
Las elecciones del domingo sacudieron los cimientos del mapa político español, que se tiñó mayoritariamente de rojo tras una década pintado de azul. Vuelco hubo también en Catalunya, donde el color predominante pasó a ser el amarillo de ERC. Euskadi siguió apostando al verde intenso del PNV y solo en Navarra lograron las derechas dejar una mácula azul en el mapa.

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