
Fue el domingo 10 de febrero. Los líderes de los tres partidos del centro-derecha convocaron una protesta en la madrileña Plaza de Colón. La foto de Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal hizo historia. Y aún no sabían cuánta. Protestaban porque el presidente Pedro Sánchez, según ellos, había puesto a España en manos de los independentistas (los mismos que tumbaron los presupuestos y pusieron fin a la legislatura) y exigían elecciones inmediatas. "Una gran moción de censura contra el okupa de la Moncloa", solicitaban entre aplausos y exhibición de banderas. Su deseo se hizo realidad. Para su desgracia. Sánchez les puso en bandeja un adelanto de las generales porque él y su equipo olieron que el bloque diestro, dividido, no sumaba para derrotar a un PSOE fortalecido en el poder. Acertaron. Se tomaron como una radiografía aquella instantánea de las tres derechas –esa que avergonzó a conservadores y liberales de toda Europa por incluir a los ultras- y dieron en el clavo. Han ganado las legislativas con 123 escaños, mayoría absoluta en en Senado y con distintas posibilidades de pactos a su disposición, lo que a priori abarata el precio de las alianzas.
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