figura geométrica que el Charco de San Ginés, lo que sugiere que, hace millones de años, formó parte del mismo sistema geológico.

La disgregación de Pangea: nacimiento del Atlántico y de las islas oceánicas

La separación de los continentes, iniciada con la ruptura del supercontinente Pangea, dio origen al océano Atlántico mediante una expansión desde la Dorsal Mesoatlántica, que sigue activa hoy día. Esta ruptura provocó el estiramiento de las placas tectónicas, lo que a su vez originó grietas profundas en el lecho marino.
De esas grietas nacieron las islas de la Macaronesia (Canarias, Azores, Madeira, Cabo Verde...) y también otras islas del Caribe y las Bahamas. Las placas no solo se alejaron entre sí, sino que al estirarse y debilitarse generaron grietas en el lecho marino y sus entrañas puntos de calor y actividad volcánica que dieron vida a las islas ya mencionadas.

Deriva continental: África se resiste

La deriva de los continentes no ha cesado. El continente americano continúa su desplazamiento hacia el oeste, mientras que Europa y África se mueven lentamente hacia el este.
Sin embargo, África presenta una peculiaridad: su masa central está casi anclada, mostrando apenas un leve desplazamiento hacia el este. No obstante, una zona de fractura se está abriendo en el este africano, en la región del Gran Valle del Rift, lo que acabará separando una porción del continente. Algo similar ocurrió hace millones de años con Madagascar, que se separó de África y derivó hacia el este.

El equilibrio del planeta: una visión filosófica

Todo este proceso geológico, complejo y milenario, parece seguir un patrón que no es casual. A mi juicio, el Cosmo-Poder, esa fuerza inteligente y superior que guía el universo, ha hecho que Pangea se disgregara deliberadamente para que la masa terrestre se distribuya de forma equitativa sobre el planeta.

Esto permite que la Tierra gire sin desequilibrarse y mantenga un movimiento elíptico uniforme en torno al Sol. Una muestra más de que la naturaleza —o el Cosmos— sigue leyes perfectas y armoniosas que ordena el Cosmo-Poder.

 

Todo nace del huevo: desde el cosmos hasta la vida en la Tierra

 


Todo nace del huevo: desde el cosmos hasta la vida en la Tierra
Por Bruno Perera.

Queramos o no, todo ha nacido, y continúa naciendo, de un huevo.

Desde el origen del universo hasta el nacimiento de los seres humanos, el huevo —en sus múltiples formas— ha sido el símbolo esencial de la creación, de la gestación del TODO a partir de la NADA CÓSMICA. Esta idea, que podría parecer una metáfora mitológica, ha sido también una constante en la ciencia y en la filosofía.

1. El huevo cósmico: el origen del universo. En muchas culturas antiguas se creía que el universo nació de un huevo cósmico primordial. Esta visión aparece en mitologías tan dispares como la egipcia, la hindú, la fenicia o la griega. El huevo, cerrado y autosuficiente, contenía en su interior todo lo que más tarde se desplegaría: la materia, el tiempo, el espacio y la conciencia.

Sorprendentemente, la ciencia moderna no está tan alejada de esa visión simbólica. El Big Bang, tal como lo entiende la física actual, describe un momento en el que toda la energía y materia del universo estaban contenidas en un solo punto infinitamente denso y caliente, en medio de la NADA CÓSMICA: un estado conocido como la singularidad. ¿No es esto, en esencia, un huevo cerrado a punto de romperse? A partir de esa explosión inicial comenzó la expansión del universo con la ayuda de la agalladura de  la partícula de Higgs, y, con ella, la creación de galaxias, estrellas, planetas y, finalmente, la vida.

2. El huevo como base de la vida. En la Tierra, la vida también nace de huevos. Aunque no siempre en su forma clásica con cáscara —como el de una gallina—, todos los animales, incluidos los humanos, nacemos a partir de estructuras similares al huevo: óvulos fecundados.

Reptiles, aves y peces depositan huevos visibles y externos. En cambio, los mamíferos desarrollamos nuestros "huevos" en el interior del cuerpo: el embrión humano comienza como una célula redonda y aislada, rodeada por una capa protectora, que se divide y evoluciona en el cálido refugio del útero materno. Desde el punto de vista biológico, el óvulo es un huevo en toda regla. El espermatozoide no crea la vida: la activa.

Esto quiere decir que la vida no comienza cuando el macho “da” algo, sino cuando una célula femenina preexistente —el huevo— es activada para desarrollar su potencial. En este sentido, la hembra custodia el principio de la vida. Y no hay excepción a esta regla, ni en humanos ni en los demás animales.

3. El símbolo del huevo en las culturas. A lo largo de los siglos, el huevo ha sido símbolo de renacimiento, de misterio y de potencial no revelado. En Pascua se regalan huevos pintados como emblemas de vida nueva. En la alquimia se hablaba del ovum philosophicum —el huevo filosófico— como el lugar donde las energías se transformaban de lo burdo a lo sutil, de lo muerto a lo vivo.

Muchas tradiciones vieron en el huevo la imagen perfecta del equilibrio entre lo masculino y lo femenino, lo visible y lo oculto. Es una forma cerrada que contiene todo lo necesario para generar vida, siempre que se den las condiciones adecuadas: calor, tiempo y protección.

Incluso la hierba, las plantas y los árboles nacen de semillas que, aunque no se parezcan a los huevos humanos y de animales, cumplen la misma función esencial: son estructuras cerradas que contienen en su interior el potencial completo de una nueva vida. En ese sentido, también podríamos considerarlas una forma vegetal de “huevo”.

4. El huevo como principio eterno. El huevo no es solo un símbolo, ni únicamente una célula. Es un principio universal. Representa el paso del caos al orden, del potencial a la forma, de la oscuridad a la luz. Así nació el universo. Así nace cada ser vivo.

Ver vídeo de la explicación sobre el huevo cósmico:

https://www.youtube.com/watch?v=Iqdoe9AqFrQ

Y tal vez, cuando todo termine, el universo vuelva a recogerse en una nueva singularidad, en una nueva NADA CÓSMICA... esperando otra vez romper el cascarón del tiempo y volver a empezar.

Amén, que así sea si el Cosmo-Poder lo ordena.