LA RADIOTERAPIA ES UN
ENGAÑABOBOS
Cuando una persona tiene cáncer, aparte del
demoledor diagnóstico, tiene que recorrer un largo calvario de operaciones,
quimioterapia y radioterapia. Por si fuera poco, a continuación vendrán las
vacunas (¿?) y otros medicamentos durante al menos 5 largos años. Después de
entrar en estos protocolos, estarás atrapado y no te soltarán durante todo este
tiempo. Eres un muy buen negocio.
En un momento dado, después de otros crueles,
inhumanos, ineficaces e incluso perjudiciales tratamientos, te dirán que tienes
que someterte a la radioterapia. ¿Y eso por qué?
Pues porque, después de estar teóricamente curado,
de que los análisis no detecten nada sospechoso, puede que haya desperdigados
por ahí, por la zona del cáncer, alguna célula maligna descarriada que pueda
desplazarse y provocar metástasis en otras partes del cuerpo.
Se ha dicho “puede
que”, porque no hay evidencia de que eso sea así.
Entonces, “por
si acaso”, te debes someter a tratamientos con radioterapia.
Es sabido que estas radiaciones son altamente
cancerígenas, que pueden provocar cáncer. De hecho, se necesita un búnker para
instalar los equipos de radioterapia. Las intervenciones médicas se llevan a
cabo no “in situ” sino desde zonas
protegidas.
Al paciente se le somete, no sólo una vez sino en
diversas ocasiones, a estas sesiones de radioterapia. No entiendo que se quiera
prevenir posibles futuros cánceres y, al mismo tiempo, se ponga a los pacientes
en alto riesgo de contraer el cáncer debido a las radiaciones. ¿En qué
quedamos? ¿Son o no son cancerígenas esas radiaciones? ¿Pretendemos evitar un
cáncer creando otros?
No es seguro que las personas que se someten a estos
tratamientos tengan en su cuerpo células malignas que puedan emigrar y producir
cáncer. Pero de lo que sí estamos seguros es de que estas radiaciones conllevan
un alto peligro de producir cáncer.
Pero, bueno. Ya estamos en la faena. ¿Qué ocurre?
Imaginemos, por ejemplo, que se bombardea una zona
de un millón de células (1.000.000) entre las que “pueden” encontrarse 10 células cancerígenas.
Después de haber bombardeado la zona y de habernos
cargado la mitad de las células de la zona irradiada (500.000 células sanas),
también habremos acabado, probablemente, con la mitad de las posibles células
cancerígenas. ¿Qué pasa con la otra mitad? Pues seguirán vivitas y coleando,
con la posibilidad intacta de emigrar y de producir la temida metástasis.
En realidad, habremos avanzado muy poco: el riesgo
sigue en pie. Para poder erradicar el riesgo al 100 % tendremos que destruir
todas las células del área. Mientras no las eliminemos todas, siempre queda el
riesgo de que quede viva una célula cancerígena. Y como no podemos cargarnos
todas las células sanas de la zona irradiada, este método, aparte de su
crueldad, nos va a servir de bien poco. Por esta vía no vamos a erradicar el
posible riesgo de contagio. Se trata, pues, de un engañabobos.
Mirándolo de otro modo, a modo de ejemplo: Es como
si corriera el rumor de que entre una gran concentración de personas se
encontraran 4 terroristas muy peligrosos, dispuestos a perpetrar sangrientos
atentados.
Se ha decidido que hay que acabar, de todas todas,
con estos terroristas, por lo que se pone cerco a esta concentración de
personas y se empieza a disparar indiscriminadamente contra la multitud a fin
de acabar con dichos terroristas.
Después de que, con esta increíble masacre, se haya
eliminado a la mitad de las personas, la probabilidad sería de que habremos
abatido a la mitad de los terroristas. La otra mitad sigue viva. De todas
formas, sigue vivo el riesgo de atentados terroristas por parte de los
terroristas supervivientes. O sea que, nos hemos cargado a un número inmenso de
inocentes y no se ha evitado el riesgo que se pretendía evitar.
Mientras no se elimine a la totalidad de los
congregados, siempre existirá la posibilidad de que sobreviva, al menos, uno de
los terroristas que pueda llevar a cabo los temidos atentados.
Lo aquí expuesto es, a todas luces, una locura. Nos
parece deleznable, cruel e inhumano.
Es obvio que lo que ocurre con la radioterapia es muy
semejante.
¿Cómo es que no nos demos cuenta de su inoperancia y
aceptemos dócilmente una solución que es, a todas luces, ineficaz, riesgosa,
amén de muy perjudicial para el paciente?
¿Cómo es que se acude a manifestaciones para
demandar, incluso, la instalación de estos equipos, cuando nos son tan
perjudiciales?
Puedo entender la discriminación de los pacientes
que, además de estar enfermos, tienen que desplazarse a otros lugares para
someterse a estos tratamientos.
Estoy a favor de que se eliminen desigualdades tan
sangrantes.
Pero, por encima de esto, estoy a favor de evitar
este tipo de tratamientos, de engañabobos, por ineficaces, riesgosos, y
perjudiciales para los pacientes.

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